Guerra, diplomacia y represión: la estrategia en tres dimensiones de la República islámica de Irán
Saeed Rahnema*
A l’encontre, 29-8-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 12-9-2026
Ya pasó más de un año desde la guerra de los 12 días de junio de 2025, durante la cual Israel atacó instalaciones militares iraníes, mató a altos mandos militares y a científicos nucleares, y contó con el apoyo de Estados Unidos, que atacó tres importantes instalaciones nucleares iraníes. Irán contraatacó con ataques con misiles contra Israel y contra una base estadounidense en Qatar, antes de que se anunciara un alto el fuego. También pasaron más de seis meses desde la guerra de 39 días que comenzó en febrero de 2026. Ese conflicto provocó la muerte de Ali Jamenei, líder de la República Islámica de Irán (RII), y de numerosas personalidades políticas y militares de alto rango, además de dar lugar a ataques iraníes contra bases estadounidenses en la región. Asimismo, dio lugar a una serie de esfuerzos diplomáticos que culminaron en un memorándum de entendimiento (MOU) entre Estados Unidos e Irán, firmado por sus respectivos presidentes, Donald Trump y Masoud Pezeshkian.
Como ya lo mencionamos, estas dos guerras surgieron de tres dinámicas interrelacionadas. En primer lugar, Estados Unidos buscaba mantener y ampliar su hegemonía mundial. En segundo lugar, el Gobierno israelí de extrema derecha y los movimientos sionistas judíos y cristianos [sobre todo los evangélicos] buscaban promover una visión del «Gran Israel». En tercer lugar, la oligarquía clerical, militar y económica de la República Islámica pretendía preservar y ampliar su influencia regional.
Este artículo plantea que, ante la guerra y una creciente inestabilidad interna, la República islámica llevó a cabo una estrategia con tres vertientes: respuestas militares a los enfrentamientos persistentes, un compromiso diplomático y, al mismo tiempo, la intensificación de la represión en su propio territorio.
Aunque estas guerras dejaron miles de muertos, causaron daños en las infraestructuras iraníes y acabaron con gran parte de los altos dirigentes de la República Islámica, no dieron lugar a un cambio de régimen. Por el contrario, pusieron de manifiesto los límites del poder coercitivo de Estados Unidos e Israel y dejaron a la región sumida en enfrentamientos persistentes y ante la posibilidad de una nueva guerra a gran escala.
Guerra y diplomacia
El protocolo de acuerdo de 14 puntos —que prometía, entre otras cosas, el fin de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, el levantamiento del bloqueo marítimo impuesto por Estados Unidos, el «proyecto» de un plan de reconstrucción y desarrollo económico de 300 000 millones de dólares, así como el levantamiento de todas las sanciones contra la República Islámica, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas—, significó un éxito para el régimen islámico y un respiro para la política chapucera de la Administración Trump. A cambio, la República Islámica de Irán, mientras mantiene el statu quo actual de su programa nuclear, aceptó no procurarse ni desarrollar armas nucleares. Asimismo, autorizó a los buques mercantes a circular libremente, sin costos, durante 60 días entre el Golfo Pérsico y el mar de Omán, y viceversa.
Este acuerdo nunca se aplicó, y el plazo de 60 días concedido a Estados Unidos e Irán para negociar el acuerdo definitivo ya se venció. El Gobierno de Netanyahu, en consonancia con su política de larga data respecto a la República Islámica, se opuso con vehemencia a este acuerdo y estaba dispuesto a tomar todas las medidas necesarias para hacer que fracasara. Entre otras cosas, el 14 de junio, dos días después de la firma del memorándum de entendimiento, bombardeó el barrio de mayoría chiíta de Beirut. [1] Al mismo tiempo, la Administración Trump parece haber considerado que, al retrasar la aplicación del acuerdo y aumentar la presión económica sobre Teherán, podría obligar a la República Islámica a hacer nuevas concesiones. Teherán, por su parte, consideraría que, al mantener el cierre del estrecho de Ormuz, ejercería presión sobre la Administración Trump para que esta aceptara nuevas concesiones, sobre todo teniendo en cuenta que se acercan las elecciones de mitad de mandato y que aumenta el descontento de la opinión pública estadounidense con respecto a la guerra.
