Ideas de Izquierda, 1-9-2026
Correspondencia de Prensa, 12-9-2026
En septiembre de 1926, salía por primera vez la revista Amauta. En estas líneas, algunas reflexiones sobre el pensamiento de su fundador.
Introducción
Mariátegui es uno de los principales marxistas de la primera mitad del siglo XX. Las razones para esta afirmación (a simple vista, temeraria), son las siguientes: a) reflexionó sobre todos los grandes problemas de ese momento (crisis, revolución, guerra, crisis de la democracia burguesa, fascismo, etc.); b) reflexionó sobre los desafíos que se presentaban para el marxismo con la nueva época (“heroica y voluntarista”, para resumirlo con su propia expresión); c) abarcó con gran amplitud el análisis de las vanguardias artísticas y las expresiones culturales más significativas de los años ’20; d) elaboró una lectura pionera de los problemas de la revolución socialista latinoamericana, cuestionando las posiciones etapistas y semietapistas y relacionando marxismo e indigenismo (incluyendo el análisis marxista de la realidad peruana y latinoamericana); e) se involucró directamente en la organización de instituciones pioneras culturales, sindicales y políticas (la revista Amauta, la Editorial Minerva, la revista Labor, la CGTP, el PS peruano).
Pero, sin embargo, el fundador de Amauta todavia es mayormente desconocido por fuera de los círculos dedicados a investigar sobre su vida y obra. Si hiciéramos una encuesta, entre gente que más o menos conoce del tema, sobre cuáles son los principales libros marxistas del siglo pasado: ¿aparecería más seguido La Escena contemporánea de Mariátegui o Historia y consciencia de clase de Lukács? Como no vamos a hacer la encuesta, sugiero que –como equivalente– busquen la respuesta en Google, aunque creo que ya la saben.
Volveremos luego sobre la comparación entre Mariátegui y Lukács. Pero lo que me interesa destacar es que, aunque a veces es citado por esta o aquella frase transformada en sentencia canónica (“ni calco ni copia”, etc.) Mariátegui es un autor poco leído (en general) en la izquierda política e intelectual (latinoamericana e internacional), por comparación con el marxismo ruso o el llamado “marxismo occidental” o por comparación con otro marxista clave del siglo XX, que –por múltiples razones– también es nuestro: Antonio Gramsci.
Este hecho puede tener varias explicaciones: la nefasta idea de la recepción, según la cual en América Latina podemos asimilar pero no hacer teoría; la persistencia de tabiques varios entre tradiciones; las dificultades para ubicar en un lugar predeterminado a un pensador extremadamente original como Mariátegui; por último, la lisa y llana falta de curiosidad de los potenciales lectores.
En los últimos años, no obstante, la discusión sobre Mariátegui ha tenido un impulso renovado. En el caso de nuestro país, señalaré solamente dos publicaciones recientes: la reedición de La escena contemporánea con motivo de su centenario, publicada por FCE, con estudio preliminar y notas de Martín Bergel (2025), y la compilación Heterodoxia de la tradición y otros escritos, con notas y estudio introductorio de Hernán Ouviña, publicada por Batalla de Ideas (2026). Pero si tomáramos un espectro más amplio, tanto cronológico como de mayor alcance geográfico, las producciones se multiplicarían exponencialmente.
El balance, entonces, parecería ser ambivalente. Mucho menos conocido que otras referencias marxistas del siglo XX, Mariátegui siempre vuelve y existen diversas tentativas para que su llegada vaya más allá del “nicho” de los estudios mariateguianos. Vayamos, ahora, a la discusión sobre algunas cuestiones que hacen a su vitalidad y actualidad.
¿Cómo pensar una época?
