Xi Jinping, durante una recepción en el Gran Salón del Pueblo, en Pekín, el 30 de setiembre de 2025. AFP, Adek Berry.
El silencioso reemplazo de China a Estados Unidos
El hegemón cansado y el tigre paciente
Brecha, 17-7-2026
Correspondencia de Prensa, 20-7-2026
«Vencer sin combatir» es la máxima del estratega chino Sun Tzu, estampada en su clásico El arte de la guerra. Frente a una superpotencia que luce agotada y desorientada, esa estrategia le da resultados en todo el mundo a China, que se convierte en indispensable para resolver los conflictos más candentes.
Todos los datos disponibles coinciden en que el Pentágono no puede reponer tan rápido como quisiera las armas disparadas contra Irán. Pero la ironía es que Irán reconstruye sus capacidades bélicas a gran velocidad, a pesar de la destrucción provocada por los bombardeos de Estados Unidos e Israel. «Un nuevo análisis revela que Estados Unidos necesitará años para reponer sus reservas de armas avanzadas utilizadas en la guerra contra Irán», titula Associated Press en un cable del 27 de mayo.
El problema es que la superpotencia queda desprotegida ante China. «Los contratistas militares estadounidenses necesitan al menos tres años para reponer las reservas de tres sistemas de armas clave muy utilizados», sigue la agencia. Se trata de los misiles de crucero Tomahawk, que se usan para atacar objetivos en lo profundo del territorio enemigo, interceptores Patriot y Thaad, que defienden contra misiles y drones. Para empeorar las cosas, China quiere que su ejército sea capaz de tomar Taiwán por la fuerza si fuera necesario para 2027. El presidente Xi Jinping advirtió que, si Washington gestiona mal sus relaciones con la isla autónoma, ambos países podrían acabar enfrentándose en un conflicto abierto.
Algunos datos dan la pauta del tamaño de la escasez de material bélico. Estados Unidos lanzó más de 1.000 misiles Tomahawk contra Irán, pero apenas se fabrican 200 cada año. Según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), reponer los interceptores Thaad y Patriot utilizados llevará hasta fines de 2029.
La página web de la casa real saudita, claramente antiraní, asegura, en cambio, que Irán restableció el acceso operativo a 30 de los 33 sitios de misiles a lo largo del estrecho de Ormuz, que el 90 por ciento de las instalaciones subterráneas de almacenamiento y lanzamiento son parcial o totalmente operativas y que Teherán retiene el 70 por ciento de sus reservas de misiles de antes de la guerra. El jefe del Comando Central de Estados Unidos había dicho al Senado que los más de 1.450 ataques de la operación Furia Épica habían destruido el 85 por ciento de los misiles balísticos, drones y la base industrial naval de Irán; cuando aparecieron datos de inteligencia que mostraron lo contrario, el Pentágono quedó muy mal parado. El CSIS concluye que la campaña demostró «los límites del poder aéreo estadounidense». Once días después del alto el fuego, el comandante de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria Islámica, Majid Mousavi, afirmó en PressTV que la recarga de lanzamisiles y drones «ha superado incluso su ritmo de antes de la guerra».
La reconstrucción militar de Irán ha superado las proyecciones de inteligencia de Estados Unidos debido a las líneas de suministro externas y la dispersión de su aparato bélico. Rusia y China son los principales facilitadores, y le suministran drones y componentes de misiles a través de los canales que el alto el fuego no restringió.
LA NUEVA NACIÓN INDISPENSABLE
Las recientes visitas de Donald Trump y Vladímir Putin a China ponen de manifiesto dónde reside hoy la capacidad para resolver las crisis en curso. «He oído que sí», dijo Trump en una llamada telefónica a comienzos de abril cuando la Agence France-Presse le preguntó si Pekín había estado involucrado en influenciar a Teherán para que negociara una tregua. The New York Times dijo haber hablado con tres funcionarios iraníes que confirmaron esa influencia conciliadora china sobre la república islámica.
