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México – En el pantano del obradorismo
Manuel Aguilar Mora, Ciudad de México, a 20-9-2026
Correspondencia de Prensa, 2-10-2026
Sería equivocado creer que los pueblos estrangulados por la atadura totalitaria pierdan su capacidad de observar y de pensar. Sacan sus conclusiones más lentamente pero más sólida y profundamente.
León Trotsky, Stalin después de la experiencia finlandesa. Marzo de 1940
Como en la escena mundial determinada por la incertidumbre coyuntural de los estertores de la decadencia estadounidense, pero con la claridad que da un proceso político que, aunque caótico ciertamente apunta a terribles catástrofes si no se le frena y es trascendido por una reversión revolucionaria, asimismo en México reina la incertidumbre que sólo una ruptura radical impedirá su conversión también en una catástrofe.
Los escándalos del Estado
La situación nacional es la de un mando político bicéfalo en el que el predominio de hecho de la presidenta Claudia Sheinbaum sigue estando, no obstante, confrontado al liderazgo político del caudillo y fundador de Morena (movimiento dominante, que no partido, según sus propios miembros), el ex presidente Andrés Manuel López Obrador (Amlo).
Escándalo tras escándalo a nivel nacional en los últimas semanas, desde la carta que su hijo Andy López Beltrán dirigió al presidente Trump por el retiro de su visa hasta el regreso sorpresivo del ex gobernador Rocha Moya, a la gubernatura del estado de Sinaloa, a la que debió renunciar (por ser uno de los diez funcionarios de dicho estado requeridos a ser extraditados por Washington) sin la previa notificación a la presidenta quien de inmediato lo obligó a recular y ahora sí abandonar definitivamente su regreso al poder, en todos estos escándalos ha sido evidente la intervención de Amlo en un franco desafío a la presidenta.
En el informe presidencial anual del 1° de septiembre, no obstante su carácter de ceremonia de Estado para todos los ciudadanos(as), Sheinbaum se refirió a la situación interna de Morena y declaró fuertemente que “no se equivoquen, no hay divisiones, rompimientos”.
Con tal abrupta declaración la interpretación mayoritaria ha sido precisamente la contraria: la crisis del obradorismo está llegando a niveles peligrosos para el régimen lo cual afecta decisiva y negativamente al liderazgo formal del gobierno mexicano. La presidenta Claudia ha decidido seguir gobernando con todo el enorme lastre político que le heredó el gobierno de Amlo.
Alcances y desastres del régimen
Las contradicciones que determinan cada uno de las iniciativas y hechos políticos de la situación imperante en el país, lenta pero profundamente están surgiendo a la superficie y aclarando la confusión imperante a partir de las abrumadoras victorias electorales del obradorismo en 2018 y después en 2024.
En la conversación nacional el obradorismo mantiene como principal logro de su régimen el haber combatido la pobreza:13 millones de mexicanos y mexicanas dejaron de ser pobres de acuerdo con los índices estadísticos que definen la pobreza. Dos fueron las razones de esta situación. Primero una política asistencialista de entrega bimensual directa a millones de un cheque equivalente a 6400 pesos (aproximadamente 371 dólares al tipo de cambio actual), a personas mayores de 60 años. Pero ciertamente el logro mayor que permitió esa disminución de la pobreza de 13 millones de personas fue la notable alza del salario mínimo cuyo origen son por supuesto las luchas de los trabajadores mexicanos, en este caso incluidas también las presiones al gobierno mexicano de los sindicatos estadounidenses. Esta lucha cristalizó en el aumento salarial notable que se dio durante el sexenio de Amlo: el salario mínimo acumuló un incremento histórico de más del 140% en términos reales, pasando de 88.36 pesos diarios en 2018 a 248.93 pesos diarios al cierre de 2024. De los 59.6 millones de trabajadores activos solo 8.3 millones se beneficiaron de este aumento salarial, según la Encuesta Nacional de ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI.
Ya era un escándalo mayúsculo que en México el estancamiento salarial permanecía década tras década al mismo tiempo que las ganancias extraordinarias se disparaban acumulándose en fortunas de mexicanos que la revista Forbes enlistaba entre los supermillonarios banqueros, industriales, comerciantes, narcotraficantes (El Chapo fue incluido en una ocasión en estas listas en los primeros años del siglo XXI) más ricos del mundo del mundo. Carlos Slim patrón de América Móvil desde entonces se mantiene entre los diez más ricos del planeta.
