¿Por qué Trotsky? Algunas reflexiones en un nuevo aniversario de su asesinato a manos del estalinismo.
Ideas de Izquierda, 20-8-2026
Correspondencia de Prensa, 23-8-2026
Siempre que intentamos volver sobre la actualidad de un clásico marxista, corremos el riesgo de la repetición, sea de lo que dijo el propio autor, sea de anteriores reivindicaciones propias o ajenas. Sin embargo, el ejercicio vale la pena, porque la fuerza de un pensamiento teórico-político no está dada de una vez y para siempre. El cambio de las circunstancias históricas hace que algunos aspectos de ese cuerpo de ideas pasen a tener nueva vitalidad por sobre otros, mientras que obliga a repensar globalmente los problemas originales a la luz de los nuestros. Esto vale para Trotsky quizás más que para cualquier marxista, por el tipo de problemas sobre los que reflexionó y elaboró un pensamiento teórico y estratégico. En estas líneas, intentaremos volver, sin pretensiones de exhaustividad, sobre algunas cuestiones de su pensamiento, para reflexionar sobre su actualidad.
La fuerza de la sistematicidad teórica
Uno de los aportes más importantes de Trotsky al marxismo del siglo XX, además su rol en la Revolución Rusa primero y en la oposición al estalinismo después, es la formulación de la teoría de la revolución permanente, que –aunque tenga su origen en la reflexión sobre los problemas de la revolución en países semicoloniales, periféricos y de desarrollo burgués “rezagado”– es una teoría de la revolución contemporánea, que incluye también a los países imperialistas.
No repetiremos en este artículo toda una serie de reflexiones realizadas en otros lugares sobre la cuestión de la “forma actual” de la revolución permanente y los problemas que plantea para la teoría. Simplemente señalaremos que el aporte de Trotsky en este terreno es fundamental, porque la teoría de la revolución permite establecer parámetros para comprender las tendencias generales del proceso histórico y –al mismo tiempo– las condiciones para la emergencia de lo nuevo. No hay dudas de que situaciones en las que no se dan las dinámicas clásicas previstas por ella constituyen un desafío para la teoría. Pero un marco teórico claro y con aspiraciones sistemáticas permite pensar mejor la singularidad y especificidad de los procesos del presente, por ejemplo, la cuestión de la relación entre revuelta y revolución o la reducción de la revolución permanente a sus formas elementales.
La transformación de la revolución y el problema de la plasticidad
En ese contexto, una cuestión central de la teoría de Trotsky que debemos considerar es el concepto de transformación de la revolución, utilizado para pensar la relación de continuidad/ruptura entre revolución “democrático-burguesa” y socialista en la periferia, pero también para la relación entre la escala nacional y la internacional de la revolución, tanto como para las transformaciones al interior de la sociedad posrevolucionaria.
Esta idea de la transformación de la revolución conlleva la de plasticidad, que es sinónimo de flexibilidad o ductilidad, es decir, la capacidad de expandirse o cambiar de forma de un objeto. Se puede remitir a un marco teórico general, caracterizado por una concepción de desarrollo desigual y combinado del proceso histórico en los marcos de la etapa imperialista del capitalismo, que impone pensar más allá del desarrollo por etapas, pero también tiene una relación con la forma en que Trotsky pensó la cuestión del poder de las masas.
En la perspectiva de Trotsky, la acción de las masas autodeterminadas implica una progresión geométrica de la dinámica de movilización y autorganización, que rompe los marcos de la evolución gradual de la relación de fuerzas, impulsando el proceso más allá de sus objetivos iniciales, lo que impide establecer etapas predeterminadas. La plasticidad de la revolución está ligada, por tanto, a ciertas condiciones históricas pero también a una dinámica especifica de la lucha de clases.