Además de su capacidad ofensiva en materia de misiles y drones, que amenazan a los países árabes vecinos donde se encuentran bases estadounidenses, la mayor resiliencia del régimen islámico tiene su origen, en parte, en su carácter ideológico y en el desprecio que desde hace tiempo muestra hacia las consecuencias de la guerra para Irán y el pueblo iraní. Un esquema similar tuvo lugar durante los ocho años de la guerra entre Irán e Irak. Después de que las fuerzas iraníes expulsaran al ejército iraquí invasor del territorio iraní en 1981 —rechazando así la invasión de Sadam Husein en cuestión de unos meses—, Irán podría haber puesto fin a la guerra. En lugar de ello, el entonces Guía Supremo, el ayatolá Jomeini, y su entorno adoptaron las consignas «guerra, guerra hasta la victoria» y «de Bagdad a Quds (Jerusalén)», y prolongaron el conflicto durante siete años más. Finalmente, en 1988, tras sufrir enormes pérdidas, se vieron obligados a aceptar un alto el fuego humillante. Aunque la situación es diferente hoy en día —dado que el bloque en el poder está más dividido que nunca y la República Islámica carece de legitimidad a los ojos de la mayor parte de la población—, las facciones radicales del régimen parecen seguir una estrategia similar.
Lucha de poder dentro del bloque dirigente
Desde el primer momento hubo divergencias dentro del bloque en el poder de la República Islámica. En diferentes épocas, los pragmáticos religiosos y los idealistas religiosos, designados con diferentes etiquetas, se han enfrentado. Durante la era de Ruhollah Jomeini [de diciembre de 1979 a junio de 1989] y, posteriormente, durante la de Ali Jamenei [de junio de 1989 a febrero de 2026], el Líder Supremo supo gestionar estas desavenencias. Sin embargo, el actual guía designado, Mojtaba Jamenei, que aún no ha aparecido en público y cuyo estado de salud se desconoce, tiene pocas posibilidades de gestionar eficazmente estos conflictos mientras permanezca al margen de la escena pública. Es probable que se publiquen declaraciones en su nombre, al igual que los nombramientos importantes y los cambios de personal en los sectores militar y de seguridad. Asimismo, aprobó el memorando de entendimiento (MOU), que fue ratificado por 12 de los 13 miembros del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (CSSN) de la época —la máxima instancia decisoria iraní en materia de defensa, seguridad y asuntos exteriores—, aunque añadió que, «en principio», tenía una opinión diferente.
Aunque la casi totalidad de los miembros del (CSSN) que votaron a favor del memorándum de entendimiento eran partidarios de la línea dura, y dos de ellos eran representantes del Líder Supremo, el simple hecho de alcanzar cualquier tipo de acuerdo con Estados Unidos irritó profundamente a la base de los partidarios de la línea dura, que, desde hacía más de cuatro décadas, había sido alimentada con propaganda antiestadounidense. Los principales responsables del régimen son plenamente conscientes de que necesitan a esta base y de que, sin ella, tendrían menos fuerzas para hacer frente a la mayoría descontenta de la población, que hasta la fecha ha organizado seis grandes movilizaciones contra el régimen.
El conflicto entre los conservadores intransigentes y los pragmáticos ha llegado a tal punto que algunos influyentes partidarios de la línea dura han exigido la ejecución del presidente Pezeshkian y de Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento y jefe de la delegación negociadora.
