Foto: Más de diez ex empleados de Petropars condenados a 74 latigazos y a una multa por protestar contra la no renovación de sus contratos en el distrito de Hoveyzeh.
Trabajadores de Petropars condenados a 74 latigazos y a una multa
Solidarité Socialiste avec les Travailleurs en Iran, SSTI
Echo d’Iran, 20-10-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 29-10-2026
Según la agencia de prensa HRANA, las condenas contra más de diez trabajadores que habían sido detenidos tras varias manifestaciones de protesta fueron ejecutadas. Éstos denunciaban su despido y la no renovación de sus contratos, luego de varios años de trabajo en las instalaciones del yacimiento petrolífero de South Azadegan.
La Sala 101 del Tribunal Penal de Segunda Instancia de Hoveyzeh, presidida por el juez Malek-Tabar Firouzjani, dictó las sentencias el 4 de julio de 2026. Cada trabajador fue condenado a 74 latigazos y a una multa, según informa HRANA.
El proceso se inició a raíz de una denuncia presentada por Petropars. Entre los hechos imputados figuraban, en particular, la «obstrucción del tráfico» y los «perjuicios y daños». Según HRANA, la mayoría de los trabajadores afectados cuentan con una licenciatura o un máster.
Los empleados afirman que no se les renovaron los contratos tras la finalización de los proyectos y que la empresa contrató a trabajadores de otras provincias, en particular de Gilan y Fars, para ocupar sus puestos. Ya habían organizado varias concentraciones, en particular frente a la gobernación de Juzestán en Ahvaz y la prefectura de Hoveyzeh, para exigir su reincorporación. Sus gestiones no dieron resultado hasta la fecha.
A pesar de la ejecución de las condenas, los trabajadores siguen, según HRANA, reuniéndose cada semana frente a las instalaciones de Petropars. Solicitan que sus reivindicaciones laborales sean examinadas y reclaman su reincorporación. La empresa se encarga de la gestión de la primera fase de desarrollo de la parte central del yacimiento petrolífero de South Azadegan.
Cuando un trabajador, que debe luchar sin descanso para obtener un salario de miseria, se ve enfrentado a juicios, flagelaciones, torturas y la muerte, la verdadera naturaleza de las relaciones sociales y las motivaciones últimas del poder político salen a la luz.
Acorralado en un callejón sin salida que amenaza su supervivencia, el poder convierte entonces las reivindicaciones más elementales —las relativas a las condiciones de vida y a la dignidad humana— en cuestiones de seguridad.
Estas condenas no solo van dirigidas a los trabajadores y trabajadoras que son víctimas directas. Son también una amenaza para el conjunto del mundo obrero y para todas aquellas personas que protestan contra los explotadores: contra los salarios irrisorios, los despidos, el desempleo, la pobreza extrema, la privación de los derechos fundamentales y las violaciones de la dignidad humana.
El caso de los trabajadores de Petropars, en Hoveyzeh, se inscribe en un contexto más amplio de represión de los movimientos de protesta obrera a escala nacional. Entre estas movilizaciones se encuentran las de los trabajadores de la acería Foulad Sia Den, en Abhar, que reclaman que sus reivindicaciones sean escuchadas y denuncian los atrasos en el pago de salarios, así como la dureza de sus condiciones de trabajo.
Este aparato represivo sirve también para intimidar a los jubilados y jubiladas, a los defensores y defensoras de los derechos, a las mujeres, a los estudiantes, al personal educativo —en particular a los docentes— y a los profesionales de la salud.
Muchos de estos trabajadores y trabajadoras, incapaces de satisfacer sus necesidades más básicas, abandonan sus puestos de trabajo. Otros se agotan día y noche en las calles y callejuelas, sumergidos en una auténtica carrera entre la vida y la muerte para ganarse el pan de cada día y preservar su derecho a una existencia digna.
Para los trabajadores y trabajadoras y los sectores más desfavorecidos de la sociedad, esta tragedia no puede reducirse a una simple irregularidad judicial ni a una violación aislada de los derechos fundamentales, de la vida y de la dignidad. Pone de manifiesto directamente la funesta alianza entre la explotación económica y la represión brutal de las reivindicaciones obreras.
Los trabajadores y trabajadoras, que producen la mayor parte de la riqueza social y constituyen las fuerzas vivas de la sociedad, se ven, sin embargo, privados de sus derechos humanos más elementales. Alzan la voz para reclamar sus derechos; a cambio, solo reciben los latigazos, el desempleo, la privación del pan y las detenciones.
Sin embargo, cada latigazo, cada humillación y cada castigo infligidos por el régimen islámico y por los grupos en el poder político y económico no hacen más que avivar la ira de la clase obrera y reforzar su determinación de organizarse con vistas a un levantamiento y a un movimiento para derrocar a los que están en el poder.
La protesta, la huelga y el derecho a organizarse de forma independiente son derechos fundamentales e inalienables de la clase obrera. Defender a los trabajadores y trabajadoras de Petropars, en Hoveyzeh, y al conjunto de los trabajadores y trabajadoras en lucha —especialmente en los sectores de la cultura, la educación y la salud— exige reforzar la solidaridad a escala nacional y tejer vínculos duraderos entre las luchas obreras y sociales, todavía demasiado dispersas.
La organización consciente e independiente es el medio más eficaz que tienen a su disposición los trabajadores y las trabajadoras, así como las personas explotadas, para defender sus intereses comunes. Constituye, asimismo, un paso decisivo hacia la emancipación y la conquista de la libertad, la igualdad y el socialismo.
El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos prohíbe las penas crueles, inhumanas o degradantes. HRANA señala que, en 2024, fueron ejecutadas en Irán al menos tres condenas a la flagelación, sumando un total de 106 latigazos. La agencia informa también que, ese mismo año, 131 personas fueron condenadas a un total de 9 957 latigazos.
¡Condenamos con la mayor firmeza la imposición y la ejecución de penas de flagelación contra los trabajadores y trabajadoras en lucha!
El látigo puede herir el cuerpo del trabajador, pero nunca podrá sofocar su deseo de libertad, igualdad y una vida digna. Los proyectiles de la intimidación y la represión acabarán, tarde o temprano e, impulsados por la ira popular, se volverán contra los que ocupan el poder.