Flavio Bolsonaro en un acto en la ciudad de Florianópolis, Santa Catarina. AFP, Vitor Sousa.
El sur de Brasil, la tierra prometida del bolsonarismo
Fe, familia, armas y gran capital
Sofía Kortysz Vaz desde Santa Catarina
Brecha, 11-9-2026
Correspondencia de Prensa, 12-9-2026
En Santa Catarina, a menos de dos horas de vuelo de Montevideo, en una región en la que muchos uruguayos eligen veranear, la extrema derecha brasileña ha encontrado su mayor respaldo. Un conservadurismo bien arraigado, los orígenes alemanes de muchos de sus habitantes, el peso de la Iglesia evangélica y la incidencia de un número inusual de billonarios se conjugan allí en favor de Flávio Bolsonaro.
«Así como hubo un antes y después de Cristo, hubo un antes y después de la llegada al poder de Jair Bolsonaro, ocho años atrás», dijo a Brecha un integrante del Partido de los Trabajadores en Santa Catarina en un encuentro entre militantes favorables al presidente Luiz Inácio Lula da Silva. «Ojo, no comparo a Bolsonaro con Cristo», aclaró sonriente.
En las elecciones de 2018, Jair Bolsonaro ganó en todo el sur del país, pero fue en el estado de Santa Catarina donde mejores resultados tuvo, al obtener el 75,9 por ciento de los votos, contra el 24 por ciento del candidato del Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad. En 2022 no le fue tan bien, pero el desafío era mayor: competía contra el actual presidente, Lula, que acababa de ser liberado. Aun así, la diferencia entre ambos fue muy considerable: 69,2 a 30,7 por ciento, en favor del exsargento.
Cuando votantes de izquierda o de centro hablan de un cambio sustantivo desde que Jair Bolsonaro pisó el Palacio de Planalto piensan, sobre todo, en un quiebre en la sociedad, en la que se instaló, desde la presidencia, la cultura del odio al otro. Pero hay en el territorio brasileño una división anterior al mandato de Bolsonaro: la polarización entre un sur y un sudeste ricos frente a un norte y un nordeste pobres. La revista Forbes, que anualmente ausculta a los más ricos en cada país, publicó en su número de la semana pasada refiriéndose al caso brasileño: «Mientras el sudeste concentra la mayor parte de la riqueza con Eduardo Saverin y Jorge Paulo Lemann, el norte del país no registra ningún representante» entre los más poderosos. Saverin es cofundador de Facebook, y Lemann, un extenista de familia originaria de Suiza que estudió en Harvard e hizo fortuna en las finanzas. Otro de los billonarios sureños es Luciano Hang, dueño de Havan, una de las mayores cadenas de supermercados brasileñas que tuvo la ingeniosa iniciativa de colocar réplicas de la estatua de la Libertad delante de sus sucursales como tributo al «sueño americano». A Hang se lo ha visto en compañía de Flávio Bolsonaro, candidato presidencial de la ultraderecha para las elecciones del mes próximo.
El 60 por ciento de los supermagnates brasileños son del sudeste del país, y en el sur Santa Catarina aparece como su tierra prometida: es el estado que más ricos riquísimos tiene por número de habitantes. Su cultura ha permeado al resto de la sociedad, y muchos catarinenses, incluso trabajadores que nunca cosecharán fortuna alguna, miran con desconfianza, hasta con desprecio, a los nordestinos. «Ahora que están migrando para el sur, la seguridad empieza a trastabillar entre nosotros», dicen algunos de ellos, repitiendo el lugar común del inmigrante pobre culpable de todos los males. En el nordeste, «mucha gente dejó de trabajar para recibir planes del gobierno», aseguran también. «Prefieren quedarse en la calle que cumplir un horario», le dijo a Brecha un chofer de Uber según el cual Santa Catarina es el estado que «sostiene al país» todo y los «mantiene a ellos», en referencia a los nordestinos. Algunos todavía fantasean, incluso, con separar a Santa Catarina del resto de Brasil, como lo hace el movimiento O Sul é Meu País, creado en Santa Catarina en 1992 con un objetivo claramente secesionista. Dos años antes, en Río Grande del Sur había nacido República do Pampa, con una propuesta similar. Otros en el sur, más realistas, optan por mantener la unidad nacional por conveniencia propia. En las celebraciones locales del 7 de setiembre por la independencia de Brasil realizadas por la extrema derecha en Florianópolis, un hombre dijo a voz en cuello: «El sur tiene cabeza, es cierto, pero el norte tiene minerales». La Amazonia y Bahía son, en efecto, las regiones del país que más tierras raras tienen.
