Foto: Christoph Hardt/Geisler-Fotopress/picture alliance
Solidarité Socialiste avec les Travailleurs en Iran, SSTI
Boletín de informaciones sobre el movimiento obrero en Irán, n° 29, 6-4-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 20-4-2026
Mientras el conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán se prolonga, se perfila una tendencia especialmente preocupante en el interior del país: la rápida intensificación de las ejecuciones, que se dirigen cada vez más contra presos y presas políticos y personas detenidas acusadas de atentar contra la seguridad del Estado.
Según los datos publicados por HRANA, una ONG de defensa de los derechos humanos en Irán, al menos nueve presos políticos han sido ejecutados desde el inicio de las hostilidades. (En 2026, van más de 145 personas ejecutadas, probablemente más, ndt). Esta serie comenzó con la ejecución de Kourosh Keyvani, un ciudadano con doble nacionalidad acusado de «espionaje», seguida al día siguiente por la muerte de Mehdi Ghasemi, Saleh Mohammadi y Saeed Davoudi. Posteriormente, fueron ejecutados dos acusados presentados como vinculados a la Organización de los Muyahidines del Pueblo —Akbar Daneshvarkar y Seyyed Mohammad Taghavi Sangdehi—, y luego Babak Alipour y Pouya Ghobadi en un caso relacionado. Por último, Amir Hossein Hatami fue ahorcado al amanecer, lo que elevó a nueve el número de presos políticos ejecutados en pocos días.
Esta secuencia cronológica pone de manifiesto no solo un aumento del número de ejecuciones, sino también una reducción de los intervalos entre ellas, lo que refleja una clara aceleración de su ritmo. Aún más significativo es que todas las ejecuciones registradas durante este periodo se refieren a casos de carácter político o de seguridad. No se ha señalado ningún caso de ejecución por delitos comunes, lo que sugiere un cambio importante en la política penal en tiempos de guerra.
Al mismo tiempo, se multiplican los indicios de una nueva ola inminente de ejecuciones. Al menos seis detenidos — Vahid Bani-Amariyan, Abolhasan Montazer, Mohammad Amin Biglari, Shahin Vahediparast-Klor, Abolfazl Salehi Siavashani y Ali Fahim — han sido puestos en régimen de aislamiento en la prisión de Qezl-Hesar, una medida que, en la práctica judicial iraní, se interpreta generalmente como el anuncio de una ejecución inminente. Otros presos, todos hombres, en diferentes regiones del país, permanecen en el corredor de la muerte.
Los datos actuales apuntan a una intensificación de esta práctica. El contexto general confirma la magnitud del fenómeno. Según el informe anual de la Asociación de Activistas de Derechos Humanos de Irán, al menos 2 488 personas —entre ellas 63 mujeres y 2 menores— fueron ejecutadas en 2025, trece de ellas en público. Durante el mismo período, otras 130 personas, entre ellas 10 mujeres y un menor, fueron condenadas a muerte. Si bien una parte importante de estas ejecuciones se refiere a delitos comunes, las organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian desde hace tiempo el recurso a la pena capital en asuntos políticos y de seguridad, así como las graves violaciones del derecho a un juicio justo.
El conjunto de estos elementos dibuja un panorama preocupante: en tiempos de guerra, la pena de muerte se perfila cada vez más como un instrumento de represión política. La aceleración de las ejecuciones, su concentración en casos relacionados con la «seguridad del Estado» y la multiplicación de los indicios que anuncian ejecuciones inminentes suponen una amenaza directa para numerosos detenidos y detenidas. En este contexto, se intensifican los temores de una ola de ejecuciones a gran escala, en un clima marcado por la opacidad judicial y la ausencia de garantías fundamentales.
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Testimonio
Una voz se alza desde el corazón de Irán
Esmail Bakhshi, militante sindical y ex preso político
Solidarité Socialiste avec les Travailleurs en Iran, SSTI
“No apoyemos a los belicistas!”
Apenas pude captar un soplo de internet (el régimen bloquea internet, ndt) A ustedes, mis compatriotas libres e íntegros, dispersos por los cuatro rincones del mundo: hagan oír esta voz —la voz de un pueblo asfixiado, la voz del corazón palpitante de Irán— para que resuene por toda la Tierra.
¡Basta ya de clamores a favor de los belicistas: ¡el pueblo iraní exige el fin inmediato de esta guerra inútil y destructiva, antes de que sea demasiado tarde!
A los presentadores y al personal de Irán International, escuchen esto: en el corazón del pueblo iraní, su canal es hoy, y de lejos, más detestado que la radio y la televisión estatales de la República Islámica. (Iran Internacional contaría con financiación de Arabia Saudita. Apoya abiertamente a Reza Pahlevi y difunde reportajes de representantes estadounidenses y entrevistas a Netanyahu, ndt).
Desde el extranjero, ustedes abogan por la guerra… pero ¿conocen el miedo a que caiga un misil, el terror de que se derrumbe un techo, el silencio gélido de la muerte que se acerca?
Hablo aquí, como opositor torturado, desde Irán: el pueblo quiere la paz. El pueblo quiere el fin de la guerra. Y hará oír ese deseo hasta su último suspiro.»