La reorganización de la dirección refleja asimismo la evolución del equilibrio de poderes. Mohsen Rezaei, comandante del CGRI durante la guerra entre Irán e Irak, sustituyó al antiguo secretario del CSSN, mientras que fueron nombrados nuevos comandantes al frente de las Fuerzas Armadas y del CGRI. Todos ellos son personas cercanas a Mojtaba Jamenei. En su primera declaración, el general Rezaei, del CGRI, planteó una serie de condiciones para la reapertura del estrecho de Ormuz: poner fin a todas las guerras regionales en Oriente Medio, en Gaza, en el Líbano y entre los aliados regionales de Irán; levantar el bloqueo marítimo contra Irán; desbloquear los fondos iraníes y modificar la conducta de Estados Unidos.
Sin embargo, este punto muerto —ni guerra, ni paz— no puede prolongarse indefinidamente y podría situar a Irán en una situación cada vez más peligrosa. Si bien un nuevo enfrentamiento militar plantearía graves problemas a Estados Unidos y a sus aliados regionales, el bombardeo de las infraestructuras iraníes —en particular, la red eléctrica, la red de abastecimiento de agua y las refinerías— podría devastar el país y tener consecuencias catastróficas para la población iraní. Estados Unidos aplicó una estrategia similar durante la invasión de Irak, donde sufrieron millones de iraquíes, y nada garantiza que no adopten medidas comparables contra Irán.
Ahora que Estados Unidos no pudo doblegar a la República Islámica por la vía militar, espera que, al intensificar el bloqueo económico y las sanciones secundarias, pueda obligar al régimen de Teherán a capitular o fomentar un levantamiento popular contra él. Como en el caso de las demás sanciones, las poblaciones serán las principales víctimas.
El mantenimiento del bloqueo marítimo y la nueva amenaza de «guerra económica» esgrimida por Trump ya están ejerciendo una grave presión económica. Según algunas fuentes, Irán estaría perdiendo cerca de 500 millones de dólares diarios y tiene dificultades para abastecerse de forma fiable de importaciones esenciales, en particular de gas. Por ello, una parte de la oligarquía en el poder, más allá de sus preocupaciones ideológicas o de sus promesas «celestiales», también está profundamente preocupada por proteger sus considerables intereses materiales y presiona para alcanzar un acuerdo y volver al memorándum de entendimiento (MOU).
Aún se desconoce qué facción logrará imponerse finalmente. No obstante, la reciente reorganización de los mandos militares y de seguridad parece indicar que, aunque el régimen se ha vuelto más militarista y se está preparando para una guerra prolongada y para nuevos enfrentamientos, también busca una solución diplomática —en particular, como respuesta a la nueva amenaza de guerra económica procedente de Estados Unidos—. Al mismo tiempo, el régimen está profundamente preocupado por la inminente amenaza interna de un nuevo levantamiento de una población descontenta.
Afrontar al «enemigo» interno
Entre las guerras de 12 y 39 días mencionadas anteriormente, durante el invierno de 2025-2026, Irán vivió su mayor movimiento de protesta, un movimiento aún más importante que el de 2022, «Mujer, Vida, Libertad». Las manifestaciones comenzaron en el bazar de Teherán como reacción al aumento de los precios, provocado por una fuerte depreciación de la moneda nacional y una escalada del costo de las divisas extranjeras, lo que a su vez provocó un incremento de los precios de las materias primas y los productos importados. Al igual que en otros movimientos, estas manifestaciones, a pesar de sus orígenes económicos, adquirieron rápidamente una dimensión política en ciudades de todo el país. Se sumaron al movimiento diversos sectores de la clase media nueva y tradicional, trabajadores y trabajadoras, jubilados y jubiladas, estudiantes y, en algunos casos, agricultores —que protestaban contra la escasez de agua y el impago de sus deudas por parte del Gobierno—.
Durante los primeros once días, a partir del 28 de diciembre de 2025, este movimiento espontáneo se asemejaba a las protestas anteriores, caracterizadas por manifestaciones pacíficas, enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y las milicias del Basij [Fuerza paramilitar formada por voluntarios, fundada por el ayatolá Jomeini en noviembre de 1979 y subordinada a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica. NdT], así como por acciones relámpago. Sin embargo, el movimiento fue posteriormente instrumentalizado políticamente por el Gobierno israelí y por la oposición monárquica iraní de derecha en el extranjero, una fuerza oportunista que mantiene estrechos vínculos con Israel.
