Ucrania en la solidaridad con Palestina
Entrevista a Andriv Movchan (Movimiento social) sobre la Flotilla Global Sumud a Gaza
Ashley Smith
Traducción de Viento Sur, 26-6-2026
Correspondencia de Prensa, 1-7-2026
Dos guerras imperialistas han puesto a prueba a la izquierda internacional: la guerra genocida de EEUU e Israel en Gaza y la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Algunos han defendido las mejores tradiciones de la izquierda: la solidaridad con las y los oprimidos y su derecho a resistir sin excepciones, mientras que otros han caído en la trampa de la solidaridad selectiva, negándose a apoyar a uno de los dos pueblos. Siguiendo el espíritu del universalismo basado en principios, dos activistas de izquierda ucranianos, Andriy Movchan y Nina Potarska, se unieron a la Flotilla Global Sumud a Gaza. Ashley Smith, de Tempest, entrevista a Andriy Movchan sobre su participación en la Flotilla y lo que significa para forjar la solidaridad entre las y los ucranianos y palestinos y sus luchas de liberación.
Ashley Smith: Acabas de volver de la Flotilla Global Sumud. ¿Cuáles eran sus objetivos? ¿Cómo acabaste uniéndote a ella? ¿Qué esperabas conseguir con tu participación?
Andriy Movchan: Cuando zarpó la primera flotilla hacia Gaza, en otoño de 2025, me arrepentí profundamente de no formar parte de ella. Me parecía importante que Ucrania –que como nación también está sufriendo una ocupación– estuviera representada en este movimiento. Cuando me enteré de que se estaba preparando una nueva flotilla, decidí que tenía que ir allí como fuera. Al final, lo conseguimos.
Además de nuestro objetivo principal –romper el bloqueo ilegal israelí de la Franja de Gaza, que es una violación flagrante del derecho internacional–, teníamos otro objetivo: derribar un muro de estereotipos.
En primer lugar, queríamos cuestionar los estereotipos sobre Palestina en Ucrania, donde la propaganda israelí goza de una posición extremadamente fuerte en los medios de comunicación y, en la práctica, tiene el monopolio de la verdad. Al participar como representantes ucranianos, queríamos ofrecer un punto de vista alternativo. Por encima de todo, queríamos darle voz a Palestina.
En segundo lugar, queríamos cuestionar un estereotipo promovido a nivel internacional por la propaganda rusa y la izquierda campista: la idea de que todos los ucranianos y ucranianas son sionistas acérrimos que apoyan con entusiasmo los crímenes del imperialismo occidental en otras partes del mundo y que, por lo tanto, no merecen ni simpatía ni apoyo en su propia lucha contra la agresión rusa.
Creo que nuestra participación puso en tela de juicio ambos estereotipos.
A. S.: Sois ucranianos, y vuestro país, al igual que el de las y los palestinos, ha sufrido una guerra colonial y la ocupación. ¿Fue esa experiencia común la que os llevó a solidarizaros con Palestina? ¿Cómo se percibe la lucha palestina en Ucrania? ¿Cuáles han sido las políticas de Zelensky respecto a Palestina? ¿Cómo las habéis cuestionado? ¿Cómo son los debates populares? ¿Cómo habéis promovido la solidaridad con Palestina en Ucrania?
A. M.: Para mí, los paralelismos con el destino de Ucrania son, sin duda, importantes. Me dan una motivación adicional para apoyar la lucha del pueblo palestino contra la ocupación. Y no estoy solo en esto. Dentro de la Red Europea de Solidaridad con Ucrania, que reúne a diversas organizaciones de izquierda, este tema también es importante. Todos sus participantes entienden claramente la importancia de apoyar también a otros pueblos oprimidos: esa es la esencia de nuestro anticampismo de principios. Nos unimos bajo el lema: “¡De Ucrania a Palestina, la ocupación es un crimen!».
En cuanto a cómo se percibe la cuestión palestina en Ucrania, por desgracia nos enfrentamos a dificultades importantes. Hay toda una serie de factores objetivos que creo que es importante explicar.
Para empezar, en los países occidentales el movimiento pro-palestino lleva décadas existiendo. Es parte integral de la agenda y la identidad de la izquierda. En la Unión Soviética, por el contrario, no había movimientos políticos independientes: el Estado tenía el monopolio de la política.
La propaganda estatal apoyaba a Palestina, pero en la década de los 70 la sociedad ya se había vuelto muy escéptica ante la propaganda oficial. La frase “crímenes del militarismo israelí” se había convertido en motivo de bromas en la sociedad soviética de finales de esa época, como símbolo de la exageración propagandística. Después de 1991, Palestina desapareció casi por completo de la atención pública. Al mismo tiempo, no lograron desarrollarse movimientos de izquierda auténticos en ninguno de los países postsoviéticos.
