A diez días del receso, Davi Alcolumbre bloquea el fin del sistema 6×1 y pospone el debate para después de las elecciones
CSP-Conlutas, 8-7-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 11-7-2026
A menos de diez días del inicio del receso parlamentario, previsto para el 18 de julio, la PEC (Propuesta de Enmienda Constitucional, CdP) sobre el fin de la escala 6×1 (6 días de trabajo y uno de descanso, CdP) y la reducción de la jornada laboral sigue archivada por el presidente del Senado, Davi Alcolumbre. La propuesta ni siquiera fue enviada a la CCJ (Comisión de Constitución y Justicia) y todavía no cuenta con ponente ni con un calendario para su votación.
Esta situación refleja la táctica de Alcolumbre, en connivencia con los sectores patronales, de posponer el debate y una posible votación de la PEC hasta después de las elecciones, lo que deja margen para introducir modificaciones que podrían reducir el alcance de la medida o incluso hacer inviable su aprobación.
Sin la presión electoral, los diputados de la derecha y del Centrão (El «gran centro», CdP) podrán votar en contra de la PEC o defender abiertamente las propuestas de las empresas, sin correr el riesgo de perder el voto de los trabajadores.
Acusado de ser enemigo de la clase trabajadora y presionado para que remita la PEC a la CCJ, Alcolumbre reaccionó irritado y, en un comunicado difundido este martes (7 de julio), afirmó que no aceptará «amenazas» ni «intentos de intimidación», y reiteró que la definición del orden del día legislativo es prerrogativa de la Presidencia de la Cámara.
Un estudio del Ministerio abre la puerta a las excepciones
Otro elemento que despierta la preocupación es el estudio elaborado por el Ministerio de Trabajo, en el que se identifican 17 actividades profesionales que requerirían una normativa específica en caso de que se aprobara la PEC. La información fue publicada por el periódico O Globo. Entre las categorías enumeradas se encuentran los locutores de radio, los deportistas, las cuidadoras de niños, los trabajadores de la aviación, los vigilantes, los trabajadores autónomos, los trabajadores rurales, los trabajadores en turnos rotativos, los conductores, los periodistas, los trabajadores de minas subterráneas y los empleados sujetos al régimen horario de 12×36.
Aunque algunas de estas actividades, de hecho, presentan características específicas que exigen normas propias, también figuran en la lista categorías como los comerciantes, los trabajadores rurales, los conductores, los operadores de telemarketing y los trabajadores domésticos; es decir, precisamente los sectores que más sufren con el sistema de turnos 6×1 y que estuvieron en primera línea en la lucha por la reducción de la jornada laboral.
En la práctica, el estudio del Gobierno abre la puerta a negociaciones sobre quién tendrá acceso pleno al nuevo derecho, quién tendrá acceso parcial y quién podrá seguir estando sometido a jornadas agotadoras.
La élite sueña con volver al trabajo esclavo
La audiencia pública en el Senado celebrada la semana pasada (1° de julio) puso de manifiesto que la controversia en torno al fin de la modalidad 6×1 contrapone intereses totalmente opuestos: por un lado, empresarios que se niegan a renunciar a la explotación y a garantizar condiciones de trabajo dignas; por otro, trabajadores que quieren el fin de esta modalidad inhumana y la reducción de la jornada laboral para tener derecho a una vida más allá del trabajo.
Los representantes empresariales volvieron a arremeter contra el fin de la escala 6×1 y a defender mecanismos de flexibilización, alegando supuestos impactos económicos y dificultades de adaptación. Una de las escenas más insólitas del acto la protagonizó Luciana Freire, directora jurídica de la Fiesp (Federación de Industrias del Estado de São Paulo), quien afirmó estar en contra del fin del horario 6×1, ya que «los sábados le gusta ir al salón de belleza».
Ya sea por pura estupidez o por mala fe, este argumento pasa por alto el hecho de que existen horarios de trabajo y turnos, y que garantizar a los trabajadores el merecido descanso de dos días no va a impedir que los comercios abran durante el fin de semana. Más aún, pone de manifiesto el cinismo de la élite que sueña con el regreso del trabajo esclavo.
La conciliación conducirá a la derrota. Es necesario luchar.
La lucha por el fin del régimen de turnos 6×1 es una de las principales reivindicaciones de la clase trabajadora brasileña en los últimos años y eso es lo que llevó a la aprobación de la PEC en la Cámara de Diputados. Este primer logro no fue el fruto de acuerdos en los despachos ministeriales, sino de la presión ejercida por los trabajadores en las redes sociales y en las calles.
Por eso, darle prioridad a la vía de las negociaciones institucionales sin apostar por la movilización directa es un error que podría costarles caro a los trabajadores. La semana pasada, tras una reunión a puerta cerrada con Alcolumbre, miembros de la base gubernamental y dirigentes sindicales llegaron incluso a elogiar una supuesta disposición del Senado a aprobar la propuesta.
«Las centrales sindicales, los frentes (Brasil Popular o Povo sem Medo, por ejemplo. CdP) y el VAT (Movimiento Vida Além Do Trabalho) deben romper con la estrategia de limitar la lucha a la presión parlamentaria y volcar toda su energía en la organización de asambleas, paros y movilizaciones nacionales. Es necesario preparar una huelga general capaz de imponer al Senado lo que éste no está dispuesto a conceder voluntariamente», afirma Renata França, activista de CSP-Conlutas y de la lucha por el fin de la escala 6×1.
Con el receso parlamentario cercano y sin ninguna garantía de que se someta a votación en el Senado, lo cierto es que aumenta el riesgo de que la propuesta quede relegada hasta después de las elecciones o vuelva al debate ya desvirtuada por excepciones y concesiones a los intereses empresariales.
La CSP-Conlutas sigue defendiendo que el camino para acabar con la escala 6×1 y reducir la jornada laboral a 40 horas semanales de inmediato, sin transición —con el objetivo de llegar a las 36 horas semanales y al turno 4×3—, pasa por la movilización en las calles y en los lugares de trabajo de todo el país.