El 8 de enero de 2026, en el marco de una campaña muy manipulada en las redes sociales, Reza Pahlavi, hijo del sha derrocado, anunció que llegaría ayuda. Un número cada vez mayor de personas —desesperadas ante la idea de un cambio, pero también partidarios de Pahlavi— salieron a la calle, a menudo junto con sus familias. El régimen, aterrorizado, reaccionó con una violencia sin precedentes, desplegando a Ansar-e Hezbollah [«Partidarios del Partido de Dios»: organización paramilitar extremista], las fuerzas Basij y, según algunas informaciones, fuerzas auxiliares reclutadas en los países vecinos. Se desconoce la magnitud exacta de las masacres, pero, según algunas estimaciones, varios miles de personas, entre ellas niños y niñas, habrían sido asesinadas en el transcurso de dos días. Internet, que había sido cortado desde el principio, permaneció bloqueado a pesar de las enormes pérdidas económicas y la desaparición de millones de puestos de trabajo.
Netanyahu convenció a Trump -como es ampliamente admitido- de que, después del asesinato del Guía supremo, los iraníes se rebelarían y derrocarían al régimen. Para gran decepción de Netanyahu y de Reza Pahlavi, esto no ocurrió. Por el contrario, la intervención extranjera y la reanudación de la guerra en junio de 2026 asestaron un golpe devastador al movimiento. [Sobre los planes del Gobierno de Benjamín Netanyahu específicos para «su guerra» contra Irán, véase el artículo de Luis Imbert en Le Monde del viernes 28 de agosto de 2026, pp. 2 y 3. – A l’encontre].
Sin embargo, ante el agravamiento de la situación económica, la inflación galopante y el aumento del desempleo, la posibilidad de un nuevo levantamiento de gran envergadura es muy real. De ahí el refuerzo de los aparatos represivos del régimen. El nombramiento de Hossein Taeb al frente de la organización paramilitar Basij, vinculada al Cuerpo de la Guardia de la Revolución Islámica (CGRI) y principal instrumento de la brutal represión de los movimientos sociales, debe considerarse parte de la estrategia frente a posibles manifestaciones. Taeb es un alto cargo del Cuerpo de la Guardia de la Revolución Islámica, un confidente cercano al nuevo Guía supremo y un clérigo temido en el seno del aparato de seguridad, conocido por haber supervisado el asesinato y la mutilación de miles de manifestantes. Su misión declarada consiste en ampliar y reforzar el Basij como «red de inteligencia popular», para que «cada ciudadano» se convierta en miembro del Basij.
Las concentraciones vecinales que se organizan cada noche en las grandes ciudades a favor de la guerra, así como los tribunales fantasma del régimen que dictan sentencias de muerte, ya han contribuido en gran medida a ampliar el reinado del terror. Según la ONG IHRNGO, Iran Human Rights, solo en julio de este año fueron ejecutadas 71 personas, algunas de las cuales estaban acusadas de ser agentes israelíes. En total, 444 personas fueron ahorcadas en 2026. Muchos abogados, académicos, periodistas y artistas de renombre se encuentran encarcelados, entre ellos Narges Mohamadi, destacada feminista y galardonada con el Premio Nobel de la Paz. El régimen también comenzó a reforzar la obligación de llevar el velo, que prácticamente había sido abandonado tras el sorprendente movimiento «Mujer, Vida, Libertad». El parlamento del régimen está a punto de aprobar un nuevo proyecto de ley que prohíbe cualquier contacto con los medios de comunicación y las universidades extranjeras, salvo autorización de las autoridades de seguridad.
A manera de conclusión
La agresión militar israelí-estadounidense contra Irán, lejos de debilitar a la República Islámica, ha hecho que el régimen se vuelva más radical y agresivo. Dividió aún más a la oposición y asestó un duro golpe a los movimientos sociales independientes iraníes.