Además, Europa del Este –Polonia, Lituania, Ucrania, Bielorrusia y el oeste de Rusia– era la principal patria histórica de los judíos askenazíes. Algunos de los capítulos más trágicos del Holocausto tuvieron lugar aquí. Estos países también se convirtieron en importantes fuentes de emigración hacia Israel, sobre todo a partir de 1989. Hasta un 20% de la población de Israel habla ruso, lo que supone más o menos uno de cada cinco israelíes. Casi todos los ucranianos y ucranianas tienen gente amiga, conocida, con la que compartieron clase [en los estudios] o vecina que se ha mudado allí. Naturalmente, la gente tiende a confiar en la información que les dan personas que conocen y con las que tienen afinidad cultural.
Los factores demográficos y lingüísticos plantean otro problema. Israel cuenta con una amplia red de periodistas, analistas políticos y expertos militares de habla rusa. Muchos de ellos tienen opiniones sionistas muy belicistas. Son capaces de influir directamente en la sociedad ucraniana, sin ninguna barrera lingüística. Palestina no tiene ni una mínima parte de esa influencia. Nuestro panorama mediático, en lo que respecta a Oriente Medio, está prácticamente copado por voces sionistas. Han tenido bastante éxito a la hora de moldear la opinión pública.
Esta es la paradoja de la situación ucraniana. Puede que te cueste creerlo, pero –a diferencia de lo que ocurre en gran parte de Europa– nuestro Gobierno adopta una postura mucho más equilibrada respecto a Palestina que la parte visible de la sociedad civil (sobre todo sus sectores de derechas y liberales). Ucrania reconoce oficialmente al Estado de Palestina y hay una embajada palestina en Kiev, no muy lejos de la casa de mis padres. Ucrania apoya casi todas las resoluciones a favor de Palestina en Naciones Unidas, condenando la ocupación ilegal y las anexiones. La postura del Ministerio de Asuntos Exteriores se basa en una solución de dos Estados y en el respeto al derecho internacional.
A menudo veo referencias a varias declaraciones que hizo Zelensky en 2022 y 2023, en las que dijo que quería convertir Ucrania en un “gran Israel”. Fueron comentarios muy desafortunados. Sin embargo, es importante entender que Zelensky es un político sin experiencia alguna y que casi no sabe nada de la historia de la ocupación de Palestina. Esa ignorancia no le hace ningún favor. Esas declaraciones minaron significativamente el apoyo internacional a Ucrania. Aun así, no reflejan muy bien la realidad.
Las relaciones entre Ucrania e Israel son bastante tensas. A Israel no le gusta la postura de Ucrania respecto al derecho internacional. Israel prefiere mantener relaciones neutrales y de carácter comercial con Rusia. Durante mucho tiempo evitó condenar la anexión de Crimea, vendió tecnología militar a Rusia, no impuso sanciones en 2022 y prácticamente no proporcionó ayuda militar a Ucrania. Israel importa el 90% de su cereal de Rusia, incluido el robado de los territorios ucranianos ocupados (lo que casi provocó sanciones por parte de Ucrania y la Unión Europea). Israel, junto con Rusia, suele sacar partido del tema del nazismo en Ucrania. Netanyahu se ha jactado abiertamente desde la tribuna del Knesset de sus estrechos contactos con Putin. En resumen, las relaciones entre los dos países distan mucho de ser amistosas.
También es importante entender otro factor clave. En el contexto de la invasión, Ucrania depende de forma vital del apoyo militar, económico y diplomático de la Unión Europea (UE) y de Estados Unidos. Aunque el Gobierno quisiera criticar más duramente a Israel, esas críticas podrían poner en peligro los suministros militares y la vida de los soldados ucranianos. Por eso, es poco probable que las críticas de Kiev en estas circunstancias sean más duras que la media europea. En este contexto, las protestas europeas para influenciar sobre sus gobiernos se vuelve decisiva.
Las y los activistas de izquierda en Ucrania, aunque expresan su apoyo a Palestina, no se enfrentan tanto a la presión del Estado como a la de elementos prosionistas activos dentro de la sociedad civil. Esto se manifiesta, sobre todo, en forma de acoso en línea, difamación e intentos de influir en la opinión pública en contra nuestra. Por lo general, estas narrativas se reducen a la afirmación de que apoyar a Palestina equivale, en la práctica, a apoyar a Rusia. Como te puedes imaginar, en el contexto de una invasión en curso, esas acusaciones son muy graves y peligrosas. Sin embargo, incluso en estas difíciles condiciones, la izquierda ucraniana sigue organizando campañas a favor de Palestina.