Como señaló Alain Brossat en su clásico estudio En los orígenes de la revolución permanente, pasó de una posición “sociologista”, que supervaloraba la capacidad espontánea de la clase obrera a una visión distinta que incorporaba con fuerza la importancia del partido como dirección política. Pero la parte productiva de ese “sociologismo” siempre se mantuvo en el pensamiento de Trotsky a lo largo de toda su trayectoria: el poder de las masas en su dinámica de autodeterminación cambia la dinámica de la política. Este hecho hunde sus raíces en una dinámica social, que es la organización desde la base, a partir de las necesidades reales de la clase trabajadora y los distintos sectores oprimidos de la sociedad. De allí, también, que la concepción de hegemonía de Trotsky tenga características específicas, a las que nos referiremos brevemente a continuación.
La hegemonía como dinámica político-social
La cuestión de la hegemonía en la política contemporánea oscila entre caricaturas varias. Asociada por las extremas derechas con la idea de “batalla cultural” (que repone las miradas sobre Gramsci de las Conferencias de Ejércitos Americanos de los años ’80) y en el “progresismo” (aunque también en sectores de la izquierda) con la mirada centrada en la enunciación de un discurso (que remite a Ernesto Laclau y Chantal Mouffe), el concepto se ha ido vaciando y trivializando, imponiendo –en los hechos– una mala lectura de Gramsci: un Gramsci sin Maquiavelo, sin análisis de las relaciones de fuerzas y sin estrategia. De allí que recuperar la concepción de Trotsky sobre el tema resulte fundamental, precisamente porque hace eje en aquello que las lecturas mainstream olvidaron: la relación entre hegemonía y lucha de clases.
Cabe aclarar que a Trotsky, originalmente, no le convencía la idea. Como recuerda en su Historia de la Revolución Rusa, en la previa de la Revolución de 1905, el término se había popularizado en el bolchevismo como clave explicativa de por qué no era posible la dictadura del proletariado en Rusia. Sin embargo, como hemos demostrado sobradamente en Hegemonía y lucha de clases, Trotsky desarrolla su propia visión de la hegemonía.
No se trata de “hacer un discurso” ni de “agitar demandas” en general, sino de unir las reivindicaciones de todos los sectores oprimidos de la sociedad (como las mujeres o los pueblos oprimidos) con una lucha muy decidida por las demandas propias de la clase trabajadora, cuyo desarrollo consecuente implica la construcción de su propio poder y formas específicas de democracia proletaria (consejos). Esto es lo que hemos denominado una concepción de la hegemonía como dinámica político-social y es una idea potente, en una época en que la política se vacía de contenido como política mediática y de redes y las dinámicas sociales predominantes tienden a lo fragmentario, empezando por la propia estructura interna de la clase trabajadora.
Elementos para el análisis de la realidad mundial y la “potencia hegemónica”
Otra de las cuestiones muy importantes que aportó Trotsky al marxismo del siglo XX y que tiene vigencia para la actualidad, es su forma de pensar la situación mundial y el problema de la potencia hegemónica.
Por un lado, en sus reflexiones sobre la cuestión del “equilibrio capitalista”, Trotsky aporta una concepción teórica general que implica que –para pensar la realidad mundial– hay que considerar la situación de la economía, las relaciones entre los Estados y la lucha de clases. Puede parecer una obviedad, pero no está de más recuperarla, en un contexto en el que arrecian análisis unilaterales. Asimismo, ofrece elementos fundamentales para pensar el problema de la “potencia hegemónica”. En la perspectiva de Trotsky, lo que hace hegemónica a una potencia por sobre otras es una combinación de condiciones propias (relación equilibrada entre peso económico y peso político del país, alta productividad del trabajo y prosperidad comercial) y relación de fuerzas conquistada en base a la iniciativa en el plano comercial, político y militar, con la guerra como instancia última de definición y redefinición de esa relación de fuerzas.
Sus contribuciones no resultan menores para pensar una situación como la actual, caracterizada por una situación de desequilibrio en el sistema mundial, en que Estados Unidos, bajo el gobierno de Trump, intenta resolver el declive de la hegemonía norteamericana con una explosión de imperialismo y neocolonialismo, ante el ascenso de China.
