Aliaksandr Yarashuk
En Bielorrusia, como en todas partes, defender los derechos de los trabajadores y las libertades sindicales en todo el mundo
Entrevista a Aliaksandr Yarashuk, presidente del Congreso bielorruso de sindicatos democráticos (BKPD)
Espace Inter de la CGT, central sindical francesa, 16-4-2026
A l’encontre, 1-5-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 4-5-2026
–Usted estuvo preso en condiciones muy duras, con muy poco contacto con el exterior. ¿Cuáles fueron sus impresiones al recuperar la libertad?
–Aliaksandr Yarashuk: Ya sabe, la historia se acelera. Esto se percibe con mucha intensidad cuando se pasan tres años y medio en la cárcel. Lamentablemente, el mundo ha cambiado para peor, no cabe otra valoración. Y en algunos lugares, el deterioro es vertiginoso.
El derecho internacional es puesto pone abiertamente en tela de juicio, los derechos y libertades de los ciudadanos son pisoteados de forma ostensible. Ante nuestros ojos, se priva a las personas de sus derechos fundamentales.
Existe ahora una amenaza directa para la libertad y la democracia, incluso en países que parecían ser bastiones inquebrantables de las mismas. Nuestra certeza era que esos países podían promover de forma sostenible los principios de la democracia para que el acceso a los derechos y libertades mejorara en distintos países, en distintos continentes. Hoy en día, todo eso es objeto de un fuerte cuestionamiento. Ese es el desafío al que nos enfrentamos.
¿Cómo valora, en retrospectiva, la protesta popular contra las elecciones fraudulentas de 2020?
En 2020, el pueblo bielorruso llevó a cabo su “Revolución de la Dignidad”. Por primera vez en décadas, la gente sintió que podía asumir la responsabilidad de su propio destino colectivo, de vivir en libertad y democracia. Esto fue acompañado de un renacimiento sin precedentes de la conciencia nacional… Los cinco años de reacción que siguieron han desembocado en un colapso, sobre todo en lo que respecta a los derechos de los trabajadores y trabajadoras. [Véanse, sobre el año 2020, los artículos publicados en el sitio web alencontre.org los días 17, 18, 24 y 25 de agosto, 9 de septiembre, 22 y 17 de octubre de 2020.]
Precisamente, ¿cuál es la situación actual de los derechos de los trabajadores en Bielorrusia?
Hablemos de un obrero bielorruso que participó en las manifestaciones de 2020. Como saben, los trabajadores salían en masa de las grandes plantas industriales para sumarse a las manifestaciones, participaban en huelgas espontáneas… Hoy en día, estas personas son irreconocibles, obligadas a permanecer en silencio y sumisas bajo una vigilancia política total. En cada empresa hay un supuesto ideólogo, es decir, una persona encargada del control político de los trabajadores. Su tarea consiste en detectar la disidencia y erradicarla sin miramientos.
Casi todos los trabajadores y trabajadoras del país han visto cómo su contrato se transformaba en un contrato de duración determinada de un año. Por lo tanto, resulta fácil despedir a alguien. Además, resistir de forma individual o apoyar una reivindicación colectiva, incluso a través de las redes sociales, conduce rápidamente a un proceso penal y a una condena. En el país hay más de 1000 presos políticos. El hecho de haber participado en las manifestaciones de 2020, cuando todo el país se sumaba a ellas, se convierte en un cargo de acusación años después. En tales condiciones, es comprensible que los trabajadores se replieguen sobre sí mismos. Atreverse a desobedecer los dictados de las autoridades se vuelve imposible. Téngase en cuenta también que una persona con contrato de duración determinada que encuentre un empleo mejor solo puede renunciar con el consentimiento de su empleador. Para ser admitido en el nuevo lugar de trabajo, es necesario presentar cartas de recomendación de dos empleos anteriores. Ningún empleador escribirá una carta favorable si el trabajador trata de irse en contra de su voluntad…
En los últimos diez años, la cuestión del trabajo forzoso en Bielorrusia ha figurado en varias ocasiones en el orden del día de la Conferencia Internacional del Trabajo de Ginebra. Este año volverá a ser así. Existen, por ejemplo, centros médicos laborales a los que se puede enviar a cualquier ciudadano en cualquier momento para recibir un “tratamiento contra el alcoholismo”. Los representantes del Gobierno bielorruso afirman que esta medida se aplica con el objetivo de prevenir médicamente el alcoholismo. Sin embargo, todo este sistema no depende del Ministerio de Sanidad, sino del Ministerio del Interior. ¡Se trata, de hecho, de mano de obra gratuita!
