Gilbert Achcar, Benoit Teste (FSU), Lana Sadeq (Palestina), Leila Hosseinzadeh y su intérprete.
Leila Hosseinzadeh*
Solidaridad Socialista con los Trabajadores en Irán, SSTI, mayo de 2026
Traducción, Faustino Eguberri
Viento Sur, 6-5-2026
Correspondencia de Prensa, 14-5-2026
Transcripción de la intervención de Leila Hosseinzadeh durante un evento público “por el cese de la guerra en Irán y Oriente Medio”, organizada por la CGT, la FSU, la Unión Sindical Solidaires y Solidaridad Socialista con los Trabajadores en Irán (SSTI), el 10 de abril en la Bolsa de Trabajo de París.
Hola a todas y a todos.
Antes que nada, me gustaría dar las gracias a los sindicatos franceses por su constante apoyo a las luchas populares y obreras en Irán, y saludarlos por organizar este evento.
En primer lugar, condeno la agresión militar de Estados Unidos e Israel contra el territorio de mi país, así como sus múltiples crímenes de guerra contra los pueblos de Irán, Palestina y Líbano.
Mis palabras se centrarán principalmente en Irán y el régimen de la República Islámica.
En el momento en que les hablo (10-4-2026), cuarenta días de guerra han provocado la destrucción de parte de las infraestructuras del país, especialmente en los sectores de la energía, el transporte y la industria.
A día de hoy, alrededor de dos millones de personas se encuentran desempleadas; muchas y muchos trabajadores del sector privado han sido suspendidos de empleo y sueldo. La inflación ha privado a muchas personas de los medios para satisfacer sus necesidades básicas y, aun así, si el alto el fuego se mantiene, habría que esperar, dentro de uno o dos meses, la aparición de crisis de subsistencia aún más graves, derivadas de la guerra.
En efecto, la mayor parte de los costes de reconstrucción de las casas destruidas recaen directamente en la propia gente. Simultáneamente, muchas actividades económicas, en particular las basadas en las redes sociales o realizadas en el hogar, han sido, de hecho, aniquiladas por los largos cortes de Internet. Los pueblos de Irán han experimentado una sensación de aislamiento y profunda angustia debido al corte prolongado de Internet, hasta el punto de que incluso la posibilidad de conocer la salud de los seres queridos se ha vuelto extremadamente limitada.
El apagón digital también ha sofocado las voces de los diferentes estratos de la sociedad iraní, condenando al silencio las historias de toda la población ante el estruendo de la guerra. El duelo de los niños y ciudadanos asesinados por las bombas estadounidenses e israelíes se suma al de las varias decenas de miles de personas asesinadas por la República Islámica durante las últimas protestas, en un momento en que la población iraní no puede percibir ningún horizonte claro para el futuro.
El cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IGC) ha tomado prácticamente el control de los asuntos del país. En los puntos de control, la gente es detenida incluso por el simple hecho de conectarse a Internet. Las detenciones de activistas se han intensificado y las ejecuciones políticas se han multiplicado. El régimen iraní ni siquiera ha devuelto a sus familias los cuerpos de seis presos políticos ejecutados en los últimos días.
Un discurso cuasi campista se ha extendido entre algunas de las fuerzas progresistas mundiales. Estas consideran a la República Islámica como un elemento de resistencia frente al imperialismo. Debido a que el régimen iraní no se ha derrumbado, y que el costo de esta guerra es considerable para Israel y Estados Unidos, estas fuerzas presentan al régimen iraní como una especie de vencedor de esta guerra.
Este discurso contiene uno de los errores de análisis más fatales de nuestro tiempo:
– En primer lugar, porque este discurso es incapaz de ver que en nuestro tiempo ya no existe ningún campo o polo que presente ni siquiera una ligera distinción desde el punto de vista de su naturaleza político-económica. En consecuencia, estas guerras deben analizarse en el marco de un régimen global único de guerra, que forma parte de los mecanismos lógicos de la competencia entre imperialismos.
– En segundo lugar, este discurso es incapaz de comprender la naturaleza de estas guerras desde el punto de vista de la clase trabajadora mundial.
