La vaca, 6-6-2026
Correspondencia de Prensa, 6-6-2026
Y ahora parece que los dioses mueren. Lo habíamos olvidado. Porque lo raro, en realidad, es verlos vivos.
Indio era el último dios. Alguien a quien la gente seguía con una pleitesía única, rodeado de energía, misterio y poesía, de rocanrol y ritos argentos, todos juntos y al mismo tiempo.
Varios lo vimos, y certificamos su existencia; aquella que hoy pasó a otro plano. En esas peregrinaciones kilométricas hasta lugares inhóspitos y bajo las más hostiles condiciones. En esa entrega que pareciera un tanto absurda si no se tiene en cuenta que la música es tal vez la más fuerte de las religiones y el Indio, el mito que la sostenía para toda una generación creyente de eso.
Me dirán que todavía está Charly, obvio, pero hablo de otra cosa. Tal vez del movimiento cultural más grande de la Argentina.
Eso, hoy, no muere. O no tiene que morir. Porque un poco sí que muere. Pienso en que el corazón del Indio no resiste vivir esta época de mierda. Y que esta época DE MIERDA necesita más que nunca de esos corazones.
Si hay algo que el Indio intentó descomprimir en su vejez es la idea de que el mundo que imaginó estuviese cerca. Ya no. “Yo ya no puedo cumplir, hazañas que prometí”, se fue cantando en uno de sus últimos manifiestos en los que se volvió cada vez más reflexivo. Y así cada época, la lista de citas resulta infinita y obvia. Casi como hablar de dios.
Su carne ya no daba para más, dicen, por lo tanto la muerte siempre puede ser una forma del alivio.
Su muerte, más que bajón, me provoca una profunda nostalgia de todo lo que nos resuena con él. Sus recitales pasan a estar en blanco y negro en mi memoria; las vivencias se transforman en anécdotas; sus canciones… escuchar sus canciones será lo más duro de todo… al menos por un tiempo.
Y sé que cada vez que me acuerde de que ya no está acá, no lo voy a poder creer. Como me pasa con Norita Cortiñas, como pasa con el Diego, como me pasa con mi Nona. Como pasa con todos los imprescindibles que nos marcaron y nos siguen guiando desde el más allá.
Allá arriba miramos y: gracias.
Acá, mientras tanto, tendremos que aprender alguna de todas sus lecciones y acciones. De insistir en la cultura como vehículo y motor de los grandes cambios sociales; en que el rock y la vanguardia pueden ser movimientos masivos acá como en ninguna otra parte en el mundo; que la poesía le pertenece las masas; que hay códigos que no se explican ni se interpretan sino que, como él mismo dijo, se imaginan.
“Hago canciones para que la gente imagine”.
¿Qué?
Historias, cosas, ideas, futuros posibles y mejores que éste.
Ahora que te tenemos guiándonos, sin sufrir, ojalá sea más fácil.
Por vos, Indio.
Con vos siempre.
Hasta que la muerte nos una.
Salud!