Nombré hace un rato a La escena contemporánea junto con Historia y consciencia de clase, de Lukács. La comparación entre ambas obras nos puede dar algunas claves sobre la importancia de conocer el pensamiento de Mariátegui. No estoy hablando de una comparación exhaustiva de los planteos de ambos libros, que en este momento no estoy en condiciones ni tengo interés en realizar, sino, particularmente, de la comparación entre los tipos de abordaje, entre las formas diferentes de pensar una época. Nadie dudaría de que el libro de Lukács es extremadamente representativo del momento histórico en que se publicó (1923) y que es una reflexión sobre el marxismo en la época de crisis, guerras y revoluciones. Esta impresión se refuerza si se toma en cuenta el posterior debate que este libro generó en el movimiento comunista y la respuesta (publicada póstumamente) de Lukács a las críticas de Rudas y Deborin, contenida en Derrotismo y dialéctica, en la que se destaca la cuestión de la actualidad de la revolución y de la predominancia del pensamiento estratégico en el marxismo. Sin embargo, Historia y consciencia de clase no se acerca a estos problemas desde el análisis de la realidad sino desde la reflexión teórica, con un alto grado de abstracción. Podríamos pensar que La escena contemporánea es casi una perfecta antítesis del libro de Lukács: su mirada está puesta en los fenómenos emergentes del período y parte de la afirmación de que “no es posible aprehender en una teoría el entero panorama del mundo contemporáneo”. De allí surge la reivindicación de un método “entre periodístico y cinematográfico” para pensar la realidad: con pluma ágil, Mariátegui analiza el fascismo, la crisis de la democracia capitalista, la crisis de la socialdemocracia, la Revolución rusa, los problemas de la intelectualidad en la nueva época, el ascenso de las luchas de los pueblos de Oriente, la cuestión judía y el fenómeno del antisemitismo.
Me permito sugerir que la afirmación de Mariátegui sobre los límites de la teoría para aprehender la realidad convulsiva de ese momento puede ser un tanto engañosa. No hay dudas de que trabajó con un tipo de escritura que responde a esta exigencia de combinar o intersectar lo periodístico y lo cinematográfico, pero –al mismo tiempo– piensa problemas conceptuales y esboza reflexiones teóricas profundas, que buscan desentrañar el significado de los fenómenos bajo análisis, aunque sin pretensiones de sistematización.
Dicho sea de paso: es muy difícil encontrar en un solo libro marxista del mismo período un análisis de todos esos procesos, con información actualizada y reflexiones teórico-políticas claras y productivas. A quienes no lo hayan leído: más vale tarde que nunca.
La cuestión de la interpretación y el cruce de tradiciones
Si bien Mariátegui es un connotado lector de Nietzsche, su forma de pensar no coincide exactamente con la idea de que “no hay hechos, solo interpretaciones” (la cursiva es mía). Como vimos antes, la realidad mundial viene con un “exceso” de hechos en sucesión vertiginosa. La interpretación no sustituye el reconocimiento de la realidad, sino que lo corona, le otorga un sentido y vincula lo que se podría llamar un análisis “objetivo” con motivaciones prácticas (estéticas y políticas).
Este criterio vale simultáneamente para el intento de comprender los problemas de fondo que están planteados por la coyuntura y para indagar en la relación de una estructura con su historia, como es el caso de la realidad peruana, delineando cursos de acción en ambos casos. Esta cuestión se vincula con otras: la filiación de Mariátegui como “marxista romántico”, la vinculación de Mariátegui con el pensamiento utópico (sea con el mito soreliano o con la “utopía andina”) y también su más reciente clasificación como precursor de la ideología llamada “decolonial” por combinar “mito y logos”.
Si bien Mariátegui es un autor sensible a la crisis del positivismo, que intenta pensar los cambios que se le imponen al marxismo a partir de esa crisis, sería un error desechar su vinculación con la tradición “ilustrada” o el filón “científico” de la teoría marxista. Tal como él mismo lo señalara, Mariátegui concebía que la crisis del cientificismo y el positivismo no afectaban al marxismo, porque este se basaba en la ciencia como actividad que pretendía construir conocimiento de la realidad, pero no en el cientificismo, como ideología que reducía todas las posibilidades de conocimiento a la ciencia entendida en sentido estrechamente empirista y positivista. El ensayo de interpretación mariateguiano se inscribe en un cruce de tradiciones, que lo vuelve más o menos inclasificable, para desgracia de los buscadores de rótulos.
