Cerises la coopérative, 4-11-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 7-11-2026
Ahora, todas las indignaciones se aúnan: alumnas y alumnos de secundaria, estudiantes universitarias y universitarios, docentes, trabajadoras y trabajadores de múltiples ramas, agricultoras y agricultores, pescadoras y pescadores, jubiladas y jubilados… Todos y todas expresan su exasperación: «Ya no se puede vivir así, ni siquiera trabajando», y denuncian a los superricos y la total falta de atención por parte del poder. Hacen un llamado a la convergencia de las luchas para ganar fuerza; es la toma de conciencia de que tienen los mismos intereses y los mismos adversarios. Ahí está la lucha de clases.
Incluso dentro de la policía hay malestar: Linda Kebab, del sindicato Unidad policía, declaraba: «El Estado no dialoga con la gente y luego nos obliga a hacernos cargo de la represión». Y mencionaba un movimiento de protesta por parte de algunos policías.
Todos y todas manifiestan su rechazo a las respuestas aisladas. De ahí que las consignas de la manifestación sean muy generales y se centren en la coherencia entre las reivindicaciones y las soluciones.
Esto anuncia nuevas vías de participación. Vías que se suman e incluso suelen crear puentes entre ellas. Hay quien llega incluso a hablar de una «crisis sistémica, y no solo en Francia». Una expresión que se repite entre los Chalecos amarillos, el personal de salud, los agricultores y los jóvenes. Ante una crisis sistémica: una respuesta global. Lo que lleva a la Intersindical a empezar a elaborar el presupuesto primero en la calle, proponiendo medidas concretas y los medios para llevarlas a cabo, en particular el uso de los 211 000 millones de nuestros impuestos que van a parar, en su mayor parte, al CAC 40 (índice bursátil de las 40 mayores empresas francesas, seleccionadas entre las 100 capitalizaciones más importantes, ndt).
Está surgiendo una cultura política menos delegativa. El poder representativo queda explícitamente en tela de juicio. Los estudiantes proclaman: «Las elecciones presidenciales nos importan un comino».
Esta pérdida de credibilidad de los poderes fácticos y del sistema político actual se observa en Bélgica, Italia, España, Albania, Portugal, Grecia, Serbia, Austria o la India. Esto también pone de manifiesto la dimensión sistémica de la crisis. El capitalismo resulta cada vez más contrario al ser humano y a todos los seres vivos. Hay que añadir que la generación joven, que no siente ninguna nostalgia por una izquierda en la que las demás generaciones ya no creen, libera un potencial de creatividad política en millones de personas.
Esto hace que la posibilidad de definir los ejes de una política alternativa sea más actual. Y eso es lo que hace que quienes nos gobiernan se enfurezcan.