Muchas personas fuera de Irán, incluidas algunas procedentes de círculos progresistas, aplaudieron a la República islámica y la aclamaron como una fuerza «antiimperialista», simplemente porque se la considera el único país capaz de hacerle frente a la agresión israelí y estadounidense.
Sin embargo, es un grave error pasar por alto el carácter reaccionario del régimen y los considerables daños que le ha infligido a Irán y a su pueblo. Esta es precisamente la posición que defienden algunos intelectuales progresistas fuera de Irán, en particular en la carta abierta firmada por académicos, periodistas, abogados y defensores de los derechos humanos iraníes y no iraníes, que condena tanto la agresión estadounidense-israelí como a la República Islámica. Del mismo modo, en una carta reciente publicada en The Guardian y dirigida a los presos políticos iraníes, firmada por destacados académicos y activistas no iraníes, los autores señalan acertadamente que «por un lado, se enfrentan al dominio de la República islámica; por otro, a las fuerzas imperialistas contra las que la República dice luchar» (Véase a continuación el texto de esta carta, con fecha del 20 de agosto de 2026)
Lamentablemente, esta importante iniciativa lanzada por destacados intelectuales no iraníes, progresistas y ampliamente reconocidos, ha sido objeto de críticas por parte de quienes, basándose en una concepción errónea de la lucha antiimperialista, apoyan un régimen represivo como el de la República islámica. Se trata de la misma concepción desastrosa que adoptó una parte de la izquierda iraní tras la revolución de 1979: simplemente porque el régimen islámico estaba en conflicto con Estados Unidos y debido a la toma de rehenes en la embajada de Estados Unidos en Teherán [del 4 de noviembre de 1979 al 20 de enero de 1981], consideraban a dicho régimen «antiimperialista». En respuesta a los ataques contra la carta publicada en The Guardian, un amplio grupo de intelectuales y académicos iraníes expresó su apoyo inequívoco a los firmantes de la misma [Texto publicado en Inprecor].
Desde hace casi medio siglo, la República Islámica se esfuerza por remodelar Irán y la sociedad iraní según su propia visión oscurantista. El inmenso movimiento «Mujer, Vida, Libertad», que suscitó la atención del mundo entero y en el que las mujeres y los jóvenes iraníes desempeñaron un papel de primer orden a pesar de la brutal represión del régimen, constituyó una poderosa expresión del fracaso de su proyecto reaccionario. Los sucesivos movimientos sociales y levantamientos de las últimas décadas han demostrado que no son las potencias extranjeras, que persiguen sus propios intereses hegemónicos, sino el propio pueblo iraní quien, en última instancia, reemplazará al régimen actual por una república verdaderamente democrática, laica y progresista. Precisamente por este motivo, la oposición a la agresión imperialista y la oposición a la República islámica no deben considerarse como posiciones mutuamente contrapuestas. Ambas son necesarias si el objetivo es defender al pueblo iraní y preservar la posibilidad de un futuro democrático y emancipador.
*Saeed Rahnema, profesor emérito de Ciencias políticas y Políticas públicas en la Universidad de York, en Canadá, galardonado con varios premios. Entre sus obras recientes en inglés, podemos citar The Transition from Capitalism: Marxist Perspectives (2016, 2019), publicada por Palgrave MacMillan, así como el artículo «Lessons of Socialist Reformisms: Revisiting the German, Swedish, and French Social Democracies», publicado en la revista Socialism and Democracy, vol. 36, 2022.
-Artículo original en inglés publicado en New Politics, 27-8-2026.
