Fotomontaje publicado en el diario iraní Hamchahri. Jamenei aparece rodeado por los siete hombres que ocupan los puestos más altos del poder. © Documento de Mediapart
Jean-Pierre Perrin
Mediapart, 20-8-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 21-8-2026
Habiendo expirado el memorando de entendimiento entre Estados Unidos y la República Islámica, el Guía supremo procedió a una reorganización completa del sistema militar y de seguridad. Este nuevo sistema responde a una doble confrontación: con Washington y con la propia población iraní.
Se trata de un nuevo sistema militar y de seguridad que Mojtaba Jamenei, el nuevo Guía supremo, comenzó a implantar con el reciente nombramiento de seis altos cargos del ejército y de la milicia de los Pasdarán (los Guardianes de la Revolución o Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, protectores del régimen teocrático y contrapeso ante el ejército regular. CdP) en la cúpula de Irán.
Pero, no se trata de caras nuevas: los seis oficiales no pertenecen a las nuevas generaciones de este cuerpo de élite. Todos son veteranos que, en muchos casos, ocuparon puestos de mando durante la larga guerra entre Irán e Irak (1980-1988). Y todos comparten un rasgo común: su radicalismo y su hostilidad hacia el bando reformista representado por el presidente de la República Islámica, Massoud Pezeshkian.
Estos nombramientos se producen cuando el protocolo de acuerdo firmado en junio en Islamabad (Pakistán) —que debía permitir, mediante negociaciones previstas para durar un máximo de sesenta días, alcanzar un «acuerdo definitivo»— expiró el lunes 17 de agosto, sin que ninguna de las dos partes haya mostrado su voluntad de prorrogarlo.
Por su parte, y contrariamente, Donald Trump prometió que el estrecho de Ormuz sería declarado territorio de Estados Unidos «muy pronto», mientras que Irán dejó claro que no tenía intención de reanudar las negociaciones y que el jefe del Estado Mayor de su ejército, Amir Hatami, prometía una recompensa de 56 000 millones de riales (el equivalente a 30 000 dólares) a quien matara o capturara a un soldado estadounidense en el país.
En este contexto, los seis nombramientos recientes configuran un nuevo mapa político de Irán, al consolidar la hegemonía de la facción más radical del Sepah-e Pasdarán (la Legión de los Pasdarán) —el Sepah, como se le conoce simplemente en Irán—.
Cinco boinas, un solo turbante
Mojtaba Jamenei ya era conocido por su cercanía extrema con los responsables del Sepah, el ejército ideológico del régimen, incluso más que su padre, quien había equilibrado sus vínculos con ellos forjando relaciones estrechas con la clase dirigente religiosa conservadora. Durante décadas, su hijo optó por centrarse en construir una poderosa red dentro de este cuerpo. De hecho, había combatido en sus filas durante la guerra entre Irán e Irak.
Sin duda, fue esta cercanía la que llevó a los líderes del Sepah a imponerlo al frente de la República Islámica. Lo consiguieron en contra de la voluntad de la mayoría de los 88 altos clérigos de la Asamblea de expertos —encargada de designar al Guía supremo—, quienes le reprochaban una formación teológica insuficiente para desempeñar tal cargo. E incluso en contra de la opinión del difunto padre de Mojtaba, quien había manifestado en varias ocasiones su oposición a una sucesión dinástica.
En un fotomontaje publicado en la primera página del diario Hamshahri, se puede ver a Mojtaba Jamenei rodeado de sus seis altos mandos: cinco con boina y uno solo con turbante. Estos siete hombres constituyen hoy en día el núcleo del nizem (sistema) y dejan aún más al margen al presidente en ejercicio. Las dos figuras más emblemáticas son Mohsen Rezaï y Hossein Taeb.
Mohsen Rezaï, de 71 años, fue nombrado al frente del Sepah a los 27 años por el ayatolá Jomeini, fundador del régimen. Lo dirigió durante dieciocho años, en particular durante la mayor parte de la guerra entre Irán e Irak, antes de ser destituido en septiembre de 1998 por el presidente reformista Mohammad Jatamí. Posteriormente, fue nombrado secretario general del Consejo de Discernimiento, la máxima instancia de arbitraje del sistema, y se presentó en cinco ocasiones a las elecciones presidenciales, obteniendo resultados que dieron lugar a muchos comentarios burlones.
Desde marzo, es asesor militar de Mojtaba Jamenei y, para sorpresa general, vuelve a ocupar el primer plano con su nombramiento como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional (CSSN), el máximo órgano de decisión que reúne a los dirigentes civiles y militares, encargado de las orientaciones estratégicas, la defensa y la política exterior del país.
Aunque las decisiones de este órgano, piedra angular del sistema, se toman de forma colectiva y solo entran en vigor tras la aprobación del Guía supremo —el que dispone de derecho de veto, pero rara vez lo ejerce—, el poder del secretario es considerable. Le corresponde coordinar el Sepah, el ejército regular (Artesh), el Ministerio de Inteligencia, el de Asuntos Exteriores y todo el poder ejecutivo. Además, es el principal interlocutor en el trabajo diario entre el Consejo y la oficina del Guía supremo.