A. S.: ¿Cómo fue tu experiencia en la Flotilla? ¿Qué grupos, participantes y eventos te llamaron más la atención?
A. M.: No empezamos nuestro viaje en Cataluña, sino en Sicilia, en la segunda parada de la flotilla. Pasamos más de una semana en la ciudad de Siracusa, donde se impartieron sesiones de formación: historia de Palestina, preparación psicológica, prevención de la violencia de género, aspectos legales, simulacros de interceptación y formación en medios de comunicación. Fue una experiencia muy valiosa. En general, me impresionó el nivel de organización de la flotilla.
Tuvimos la oportunidad de conocer a gente de muchos países diferentes, desde Australia hasta Japón. El perfil de las y los participantes también era muy variado. No solo había activistas de izquierdas. Por ejemplo, la mayoría de las delegaciones de Turquía, Indonesia y Malasia estaban representadas por organizaciones musulmanas.
Me alegró ver la presencia de organizaciones trotskistas. Por ejemplo, Argentina y Brasil estaban representados por tres internacionales trotskistas diferentes. También es interesante que hubiera una opción para la representación de naciones sin Estado, por lo que había tres delegaciones del Estado español: la española, la vasca y la catalana. La delegación irlandeses incluía a Irlanda del Norte.
Está claro que los pueblos europeos con experiencia en luchas de liberación nacional son mucho más sensibles a la cuestión palestina. En este sentido, la participación de delegación ucraniana también es simbólica para mí.
A. S.: La izquierda internacional ha reaccionado de forma diferente ante la guerra genocida de EEUU e Israel contra Gaza y la invasión imperialista de Rusia en Ucrania. Casi todo el mundo en la izquierda ha organizado acciones de solidaridad con Gaza, pero hay sectores enteros que se han mostrado reacios a hacer lo mismo con Ucrania. Teniendo esto en cuenta, ¿cómo fue vuestra experiencia, como ucranianos, con otros activistas de la Flotilla? ¿Apoyaron la lucha de Ucrania por la autodeterminación junto con la de Palestina? ¿Tuvisteis conversaciones y debates sobre estas luchas y su relación entre sí?
A..M.: Curiosamente, esperaba encontrarme con un número significativo de organizaciones estalinistas o criptoestalinistas que son muy hostiles hacia Ucrania. Sin embargo, mis preocupaciones resultaron infundadas. En realidad, prácticamente no había elementos estalinistas presentes. Ni una sola vez me topé con ninguna apología abierta de la invasión rusa ni con hostilidad hacia nosotros.
Además, para mi gran sorpresa, conocimos a muchos participantes de la flotilla cuyas vidas, en diferentes etapas, habían estado estrechamente vinculadas a Ucrania: había periodistas que habían cubierto la guerra, paramédicos y enfermeros que habían atendido a civiles y soldados en Ucrania, voluntarios que habían repartido ayuda humanitaria y activistas de izquierdas que, en sus propios países, luchan activamente contra la propaganda rusa. El número de personas así era impresionante.
Grabamos muchos mensajes dirigidos al público ucraniano por parte de estos participantes. Les pedimos que añadieran al final el lema “¡De Ucrania a Palestina, la ocupación es un crimen!”, y todos aceptaron encantados.
Sin embargo, hay que decir que el tema de Ucrania apenas se mencionó allí. Y es comprensible. La gente cuyos gobiernos permiten de hecho que Israel cometa un genocidio siente que su deber principal es protestar contra las acciones de sus propios gobiernos (¡ay, si tan solo los izquierdistas rusos tuvieran un sentido similar de la coherencia!).
También había campistas moderados: aquellos que ven a Rusia como una especie de contrapeso al imperialismo estadounidense, importante para mantener el equilibrio global.
Es evidente que son mucho menos críticos con Rusia de lo que a mí y a otros ucranianos nos gustaría. Pero, de nuevo, no escuché ningún apoyo a la invasión. Incluso las y los palestinos se refirieron varias veces al derecho ampliamente reconocido de la población ucraniana a la resistencia armada como argumento a favor de la legitimidad de su propia lucha armada.
A. S.: Al igual que todos los barcos de la Flotilla, el vuestro fue interceptado y las autoridades israelíes os retuvieron a los dos. Todos hemos oído historias horribles sobre cómo los israelíes torturan y agreden sexualmente a los detenidos… ¿Cómo os trataron? ¿Dijeron algo sobre vosotros por ser ucranianos?
A. M.: Nuestro yate, llamado Eros, fue interceptado en el primer grupo de 23 barcos cerca de la isla de Creta. Solo llevábamos cuatro días en el mar y no esperábamos que nos interceptaran tan cerca de la costa de Grecia. Nos pilló por sorpresa.
