Colombia va a una segunda vuelta entre dos proyectos excluyentes
Juanita León
La Silla Vacía, 31-5-2026
Correspondencia de Prensa, 2-6-2026
Más que una elección entre izquierda y derecha, la segunda vuelta queda planteada como una batalla sobre qué miedo pesa más: el miedo al continuismo de Petro o el miedo a un salto autoritario de derecha.
Desafiando los últimos resultados de las encuestas, el preconteo de la primera vuelta muestra que la carrera en las últimas dos semanas dejó de ser una entre tres candidatos competitivos a volverse un pulso solo entre los candidatos que representaban más claramente los dos extremos del espectro ideológico y compartían los mismos métodos populistas. El empate político y emocional quedó planteado, lo que augura tres semanas de una competencia feroz.
Una competencia que no será tanto entre programas ni modelos de país sino que –como quedó claro en los discursos de victoria de los dos punteros– se planteará alrededor de dos amenazas existenciales. Para unos, Cepeda son cuatro años más de Petro, constituyente, lucha de clases y paz total 2.0. Para los otros, De la Espriella es desprecio a los contrapesos, militarización y revancha contra la izquierda.
Los dos punteros llegan a este punto no solo con una promesa de gobierno, sino de impedir que el otro –al que definieron no como un rival a derrotar sino como un enemigo existencial– destruya el país. En su discurso, Iván Cepeda dijo de De la Espriella que representaba “el fascismo mafioso” y que “iba a pulverizar todos los alcances y logros en materia social del gobierno Petro”. Y a su turno, Abelardo dijo que Petro era “un golpista” que quería perpetuarse en el poder y sobre Cepeda dijo que era “un bandido y un impedido”. Así está planteada la pelea.
¿Qué miedo tiene más capacidad de movilizar en segunda vuelta: el miedo a la izquierda en el poder o el miedo a una derecha vengativa?
La segunda vuelta la definirá quién logre convertir mejor el rechazo al otro en una mayoría: Abelardo necesita que el antipetrismo sea más fuerte que el miedo a él; Cepeda necesita que el miedo a Abelardo sea más fuerte que el desgaste de Petro.
Normalmente, en segunda vuelta los candidatos intentan moderarse para ganarse el voto del centro.
En este caso, Iván Cepeda podría convencer a los del centro e incluso votantes de Paloma Valencia que él es la opción más institucional. Como lo hizo Petro en 2022 para ganarle a Rodolfo Hernández. Tiene dos cartas para eso: su apuesta por el acuerdo nacional y sacrificar la Asamblea Constituyente que impulsa Petro. Tiene el problema, para eso, que Petro lo hizo hace cuatro años y engañó luego a los colombianos. No intentó hacer ningún acuerdo y en todo caso empujó la Constituyente.
Para Cepeda quitar la Constituyente de la mesa implicaría también alejarse un poco del presidente Petro y eso también tiene un costo. A juzgar por el discurso después de los resultados, este no es el camino que va a tomar Cepeda. Escogió la alternativa menos institucional de seguir a Petro en su actitud de no reconocer los resultados a pesar del gran desempeño que tuvo la Registraduría. Apeló a dos incidentes que ocurrieron durante las consultas del Pacto. Uno, la reagrupación de 4 mil puestos de votación en zonas rurales por razones de seguridad y las largas filas en algunos municipios como Puerto Colombia. Al final, el registrador renació que ese alto flujo afectó menos del 1 por ciento de las mesas.
Por su lado, Abelardo de la Espriella tenía dos desafíos para moderarse: poner a andar la “operación cicatriz” con Álvaro Uribe y el pequeño pedazo del Centro Democrático que votó por Paloma. Un esfuerzo que es muy fácil pues para Uribe es existencial que no gane Iván Cepeda y a los pocos minutos del triunfo de De la Espriella le manifestó públicamente su apoyo. Lo mismo Paloma. En todo caso, el 97% del partido de Uribe votó por él y no por la candidata del expresidente.
Su segundo reto era parecer más institucional y moderado, más humano y menos tigre. Pero a juzgar por su discurso, ese tampoco será el camino a seguir. Desde un ferry en el Malecón del Río, en Barranquilla, y en medio de un cubo de vidrio blindado, dijo que defenderá la democracia “por la razón o por la fuerza”.
La pregunta para él es si seguirá siendo el representante de “los nunca” o si comenzará a tender puentes con “los de siempre” con la idea de proyectar la idea de que no es solo un showman sino que puede ser un estadista. Inicialmente, al lado de su familia, reiteró que él no era de los que chupaban “de la teta” del Estado, pero en su discurso más grande no lo mencionó.
Su reto es cómo seguir movilizando a los suyos sin espantar a quienes difícilmente lo toleran pero no quieren cuatro años más de Petro.
Entre ambos candidatos, De la Espriella es quien hasta ahora ha tenido una mayor capacidad de moverse de antiguas posiciones. En esta campaña logró presentarse como creyente luego de anunciar su ateísmo, autóctono luego de renegar de lo tradicional, y outsider luego de haber sido un un insider de las zonas más turbias del poder.
En todo caso, la suerte de ambos candidatos podría depender de un porcentaje del 42% de los colombianos que no votaron en estas elecciones. Petro sacó en 2022 a votar 2 millones de personas nuevas frente a las que votaron en primera vuelta. Es un reto difícil, particularmente para Iván Cepeda, que con su minga fue casa a casa a buscar el voto para conseguir el 41% de los votos. Pero para eso sigue teniendo el presupuesto del Estado que el gobierno Petro gastó sin pudor para ayudarle a ganar en primera.