Nota
1- Desde principios de marzo de 2026, continúan los diversos ataques del ejército israelí en el Líbano. L’Orient-Le Jour, en su edición del 25 de agosto de 2026, escribía sobre el sur del Líbano: «Israel parece haber acelerado el ritmo de sus demoliciones y destrucciones en la “zona de amortiguación” ocupada en el sur del Líbano, con un martes marcado por una serie de voladuras e incendios provocados en varios sectores. Según nuestro corresponsal Mountasser Abdallah, las fuerzas israelíes han sido especialmente implacables en los sectores occidentales de la franja fronteriza cerca de Mansouri, una localidad del distrito de Tiro dividida por la «Línea Amarilla», que establece el límite de la zona a la que el ejército israelí impide todo acceso, mientras que en el sector central se han registrado varios ataques entre Hariss y Haddatha, que se encuentran exactamente en el límite norte de la zona de amortiguación».
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Carta abierta «A los presos políticos iraníes, atrapados “entre las dos hojas de una tijera”»

Solidarité Socialiste avec les Travailleurs en Iran (SSTI), 20-8-2026
Por un lado, ustedes se enfrentan a la dominación de la República islámica; por otro, a las fuerzas imperialistas contra las que la República pretende luchar.
El mes de agosto marca el aniversario de las ejecuciones masivas de 1988 en Irán, un horror que se hace eco del actual aumento de las condenas a muerte en el país. También marca el aniversario, el 19 de agosto, del golpe de Estado organizado por el Reino Unido y Estados Unidos contra el primer ministro Mohammad Mosaddegh en 1953. En medio de las actuales oleadas indiscriminadas de ataques militares estadounidenses e israelíes contra Irán, esta carta de solidaridad denuncia la represión del pueblo iraní y de sus presos políticos por las fuerzas (represoras) tanto dentro como fuera del país.
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A nuestros colegas militantes, estudiantes, pensadores, trabajadores, artistas y demás presos de conciencia privados de libertad tras los muros de todos los centros de detención de Irán:
Les escribimos con un profundo sentimiento de solidaridad, con el corazón encogido al conocer la lucha a la que se enfrentan en las cárceles iraníes: la tortura, la negligencia sistemática, el silencio forzado y la brutal realidad de los juicios y las ejecuciones simuladas. Como presos políticos, militantes y universitarios, activos y retirados, comprometidos con el proyecto mundial de abolición, antiautoritarismo y antiimperialismo, los vemos a ustedes a través de las distancias geográficas y del silencio de la censura y los cortes de Internet. Y nos solidarizamos con ustedes, ya que se encuentran en la encrucijada de dos fuentes de opresión.
Por un lado, se enfrentan a la República Islámica, que, desde su creación, impuso un control social y político absoluto basado en una ideología de exclusión. Se trata de un sistema que pretende contrarrestar el poder imperial, mientras utiliza su misma lógica de dominación y sus sistemas de encarcelamiento, tortura y ejecución. Por otro lado, se enfrentan a la agresión y la violencia de las fuerzas imperialistas y sionistas contra las que la República islámica pretende luchar. Estados Unidos e Israel desatan guerras brutales, destruyen infraestructuras civiles, matan a escolares inocentes y los tratan como daños colaterales en su afán por la dominación regional. Recordamos el horror del 23 de junio de 2025, cuando Israel atacó el complejo penitenciario de Evin, destruyendo su servicio hospitalario, su sección transgénero y su centro de recepción. Ustedes expusieron claramente esta doble opresión cuando expresaron que «se sienten atrapados entre las dos hojas de una tijera: el régimen cruel que los encarcela y tortura, y una fuerza extranjera que les arroja bombas en nombre de la libertad».
A lo largo del último año, hemos sido testigos de cómo se afilan las dos hojas de la tijera. Vemos las detenciones arbitrarias y la horrible oleada de ejecuciones por parte del Estado. Vemos cómo se agrava la criminalización de la clase trabajadora y de los desempleados, la persecución de kurdos, árabes y baluchis, y cómo se utiliza a los migrantes afganos como chivos expiatorios: son todos intentos desesperados por acabar con las ideas de aquellas personas a las que no pueden controlar. Esa es la lógica de los Estados carcelarios en todas partes: cuando no logran hacer frente a las crisis a las que se enfrenta la población, simplemente intentan criminalizar o hacer desaparecer a esas mismas personas.