Para asegurar su supervivencia en una guerra de este tipo, el régimen de la República Islámica invirtió, durante medio siglo entero, la mayor parte de la riqueza acumulada del trabajo de las y los trabajadores iraníes en su industria de guerra, transformando un país tan grande como Irán en un verdadero almacén de misiles. Por lo tanto, cuando hablamos de misiles y drones iraníes, hay que tener en cuenta que ya es medio siglo de vida de la clase trabajadora iraní de Irán la que ha sido engullida por estas armas.
Además, en el desequilibrio existente entre las fuerzas involucradas en el conflicto actual:
– Por un lado, los ataques con misiles de los Guardianes de la Revolución contra los intereses estadounidenses e israelíes en la región pueden considerarse «daños» a escala del poder económico-militar de estos países.
– Por otro lado, Irán en esta guerra, en realidad fue empujado hacia la desindustrialización. Sobre este tema podemos hablar de destrucción, no de simples daños.
– En tercer lugar, la fuerza motriz de esta guerra, para la República Islámica, nunca ha sido -y sigue sin serlo- la búsqueda de objetivos de independencia, emancipación o defensa de la causa palestina; más bien reside en una ideología fascista chiíta que apoya la economía politizada de la República Islámica.
Sirviendo de base para la expansión de la dominación regional de este régimen, lleva en sí misma la negación de Israel.
Esta negación nunca ha sido fundamental ni existencial; ha permanecido confinada al registro ideológico. Por eso, en la década de 1980, durante el caso McFarlane 1, la República Islámica participó incluso en una transacción de armas organizada conjuntamente por Estados Unidos e Israel. Precisamente por esta misma razón ahora es posible contemplar un acuerdo en cuyo marco Israel y el régimen iraní puedan, implícitamente, encontrarse uno al lado del otro.
Esta situación de Irán debe, una vez más, ser comprendida en el contexto del trasfondo del sistema capitalista internacional, dentro del cual Estados Unidos recurre a la intervención militar para influir en los circuitos de los intercambios petroleros y energéticos; tanto esta dinámica como el proyecto israelí de dominación de Oriente Medio transforman la trayectoria de esta guerra en un camino sin retorno, en el sentido de que o bien se produce una neutralización completa del régimen iraní al servicio de los objetivos de Israel, acompañada simultáneamente del punto de inflexión buscado por los Estados Unidos a través de este nivel de acción militar seguido de negociaciones, o se emprenden acciones militares adicionales en esta misma dirección.
La eliminación física por parte de Estados Unidos e Israel de muchos funcionarios del régimen constituye una forma de purga selectiva de la clase dirigente iraní. Esto está destinado a facilitar la transición deseada, manteniendo al mismo tiempo una parte de esta clase para preservar la «estabilidad» y el consenso. Sin embargo, esta depuración podría ampliarse fácilmente aún más.
Cabe señalar que la guerra contra Irán tiene, para Israel y Estados Unidos, una naturaleza diferente a la de sus guerras en Gaza y Líbano. En Gaza y Líbano, la guerra librada por Israel tiene como objetivo el dominio de sus territorios, mientras que la guerra contra Irán tiene como objetivo el debilitamiento y la reconfiguración de su posición geopolítica.
Sobre esta base se revela tanto el carácter ilusorio de la esperanza puesta por los campistas en la República Islámica para resistir a Estados Unidos e Israel, como la venta de quimeras operada por una oposición iraní sometida a Israel bajo el nombre de «derrocamiento de la República Islámica por una guerra limpia de 48 horas». El núcleo del problema está precisamente ahí: Estados Unidos nunca ha tratado de eliminar o derrocar a la República Islámica, su objetivo ha sido solo reajustar las relaciones, con o sin la República Islámica.
Pero si este es el caso, ¿cómo explicar que una parte importante de la opinión pública en Irán no haya mostrado, de hecho, ninguna oposición a un ataque de Estados Unidos e Israel, con la esperanza de que la República Islámica sea derrocada?
Queridas y queridos compañeros, es precisamente aquí donde se encuentra el complejo problema y el más crucial al que se enfrentan las fuerzas progresistas en Irán, y es sobre todo en este punto sobre el que solicito hoy su ayuda.
El problema es el siguiente: hoy en día no existen grandes medios de comunicación de habla persa relativamente independientes; los grandes medios de comunicación de la oposición iraní, financiados por fuentes presupuestarias opacas, funcionan de hecho como foros explícitos de propaganda estatal. El ejemplo más obvio es el canal Irán Internacional, financiado por Israel, que ha mantenido en repetidas ocasiones conversaciones directas con Netanyahu. A lo largo de los años, a falta de cualquier alternativa, este canal ha adquirido una hegemonía muy fuerte entre la opinión pública iraní.