De la Espriella mostró que logró una conexión popular que no consiguió la candidata del Centro Democrático. La pregunta es si ahora con el momentum que le da este triunfo que no pronosticó ni la Atlas Intel, la que más arriba lo puso desde el comienzo, comenzará a verse un deslizamiento de la base popular hacia él.
La escenificación de las reacciones de ambos punteros a sus triunfos mostró la cara de los dos países que se enfrentarán en las próximas semanas. Mientras la líder nasa Aida Quilcué habló desde el salón rojo del Tequendama de las ancestralidades e Iván Cepeda leyó sus palabras y habló del pasado, De la Espriella montó un show inédito en el río Magdalena a seguidores vestidos con el uniforme de la Selección Colombia.
Las variables determinantes
En una contienda tan apretada, hay variables que pueden terminar siendo definitivas y que son altamente riesgosas para la democracia colombiana. Primero, lo que haga Gustavo Petro, que ya ha participado sin agüero en estas elecciones, pero que ahora tendrá el incentivo adicional de temer que De la Espriella lo extradite como ha prometido hacerlo. Y, que de paso, desbarate su legado.
No es claro, en todo caso, qué más pueda hacer Petro por su candidato. Ya destinó medio billón de pesos a contrataderos que entregaron desde neveras y electrodomésticos hasta subsidios a víctimas y otras personas. Y no ahorró palabras insultantes contra los rivales de Cepeda. Tras los resultados de la primera vuelta, agregó lo que mejor sabe hacer: sembró la desconfianza en las instituciones haciendo más difícil para los votantes de Sergio Fajardo, Claudia López y Paloma Valencia que temen las inclinaciones autoritarias de De la Espriella apoyar a su candidato.
En segundo lugar, en una campaña cerrada, el apoyo de la maquinaria de los políticos tradicionales puede ser clave. Como muestran los datos de La Silla Vacía, muy pocos obedecieron a los líderes de los partidos políticos. Salvo el Pacto Histórico que votó por su candidato, todos los demás reflejaron una total indisciplina partidista. El 97% del Centro Democrático votó por Abelardo. El 45% del Partido Liberal –que supuestamente apoyaba a Paloma– votó por Iván Cepeda y el otro 43% por Abelardo. Solo el 8% del Partido Conservador apoyó a la candidata que avalaron. El 59% se fue por De la Espriella y el 23% por Cepeda.
Pero, como le dijeron varios de los caciques electorales a La Silla, otra será su actitud en segunda vuelta cuando se vuelven realmente necesarios. Ahí dependerá de cómo se mueva la plata para aceitar su maquinaria. En eso, Cepeda arranca con una ventaja pues probablemente tendrá el presupuesto oficial de su lado. Pero, a la vez, con las elecciones locales y regionales en un año, los alcaldes y gobernadores también moverán sus fichas y eso puede beneficiar a De la Espriella.
En todo caso, más que las adhesiones de los líderes, habrá una puja por el apoyo de estructuras regionales que pueden aumentar la participación electoral en zonas como el Caribe y el Pacífico. Por ejemplo, la de Nadia Blel o Lidio Garcia, los más votados de sus respectivos partidos. También los Torres que no se movieron en primera vuelta por Cepeda.
Por otro lado, están los grupos armados. Como lo denunció La Silla Vacía, en Cartagena del Chairá, Caquetá, las disidencias de Calarcá obligaron a la gente a votar por Cepeda. Si se mueven en esa dirección, hay alrededor de un millón de votos en juego. Pero en la primera vuelta, los resultados indican que no hubo un constreñimiento masivo a favor de él. De hecho entre los municipios identificados por la Registraduría con riesgo criminal alto, Abelardo de la Espriella sacó un 51% de los votos y Cepeda el 31% de los votos.
Están también los Estados Unidos y Trump. Se quedaron quietos en primera, pero, como lo han hecho en otros países, podrían también moverse para evitar que llegue un presidente antiimperialista cuando más necesitan a Colombia para su Escudo de las Américas. Ya lo hicieron en países menos importantes para sus planes como Honduras. Tras los comicios, reconocieron la soberanía del pueblo colombiano para escoger su presidente. “Estados Unidos apoya el derecho del pueblo colombiano a elegir libremente a los líderes de su país”, dijeron. En las próximas semanas se verá si en realidad lo respetan.
Y por último, están los escándalos que ambas campañas seguramente han guardado para estallarle a la campaña rival entre primera y segunda vuelta. En una campaña en la que los medios de comunicación fueron en gran parte ninguneados a favor de los influencers, en una contienda apretada su capacidad de investigar y revelar escándalos puede ser otra variable en juego. Aunque, desafortunadamente, la desinformación movida por cada lado puede terminar siendo más efectiva. Ya vimos cómo tanto la campaña de De la Espriella como la de Cepeda usaron bodegas en las semanas anteriores a la votación, aunque mucho más grandes las del ‘Tigre’.
En todo caso, y aunque es posible que en la efervescencia de los respectivos triunfos, pocos tengan la calma para pensar en esto, está el tema de la gobernabilidad. Si ambas campañas mantienen el tono de sus discursos de victoria, cualquiera de los dos que gane llegaría a gobernar con una sociedad partida, un Congreso con una oposición fuerte, una crisis fiscal aguda, la desconfianza empresarial y expectativas enormes de sus bases.
Cepeda enfrentaría una oposición feroz en el Congreso y entre los empresarios y mercados cada vez más nerviosos; De la Espriella enfrentaría una dura resistencia social en la calle y en las cortes a sus promesas de gobernar con facultades excepcionales.
En conclusión, aunque en las próximas tres semanas el incentivo de ambas campañas es a convertir el miedo, la rabia y la identidad de sus bases en votos, después del 21 de junio cualquiera de los dos tendrá que gobernar con el medio país que maltrate en las próximas tres semanas.