Ulysse Rabaté*
A l’encontre, 2-10-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 3-10-2026
Digámoslo desde el principio: el movimiento de los estudiantes de secundaria que se extiende por todo el país estos últimos días es impresionante. Sus repercusiones son muchas y, evidentemente, inciertas. Pero por su magnitud y su trayectoria y por su presencia polifónica en la agenda política, esta movilización ya constituye un punto de inflexión en la vida política francesa contemporánea.
La importancia de lo que está sucediendo se puede medir por la impresionante oleada de reacciones contrarias que buscan imponer la idea de que se trata de un movimiento con motivaciones dudosas, violento o instrumentalizado. De hecho, el movimiento pone de manifiesto de manera contundente las irresponsabilidades políticas del poder vigente. Sus adversarios objetivos tienen razón al tomárselo en serio.
El movimiento presenta, en esta fase, ciertos rasgos característicos y estructurantes, que vamos a tratar de enumerar aquí desde la perspectiva de una sociología de las movilizaciones que, inevitablemente, deben replantearse a la luz de los acontecimientos actuales. Los elementos expuestos no pretenden ser exhaustivos y deben interpretarse como otras tantas cuestiones que aún quedan abiertas.
1.- El movimiento parte desde abajo
Esta es la característica principal e ineludible de los acontecimientos actuales: el movimiento de los liceos, que hoy se está extendiendo por todo el país, nació en los liceos populares de los suburbios de París, en Seine-Saint-Denis y en Val-de-Marne. Lo que ponen de relieve los alumnos y el personal ya no es, en realidad, la tradicional «falta de recursos», sino el deterioro de las condiciones de acogida en unos centros en los que estudia, en su gran mayoría, hijos de familias que viven en barrios populares.
Las primeras reivindicaciones se centran en la igualdad de condiciones, formuladas desde el punto de vista y la experiencia concreta de las desigualdades, y reivindican la identidad social de los barrios populares. Los códigos propios de estos barrios conforman la estética de esta movilización, desde el lenguaje hasta la vestimenta. El movimiento logra revertir los estigmas y pone de manifiesto la convergencia entre la cultura street y la toma de posición política.
2- El carácter central de los barrios en la emergencia del movimiento también se refleja en la cobertura mediática y en la represión del mismo
Las imágenes de enfrentamiento directo entre esos grupos de jóvenes y las fuerzas del orden pueden (volver a) recordar a las de las revueltas urbanas del verano de 2023. La continuidad se observa en el protagonismo que ha tenido, desde los primeros días del movimiento, la cuestión de la violencia policial. El disparo de una granada a quemarropa contra un menor en Saint-Ouen-l’Aumône (departamento de Val-d’Oise) el lunes 28 de septiembre —que quedó grabado en vídeo— y la pérdida de un ojo por parte de un joven estudiante de liceo en Tours constituyen, en este sentido, acontecimientos que forman ya parte de la historia de la movilización. En este sentido, el movimiento de los liceos hereda las formas recientes de protesta propias de los barrios populares franceses y lleva su impronta cultural.
La irrupción de la juventud de los barrios populares en el ámbito político, a través de este movimiento de estudiantes de secundaria, se inscribe en una historia reciente ya de por sí muy dinámica: desde las movilizaciones espontáneas de los jóvenes de los barrios durante la crisis sanitaria del COVID-19 hasta la ejemplar movilización electoral del verano de 2024 contra la extrema derecha, pasando por las revueltas de 2023, los jóvenes de los barrios populares ocupan objetivamente el terreno político en los últimos años, aunque estas aspiraciones democráticas sean constantemente negadas o estigmatizadas.
Por último, y se trata de un dato que nos parece fundamental para el análisis, este movimiento juvenil se inscribe en una «guerra de posiciones» dentro de la lucha cultural contra la extrema derecha: hoy por hoy, son muchas las personalidades públicas que se reivindican de los barrios (populares) y que «toman posición» y alimentan un orden cultural que activa claramente una línea de conflicto en torno a cuestiones como el racismo y la democracia. La juventud movilizada se inscribe claramente, a través de sus referencias, en este orden cultural. Las elecciones presidenciales de 2027 condicionan inevitablemente estas dinámicas de posicionamiento. No solo se identifican como una perspectiva, sino como un hecho concreto y muy presente que justifica la movilización y le da peso.
3- El movimiento es «propolítico»
Es un rasgo destacado de esta movilización, que sin duda no ha sido lo suficientemente resaltado: los representantes electos que van a apoyar los bloqueos son bien tratados, e incluso aclamados. [Es cierto, pero por ejemplo en Lyon, el 2/10, los liceales les pidieron a los representantes de LFI y de los ecologistas que salieran de la sala en la que estaban reunidos en asamblea general para no ser acusados de “recuperación» por parte de los partidos políticos, algo sobre lo que insiste el gobierno, la extrema derecha y la prensa. ndt] Y el año 2027 se identifica mayoritariamente como una vía de escape para la bronca. Mientras que, desde hace años, el discurso predominante es el de una ruptura entre los jóvenes y la política, de una ruptura entre los barrios populares y la política, estas movilizaciones envían un mensaje totalmente opuesto.
Los políticos que llegan con la banda que identifica su cargo [una banda con los colores de la bandera francesa. ndt] no son acusados de «aprovecharse» por parte de los protagonistas, sino que son recibidos de forma pragmática como un apoyo bienvenido para dar mayor resonancia a la denuncia de las injusticias. ¿Por qué privarse de ellos? La interpelación al mundo político y a las instituciones es consustancial al nacimiento del movimiento y a sus reivindicaciones iniciales. Las consignas no se enmarcan en un repertorio «revolucionario», sino que se centran en demandas concretas: (más) profesores, enfermeras, horas lectivas, sillas, mesas.