Puedo explicar, paso a paso, cómo este medio, en su portada, boicoteó la capacidad de actuación autónoma de las y los manifestantes, así como de los movimientos sociales, cómo censuró la representación de las movilizaciones en beneficio de una fuerza enfeudada a Israel, y cómo, finalmente, a través de una propaganda continua y llevada a cabo durante varios años, inculcó a la población iraní una forma de aceptación, incluso de adhesión, a los bombardeos.
Dado que, dentro de Irán, el trabajo colectivo y la construcción de estructuras basadas en la autoorganización de la población se hacen imposibles por el momento, la acción mediática está adquiriendo una importancia creciente. En ausencia de libertad de expresión y de medios críticos e independientes autóctonos, los medios de comunicación con sede en el extranjero tienen un papel central. Sin embargo, el trabajo mediático a gran escala requiere una financiación considerable, por lo que cualquier fuerza que aspira a la independencia de los Estados ha perdido de entrada la batalla por el campo principal de la política a gran escala en Irán. Por esta razón, en medio de los clamores belicistas de todas partes, nuestra voz, nuestro análisis, así como los esfuerzos pacientes y continuos que hemos desplegado durante años para un trabajo organizado dentro de los movimientos sociales y de clase en Irán, siguen siendo inaudibles.
En Irán, dentro de los movimientos estudiantil, docente, obrero y feminista, en los últimos años hemos continuado la resistencia y la lucha a pesar de una de las más severas represiones. Pero la forma en que los medios dominantes nos presentan ha permitido, por desgracia, en cada ocasión, pasar por alto nuestra existencia y desacreditarla, o recuperarla en su beneficio. Así, en las ruinas de Gaza, se retomó el eslogan “Mujer, Vida, Libertad” para alabar a Israel, incluso cuando nuestros compañeros y compañeras, en la cárcel por su participación en este movimiento, denunciaban a Israel desde su celda, sin que se escucharan su voz.
Compañeros y compañeras, necesitamos ampliar las redes de solidaridad de clase; debemos desarrollar un apoyo y una solidaridad materiales y concretos para hacer frente al inmenso aparato de propaganda de los Estados. Por eso les tendemos la mano para compartir experiencias e ideas sobre cómo luchar contra la propaganda de nuestros enemigos y hacer oír una voz independiente y progresista.
Es necesario oponerse a la propaganda estatal transmitida por los medios de comunicación dominantes. Estos encuentran hoy una de sus expresiones más dramáticas en Irán, donde una parte de la población ha llegado, de hecho, a acoger favorablemente el bombardeo de su propio país. La escalada de estos bombardeos hace que se cierna la amenaza del uso de armas de destrucción masiva, como las armas nucleares y químicas.
Esta necesidad no solo afecta a Irán. No somos los únicos que necesitamos una respuesta mediática y redes de solidaridad para hacer oír una voz opuesta a la guerra y al militarismo.
La guerra ya no es una situación excepcional en nuestro mundo. Constituye, por un lado, la estrategia de supervivencia y dominación más central del régimen israelí y, por otro, un elemento de los mecanismos ordinarios de los Estados como agentes de las empresas multinacionales, y no como representantes de los pueblos.
La guerra, aquí, tiene como objetivo garantizar la acumulación mediante el uso de métodos no capitalistas, o lo que Marx una vez denominó la “acumulación primitiva”. En todo el mundo, la guerra y el militarismo, como componentes intrínsecos e inseparables del modo de producción capitalista, se han convertido así en instrumentos ordinarios para el saqueo de los recursos primarios y de la fuerza de trabajo.
Hay que tener en cuenta que en Irán, por ejemplo, no es solo el petróleo el que despierta la codicia; también entra en juego el tamaño mismo de la población activa, una población que la República Islámica ha logrado, a lo largo de los años, transformar con éxito en una de las fuerzas de trabajo más baratas del mercado mundial. Hoy en día, el salario mensual de un trabajador en Irán es inferior a 200 euros.
En tales circunstancias, es imperativo que todos y todas superemos la propaganda de los Estados, para oponernos a este régimen mundial de guerra y saqueo. Al igual que la y el trabajador de Irán debe saber que Israel viene para su destrucción y no para su liberación, y que los Estados Unidos de América vienen para saquearlo y no para ayudarlo; la y el trabajador árabe y el/la palestina oprimida también deben ver que la República Islámica es solo la otra cara de esta misma medalla de dominación.
