Entre les lignes entre les mots, 13-10-2026
Traducción: Faustino Eguberri
Satrozulo Gorria, 15-10-2026
Correspondencia de Prensa, 16-10-2026
El 1 de septiembre, cuando tomábamos por testigo de un probable acuerdo win-win entre Trump y Putin, al más cercano consejero de Putin, Kirill Dmitriev, no podíamos imaginar que la confirmación oficial de este acuerdo llegaría solo un mes y medio después, ¡y de la boca del mismo… Kirill Dmitriev! Pero, primero, esto es lo que escribimos el 1 de septiembre : “Somos muy conscientes de que en marzo pasado, los medios internacionales comentaron la revelación de Politico de que el negociador del Kremlin, Kirill Dmitriev, había propuesto el siguiente acuerdo a los negociadores estadounidenses Steve Wittkoff y Jared Kushner durante su reunión en Miami: que “el Kremlin dejaría de compartir inteligencia con Irán, como las coordenadas precisas de los recursos militares estadounidenses en Oriente Medio, si Washington dejaba de proporcionar a Ucrania inteligencia sobre Rusia”. 1
Obviamente, Kirill Dmitriev tiene ahora todo el derecho a regocijarse, calificando el actual acuerdo entre Trump y Putin de «emblemático e histórico», porque va mucho más allá del hipotético acuerdo que él mismo propuso en marzo pasado. En efecto, Trump no solo deja de proporcionar a Ucrania información de inteligencia sobre Rusia, sino que también suspende toda la ayuda a Ucrania. Y por si fuera poco, amenaza a Ucrania con duras sanciones si no detiene «inmediatamente» su autodefensa bombardeando refinerías rusas, e incluso declara la guerra al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, ¡exigiendo su renuncia inmediata! Así pues, Dmitriev, y a través de él su jefe, Putin, pueden regocijarse, declarando que «el presidente Trump se une a los muchos actores que creen que Ucrania necesita un liderazgo genuinamente orientado a la paz, no las políticas belicistas de Zelensky».
Así pues, aquí estamos, presenciando el inicio de la implementación de este acuerdo de reciprocidad que discutimos el 1 de septiembre, cuando mencionamos «la necesidad de salir de sus atolladeros, que están asfixiando a Trump y Putin». En realidad, la segunda parte de este acuerdo, es decir, el abandono de Irán por parte de Putin, puede esperar. ¿Por qué? Porque Trump está más desesperado por salir, si es posible de inmediato, de su atolladero iraní que Putin del suyo ucraniano. Por lo tanto, no sorprende que, por el momento, Putin se limite a «transmitir la posición de Teherán sobre un posible fin de la guerra a Donald Trump». Además, incluso el tan celebrado acuerdo petrolero Trump-Putin se refiere solo a una cantidad prácticamente ridícula de diésel y seguramente muy insuficiente para justificar el júbilo de un Trump que lo anuncia prefiriendo hablar de «toneladas» en lugar de «barriles» de petróleo, para inflar su cantidad y, por ende, su importancia.
¿A qué viene tanto revuelo? La respuesta es obvia: todo este asunto tiene un único objetivo: ayudar a Trump a tres semanas de las elecciones de mitad de mandato, que se perfilan como muy difíciles, si no catastróficas, para él. Este acuerdo petrolero en realidad oculta un acontecimiento mucho más significativo: ¡el levantamiento de las sanciones estadounidenses contra la Rusia de Putin! Esto significa que, mucho más que Trump, el verdadero beneficiario del acuerdo Trump-Putin es… Putin y su régimen. Esto supone una gran desgracia para los ucranianos, que han sido bombardeados y diezmados como nunca antes. Pero también supone una gran desgracia para las y los ciudadanos rusos, que seguirán siendo oprimidos y reprimidos por un régimen oscurantista y bárbaro que les niega los derechos y libertades democráticas más básicos.
Pero ¿a qué se debe este “amor desmedido” de Trump por Putin?, podría preguntarse un lector desconcertado por la avalancha de acontecimientos que hace apenas dos o tres años superaban incluso la imaginación más desbordante. Según nuestros “analistas” y demás “especialistas” en Rusia y política internacional, la explicación es sencilla: la “fascinación que Putin ejerce sobre Trump”. Cierto, esta fascinación es evidente. Sin embargo, la misma fascinación sobre Trump la ejercen el Milei argentino, el Orbán húngaro, el Bolsonaro brasileño, el Sisi egipcio, los dictadores latinoamericanos, el Modi indio, el Farage británico, los líderes de la AfD alemana y muchos otros de la misma calaña. ¡Y especialmente el Netanyahu israelí!
Así pues, la pregunta se precisa y puede formularse de otra manera: ¿qué conecta a todas estas figuras que fascinan a Trump? ¿Cuál es su denominador común? La respuesta es obvia y nos permite comprender mejor nuestro mundo actual y las batallas que nos aguardan: todas estas figuras son dictadores, o mejor dicho, fascistas decididos a aniquilar lo que queda de nuestras libertades. Y la razón fundamental por la que Trump y Putin se apoyan mutuamente en todo lo posible es que ambos son figuras destacadas de esta internacional de extrema derecha que se ha ido consolidando cada vez más ante nuestros propios ojos, día tras día, en los últimos años.
Mientras esperamos el resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, y aún más, los acontecimientos cruciales que se desarrollarán posteriormente, por el momento simplemente concluiremos con las frases que cerraban nuestro artículo del 1 de septiembre: «Pero cuidado: incluso si se llega a un acuerdo de este tipo, su implementación será más que problemática. Podemos estar seguros de que, a pesar de su agotamiento tras más de cuatro años de una guerra horrible y feroz, el pueblo ucraniano, que ya ha sufrido y derramado tanta sangre, hará todo lo posible para que resulte ineficaz…”.
Nota