El movimiento no se define «en contra» de las formas establecidas de compromiso, ni en contra de los adultos (aunque, desde el punto de vista de la sociología electoral, ¡sí que podría hacerlo!), y se caracteriza por una fuerte solidaridad entre el alumnado y el personal de la Educación Nacional. La precariedad de lo que Bourdieu denominaba «la mano izquierda del Estado» se manifiesta en esta solidaridad de destino que se manifiesta en los bloqueos, con, por ejemplo, un papel importante de los auxiliares de educación (AED) en la movilización y la legitimación de las reivindicaciones de los alumnos.
4- En términos más generales, el movimiento es la expresión más llamativa de una dinámica de circulación entre las culturas populares y la cultura política
Desde las primeras horas de la movilización, quedó claro que su surgimiento era independiente de cualquier estructura política establecida. Ni los partidos ni los sindicatos tienen presencia alguna en los liceos afectados y son «invisibles» en los primeros bloqueos. Lo cual no significa, por supuesto, que la política esté ausente. Descubrimos entonces que en las redes sociales ya existían iniciativas espontáneas para documentar estas condiciones, y que las sucesivas generaciones se habían transmitido la experiencia de la desigualdad.
Referencias como los chalecos amarillos son utilizadas y reapropiadas por un discurso público que, en las redes sociales, demuestra una conciencia colectiva manifiesta del contexto político general. La multiplicación de las intervenciones de los alumnos frente a los institutos muestra un discurso controlado, dirigido a la sociedad sobre las condiciones de vida en los centros educativos y en los barrios populares. El sentimiento de injusticia, bien conocido por los sociólogos de los barrios, es omnipresente y se articula en torno a una reivindicación de igualdad.
5- La adversidad, un factor que acelera la politización
Como en tantos otros procesos de movilización «desde abajo» a lo largo de la historia, la adversidad ha sido un acelerador de la politización, ampliamente subestimado: el tema que hoy entra en el debate político público lleva ya varios años presente en las protestas y en las conversaciones cotidianas. Aparece aquí una cultura política alimentada por las culturas populares, más que por los canales tradicionales de politización. Sin duda, esto es lo que hace que este movimiento sea irrecuperable, en el buen sentido de la palabra: la expresión de algo «que ya está ahí», más avanzado que el mundo político.
*Ulysse Rabaté Es investigador en ciencias políticas en la Universidad París-8 y cofundador de la asociación Quidam para la educación popular.
-Artículo original publicado en Politis, 30-9-2026
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Comunicado intersindical sobre la movilización de estudiantes y liceales
Sud éducation, 2-10-2026

A los alumnos y alumnas de secundaria que vienen movilizándose desde la semana pasada para denunciar sus condiciones de estudio se les han sumado en los últimos días los estudiantes de Rennes, Marne-la-Vallée, Lyon, Toulouse, París, Besançon, Ruán, Nantes… Algunos campus universitarios han sido bloqueados o cerrados.
Falta de personal, instalaciones obsoletas, un número excesivo de estudiantes por grupo en las clases prácticas, falta de lugares en los estudios superiores públicos, aumento de las tasas de inscripción para los estudiantes extracomunitarios [no pertenecientes a la Unión Europea. Ndt], y un aumento programado para todos, obstáculos al derecho a la educación impuestos por Parcoursup [Algortimo que determina la admisión o no a la facultad seleccionada por los lieceales después del año de bachillerato. Ndt] y Mon Master, alojamiento universitario caro e insuficiente, «comidas a un euro» sin las dotaciones necesarias para los CROUS [Centro Regional de Obras Universitarias y Escolares, por sus siglas en francés. Organismo encargado de residencias y comedores universitarios. Ndt] el bloqueo o la supresión de las ayudas para el alquiler (APL)… el balance es contundente. Las condiciones de vida y de estudio se vuelven cada vez más complicadas.
Esta situación es consecuencia directa de las decisiones presupuestarias y políticas impuestas por los distintos gobiernos de Emmanuel Macron [Un total de 9 cambios de primer ministro. ndt].
Nuestras organizaciones denuncian la decisión tomada por un gobierno acorralado de responder a la bronca de la juventud mediante la fuerza y la represión policial: cargas violentas, uso de armas letales, aumento de las detenciones [¡¡¡5 000 jóvenes detenidos al día de hoy, 3-10-2026!!! ndt] y de los cargos judiciales. La simple participación de los alumnos de secundaria y los estudiantes universitarios en las movilizaciones no debe dar lugar a sanciones ni a acciones judiciales. Nuestras organizaciones expresan su apoyo al personal, a los estudiantes y a los alumnos de secundaria que resultaron heridos.
La libertad de expresión de los alumnos de secundaria y los estudiantes universitarios debe poder ejercerse sin obstáculos y en un marco democrático, pacífico, libre y sereno. La escuela y la universidad forman a las nuevas generaciones, que deben poder ejercer sus derechos a expresarse, a manifestar y a reunirse.
El gobierno debe dar respuestas presupuestarias y políticas inmediatas a las reivindicaciones. La indignación que se manifiesta es legítima. El Gobierno tiene una responsabilidad muy grave en el agravamiento de la situación.
Nuestras organizaciones apoyan la movilización actual y llaman a todo el personal y a los estudiantes a sumarse masivamente a las acciones organizadas, en particular el próximo 6 de octubre, incluida la huelga.
Ya han sido presentados preavisos de huelga que abarcan a todas las categorías de personal.
Paris, 2 de octubre de 2026