Foto: Gazettehaiti, 9-2022
«En Puerto Príncipe, en Haití, cuando los actos de violencia disminuyen en un barrio, aumentan en otro»
Entre les lignes entre les mots, 12-9-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 12-9-2026
Tras la nueva masacre perpetrada en la noche del 23 al 24 de agosto en las afueras de la capital haitiana, el investigador Frédéric Thomas («Haití. Romper la trampa colonial«) analiza, en artículo publicado en Le Monde, la toma del poder por parte de las bandas armadas, y se pregunta, al mismo tiempo, por la estrategia de las autoridades y de la comunidad internacional. 1
Haití, presente de nuevo. En la noche del 23 al 24 de agosto se produjo una nueva masacre en Kenscoff, un barrio periférico de la capital, Puerto Príncipe. Unas cuarenta personas asesinadas y otras veinte secuestradas. Como después de cada matanza, el Gobierno comunicó, hizo anuncios y reiteró platónicamente su determinación de luchar contra las bandas armadas. Los actores internacionales denunciaron los hechos, condenaron, expresaron su compasión y reafirmaron su compromiso intacto con el país. La población, por su parte, conmovida y exasperada por esta política espectáculo, se organiza, lucha y resiste, exige cuentas una y otra vez, el fin de la impunidad y medidas concretas y duraderas. Hasta ahora, en vano.
Esta nueva noche de terror cuestiona la estrategia seguida por el poder vigente y la comunidad internacional. Debido a su ubicación —que da acceso a los barrios de lujo de la parte alta de la capital—, Kenscoff se encuentra bajo presión desde enero de 2025 y ha sufrido numerosos ataques de las bandas. El último, a principios de julio, se saldó con unos sesenta muertos. El sobrevuelo de drones en los últimos días anunciaba una ofensiva inminente. Sin embargo, no fue tomada ninguna medida.
En los últimos ocho años, desde la masacre de La Saline, un barrio popular de Puerto Príncipe, que marcó el inicio de su crecimiento, paralelamente a su instrumentalización para sofocar el levantamiento popular que en aquel momento hacía temblar al poder, las bandas armadas se han fortalecido y estructurado. No dejan de aumentar sus recursos y su poder sobre los barrios y los territorios, hasta el punto de controlar hoy en día la mayor parte de la capital y del departamento de Artibonite. Y siguen extendiéndose. Y con ellas, el hambre, los desplazados (el 12 % de la población) y el terror, que se manifiesta entre otras cosas, a través de las violaciones colectivas.
Sin embargo, en los últimos meses, la presencia en las calles de la policía haitiana había aumentado y había logrado algunos éxitos. Aunque limitados y puntuales. Así, consiguió tomar la iniciativa, repeler ataques y recuperar algún que otro barrio de manos de las pandillas. Sin lograr mantenerse en ellos. Las bandas armadas se replegaban, se desplazaban, esperaban y, luego, volvían a atacar. Cuando los actos de violencia y los secuestros disminuyen en un barrio, aumentan en otro. En realidad, Haití se encuentra en situación de guerra: según la ONU, más de tres mil personas perdieron la vida desde principios de año, y cerca de 20 000 desde 2023.
Depredación del país
En principio, la policía haitiana estaría respaldada, e incluso guiada en su actuación por Vectus Global, una empresa internacional de seguridad privada dirigida por el antiguo fundador de Blackwater, Erik Prince, y por la Fuerza de Represión de los Gangs (FRG), una misión multinacional armada que cuenta con el apoyo de las Naciones Unidas. No se sabe nada del contrato que vincula al gobierno con Vectus Global. El uso que hace de drones kamikaze, causando numerosas víctimas civiles, genera dudas, y la FRG se inscribe en la larga lista de misiones internacionales en Haití cuyo fracaso es manifiesto.
Impulsada en gran medida por la Casa Blanca y tercerizada a fuerzas del Sur (de Chad, Mongolia, Sri Lanka, etc.), la FRG debería contar, a largo plazo, con una plantilla de 5 500 militares. Sin embargo, su despliegue se ha retrasado —en estos momentos solo hay algo más de 1 000 efectivos sobre el terreno—, lo que genera serias dudas (acentuadas por la opacidad que lo rodea y las experiencias pasadas) sobre su puesta en marcha y su eficacia. Por falta de honestidad y de coraje, por el habitus colonial y la incapacidad de enfrentarse a Washington, el envío de una misión armada se ha convertido, en todo caso, en un reflejo internacional en Haití.
El espejismo de las elecciones
Hace diez años que los haitianos y las haitianas no votan y cinco años que se anuncian elecciones que luego son aplazadas. Aunque constituyen una etapa obligatoria para salir de cualquier crisis, sirven sobre todo de pretexto a los gobiernos de transición para mantenerse en el poder, a los actores internacionales para justificar su estrategia y a ambos para descartar cualquier «transición de ruptura» reclamada por el movimiento social. En cuanto a la población, espera las elecciones tanto como las teme. Por un lado, éstas pondrían fin al mandato de un primer ministro impopular, Alix Didier Fils-Aimé, respaldado por Washington, quien aprovecha la ausencia de todo control para firmar contratos astronómicos, lo que acentúa la depredación del país e hipoteca aún más su soberanía. Por otro lado, esto corre el riesgo de consolidar los vínculos entre las bandas y la clase política, acelerando así la gangsterización del Estado.
En realidad, el combate contra la inseguridad y la organización de elecciones se basan en los mismos supuestos y recurren a mecanismos similares: los de la privatización y la externalización del poder público, que adoptan la forma de una gobernanza internacionalizada. En este sentido, el Gobierno haitiano fracasa al igual que los actores internacionales y por las mismas razones, lo que consagra así el fracaso estratégico y la impunidad. Por desconfianza hacia la población y por negarse a reconocer en ella la fuente de su legitimidad, se respalda una política imperial. Esto hace que el país quede atrapado en un círculo vicioso de crisis, catástrofes e injerencias, del que es dudoso que unas elecciones puedan sacarlo.
-Artículo original en francés publicado en CETRI (Centre Tricontinental), 7-9-2026
Nota
- Reproducimos aquí la tribuna original que el Monde aceptó publicar. Sin embargo, el periódico, sin nuestra autorización y sin informarnos, publicó el artículo con modificaciones para aportar «matices». Así, «platónicamente» se convirtió en «fríamente», la expresión más sobria «impulsada por la Casa Blanca» reemplazó a «empujada a la fuerza por la Casa Blanca», «clase política» dio paso a la expresión neutra «esfera política» y el «es dudoso» final fue sustituido por el muy refinado y delicado «es lícito dudar». Juegos de palabras o qué peso tienen las palabras. ↩