Observamos la misma lógica de dominación cuando Israel recurre a la «detención administrativa» para mantener recluidos a presos políticos palestinos durante años sin cargo alguno. Lo vemos cuando las autoridades israelíes celebran una nueva ley que les permite ejecutar a los presos políticos palestinos a los que no pueden someter. Lo vemos en los centros de detención del ICE, donde el Gobierno estadounidense encarcela a nuestro pueblo como parte de un programa político de exclusión racista, o detiene a nuestros militantes políticos por atreverse a alzar la voz contra el genocidio israelí respaldado por Estados Unidos. Lo vemos en la historia de Estados Unidos, persiguiendo a los luchadores por la libertad —en particular a las personas negras, a los pueblos indígenas, a los puertorriqueños y a otros organizadores anticolonialistas—, encerrándolos durante décadas para aplastar los movimientos de liberación nacional y de soberanía. Y vemos cómo los vínculos entre estos sistemas penitenciarios comparten técnicas de inteligencia y gobernanza, como cuando la prisión USP Marion, en Illinois, sirvió de modelo para las prisiones construidas en Irán e Israel en la década de 1960. Ya se trate de un muro fronterizo o de una puerta de prisión, el objetivo es el mismo: silenciar a las personas mediante el miedo, la dominación y el aislamiento.
La lucha que ustedes llevan adelante es tan global como nuestros sueños colectivos de libertad y dignidad. Estamos con ustedes, y rechazamos la falsa dicotomía entre el imperialismo y el antiimperialismo hueco. Invitamos a la sociedad civil mundial y a los militantes y organizaciones antiimperialistas a extender su apoyo incondicional y la solidaridad a todos los niños encarcelados que luchan por nuestra liberación colectiva, a establecer vínculos con los presos políticos iraníes y a alzar su voz, a ejercer presión sobre la República islámica impugnando su narrativa, y a instar a este gobierno a que ponga fin de inmediato a todas las ejecuciones y libere a todos los presos políticos.
Las autoridades iraníes deben poner fin de inmediato a su práctica inhumana de la muerte y el encarcelamiento. Y Estados Unidos e Israel deben poner fin a sus guerras bárbaras y a sus sanciones brutales que devastan deliberadamente nuestras comunidades.
Poar solidaridad y por amor,
Alberto Toscano, profesor emérito de teoría crítica, Goldsmiths, *Universidad de Londres
Angela Davis, antigua presa política, profesora distinguida emérita, *Universidad de California, Santa Cruz
Bernardine Dohrn, profesora de Derecho jubilada, *Universidad Northwestern
Bill Ayers, profesor, *Unbound College
Cherríe L. Moraga, catedrática distinguida emérita de la Universidad de California, Santa Bárbara, escritora feminista y militante chicana
Dan Berger, profesor de estudios étnicos comparados de la *Universidad de Washington Bothell
Jairus Banaji, historiador y profesor investigador de la SOAS, *Universidad de Londres
Jason Stanley, profesor de filosofía, *Universidad de Toronto
Judith Butler, catedrática distinguida de la Escuela de Posgrado, *Universidad de California, Berkeley
Keeanga-Yamahtta Taylor, autora de «De #BlackLivesMatter a la liberación negra», profesora de Estudios Afroamericanos, *Universidad de Princeton
Michael Löwy, director emérito de investigación en sociología del *Centro Nacional de Investigación Científica, París
Michael Mansfield, abogado especializado en derechos humanos y libertades civiles
Mumia Abu-Jamal, actual preso político, educador, periodista y militante
Ricardo Jiménez, activista social, ex preso político puertorriqueño
Ruha Benjamin, profesora de Estudios Afroamericanos, *Universidad de Princeton
Ruth Wilson Gilmore, Centro de Posgrado, *CUNY
Walden F. Bello, profesor adjunto internacional de sociología, *Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton
Yasin al-Haj Saleh, escritor sirio, disidente político y ex preso político en Siria
*Organizaciones a efectos puramente identificativos
-Los firmantes figuran en orden alfabético