Sin embargo, el balance queda incompleto si nos limitamos, como lo hacen los obradoristas, a este hecho. Una perspectiva más amplia de la situación del conjunto de los trabajadores presenta un panorama nada halagüeño que no nos señala una mejoría de la situación de éstos en su conjunto y de hecho nos dice que sigue deteriorándose la vida de la mayoría de la población trabajadora y por tanto de sus familias. En el informe del primer trimestre de 2026 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) se constata que la economía informal creció 2 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado casi 10 veces más rápido que el producto interno bruto (PIB). De acuerdo con el INEGI la economía informal aporta aproximadamente 25.4 por ciento del PIB y emplea a la mayoría de (54,8 por ciento) de la fuerza laboral del país o sea aproximadamente 33 millones de trabajadores que carecen de las condiciones mínimas constitutivas de los derechos y conquistas laborales y por tanto no se han beneficiado directamente de la notable alza salarial. En síntesis, siguen viviendo en condiciones de precariedad humillante. (“Crece la economía informal casi 10 veces más rápido que el PIB: Inegi”, La Jornada, viernes 4 de septiembre de 2026).
Y si a esto añadimos el prácticamente estancamiento económico de los ocho años que lleva el obradorismo en el poder, el endeudamiento colosal que sigue disparándose, el desfalco multimillonario de Pemex que el huachicol fiscal (contrabando e introducción ilegal de combustible eludiendo el pago de impuestos como el IEPS e IVA) profundiza y las carencias y desastres del obradorismo en los ramos esenciales de la educación y de la salud, es evidente que el saldo no es para nada positivo de la 4T y más que un mejoramiento con respecto a los gobiernos anteriores sus resultados no representan un mejoramiento para la población.
La escalada de la corrupción
La hábil estrategia, demagógicamente planteada durante casi tres décadas, determinante en gran medida de sus apabullantes victorias, que López Obrador (Amlo) propagandizó con el lema “no somos iguales” se ha derrumbado estrepitosamente. La antidemocracia de sus iniciativas políticas fundamentales ha sido evidente. Destacan, entre varias el desmantelamiento del INE que había mostrado independencia y autonomía del gobierno y el cual ha sido transformado en una agencia subordinada al obradorismo para tener el control directo de las elecciones, tal y como operó durante décadas el priismo. Aún más grave ha sido la destrucción del poder judicial. Ciertamente, el poder judicial en la época del priismo requería de una profundísima reforma, pero los obradoristas lo liquidaron e instalaron una caricatura de judicatura salida de tómbolas.
La corrupción gubernamental, el cáncer tradicional del priismo y de todos los partidos del régimen no ha disminuido, incluso el obradorismo ha acumulado en ocho años fraudes y mega corrupciones que superan a los priistas: el fraude colosal durante del gobierno de Amlo del huachicol fiscal oscila entre los 600,000 y 740,000 millones de pesos acumulados en los últimos años, según diversas evaluaciones y reportes del sector y autoridades. Y esta situación sigue sin aclararse decisivamente pues hasta la fecha las autoridades no han informado sobre sus investigaciones, ni tampoco si han llamado a declarar a los diversos personajes destacados que han sido nombrados en la conversación pública sobre el particular que habla de personajes del entorno del expresidente Amlo, incluidos sus corruptos hijos y miembros destacados de su gobierno.
La complicidad con la delincuencia
Desde los años ochenta durante el gobierno de Miguel de la Madrid (cuyo secretario de Gobernación Manuel Bartlett fue uno de los principales protagonistas de estas relaciones) era evidente que el narcotráfico era ya un factor importante de la delincuencia por el enorme monto de capitales acumulados en sus actividades ilegales de contrabando de drogas con Estados Unidos. Con el priismo y después durante los años del Prian, el gobierno llegó a establecer cierto control de los cárteles a los que combatía. Pero su poderío creciente comenzó a filtrarse en las propias estructuras gubernamentales. La cúspide de este auge (con el fentanilo) de la delincuencia vinculada al contrabando de drogas y a otras formas de explotación de delitos se dio con la política de Amlo de “abrazos y no balazos”. Política que otros obradoristas, desde gobernadores hasta hábiles pillos oportunistas aprovecharon para hacer jugosos negocios con los cárteles que significaron concesiones políticas y aceptación de liderazgos regionales de sus líderes. El caso del gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, públicamente denunciado por Washington al pedir a Claudia Sheinbaum su extradición junto con nueve colaboradores de su gobierno para procesarlos en EE.UU., detonó esta complicidad con la narco delincuencia de varios gobiernos estatales, la mayoría obradoristas. La crisis política que se abrió y en la cual estamos sumergidos por completo en la actualidad ha llegado hasta la cúspide del poder político nacional.
