Alejandro Gómez Tamez*
Nexos, 19-8-2026
Correspondencia de Prensa, 26-8-2026
El consumo privado ha sido uno de los pocos soportes de la economía mexicana durante los últimos años. Mientras la inversión productiva cae y enfrenta incertidumbre y la actividad industrial atraviesa dificultades, el gasto de las familias ha permitido mantener en movimiento buena parte del mercado interno. Los datos de 2026 muestran que el consumo todavía cumple ese papel: durante los primeros cinco meses del año el indicador de consumo privado creció 2.4 % respecto al mismo periodo de 2025 y, de acuerdo con el Indicador Oportuno del Consumo Privado, publicado por el Inegi, en julio habría aumentado 2.2 % anual. Hasta ahí, las cifras parecen razonablemente buenas.
Las grietas en el consumo aparecen cuando desglosamos los datos. El crecimiento de éste está basado en el dinamismo de los bienes importados. El crédito a las familias está creciendo mucho más rápido que la economía y la morosidad de las familias está subiendo. Además, los indicadores correspondientes a julio confirman que el impulso económico asociado al Mundial quedó muy por debajo de lo que se esperaba y lejos de generar una expansión sólida de la demanda interna. Si se debilita durante el segundo semestre, la economía nacional, que de por sí crece poco, tendrá un motor menos para avanzar.
Un consumo que crece pero no lo Hecho en México
El primer indicador está en la composición del gasto. En 2024 el consumo privado aumentó 2.7 % y en 2025 apenas 1.1 %. Durante los primeros cinco meses de 2026 registró una mejoría y creció 2.4 %. Pero al desglosar el dato, las diferencias son enormes: el consumo de bienes nacionales aumentó apenas 0.1 % y el de servicios sólo 0.2%, mientras que el consumo de bienes importados se disparó 11.4 %. Los datos de comercio exterior confirman esta tendencia: durante el primer semestre de 2026 México importó 48 657 millones de dólares en bienes de consumo, 9.8 % más que en el mismo periodo de 2025. Y el dato más reciente es todavía más fuerte: sólo en junio se importaron 9 393 millones de dólares, un aumento anual de 23.5 %. El dato agregado de consumo esconde entonces un problema: los hogares mexicanos están gastando más, pero una parte creciente de ese gasto se dirige hacia productos importados y, por lo tanto, beneficia poco a la planta manufacturera nacional.
El consumo total sigue creciendo, pero a un ritmo bajo. Los últimos datos observados del Inegi muestran que entre enero y mayo de 2026 registró tasas anuales de entre 1.4 % y 3.1 %. Para junio y julio todavía no tenemos el dato definitivo, pero el Indicador Oportuno del Consumo Privado estima crecimientos anuales de 2.5 % y 2.2 %, respectivamente. Lo más importante es que para julio anticipa un crecimiento mensual de 0.0 %. Es decir, de confirmarse esta estimación, el consumo se estancó en julio.
El indicador de gasto de BBVA nos proporciona datos aún más negativos para julio: estima que el consumo cayó 0.4 % respecto a junio. El gasto en alimentos aumentó 0.5 % y el destinado al cuidado de la salud 0.6 %, pero restaurantes cayó 8.4 %, hoteles 6.2 %, entretenimiento 1.2 % y gasolina 2.7 %. Las compras en tiendas físicas disminuyeron 2.1 %, mientras que las realizadas mediante canales virtuales aumentaron 10.5 %.
Por su parte, los datos de la Asociacion Nacional De Tiendas De Autoservicio Y Departamentales (Antad) parecen mejores, aunque tampoco describen un boom del consumo. En julio las ventas de las tiendas con al menos un año de operación crecieron 1 % anual y las ventas de tiendas totales 3.4 %. La propia asociación señala que julio tuvo un viernes adicional respecto al mismo mes de 2025. Además, las diferencias entre establecimientos son importantes: las ventas iguales de autoservicios cayeron 0.9 %; las departamentales no crecieron, y las especializadas avanzaron 5.4 %. De enero a julio, las ventas iguales acumularon un crecimiento de apenas 1.5 %, frente a 3.7 % en tiendas totales.
¿Qué nos dicen entonces todos estos datos? Hasta mayo, el consumo privado seguía creciendo, aunque sostenido en buena medida por el fuerte aumento del consumo de bienes importados. Las importaciones de bienes de consumo mantuvieron esa tendencia durante junio. Y para julio, el indicador oportuno del Inegi apunta a un estancamiento respecto al mes anterior, BBVA estima una caída de 0.4 % y la Antad reporta un crecimiento de apenas 1 % anual en tiendas iguales, favorecido además por un viernes adicional. Aunque miden cosas distintas, las tres referencias muestran debilidad en julio y que el mercado interno llegó al segundo semestre con poco dinamismo y con una creciente penetración de bienes importados.
