Arseniy*
Entre les lignes entre les mots, 14-8-2026
Satorzulo gorria, 16-8-2026
Traducción: Faustino Eguberri
Correspondencia de Prensa, 18-8-2026
En primer lugar, me gustaría dar las gracias a la comunidad revolucionaria internacional por su apoyo inquebrantable a la resistencia ucraniana. Esta posición no es algo evidente: gran parte de la izquierda mundial sigue estando prisionera de un pacifismo abstracto y de un «campismo» que automáticamente considera a cualquier oponente de Estados Unidos como un aliado.
Cada día, cientos de personas mueren en Ucrania en las líneas del frente; cada noche, Rusia bombardea a la población civil. Un hospital municipal fue destruido cerca de mi casa. Ciertamente tuve la suerte de que mis seres queridos resultaron sanos y salvos. Sin embargo, cada ucraniano ha sufrido sus propias pérdidas, todos sentimos los efectos de esta guerra y nuestro futuro es incierto. Estamos bajo la presión de Rusia y de un gobierno burgués corrupto y de extrema derecha. A pesar de todo esto, los antifascistas ucranianos, el movimiento feminista, la comunidad queer, los trabajadores, así como las comunidadesarmenia, crimeana y rom se han levantado unánimemente contra la agresión imperialista.
Esta guerra no comenzó en 2022
Esta guerra no comenzó en 2022, sino antes, en 2014. Se remonta a la anexión de Crimea y a la guerra en Donbass, cuando Putin y sus fuerzas establecieron las llamadas «repúblicas populares», explotando el descontento de la población ante los problemas sociales. Pudo hacerlo porque, poco antes, el pueblo ucraniano acababa de derrocar al autocrático y corrupto presidente Yanukovich, cuya mansión se transformó en un museo de la corrupción. Cientos de miles de personas de todo el país habían salido a la calle, insatisfechas con los bajos salarios, el nivel de vida y la corrupción, aspirando a un futuro mejor para ellas y sus seres queridos. Era un movimiento que tenía un verdadero potencial revolucionario.
Desafortunadamente, no se produjo una verdadera revolución por una multitud de razones, incluidos los fracasos de la izquierda, pero el espíritu de resistencia sigue vivo entre las y los ucranianos, y la sociedad ucraniana lo demuestra año tras año. Putin teme esto. Por eso atacó en 2022: para que no hubiera, cerca de su régimen, un espacio donde la gente fuera dueña de su propio futuro.
Hace cuatro años Putin pensó que podría apoderarse de Kiev en pocos días, pero se equivocó. No se enfrentó a un ejército poderoso, ni a un Occidente determinado, porque en ese momento prácticamente no había fuerzas regulares capaces de defender la capital. Evaluó mal la situación cuando se encontró frente a la gente: simples trabajadores, que recibieron a los tanques con rifles en la mano. Muchas personas se prepararon para una guerra de guerrillas, hicieron cócteles molotov y yo mismo monté guardia en un puesto de control a los 17 años, armado con una vieja pistola soviética. Estábamos preparándonos para lo peor, pero ganamos la batalla de Kiev.
No fueron las armas de los generales las que nos salvaron, sino la solidaridad y la unidad de la clase trabajadora que aparecieron en este momento de crisis. Desde un punto de vista estratégico, Rusia ya ha perdido, pero a pesar de ello, sigue avanzando. Lentamente, pero con sus drones, sus ataques masivos y sus bombardeos, los soldados rusos destruyen el territorio ucraniano kilómetro a kilómetro. Ocupan las ruinas que ellos mismos han causado. La guerra ha cambiado, y el entusiasmo y la determinación de la clase trabajadora han dado paso a la necesidad de disponer de equipos de alta calidad, de tecnologías de vanguardia, de una industria militar eficiente y de organizar rotaciones militares justas.