Por su parte, Asia Times recuerda una célebre frase del exsecretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger: «Las grandes potencias históricas rara vez anuncian su dominio, simplemente comienzan a tomar decisiones que otros se ven obligados a acatar». Pekín, dice el diario editado en Hong Kong, se encuentra cada vez más en esa posición. En referencia a las visitas de Trump y Putin, afirma: «Cuando tanto tu principal adversario como tu aliado más importante llegan a tu capital con pocas semanas de diferencia buscando tu colaboración para resolver sus problemas más acuciantes, la cuestión de quién ostenta la ventaja estructural se resuelve por sí sola. Xi Jinping no necesitó una declaración conjunta. Las visitas en sí mismas fueron la declaración» (Asia Times, 23-V-26).
Un antiguo proverbio chino dice que el cazador hábil no persigue al conejo, sino que se coloca en el lugar donde el conejo inevitablemente tendrá que correr. Es lo que hace Xi. Las prisas de Trump por salir de la trampa iraní y las de Putin por la construcción de Fuerza de Siberia II, el megagasoducto de 4 mil quilómetros vital para la sobrevivencia económica de Rusia, se encontraron con la habitual displicencia de quien sabe que tiene la sartén por el mango. «Pekín ya no reacciona ante el sistema internacional, lo está transformando con discreta deliberación», concluye Asia Times. Si la visita de Putin a Pekín puso de manifiesto la debilidad estructural de Rusia, la de Trump reveló la desorientación diplomática de Estados Unidos, añade el medio. La historia de fondo de estas dos visitas no gira en torno a Trump ni a Putin, sino a la construcción paciente y sistemática de una posición que convierte a China en indispensable.
Xi sabe que el orden internacional requiere del consentimiento chino para poder funcionar, al punto que ahora toma represalias cuando se siente atacado. Para resolver la actual crisis en Oriente Medio, China impulsa a su aliado Pakistán a jugar un papel destacado en las negociaciones de paz. Después de Trump y Putin, Xi recibió a una delegación pakistaní de alto nivel, entre la que se encontraba el mariscal de campo Asim Munir, principal mediador entre Irán y Estados Unidos.
Pakistán se ha convertido en un actor clave en Asia y Oriente Medio y ahora es reconocido como potencia nuclear. Pero esto no podría suceder sin el sostén y la orientación estratégica de China. El proyecto insignia de la Nueva Ruta de la Seda es el corredor China-Pakistán. Islamabad permite, a su vez, a Irán transportar mercancías a través de seis rutas terrestres, con transacciones en monedas bilaterales: «Pakistán permitió el tránsito de alimentos y bienes esenciales cuando el estrecho de Ormuz estaba cerrado» (The Cradle, 27-V-26).
Mientras comprende que la potencia todavía hegemónica está agotada, China parece estar siguiendo la máxima de Sun Tzu de que «el bando victorioso determina las condiciones de la victoria antes de que comience la guerra». La principal diferencia entre Occidente y China en las relaciones internacionales radica en el frenesí guerrerista con el que aquel conquistó el mundo y con el que, al parecer, espera poder conservar su poder. China apuesta a una transición pacífica, en consonancia con su historia, algo que a las élites de esta parte del mundo les resulta difícil creer.
A China le alcanza con esperar pacientemente que su adversario se ahorque con su propia cuerda. Un editorial del madrileño El País se ensaña con la corrupción que rodea a Trump y su carencia de un verdadero proyecto político. «El proyecto político de Trump consistió, primero, en evadir la cárcel, y una vez en el poder, en enriquecerse él y su familia tanto como le fuera posible a costa de explotar sin pudor las zonas grises del sistema» (El País, 28-V-26).
Un buen ejemplo es la denuncia de Trump a su propia autoridad impositiva por la filtración de su declaración de la renta en 2020, que se saldó con una negociación que le permite disponer de 1.700 millones de dólares para resarcir a socios que considera represaliados por el gobierno de Joe Biden, un «fondo de reptiles» que avergonzó incluso a los dóciles republicanos del Senado.