En un acto bolsonarista en Balneario Camboriú, el candidato a vicegobernador de Santa Catarina Adriano Silva, del Partido Novo, se refirió a este contraste entre regiones. «Hasta parece que aquí no estamos a la vera de una crisis económica, que es lo que está sucediendo en otras zonas, porque aquí estamos creciendo», dijo, sin apoyar sus afirmaciones en ningún dato concreto.
Balneario Camboriú es conocida como Bolsonaro city. Allí es concejal municipal el más joven de los hijos del expresidente, Renan Bolsonaro, que en las elecciones del 4 de octubre competirá por un escaño en la cámara de diputados federal. El Hijo 04oJunior, como se lo llama, no es el único de la familia en aspirar a un cargo por Santa Catarina. También su hermano Carlos se presentará, en su caso para un puesto al Senado. Sabe que aquí tiene chances.
El mitin bolsonarista transcurrió en un lugar icónico de la localidad, donde en la cima de un morro se erige la estatua de Cristo Luz, un Jesucristo de 33 metros, más alto que el famoso Cristo Redentor carioca. Carlos fue parte de los oradores en el acto, junto con la senadora Carol de Toni y el gobernador Jorginho Mello; 04 permaneció en el salón de actos, a los pies del Cristo Luz. En cierto momento, Silva le tocó el hombro a 04 y le dijo: «Los medios de comunicación son agresivos y afirman que todo lo que la familia Bolsonaro hace está errado, pero una máscara cayó en Brasilia y quedó en evidencia cuánto esta familia ha sufrido». El vicegobernador aludía al escándalo que involucra al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, aliado de Lula (véanse en esta edición «En llamas» y en la anterior «No se salva nadie», en Punto y Seguido, de Marcelo Aguilar).
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El mismo discurso que atribuye a «la izquierda» el control de los medios de comunicación, propagado por las extremas derechas a lo largo y ancho del mundo, también se hizo sentir en un mitin desarrollado en la noche oscura en un sitio perdido de la ruta que lleva a Rio do Sul, en Santa Catarina. El lugar se identifica con un cartel en el que se lee: «Chamados para servir», una rama de la Iglesia evangélica pentecostal. En el mitin, la diputada estadual Ana Campagnolo, aspirante a la reelección, habló largo y tendido sobre cómo «la tevé y la radio están contra los bolsonaristas». En una suerte de clase abierta titulada «El evangelio en la práctica» y que duró unas dos horas, Campagnolo, que se define como «conservadora y cristiana», llamó a la Iglesia evangélica a producir «música y filmes de calidad, que no se perciban como cristianos» para contrarrestar con eficacia la influencia ideológica de la «izquierda». Hoy, aseguró, «solo existen la música de iglesia y la pornográfica», y la primera, más bien aburrida, no es capaz de contrarrestar a la segunda, sugirió. «Todo es política. Desde el origen, desde que Cristo fuera crucificado, religión y política están ligadas», explicó también a su público bajo la entretenida dinámica de exhibir fragmentos de El rey león para hacer paralelismos con la Biblia. «Cuando cayeron el muro de Berlín y la Unión Soviética, dijeron que se había acabado el comunismo, pero no, se organizó en los movimientos indigenistas, ambientalistas, feministas, que colocaron a los negros contra los blancos, a las mujeres contra los hombres, a los gays contra los heteros», sostuvo. El primer golpe se los asestó a los ambientalistas, por tener una mirada «errónea» del mundo. «En el génesis –dijo, palabras más, palabras menos–, Dios creó antes a los animales que a los hombres. Por eso no puede decirse que plantas, animales y humanos son igualmente importantes. Todos lo son, pero el hombre es más perfecto porque fue el último en ser creado. Que la naturaleza sea el centro y no el hombre es una premisa incompatible con el cristianismo. Nada es más importante que el hombre, ni la floresta amazónica.» El blanco siguiente fueron las feministas: «Porque usted al niño puede educarlo bien, pero después va a la escuela y se encuentra con una profesora ecofeminista atea que le dirá que por una cuestión moral debe ser vegetariano». También se debe descartar cualquier voluntad de acabar con el patriarcado, dijo la diputada entre guiñadas cómplices a la asistencia. «Hay que entender que ese es un elemento de la sociedad que fue descrito y prescrito por la Biblia y no hay una posible interpretación filosófica de ella que lleve a querer destruirlo», afirmó.