En muchos países del mundo las poblaciones protestan contra la militarización y piden el desarme, pero nosotros, como nación resistente al imperialismo, pedimos que se proporcionen armas a los pueblos oprimidos que luchan por su libertad. Queremos la paz, pero Putin y las élites rusas no están de acuerdo con esto; por eso nos vemos obligados a luchar y hacerlo como mejor podamos. Esto es a lo que aspira la gente tanto en la retaguardia como en el frente, pero hay gente para quien
los desafíos políticos y el poder cuentan más que la supervivencia del pueblo. Son precisamente estas personas las que actualmente están en el poder en Ucrania y Rusia, pero nos mantenemos firmes. No gracias a nuestros líderes o a las leyes que aprueban, sino sobre todo gracias a las masas, a la clase trabajadora que más sufre esta guerra.
Nosotras y nosotros, socialistas revolucionarios y anarquistas ucranianos
Nosotras y nosotros, socialistas revolucionarios y anarquistas ucranianos, hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que apoye la resistencia ucraniana. Le responderemos con solidaridad y victorias en nuestras luchas nacionales y sociales.
Sin embargo, un apoyo constante no significa cerrar los ojos a lo que está sucediendo dentro de la sociedad ucraniana. Por supuesto, las y los ucranianos están librando una lucha heroica, y tienen razón en esta guerra. Pero el gobierno ucraniano y sus instituciones están aprobando leyes que van en contra de los intereses del pueblo. Zelensky lleva a cabo políticas antisindicales y antidemocráticas en un contexto de ley marcial y no es sorprendente que los oligarcas ucranianos se enriquezcan gracias a la guerra. En nuestro país, no hay elecciones ni muchas otras libertades burguesas.
Todos los días los trabajadores ucranianos se enfrentan al aumento de los precios, al estancamiento de los salarios, a los ataques a sus derechos y a las restricciones de su libertad de expresión. El gobierno ucraniano prosigue una política de economía de mercado y reduce el gasto social; cuenta con el apoyo de Estados Unidos y otras potencias imperialistas. El Estado está llevando a cabo una privatización acelerada, nosotros exigimos la nacionalización de los sectores industriales clave y de la industria de la defensa; queremos fortalecer las garantías sociales y desarrollar la autonomía local. Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para lograrlo. Y a diario sufrimos la presión de los fascistas y liberales.
Una y otra vez, la legislación sobre la movilización se utiliza no para distribuir equitativamente la carga de la guerra, sino para hacerla pesar sobre los más vulnerables, mientras que los hijos de los legisladores y los oligarcas tienen una capacidad asombrosa para evitar el frente. No es raro que los poderosos utilicen la movilización como herramienta de represión. El Código del Trabajo se revisa para satisfacer a la patronal y privar a los empleados de sus protecciones, precisamente en el momento en que son los menos capaces de oponerse a ellas.
Al mismo tiempo, el gobierno de Zelensky coquetea con la extrema derecha, lo que explica la rehabilitación en curso de las figuras de la OUN y la UPA, una rehabilitación que pasa por alto los capítulos más oscuros de esta historia: la colaboración de algunos líderes de esas organizaciones con la Alemania nazi, su participación en la tragedia de Volhynia y las manifestaciones de antisemitismo en la retórica y las prácticas de estos movimientos. Las figuras de extrema derecha son erigidas como héroes nacionales, calles y parques llevan su nombre, mientras que para millones de personas -no solo fuera de Ucrania, sino también dentro del país-, esta herencia es ambigua por decirlo suavemente, y para muchos, especialmente las comunidades judías y polacas, es francamente repelente. Somos conscientes de que esto puede espantar a un gran número de revolucionarios de todo el mundo. Sin embargo, también creemos que esto no es una razón para dar la espalda al pueblo ucraniano, que necesita protección y apoyo. Las medidas adoptadas por el gobierno se dirigen a una minoría muy pequeña de radicales de extrema derecha que actualmente ocupan el centro de atención, pero al pueblo ucraniano le importan poco estas cuestiones cuando no hay electricidad ni calefacción en invierno. La mayor parte del ejército ucraniano está compuesto por personas de entornos obreros.