NEONAZIS DE X CONTRA LA INDUSTRIA TECNOLÓGICA
Trump ha impuesto su dominio sobre los principales poderes, desde el Congreso hasta el Tribunal Supremo. «Quieren ser Dios», dijo sobre él y su entorno la exdirectora de inteligencia Tulsi Gabbard en una reciente entrevista. El periodista Noah Smith, tan alejado de demócratas como de republicanos, coincide en que no hay nada en la historia de Estados Unidos que se acerque al nivel actual de corrupción gubernamental. Y cita tres ejemplos de la «locura trumpiana»: el ataque contra empleados y fundadores de la industria tecnológica internacional, la desastrosa guerra de Irán y la corrupción sin precedentes (Asia Times, 27-V-26).
Mientras tanto, la Casa Blanca toma decisiones incomprensibles. El gobierno anunció que los trabajadores extranjeros con visas temporales deberán regresar a sus países de origen mientras solicitan la residencia permanente, en un proceso que puede durar años. «Esta norma expulsaría de facto a la mayoría de los trabajadores cualificados con visa en Estados Unidos», señala Smith. Si la norma se aprobara en el Congreso, la industria tecnológica estadounidense sufriría un golpe devastador. Porque la industria de la inteligencia artificial (IA), que según Smith es la que mantiene a flote a su país, depende de investigadores nacidos fuera de Estados Unidos. Según un gráfico que aporta, solo el 24 por ciento de los investigadores de IA de alto nivel fue formado en Estados Unidos, contra un 38 por ciento educado en China, un 10 por ciento en India y un 9 por ciento en Europa. Su sentencia es brutal: «Todas las mayores empresas de IA de Estados Unidos, y más de la mitad de las 50 principales, fueron fundadas por inmigrantes; India y China son los países que más contribuyeron». Asegura que ese patrón se mantiene en toda la industria tecnológica. En este aspecto, la política trumpista choca con sus bases sociales del sector tecnológico. Los únicos contentos con la medida, señala, eran los activistas antinmigración, «personas de derecha que ven la inmigración como una guerra racial y quieren prohibirla por completo». Estos sectores, que el periodista denomina neonazis de X, están preparados para tomar el control del movimiento MAGA cuando el presidente se retire.
Pese a toda la evidencia de que la popularidad de Trump está cayendo (60 por ciento de rechazo y menos de 40 por ciento de aprobaciones), es posible que el proyecto trumpista siga adelante hasta su previsible estallido final.
DAÑOS COLATERALES
Una de las consecuencias de la derrota ante Irán es la que apunta el célebre profesor de relaciones internacionales John Mearsheimer, quien enfatizó, en una reciente entrevista con el comentarista conservador Tucker Carlson, que la catástrofe de la guerra contra Irán podría llevar a un cambio radical en la relación entre Washington y Tel Aviv y una disminución del poder del lobby israelí. El culpable principal de la derrota militar, según Mearsheimer, es precisamente ese lobby, que se asegura que Israel goce de apoyo incondicional para todo lo que hace. «Aquí tenemos a un pueblo que estuvo entre las víctimas del genocidio más grande de la historia cometiendo ahora genocidio contra los palestinos en Gaza. Y Estados Unidos es cómplice en este genocidio, tanto bajo el gobierno de Biden como el de Trump. Esto es en verdad notable y solo demuestra que Israel puede hacer casi cualquier cosa», apuntó Mearsheimer.
Días antes, el vicepresidente J. D. Vance había expresado públicamente su frustración por el boicot israelí al acuerdo con Irán. Advirtió al gobierno de Benjamin Netanyahu que «Trump es el único jefe de Estado en todo el mundo que simpatiza con Israel» y que, por lo tanto, si él estuviera en el gabinete sionista, «no estaría atacando al único aliado poderoso que me queda en el mundo» (The Young Turks, 18-VI-26).
Parece evidente que el proyecto de Gran Israel «se está derrumbando», como asegura el profesor Jeffrey Sachs. Aunque no habrá ruptura, los días en los cuales Israel podía hacer «casi cualquier cosa» están llegando a su fin. Una vez más, el Dragón triunfa sin combatir.