Andrés Ojeda, dirigente del partido Colorado. Foto: Mauricio Zina.
La bukelización. Uruguay y la importación del modelo Bukele
Brecha, 4-9-2026
Correspondencia de Prensa, 4-9-2026
El ejemplo salvadoreño vuelve a ensombrecer la discusión política en torno a la seguridad en Uruguay. El debate oscila entre la posibilidad de aplicar solo una parte de una estrategia que se llevó puesto el Estado de derecho en El Salvador y las advertencias de algunos especialistas –como el politólogo Juan Pablo Luna– sobre el riesgo de «desfondar» el sistema de partidos al copiar el ejemplo centroamericano.
Tres preguntas. ¿Qué pasa en una sociedad que mira con cariño a un autócrata? Es la primera que surge cuando se leen, por ejemplo, los resultados de la encuesta de Equipos Consultores de marzo en la que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, es el político internacional con mejor imagen entre los uruguayos. Bukele tenía, al momento del sondeo, un saldo positivo de +25, con buena imagen tanto en la Coalición Republicana (+37, primer lugar) 1 como en el Frente Amplio (+12, segundo lugar, por debajo de Luiz Inácio Lula da Silva).
La segunda: ¿cómo actúa el sistema político cuando la sociedad mira con cariño a un autócrata? El modelo Bukele, en boca de más de un presidente latinoamericano –como el de Ecuador, Daniel Noboa, o el de Chile, José Antonio Kast–, se ha vuelto un ejemplo recurrente de estrategia efectiva contra el delito, el crimen organizado y la inseguridad, muchas veces en el centro de las preocupaciones de los electorados de la región.
Y la tercera: ¿se pueden importar las estrategias de Bukele a países que no atraviesan la misma situación que afectaba a El Salvador hace siete años, cuando el líder de ultraderecha llegó al poder? Y en este sentido, ¿se puede importar una parte de la estrategia, sin todo lo que trae aparejado?
«El problema fundamental que hoy tenés es que mucha gente en toda la región ve a Bukele como la única posibilidad, o al menos políticas del tipo de las de Bukele como la única posibilidad de resolver los temas de seguridad», sostuvo el politólogo especializado en crimen organizado y seguridad Juan Pablo Luna, en entrevista con Brecha.
Semanas atrás, Luna llevó a cabo un trabajo de campo en el interior del país. De este relevo, a su entender, surge algo «claro»: la gente «siente que hay un desborde y lo único que te plantea es Bukele, una solución punitiva». Lo mismo sucede en la mayoría de los países de la región, a excepción de Argentina, donde la economía es desde hace años el principal problema de la población.
En lugar de pensar otras alternativas de política pública y, «eventualmente, de intentar poner sobre la mesa el lado oscuro –que es muy oscuro– de la estrategia Bukele», Luna entiende que «hay un corrimiento del sistema político», que «básicamente cede ante la presión de la ciudadanía».
Para el especialista el caso de Uruguay es interesante, porque el país «viene implementando una estrategia punitiva, de endurecimiento, desde hace años», con las tasas de encarcelamiento per cápita más altas de la región. «Evidentemente», dice el académico, «eso no está funcionando, porque estás violando derechos humanos en las cárceles uruguayas todo el tiempo y la rehabilitación no se está produciendo». A la vez, el «circuito cárcel-calle y calle-cárcel se ha vuelto cada vez más problemático», afirma, y la respuesta es «una escalada en la que el sistema político compite a ver quién es más mano dura».
Para Luna, el gobierno de Yamandú Orsi da señales «ambiguas» al respecto. Por un lado, presenta el proceso de diálogo y elaboración del Plan Nacional de Seguridad Pública, «donde se dijeron cosas muy distintas y muy diferentes a la estrategia a lo Bukele», dice. Pero luego, «ante la presión de la opinión pública», incursiona en un camino punitivo, incluso compitiendo con la oposición por quién propone mayor dureza.