Estos problemas no han aparecido de la nada para el pueblo ucraniano. En muchos aspectos, constituyen una reacción a un verdadero trauma: el de las políticas imperialistas de la Rusia zarista y soviética -y hoy de la Rusia de Putin- así como a la guerra en sí, que se está produciendo en estos momentos. Es necesario comprender las raíces de tal reacción. Esta política tiene consecuencias: reduce el espacio de solidaridad y aliena a parte de su propia población precisamente en el momento en que la unidad es más necesaria, y -lo que es más trágico- hace el juego a esta misma propaganda del Kremlin que, durante décadas, se presenta como el campeón del “antifascismo”, incluso cuando libra una de las guerras imperialistas más brutales de nuestro tiempo.
Pero eso no significa que debamos dejar de apoyar al pueblo ucraniano. De la misma manera que apoyamos a Palestina en su lucha contra el imperialismo agresivo a pesar de la actitud innegablemente reaccionaria de Hamas -y a veces su brutalidad pura y simple- hacia su propia población, apoyamos a los ucranianos en su lucha contra el imperialismo ruso a pesar de la actitud reaccionaria de ciertos segmentos del gobierno y de la sociedad. No se trata de un doble estándar, sino del mismo estándar aplicado de manera coherente: el derecho de una nación oprimida a resistir la agresión no debe depender de la calidad de sus líderes. La crítica a los excesos nacionalistas y el apoyo incondicional al derecho a resistir la ocupación son dos posiciones que la izquierda revolucionaria debe defender simultáneamente, en lugar de una en detrimento de la otra.
El pueblo ucraniano resiste contra su clase dirigente
El pueblo ucraniano ha demostrado su voluntad de resistir contra su clase dirigente. El año pasado fueron las grandes manifestaciones las que obligaron al Estado a retractarse de su decisión de disolver una agencia de lucha contra la corrupción. Las y los anarquistas y socialistas participaron y constituyeron una fuerza notable en estas manifestaciones; abordamos no solo la cuestión de la corrupción, sino también la del capitalismo. Proclamamos: «¡El poder a los millones, no a millonarios!”. Hace unos días, la sociedad civil ucraniana también obtuvo una victoria. Gracias a estas manifestaciones masivas el comandante en jefe Syrskyi dimitió. Y hoy nos manifestamos contra el aumento de las tarifas de transporte público para los trabajadores en Kiev, la capital de Ucrania. Cientos de personas salen a la calle para manifestarse y están de acuerdo en que este aumento de tarifas es antisocial y hostil al pueblo. Radicalizamos el discurso y exigimos no solo que las tarifas no aumenten, sino también que todas las personas tengan derecho a un transporte gratuito. Podemos hacerlo porque hemos luchado por el derecho a influir en las decisiones del gobierno. Esto sucede porque la distribución del poder entre las clases no es estable en Ucrania. El espíritu de revolución está presente en la sociedad ucraniana, y el poder lo teme. Nos hemos enterado de que se ha iniciado un proceso penal contra nuestro compañero, el sindicalista Maksym Shumakov, debido a sus actividades. Necesita nuestro apoyo; es importante hablar de ello, y debemos presionar al gobierno ucraniano para que se asegure de que nada de eso le pase a nadie. Sin embargo, la situación es aún peor en este momento para nuestras y nuestros compañeros que se encuentran en Rusia. Os pedimos que le prestéis atención.
Hacemos un llamamiento para redoblar los esfuerzos para conseguir la liberación de las y los presos políticos. No puedo hablar de resistencia sin mencionar a quienes la llevan desde su celda. La sociedad ucraniana sigue de cerca la situación de las personas cautivas por Rusia. No se trata solo de militares, sino también de miles de activistas que se han levantado contra la guerra y el régimen autoritario de Putin. Muchos de ellos son indígenas de Crimea, tártaros de Crimea, fueron los primeros en sufrir la represión de las autoridades rusas. En la actualidad, en 2026, hemos identificado al menos 247 prisioneros de guerra ucranianos, de los cuales 169 son tártaros de Crimea. La situación se vuelve absurda: un Corán en tu casa, es terrorismo; si rocias con pintura el edificio de la administración de ocupación, te condenan 15 años (es el caso de Bohdan Ziza). Las personas son llevadas al centro de detención de Simferopol, donde son torturadas, y a las que tienen «suerte» simplemente se les niega la ayuda médica durante años, mientras sus familiares intentan en vano enviarles algo. Muchos prisioneros son mujeres.