El discurso concluyó con un llamado a terminar con el aborto legal, quizá el principal objetivo de la diputada. «Si usted tiene un árbol que se puede caer sobre su casa, no se siente seguro de cortarlo, porque viene la policía ambiental y no tiene idea de cuánto le va a salir la multa, pero si acude a un sistema público de salud y falsamente alega haber sido víctima de abuso, el médico va a administrar de inmediato una inyección que va a atravesar su barriga, ir al corazón de su bebé y el bebé va a tener una parada cardiorrespiratoria después de agonizar de dolor.» La descripción se hizo luego aún más aterradora: «Ahí va a ser sometida al parto de un cadáver, va a nacer un bebé muerto o, si su bebé es menor, van a tomar una pinza para descuartizar los restos, los pedazos de bebé, y los van a aspirar. ¿Cuánto tendrá que pagar usted por haber hecho eso? Nada».
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La mayor cantidad de descendientes de alemanes llegados a Brasil viven tanto en el sudeste como en el sur. Los primeros alemanes que arribaron al país se asentaron en Río Grande del Sur, en 1824. Luego siguió Santa Catarina, en 1850. En varias localidades de ambos estados se celebra y conserva la cultura germánica. El último festejo fue el 2 de setiembre, por el aniversario de Blumenau, municipio de Santa Catarina. Hasta allí se trasladaron varios candidatos locales del bolsonarismo para hacer campaña en actos que, en ocasiones, estuvieron marcados por hechos de violencia. En lo que va de 2026, dos episodios de exaltación del nazismo tuvieron lugar en Santa Catarina, el estado en el que surgió la primera célula nazi en territorio brasileño, allá por 1928. En enero pasado, un hombre fue denunciado por llevar un enorme adhesivo de una esvástica en su auto junto a la frase «Guerra civil ya». En junio, la Justicia estadual ratificó la absolución de dos hombres denunciados por el uso de sombreros con esvásticas en una fiesta tradicional. En los últimos años, eventos de ese tipo se han sucedido en el estado donde el bolsonarismo puede registrar en las elecciones de octubre, otra vez, sus mejores resultados.
La última encuesta de la consultora Quaest, difundida el 24 de agosto, muestra que es en Rondonia y en Santa Catarina donde Flávio Bolsonaro tendría un mejor desempeño en la primera vuelta. En Santa Catarina, cosecharía un respaldo del 45 por ciento, frente al 20 por ciento de Lula. En un eventual balotaje entre ambos, otra empresa, Futura/Apex, dio en junio un 52,3 por ciento al ultraderechista y un 23,3 por ciento al petista. En mayo, la misma consultora había medido el rechazo que ambos candidatos despertaban en el estado: Lula sumó un 70 por ciento y Bolsonaro un 29. Con este panorama, Lula comienza este fin de semana una gira por Río Grande del Sur, Paraná y Santa Catarina, con pocas perspectivas de revertirlo.
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Armas
Durante la presidencia de Jair Bolsonaro, las regulaciones sobre el porte de armas se flexibilizaron en Brasil al punto de que hacia 2020 había en circulación más de 4,4 millones. Lula restableció luego el control sobre las armas, pero, de todas maneras, no se volvió a la situación anterior. El estado de Santa Catarina es aún el más armado del país, con unos 25 mil rifles, fusiles y carabinas y casi 40 mil pistolas en manos de civiles.
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Foro
La semana pasada se desarrolló en Santiago el V Encuentro Regional del Foro Madrid, una instancia que reúne a fuerzas de ultraderecha de América y España auspiciada por la Fundación Disenso, ligada al partido Vox de España. El presidente de Chile, José Antonio Kast, en tanto anfitrión, y su par de Argentina, Javier Milei, fueron las estrellas del encuentro, pero hubo también presencia de representantes del gobierno de Estados Unidos (su embajador en Chile, Brandon Judd, y la subsecretaria de Estado Sarah Rogers), de la vicepresidenta hondureña María Antonieta Mejía, de una eurodiputada afín al ex primer ministro húngaro Viktor Orbán y de delegados de varios think tanks estadounidenses. «Vamos por el buen camino. Si seguimos haciendo así las cosas, no falta mucho para que entremos a La Habana», dijo Kast desde la tribuna del foro. Flávio Bolsonaro no pudo ir al evento por estar en campaña, pero fue uno de los más celebrados y evocados por sus compañeros de ruta. Tanto Milei como Kast dijeron esperar un triunfo del brasileño en las elecciones de octubre para terminar de cercar al «comunismo» en la región.