Nos llevaron a un barco-prisión, especialmente acondicionado para los miembros de la flotilla. ¿Cómo me sentí al respecto? Tuve sentimientos encontrados. A veces, me da que se pasó mejor de lo que esperaba. Estaba claro que los soldados israelíes tenían órdenes de no matarnos ni causarnos heridas graves. Y eso no es de extrañar: la flotilla estaba bajo un intenso escrutinio mediático mundial y atención diplomática. La mayoría de nosotras y nosotros éramos ciudadanos de países europeos. Por eso, las fuerzas israelíes no podían permitirse devolver a nuestros gobiernos los cuerpos mutilados o sin vida de sus ciudadanos y ciudadanas.
Por otro lado, fui testigo de violencia y abusos sin motivo alguno. Tras subirnos al barco prisión, golpearon a algunas personas. Nos obligaron a besar la bandera israelí. Más tarde, en la cubierta que hacía las veces de prisión, los soldados entraron apuntándonos con sus armas. Usaron granadas aturdidoras dos veces en un espacio cerrado. A la gente la obligaban una y otra vez a ponerse de rodillas, con la cabeza aplastada contra el suelo. Durante mucho tiempo, nos mantuvieron encerrados en contenedores con poco aire y no nos dejaban ni ir al baño.
A la mañana siguiente hubo una paliza masiva a las y los participantes de la flotilla. Sacaban a la gente individualmente a un lugar desconocido. Los arrastraban tirando de la ropa; a las mujeres, por el pelo. A algunos les daban patadas; a otros les golpeaban la cabeza contra los contenedores. A un hombre, sin motivo aparente, le dispararon en la pierna con una bala de goma. Cuando me metieron en el contenedor y me obligaron a tumbarme boca abajo en el suelo, había un charco de sangre a mi lado.
Sin embargo, hay que decir que el trato que recibieron los que fueron interceptados más tarde cerca de la isla de Chipre fue mucho peor. Parece que los soldados se mostraron más dispuestos a actuar con brutalidad. Al parecer, los peores incidentes tuvieron lugar en tierra, en el puerto de Ashdod y en la prisión de Ktzi’ot. Las imágenes del puerto se difundieron por la prensa internacional y provocaron indignación en las diplomacias occidentales. Incluso el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania condenó abiertamente la violencia contra los participantes de la flotilla.
A. S.: Desde que te liberaron, ¿en qué tipo de reportajes has participado? ¿Cómo han reaccionado la gente en Ucrania ante tu participación en la flotilla? ¿Cómo has aprovechado el viaje para fomentar la solidaridad entre Ucrania y Palestina y sus respectivos movimientos solidarios?
A. M.: Tras mi liberación, me llevé una desagradable sorpresa al ver que la prensa ucraniana prácticamente ignoró nuestra participación en la flotilla. Mi compañera Nina Potarska y yo somos figuras públicas. Nuestra participación se había anunciado ampliamente en las redes sociales. Sin embargo, casi nadie en Ucrania escribió sobre los ucranianos que formaban parte de la misión de Gaza. Me parece que fue una decisión deliberada. Los periodistas no sabían cómo abordar un tema incómodo, para no enfadar a los blogueros e influencers proisraelíes. En otras palabras, está claro que hubo tanto censura como autocensura.
Aquí, por cierto, se hace patente una contradicción que mencioné antes. Tras la tortura en Ashdod, el ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania presentó una protesta. Paradójicamente, el Gobierno ucraniano está más dispuesto a criticar a Israel que la prensa y la sociedad civil. Uno se imagina cuánto trabajo nos queda por delante, empezando por la educación básica sobre la cuestión palestina.
Al mismo tiempo, junto a la hostilidad de grupos e individuos prosionistas, recibimos un gran apoyo de las ucranianas y ucranianos que están del lado de Palestina. Para personas que antes se creían solas en sus opiniones, nos convertimos en sus representantes, en su voz. Para ellos, fue como un soplo de aire fresco. Entre ellos había estudiantes, observadores internacionales, soldados, musulmanes ucranianos y ucranianos de la diáspora: círculos muy diferentes. Parecía como si por fin nos hubiéramos encontrado.
Solo hemos hecho una pequeña parte de lo que aún queda por hacer. Pero estoy convencido de que nuestra participación fue extremadamente importante tanto para el movimiento palestino como para la sociedad ucraniana. Es una muestra de auténtico internacionalismo, más allá de las fronteras y de los bloques político-militares. Esto es lo que inspira y da esperanza para un mundo más justo.
–Artículo original publicado en Tempest, 21-6-2026