La estrategia en el puesto de mando
Por último, pero no en importancia, Trotsky aporta una lectura de la cuestión de la estrategia sin la cual no se pueden entender problemas centrales del marxismo del siglo XX, que se anudan en la problemática de las vías concretas para luchar por el poder y lograr que triunfen las revoluciones.
La socialdemocracia de la segunda mitad del siglo XIX se había centrado en la táctica, que en la práctica se centraba en la política electoral y sindical, dejando la cuestión de la estrategia (lucha por el poder) para un futuro lejano. El debate de 1910 sobre “las dos estrategias” entre Rosa Luxemburg (abatimiento) y Kautsky (desgaste) adelantó la cuestión que luego desarrollaría Trotsky en profundidad, a partir de la experiencia de la Revolución rusa, su propia actividad como fundador del Ejército Rojo y el balance de los procesos revolucionarios derrotados durante los años ´20.
La época imperialista, con la crisis de la democracia burguesa y el irrupción de las luchas revolucionarias de masas, planteaba en toda su dimensión la cuestión estratégica, por lo que no alcanzaba con programas o perspectivas generales, sino que había que pensar las cuestiones concretas de cómo se construye el poder de la clase obrera y se articulan las fuerzas y los procesos para hacer la revolución, a veces como tarea inmediata, otras de mediano y largo plazo, pero no ya para una próxima etapa de desarrollo del capitalismo. Estas reflexiones, rescatadas en profundidad en el libro Estrategia socialista y arte militar, de Emilio Albamonte y Matías Maiello, son plenamente consustanciales con las que señalamos en los apartados anteriores: pensar con rigurosidad una teoría de la revolución implica el mismo rigor para las cuestiones estratégicas, si esa teoría pretende no solamente explicar sino también ser un factor de la propia acción.
A mi modo de ver, una de las principales tensiones propias del pensamiento estratégico de Trotsky tiene que ver con la relación entre la centralidad del momento insurreccional y las hipótesis que implican un cierto desplazamiento de la insurrección como momento único. Esta tensión está ligada, asimismo, a la cuestión de los tiempos del proceso revolucionario. En los escritos e intervenciones de Trotsky sobre la revolución en Europa occidental del período 1919/1924 se expresa claramente la ambivalencia entre ambas perspectivas, de un lado, una hipótesis de un proceso de guerra civil anterior a la conquista del poder, que afirma una diferencia fundamental con la experiencia rusa; del otro, una idea de centralidad del acto insurreccional como momento decisivo, que presenta grandes elementos de continuidad con aquella. A su vez, ambas perspectivas se unen en una tensión dialéctica (es decir, de interdependencia y complementariedad contradictoria), que solo puede resolverse en función de las necesidades concretas de la lucha de clases.
Reflexiones de este tipo resultan fundamentales en la actualidad, especialmente pensando en las características que vienen teniendo los procesos más destacados de lucha de clases de las últimas décadas (fundamentalmente, revueltas por un lado y –en menor medida– grandes luchas obreras de masas, por el otro).
Democracia sustantiva y comunismo
Quizás una de las cuestiones más importantes del legado de Trotsky para la actualidad sea su concepción de la democracia soviética (o democracia obrera o democracia socialista) y la construcción del comunismo.
En el marxismo es muy fuerte la denuncia de la “democracia a secas” como una tapadura del carácter burgués de la democracia en el régimen capitalista. Esta denuncia, certera y necesaria, no debería ir en detrimento de una reflexión más amplia sobre la democracia como tal, que, desde la óptica de la filosofía política, innumerables veces fue asociada al gobierno de los pobres contra los ricos (desde el punto de vista social) y/o al método de decisión directa, basado en la Asamblea (desde el punto de vista político).