Dado que Mojtaba Jamenei probablemente haya resultado gravemente herido —lo que explicaría por qué aún no ha hecho acto de presencia desde que fue nombrado, a principios de marzo—, Mohsen Rezaï, de facto, se perfila como el hombre fuerte del régimen.
Hossein Taeb, principal responsable de la represión
La segunda figura es un hombre que permanece en la sombra, Hossein Taeb, el único que lleva turbante en el nuevo equipo. Asume el mando de los Basij, esa milicia de unos 400 000 hombres, encargada de la represión interna, incorporada a los Guardianes de la Revolución desde 2007 y, por lo tanto, bajo su control.
A lo largo de su dilatada carrera, este religioso de 63 años se ha ganado el temor de muchos durante más de una década al frente de la todopoderosa rama de inteligencia de los Guardianes de la Revolución. En este cargo, es considerado como el principal artífice de la represión y la persecución de los opositores, tanto fuera como dentro de Irán. Además, es un estrecho colaborador de Mojtaba Jamenei desde hace mucho tiempo.
El contenido del decreto de su nombramiento es explícito. El Guía le pide que refuerce la «red popular de inteligencia» y que desarrolle el uso de las nuevas tecnologías. Asimismo, prevé que el Basij cubra por completo los barrios de las ciudades, con una mayor cantidad de sedes locales, reservando un lugar central a la red de mezquitas.
Se trata de una infiltración profunda en la sociedad que debe preparar, con una vigilancia aún mayor de la población, incluso si el Basij ya es omnipresente en todas partes.
La preparación de una «confrontación prolongada»
Otro veterano, el general Ahmad Vahidi, de 68 años, que asumió el mando del Sepah tras la muerte de su predecesor, Mohammad Pakpour, el primer día de la guerra, también fue confirmado en su nuevo cargo. En virtud de ello, él también forma parte del CSSN.
El nuevo Guía le dio instrucciones de reforzar la «disuasión máxima» del país y de mantener a los Pasdarán en condiciones de llevar a cabo «potentes operaciones ofensivas contra el enemigo». La terminología empleada da a entender que debe organizar fuerzas tanto ofensivas como defensivas, capaces de asestar golpes decisivos al adversario.
El ejército regular, el Artesh, pasa a estar bajo las órdenes de otro oficial de los Pasdarán, el general Ali Abdollahi, nombrado jefe del Estado Mayor. Anteriormente, estaba al mando del cuartel general central Khatam al-Anbiya, una estructura conjunta de primer orden encargada de supervisar y coordinar las operaciones militares.
Según Sina Toossi, investigador del Center for International Policy, esta reorganización militar «parece un intento de institucionalizar las lecciones de la guerra y de preparar a Irán para un enfrentamiento prolongado, más que para salir del estado de guerra», afirma en su cuenta de X.
Para el sitio web Nournews, afín a la línea «dura» del Sepah, el nombramiento de Mohsen Rezaï implicaría, además, mucho más que un simple cambio de dirección. Podría suponer un «punto de inflexión» que trascienda las divisiones políticas en un contexto de guerra híbrida que exige una «coordinación más estrecha» entre las instituciones relacionadas con la defensa, la economía, la diplomacia y la tecnología.
Sin embargo, estos seis nombramientos apenas ocultan las divisiones existentes en el nizem. El de Rezaï se produjo inmediatamente tras la destitución brusca de Mohammad Baqer Zolqadr, su predecesor en el cargo. Este último, que era sin embargo un antiguo general del Sepah, se mostraba favorable a las negociaciones de paz. Su destitución tuvo lugar menos de cinco meses después de su nombramiento.
Según una fuente política iraní, citada por el sitio web Amwaj, especializado en el Golfo Pérsico, su destitución se debió a su cercanía con Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento y principal negociador del protocolo de acuerdo de Islamabad, cuya influencia no ha dejado de crecer gracias a las conversaciones que mantiene con la administración Trump.
El bando de los partidarios de un acuerdo de paz con Washington ha perdido, por lo tanto, mucho terreno en el reajuste que acaba de producirse. «El nuevo núcleo duro del aparato de seguridad refuerza su control sobre el nuevo Guía supremo iraní, y viceversa», escribe el analista Ali Hashem en ese mismo sitio web.
La elección de estos seis responsables militares pone de manifiesto, asimismo, que Irán se está preparando para un enfrentamiento prolongado no solo con Estados Unidos, sino también con su propia población que sufre condiciones cada vez más difíciles, con un aumento del precio del pan y los cereales de más del 140 %, de la carne del 180 % desde marzo, y un salario mínimo que cayó de 105 a 85 dólares. Por otra parte, la represión no disminuye: el 16 de agosto fue ahorcado otro joven manifestante, Shahram Sadeghi.
Karim Sadjadpur, que analiza la política iraní para el centro de estudios Carnegie Endowment for International Peace, respondió a la pregunta de por qué algunos dirigentes de los Guardianes de la Revolución en Teherán prefieren que el conflicto continúe antes que la paz, citando las declaraciones de un empresario al que entrevistó: «No están seguros de poder sobrevivir a una nueva ola de protestas. La guerra, en cambio, mantendría a la población confinada en sus hogares —y podría hacer que una parte de la población se uniera al régimen».
–En Mediapart, se puede también leer -en francés- el artículo siguiente: Irán: para las facciones radicales, la guerra resulta menos costosa que un alto el fuego