El antiimperialismo del siglo XXI
Esta realidad ha potenciado las dificultades y contradicciones de la complejísima relación bilateral entre los dos países llegando a la situación explosiva actual que confronta al gobierno de Claudia Sheinbaum con el de Donald Trump.
Los gobiernos obradoristas, tanto el de Amlo como el de Sheinbaum no han sido diferentes a los anteriores priistas y panistas en su subordinación a Washington. Amlo aceptó de inmediato servir, con la Guardia Nacional, de asistente de la Border Patrol para el control de la oleada de inmigrantes a EE.UU. Claudia Sheinbaum no desperdicia oportunidad para felicitarse por lo que ella considera son “las buenas relaciones” que ha tenido con el ocupante de la Casa Blanca.
Pero la crisis de los estertores decadentes estadounidenses cuyo principal protagonista es el presidente Donald Trump, ha trastocado la política imperialista y está conduciendo a la destrucción de muchas de las políticas de Washington instauradas en sus años de auge del siglo XX. Una de ellas es la destrucción del bloque económico que en los años ochenta forjaron los tres gobiernos de Norteamérica. El gobierno imperialista de Canadá ha respondido a la agresiva política económica de imposición de aranceles prohibitivos de Trump, rompiendo su alianza con Washington y uniéndose a la Unión Europea.
El secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa en enero pasado y la conversión del gobierno post chavista de Venezuela en colaborador de Trump, la asfixia de un bloqueo totalitario a Cuba, la potencial ocupación de Groenlandia por el Pentágono y, por supuesto, la guerra contra Irán son acciones imperialistas que complementan la decisión trumpiana de colocar a EE:UU. en condiciones que le permitan continuar siendo el hegemón en la brutal competencia que lo enfrenta con China, la segunda potencia mundial en carrera acelerada para desbancar a EE:UU. y convertirse en el nuevo hegemón planetario.
De hecho, el mercado constituido por los tres países de América del norte ha sido destruido por Trump. El gobierno de Claudia Sheinbaum tiene una actitud defensiva que se basa en la política tradicional de respeto a la soberanía. Pero de allí no se ha movido, expresando patéticamente su posición y función de la más alta representante de un gobierno de un país dependiente de su poderoso vecino. Lejos de la presidenta Sheinbaum la actitud del primer ministro canadiense. Más que concebir iniciativas hacia adelante, se espera que en las elecciones intermedias del próximo noviembre pierdan los republicanos de Trump y se instaure un Congreso dominado por los demócratas. Pero no se concibe una situación en la que Trump no acepte su posible derrota. ¿Cómo quedarían entonces las relaciones bilaterales gubernamentales?
Pero al mismo tiempo su protección de los políticos cómplices de los narcos que el gobierno de Washington quiere castigar, profundiza la debilidad y vulnerabilidad estructural de su función de presidenta del gobierno de un país cuya caracterización esencial de semicolonia no ha sido superada a pesar del crecimiento extraordinario del capitalismo y de una burguesía “nacional” surgida bajo la sombra del bonapartismo mexicano y como apéndice del auge capitalista norteño que la convirtió en una socia menor del imperialismo estadounidense. La transformación radical de un gobierno bonapartista sui generis antiimperialista, nacionalista, tradicional como heredero de los próceres fundadores del “gobierno de la Revolución mexicana” que vio León Trotsky en su estancia en nuestro país en el sexenio cardenista dejó de tener un cuerpo social que lo encarne, dejó de ser sui generis para convertirse cada vez más en mero aparato autoritario. Lo sucedido en Venezuela fue una clara demostración que en el siglo XXI la lucha antiimperialista será la que forjen y encabecen los trabajadores en la lucha revolucionaria anticapitalista, en su perspectiva socialista e internacionalista.
Por eso la estrategia internacionalista de la política del siglo XXI es la que plantee la alianza con el aliado más poderoso y confiable para garantizar la lucha antiimperialista de los trabajadores mexicanos: el proletariado plurietnico de EE.UU., los trabajadores negros, blancos, asiáticos, latinoamericanos y mexicanos, quienes también luchan contra Trump, contra el imperialismo estadounidense.
Las barbaridades imperialistas que tiene en preparación el gobierno de Trump y que pueden surgir para México en los próximos días y meses se darán en condiciones en las que sus iniciativas, cada vez más agresivas pero torpes y a veces contraproducentes, lo enredan y debilitan. Los próximos días inciertos, sin embargo, deben ser los necesarios para prepararnos y participar en ese proceso de profundización que las experiencias tan importantes por las que hemos atravesado han sido pruebas cuyo conocimiento nos está permitiendo entender estos tiempos turbulentos. Y también nos están ayudando a participar e intervenir con más capacidad y conciencia independiente, democrática, socialista e internacionalista.