El consumo necesita cada vez más crédito
La segunda señal de advertencia está en la forma en que se está financiando parte de ese consumo. A junio de 2026, la cartera de crédito al consumo de la banca comercial superó 1.98 billones de pesos. Es prácticamente el doble de los 998 934 millones registrados en agosto de 2021 y representa alrededor de 24 % de toda la cartera bancaria.
Las tarjetas de crédito tienen un papel central. Según las cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), su saldo alcanzó 735 391 millones de pesos en junio. El Banco de México, con una medición distinta, reportó 709 267 millones y un crecimiento anual de 8.2 %. El crédito al consumo en su conjunto aumentó 7.6 %; el automotriz, 11.6 %; mientras el crédito a empresas creció solamente 1.3 % y el de vivienda 1.5 %.
Aquí hay una diferencia importante: mientras el crédito al consumo crece 7.6 % anual, la economía mexicana ha crecido alrededor de 1.2 % en promedio en el primer semestre de 2026. La deuda de los hogares equivale a 17.4 % del PIB, un nivel bajo frente a otras economías latinoamericanas, pero está creciendo mucho más rápido que la economía que genera los ingresos con los cuales deberá pagarse. Si esta brecha se mantiene, una parte cada vez mayor del ingreso de las familias tendrá que destinarse al pago de sus deudas, restando capacidad de consumo hacia adelante.
También resulta interesante ver en qué se están utilizando las tarjetas de crédito. Durante el primer semestre las operaciones con tarjeta en estacionamientos aumentaron 47.1 %; en misceláneos, 45 %; y en comida rápida, 32.4 %. Sólo en junio, el gasto mediante tarjeta creció en términos reales 37.5 % en agencias de viaje, 34.8 % en misceláneos, 31.2 % en estacionamientos, 23.4 % en guarderías, 18.8 % en comida rápida y 17.1 % en ventas minoristas.
Pagar a crédito no es malo por sí mismo y para muchas familias es una herramienta necesaria. El problema ocurre cuando el crédito crece más rápido que los ingresos de las familias y se utiliza para cubrir gasto corriente que después resulta difícil de pagar.
Hay señales de que eso está ocurriendo en una parte de los hogares. La morosidad del crédito al consumo se ubicó alrededor de 3.3 % en mayo y junio, por encima del año anterior y en sus niveles más altos de los últimos años. La cartera vencida de tarjetas alcanzó 25 872 millones de pesos y una morosidad de 3.73 %. En las Sofipos, el índice llegó a 9.41 %. Moody’s señala además que la tasa de castigos de la cartera de consumo aumentó cerca de 100 puntos base en tres años y llegó casi al 8 % en mayo.
Desde luego que esto no constituye un problema bancario. La banca mexicana mantiene una cobertura equivalente a 251 % de la cartera de consumo en mora. Pero eso no elimina el problema para las familias. Si una proporción creciente de su ingreso termina destinándose a pagar tarjetas, préstamos personales o créditos automotrices, queda menos dinero disponible para consumo futuro. Y para las empresas eso significa clientes con presupuestos cada vez más comprometidos.
Corolario
Los indicadores del consumo mexicano dan señales claras de lo que podemos esperar para el segundo semestre. Durante los primeros cinco meses de 2026 creció 2.4 %, pero los bienes nacionales apenas avanzaron 0.1 % y los servicios 0.2 %, mientras los bienes importados aumentaron 11.4 %. Para julio, el indicador oportuno del Inegi estima crecimiento mensual de 0.0 %, BBVA calcula una caída de 0.4 % y las ventas de Antad tampoco muestran una expansión vigorosa. A esto se suma un crédito al consumo que crece mucho más rápido que la economía.
Para las empresas, el mensaje es que el crecimiento del consumo agregado no necesariamente se está traduciendo en mayores ventas para los productores nacionales. La demanda de lo Hecho en México llega al segundo semestre con poco dinamismo y con una creciente presencia de bienes importados.
Para las familias, la advertencia es que el crédito puede ayudar a mantener el gasto durante algún tiempo, pero no sustituye al ingreso. Y para el gobierno, los datos deberían ser una llamada de atención. México necesita más inversión, productividad, crecimiento y creación de empleos formales. Sin estos elementos, el mercado interno no tendrá bases sólidas para crecer. El riesgo para la segunda mitad de 2026 es que las familias mantengan la cautela, destinen una parte creciente de sus ingresos al pago de deudas y que las empresas enfrenten un mercado interno cada vez más difícil. Todo esto representa un freno adicional para una economía mexicana que ya crece demasiado poco.
*Alejandro Gómez Tamez: economista, analista y conferencista. Director General de GAEAP y fundador de Economex Pódcast. Especialista en economía mexicana, comercio exterior y geopolítica económica. En Economex publica análisis periódicos del entorno económico.
-Sobre este punto y del mismo autor, véase el artículo “México consume a crédito” en Nexos, 19-7-2026.