Sobre esta base solicito vuestra ayuda para romper la propaganda israelí-estadounidense en Irán; estoy convencida de que necesitamos una amplia red de solidaridad internacional contra este régimen de guerra, una red que supere los análisis geopolíticos y la propaganda estatal.
Algunas y algunos de nuestros compañeros en Alemania están formando comités contra la guerra y el militarismo. Creo que una de nuestras tareas más esenciales es extender estos comités a todas partes, independientemente de su nombre, pero adoptando un enfoque solidario y unificado.
Hace dos días, cuando Teherán se preparaba para acoger la suspensión de los bombardeos [alto el fuego temporal del 8 de abril], Beirut fue devastada, mientras que Gaza a veces termina siendo olvidada bajo sus propias ruinas. En tales circunstancias, la solidaridad internacional es nuestra única salida para mantenernos en pie. Solo encuentra su verdadero sentido cuando trasciende el campismo y la geopolítica para mantenerse fiel a los pueblos oprimidos, estén donde estén.
Un activista que luchó contra el régimen de Pahlavi criticó y rechazó una vez cierto enfoque de la izquierda que calificó de «furioso contra el imperialismo, aterrorizado por la revolución». Parece que algunas de las fuerzas progresistas mundiales han caído hoy en este punto: se proclaman antiimperialistas fuera de cualquier enfoque revolucionario, lo que significa que no permanecen fieles a los pueblos dominados.
Por esta razón, no solo ocultan el papel de la República Islámica en la consolidación del estado de guerra en la región. Sino que también fingen ignorar los crímenes de este régimen contra su propio pueblo, para promover una imagen de “resistencia” de un régimen tan reaccionario. Precisamente por eso es imperativo hoy, al tiempo que nos oponemos a la locura criminal de Estados Unidos e Israel, denunciar el papel de la República Islámica en la incitación a la guerra en la región: desde su apoyo al mantenimiento del régimen de Assad en Siria, hasta la formación del «Creciente chiíta». La República Islámica no ha hecho más que aumentar su poder regional a lo largo de los años a través del militarismo y la guerra.
Por lo tanto, Israel y la República Islámica son las dos caras de la misma moneda: la de la guerra y el extremismo en Asia Occidental. También es sorprendente observar que solo dos grupos de iraníes están actualmente descontentos con un alto el fuego: los Bassidjis (organización paramilitar de voluntarios bajo la autoridad de los Guardianes de la Revolución Islámica, ndt) y las y los partidarios de Pahlavi (monárquicos ndt), estos últimos actuando como los proxys de Israel dentro de la oposición iraní.
Si, en medio de todo esto, estamos furiosos contra el imperialismo, no podemos huir de la necesidad de implicarnos a favor de la revolución, refugiándonos bajo la sombra de fuerzas reaccionarias. Nuestro único refugio es cogernos de las manos desnudas y heridas de quienes comparten nuestro destino en Líbano, Palestina, Irak, Afganistán y en todo el mundo, dentro de una solidaridad internacional revolucionaria.
-Traducción de la intervención en farsí por Echo d’Iran. Las diferentes intervenciones fueron publicadas en el número 30 de Echo d’Iran.
*Leila Hosseinzadeh, opositora iraní y ex prisionera política.
Nota de A l’encontre
- A principios de 1985, el director del Consejo Nacional de Seguridad (NSC), Robert C. McFarlane, organizó la venta de misiles antitanque y antiaéreos a Irán, creyendo que tal transacción permitiría la liberación de los rehenes estadounidenses en el Líbano, en poder de Hezbolá. Esta venta, así como varias otras ventas de armas a Irán en 1986, tratando de utilizar a Israel como intermediario en la transacción, contradecían directamente la política declarada oficialmente del gobierno estadounidense de negarse a negociar con terroristas o ayudar a Irán en su guerra contra Irak, una política basada en la creencia de que Irán era un patrocinador del terrorismo internacional. Una parte de los 48 millones de dólares que Irán había pagado por estas armas fue malversado por el NSC y entregado a los Contras (Iran-Contra-gate) en su lucha contra el gobierno sandinista de Nicaragua. (Red. A l´Encontre) ↩