Fascismo, dictaduras, “fascismo legal”
En épocas de extremas derechas (más ascendentes o más declinantes, según el caso), los análisis de Mariátegui sobre el fascismo, las dictaduras europeas de los años ´20 y los avances bonapartistas en Francia sobre el final de esa década también merecen ser tenidos en cuenta. A diferencia de ciertos análisis que pensaban el fascismo como una tentativa de restauración monárquica, Mariátegui identificó fácilmente su relación consustancial con el capitalismo, a partir de su nacionalismo, antisocialismo y concepciones productivistas.
En una progresión de análisis puntuales que finalmente confluyen en su “Biología del fascismo” (incluida en La escena contemporánea), Mariátegui capta cuestiones centrales que permiten comprender el fascismo como un movimiento contrarrevolucionario, que trae importantes novedades: se basa en la movilización antiobrera de la pequeño-burguesía, apela a métodos de acción directa y –finalmente, luego de una relación ambivalente con el liberalismo– se propone construir un Estado de tipo totalitario.
Al mismo tiempo, Mariátegui siempre fue cuidadoso en no definir como fascistas las dictaduras burocrático-militares tradicionales del tipo de la de Primo de Rivera en España. Por último, apeló a la definición de “fascismo legal” para analizar la política bonapartista del ministro Tardieu, que había implementado en Francia un régimen especial de represión contra la protesta social en general y contra el PCF en particular, un término que puede pensarse como equivalente a los de bonapartismo o cesarismo. En síntesis, hay en Mariátegui una tentativa de comprender el fenómeno del fascismo y las extremas derechas de su tiempo, apelando a sus rasgos particulares y no solo a definiciones generales.
Fusiones y aleaciones
La fusión entre indigenismo y marxismo es una de las contribuciones más originales de Mariátegui. Pero no es la única y muchas veces se ha enfatizado de modo unilateral el aspecto de aclimatamiento o traducción a la realidad latinoamericana que implica este movimiento teórico, cultural y político. Un marxismo “reduccionista de clase” tendría, en Mariátegui, una renovación que contempla la realidad latinoamericana, con sus sujetos específicos. El problema de este tipo de lecturas es que –tomando como blanco fácil a Vittorio Codovilla y el aparato de la Internacional Comunista en proceso de burocratización (alrededor de los debates de la Conferencia Comunista Sudamericana de 1929 en Bs. As.)– olvidan un rico recorrido sobre la cuestión nacional y las luchas anticoloniales que ya existía en la tradición marxista y en los primeros congresos de la III Internacional, así como el Congreso de Bakú, sobre el que el propio Mariátegui escribiera.
Esto no pretende quitarle originalidad al planteo de Mariátegui, porque abarcó una realidad específica que no estaba pensada en la tradición marxista anterior y lo hizo con creatividad. Mariátegui identificó tradiciones comunitaristas de los pueblos indígenas, que iban en un sentido convergente con la lucha socialista de la clase obrera, llegando incluso a pensar que ese factor le daría una impronta específica al “socialismo indoamericano”. Esa fusión indica la sensibilidad de Mariátegui hacia la cuestión “nacional” pero hubiera sido imposible desde una óptica puramente nacional (que excluye desde el vamos la adscripción del marco propio a uno global). En ese contexto, el indigenismo marxista o el marxismo indigenista de Mariátegui es inseparable del internacionalismo en el plano político y del cosmopolitismo en el cultural, a lo que nos referiremos luego.
Al mismo tiempo, las reflexiones de Mariátegui sobre la convergencia entre la lucha de los pueblos indígenas y el socialismo proletario revisten una notable actualidad, si se intenta pensar a la luz de procesos recientes como la lucha contra el gobierno de Rodrigo Paz en Bolivia o (unos años antes) la resistencia contra el golpe de Dina Boluarte en Perú. Las formas comunitarias de organización y la cosmovisión de los pueblos indígenas no solo han permitido llevar a cabo luchas durísimas con un alto grado de resistencia, sino que también volvieron a mostrar su vitalidad, más allá de todas las razones económicas que podamos invocar para señalar que las comunidades de hoy han sufrido largamente el impacto de la penetración del capitalismo.