Hace poco, una anarquista ucraniana que luchaba contra el régimen prorruso de Lukashenko fue liberada. Una joven, de solo 17 años, había sido condenada a 13 años de prisión, pero ahora está en libertad. Esto fue posible gracias a las campañas de solidaridad a su favor y a la presión ejercida sobre el gobierno bielorruso. El antifascista Vladislav Zhuravlev también fue liberado. En este momento, estamos siguiendo de cerca la situación de los presos políticos ucranianos. Cabe mencionar a Denis Matsola, originario de Crimea y antifascista, actualmente encarcelado en Rusia, recientemente recibimos una carta de su parte. Muchos activistas de derechos humanos en Ucrania están trabajando en este tema, pero es importante concienciar a la opinión pública mundial sobre este tema.
También hay resistencia entre los rusos
También hay resistencia entre los rusos que reconocen la naturaleza criminal e imperialista de la invasión rusa. Algunos anarquistas rusos luchan por Ucrania, pero muchas figuras de la oposición rusa están actualmente encarceladas por actividades realizadas dentro de la Federación de Rusia. Las personas son encarceladas por pegatinas y eslóganes, así como simplemente por sus opiniones. El anarquista Azat Miftakhov, condenado sobre la base de acusaciones completamente inventadas, debido a sus opiniones, es un ejemplo sorprendente.
Sin embargo, no solo pido una simple solidaridad, sino que afirmo que ya la estamos poniendo en práctica. La clase trabajadora ucraniana, a pesar del gobierno, a pesar de la oligarquía y a pesar de las presiones ejercidas en ambos lados del frente, demuestra cada día precisamente esto: la lucha contra el imperialismo y la lucha contra el capitalismo son una sola y misma lucha, y no dos luchas distintas entre las que habría que elegir. Salimos a la calle para protestar contra el aumento de las tarifas del transporte público en Kiev en el mismo momento en que nuestros amigos se mantienen en la línea del frente cerca de Pokrovsk. No distinguimos entre lo nacional y lo social: libramos estas dos luchas de frente, porque de lo contrario, una victoria sin uno significaría una derrota del otro.
Por eso no pido simpatía. Les pido que actúen: escriban cartas a los presos políticos, tanto ucranianos como rusos, porque la cobertura mediática es un arma que realmente funciona. Presionen a sus gobiernos cuando rompan los principios en nombre del gas o de los contratos. Creen sindicatos y fortalezcan la solidaridad con los trabajadores ucranianos, con la clase trabajadora. Porque una victoria en esta guerra, si es solo una victoria para el gobierno, nos dejará en la misma situación que antes: sin comida en la mesa, sin derechos, sin voz. Pero una victoria de la clase trabajadora, sobre Putin, sobre el imperialismo ruso y sobre nuestra propia oligarquía, será la primera victoria real en décadas que merecerá ser celebrada sin reservas.
Deseo concluir rindiendo homenaje a un artista ucraniano, David Chichkan, que murió en el frente mientras luchaba por su sueño de un mundo mejor. En su cuadro, representó figuras revolucionarias ucranianas acompañadas de la siguiente inscripción:
“Viva una Ucrania independiente, autónoma, antiautoritaria, sin clases, progresista, feminista y socialista”.
12 de agosto de 2026
*Arseniy es un militante del sindicato de estudiantes independientes Priama Diia y de la red antiautoritaria “Collectifs de solidarité” que ayuda a los antifascistas ucranianos en la primera línea.
-Original traducido al francés por Patrick Le Tréhondat