El país «le viene errando el bizcochazo hace 20 años con relación a una situación que se ha ido deteriorando y se ha vuelto central para la ciudadanía», asegura Luna. A la vez, existe una competencia «de corto plazo» entre partidos, sin una perspectiva a mediano plazo, que según el politólogo abona el riesgo de «desfondar el sistema, porque no provee soluciones».
En el trabajo de campo que viene llevando a cabo, Luna dijo haber constatado «un hastío ciudadano general con la clase política, con el debate político, con la falta de soluciones», que se parece bastante a lo que sucedió en otros países de América Latina, «donde los sistemas de partidos se han derrumbado», y no sabe «si hay tiempo de frenar esta deriva». Para el investigador, «la sensación de inseguridad es mucho mayor que la victimización» y eso sucede en todos los lugares donde las noticias policiales adquirieron un rol de centralidad absoluta.
Por lo demás, el académico considera que no existe un modelo Bukele, como tal, sino un producto Bukele, que ha sabido venderse bien, pero tiene «problemas de calidad muy evidentes». Y que se aplica en un país más chico que Uruguay, donde a través de un régimen de excepción se logró encarcelar a una gran cantidad de personas de forma muy rápida. En El Salvador, además, existen «estructuras criminales muy jerárquicas», que permitieron que el pacto con el gobierno de Bukele tuviera asidero. La estrategia bukelista implicó, según Luna, «la pérdida y suspensión de libertades civiles al punto que te quedaste sin democracia, porque te comiste la autonomía del Poder Legislativo y del Poder Judicial».
¿IMPORTAR EL MODELO?
En noviembre de 2019, una de las ambigüedades señaladas por Luna se dejó ver quizás con mayor claridad: en una entrevista con el semanario Búsqueda, Orsi admitió que las políticas de seguridad del presidente salvadoreño eran «un ejemplo para analizar». Las declaraciones suscitaron críticas y aclaraciones del propio presidente –«lo que más me llama la atención es el nivel de adhesión que generan en la población», aclaró posteriormente, calificando de «inaceptables» algunas de sus facetas– y del ministro del Interior, Carlos Negro, que insistió en la necesidad de «estudiar» el caso de El Salvador, a la vez que planteó la necesidad de formular un «modelo uruguayo».
El senador colorado Andrés Ojeda, quizá quien más habló en el sistema político sobre las formas de Bukele, consideró al ser consultado por Brecha que la principal razón para la popularidad del presidente salvadoreño es que «el tipo le ganó al no se puede». Lo «importante», según Ojeda, es que «en Uruguay tenemos una situación infinitamente menos complicada que la que tenía El Salvador», pero «nos gobierna el “no se puede”». Otro tanto ocurrió con la excandidata a la vicepresidencia por el Partido Nacional, Valeria Ripoll, que visitó brevemente el país centroamericano este año y regresó convencida de que Uruguay debe tomar a Bukele como ejemplo.
Para el senador Eduardo Brenta –integrante de la comisión de seguridad del Senado–, hablar del modelo «demuestra un profundo desconocimiento de lo que sucede en El Salvador» y de las diferencias con la realidad uruguaya. Según dijo al semanario, «el modelo Bukele es un modelo completo, ¿cuál es la partecita que sería aceptable? ¿La violación a los derechos humanos «o el impedimento de la defensa de los detenidos»?
Este miércoles, el periodista Eduardo Preve informó que el Ministerio del Interior realiza una prueba piloto de una plataforma tecnológica de inteligencia desarrollada por la empresa MAIC Technologies, utilizada por el gobierno salvadoreño. «No hay nada», dijeron fuentes de la cartera a Brecha respecto de este trascendido: «No se ha implementado nada al respecto ni está prevista prueba alguna. Hubo una propuesta de una empresa, a la cual no se le ha dado andamiento», aseguraron.
Nota de Correspondencia de Prensa
- También llamada Coalición Multicolor, coalición electoral de derecha integrada por el Partido Nacional, el Partido Colorado, el Partido Independiente y Cabildo Abierto. ↩