En América Latina, sigue siendo, hasta el día de hoy, inviable pensar una perspectiva socialista que no incorpore, con un peso destacado, la cuestión indígena. En su estudio introductorio a la compilación que nombramos antes, Hernán Ouviña nos recuerda, junto con varias de las cuestiones que venimos comentando, el interés de Mariátegui por el feminismo. Lucha obrera, lucha indígena, feminismo, todas cuestiones que convergen en una apertura para pensar tanto el problema de clase, como su relación con otras problemáticas. Dicho sea de paso, es un interesante recordatorio de que muchos temas que ciertos sentidos comunes consideran ausentes en la tradición marxista, estuvieron allí muy tempranamente.
Latinoamericanismo, cosmopolitismo, internacionalismo
Martín Bergel, quien resalta la dimensión internacionalista y cosmopolita de Mariátegui como el rasgo principal desde el cual entender su obra, señala, en el estudio introductorio a la reedición de La escena contemporánea, que es un libro de Mariátegui al que se ha prestado muy poca atención en el campo de los estudios mariateguianos, por comparación con los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Afirmación difícil de refutar, alude a la predominancia de las perspectivas más centradas en lo nacional o latinoamericano en las investigaciones sobre el fundador de Amauta.
La cuestión de cómo pensar a Mariátegui, si con predominancia de una mirada global o de una mirada local, nos remite a otra mucho más amplia sobre qué es lo específico de nuestra condición latinoamericana (no entendida como esencia sino como resultado de la práctica que surge de las particulares circunstancias en las que actuamos), cuando queremos pensar la política, la teoría, la cultura, o lo que fuere.
Quizás el ensayismo sea una de nuestras formas de pensar esas cuestiones. También la posibilidad, como señaló en algún momento Eduardo Grüner, de ver simultáneamente la periferia y el centro.
Agregaría, siguiendo una observación de Oliverio Girondo en Membretes, nuestro desinterés por presentarnos como nos imaginan o ajustarnos a los roles que algunos suponen que nos corresponden desde otras latitudes.
Girondo ironizaba sobre la exotización de gauchos e indígenas, hoy podríamos burlarnos de quienes quieren reducirnos a la disquisición sobre “realismo mágico” o sobre nuestra irreductible particularidad. Mientras se presentan como críticos rabiosos del eurocentrismo, reproduciendo todos sus tics, ignoran que acá se leyó (y se lee) a Marx, a Lenin, a Gramsci, a Trotsky, a Rosa Luxemburg y se pretende reflexionar (usando la propia cabeza) sobre cómo hacemos para avanzar en la recomposición del marxismo, a escala internacional.
En ese sentido, Mariátegui fue plenamente latinoamericano, porque fue profundamente sensible a la cuestión nacional y continental, al mismo tiempo que pensó los problemas de la época a escala internacional y global, desde múltiples ópticas.
Heterodoxia de la tradición
El texto con el que Hernán Ouviña tituló la compilación de escritos de Mariátegui bajo su cuidado es un excelente testimonio de la actitud del fundador de Amauta para pensar los problemas de la cultura y la política, incluido el propio desarrollo del marxismo.
En ese artículo, Mariátegui señalaba que los revolucionarios no actúan como si la historia comenzara con ellos, al mismo tiempo que afirmaba que la tradición no (es) lo mismo que el tradicionalismo y una de sus principales características es “no dejarse aprehender en una fórmula hermética”. En su mirada, el conflicto de los revolucionarios no es con la tradición sino contra quienes la conciben como “un museo o una momia”.
Según Mariátegui, la “tradición de esta época la están haciendo los que parecen a veces negar, iconoclastas, toda tradición”. También por esto, Mariátegui sigue siendo la referencia de un pensamiento rico y multifacético que invita a abordar la realidad junto con los desafíos que cada época le plantea a la teoría y la praxis marxista.
Bibliografía
-Mariátegui, José Carlos, La escena contemporánea. (Estudio preliminar de Martín Bergel), Bs. As., FCE, 2025.
-Mariátegui, José Carlos, Heterodoxia de la tradición y otros escritos (Selección y estudio introductorio a cargo de Hernán Ouviña), La Plata, Batalla de Ideas y Vieytes. Buenos Aires, Escuela José Carlos Mariátegui, 2026.
-Mariátegui, José Carlos, Obras completas populares en 20 volúmenes, Lima, Amauta, ediciones varias.