La identificación del republicanismo (que busca limitar los “excesos” de la democracia directa) con la democracia, es algo propio de la época burguesa. Asimismo, la Comuna de París y la Revolución rusa, dieron lugar a una nueva forma de organización política, que es la república obrera o soviética, en la que la dominación social de la clase trabajadora (y la mayoría del pueblo) se combina con métodos de democracia directa (asambleas y/o soviets, según el caso) y de delegación (diputados obreros, comisarios del pueblo, etc.).
De allí que, para Marx y también para Lenin y Trotsky, la dictadura del proletariado sea mucho más democrática que cualquier república burguesa y, podríamos agregar por nuestra parte, la única forma de democracia sustantiva (es decir no solo referida a los modos de decisión sino también a la igualdad material) moderna. 1
En plena lucha contra el estalinismo, Trotsky elaboró teóricamente un modelo de democracia soviética que combinaba los mecanismos de decisión democráticos (soviets) con la plena libertad política para todas las tendencias y partidos afines a la revolución, más allá de que tuvieran diferencias con la posición del partido predominante. Junto con esto, la propuesta de la discusión democrática desde las bases de los objetivos y mecanismos de la planificación económica, era una herramienta fundamental hacia la construcción consciente del socialismo durante la transición desde el atrasado capitalismo ruso hacia un socialismo futuro, que no era un fin en sí mismo, sino una primera fase del comunismo, sociedad sin Estado, sin clases y sin opresiones.
A modo de conclusión
Hemos recorrido sumariamente algunos puntos importantes del pensamiento teórico y político de León Trotsky. 2 Para terminar estas líneas, lo central que quisiera destacar es que muchos de sus aportes surgen de una actitud de apertura hacia lo nuevo, de búsqueda de comprensión de las tendencias generales de la época y al mismo tiempo de la originalidad de las situaciones específicas contenidas en ella, de la voluntad de basarse en la experiencia práctica de la lucha de clases y al mismo tiempo construir sólidas hipótesis y explicaciones teóricas.
Trotsky fue uno de los marxistas más originales del siglo XX y nos brinda herramientas para tratar de pensar el siglo XXI. Su obra sigue teniendo un final abierto.
Bibliografía
-Albamonte, Emilio y Maiello, Matías, Estrategia socialista y arte militar, Bs. As., Ediciones IPS, 2017.
-Brossat, Alain, En los orígenes de la revolución permanente. El pensamiento político del joven Trotski, Madrid, Siglo XXI, 1976.
-Dal Maso, Juan, Hegemonía y lucha de clases. Tres ensayos sobre Trotsky, Gramsci y el marxismo (2ª edición), Bs. As., Ediciones IPS, 2025.
-Trotsky, León y otros autores, 1905, Bs. As., CEIP, 2006.
-Trotsky, León, ¿Adónde va Inglaterra?, disponible aquí.
-Trosky, León, Cómo se armó la revolución. Escritos Militares de León Trotsky (selección). Bs. as., Ediciones IPS-CEIP, 2006.
-Trotsky, León, El Nuevo Curso, disponible aquí.
-Trotsky, León, Historia de la Revolución rusa, Tomo I y Tomo II, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2017.
-Trotsky, León, La revolución traicionada y otros escritos, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2014.
-Trotsky, León, Los primeros 5 años de la Internacional Comunista, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2016.
-Trotsky, León, Naturaleza y dinámica del capitalismo y la economía de transición, Bs. As., CEIP, 1999.
-Trotsky, León, Nuestras tareas políticas, disponible aquí.
-Trotsky, León, Stalin, el gran organizador de derrotas, Bs. As., Ediciones IPS-CEIP, 2012.
-Trotsky, León, La teoría de la revolución permanente (Compilación), Bs. As., CEIP, 2005.
Notas
- Recordemos siempre que la Comuna de París utilizó el sufragio universal (con predominancia de composición obrera), mientras que en la Revolución rusa se utilizó el sufragio restringiendo el derecho de voto de las clases explotadoras. ↩
- No nos detuvimos en el Programa de Transición, por ser un tema más visitado habitualmente en los rescates de Trotsky. ↩