Regularmente, la OIT vuelve a abordar el caso de Bielorrusia; ¿podría describirnos las violaciones de las libertades sindicales en su país?
Los regímenes no democráticos, autoritarios y totalitarios pisotean los derechos de los trabajadores. Pero lo que más temen, por encima de todo, son los trabajadores organizados. Lo ocurrido con el movimiento sindical independiente en Bielorrusia es un claro ejemplo de ello. Llevábamos muchos años en modo de supervivencia.
Desde el verano de 2020, la represión se ha intensificado y ha afectado a 73 militantes y dirigentes sindicales. Hoy en día, 20 de nuestros compañeros y compañeras siguen presos y luchamos por su liberación. Todos y todas son reconocidos como presos políticos. Lo único que hicieron fue defender los derechos de los trabajadores como miembros activos de los sindicatos independientes. Y, al mismo tiempo, el Tribunal Supremo disolvió nuestras organizaciones y puso fin al movimiento sindical independiente organizado en el país.
Mi condena es un ejemplo muy ilustrativo. Por otra parte, deseo agradecer a la CGT su apoyo incondicional ante esta prueba. Fui juzgado por haber participado en las manifestaciones masivas de 2020 y por haber llamado a la huelga. Se me condenó, sobre la base de estos dos delitos, a cuatro años de prisión efectiva. ¿Lo comprenden? No hay más que decir. En Bielorrusia, un dirigente sindical es encarcelado de inmediato si ejerce su derecho inalienable a convocar una huelga. Con un arsenal represivo de este tipo, que limita los derechos y libertades fundamentales, cabe imaginar cuántos sindicalistas de la CGT serían enviados a prisión si vivieran en Bielorrusia.
Los trabajadores ya no tienen voz ante la ausencia de sindicatos independientes. No pueden expresar sus problemas, no disponen de ninguna herramienta, no hay ninguna organización que pueda defenderlos y hacer oír su voz.
En junio de 2023, la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) adoptó medidas excepcionales al activar el artículo 33 de la Constitución de la OIT para poner fin a las violaciones de la libertad de asociación en Bielorrusia. Estas violaciones afectan a dos convenios fundamentales de la OIT: el Convenio n.º 87 sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicalización y el Convenio n.º 98 sobre el derecho de sindicalización y negociación colectiva. Es sumamente importante señalar lo siguiente: en los 107 años de historia de la OIT, Bielorrusia es el segundo país al que se aplica esta medida.
Por su parte, los Estados Unidos y la Unión Europea sancionaron a Bielorrusia por la represión de 2020 y por su papel en la agresión contra Ucrania. Sería pertinente articular estas sanciones con las adoptadas por la OIT, que recuperaría así una verdadera palanca coercitiva frente a un régimen que viola los derechos de los trabajadores. Esto reforzaría al mismo tiempo la posición de la Unión Europea, en un momento en que Estados Unidos ha cambiado radicalmente de actitud.
¿Cómo resuena hoy la voz de los sindicalistas bielorrusos en el exilio?
Al salir de la cárcel, fue una enorme alegría saber que la organización seguía viva. Los compañeros y compañeras que huyeron de Bielorrusia, algunos de ellos tras haber cumplido condena, fundaron la asociación Salidarnast en Bremen, Alemania. Intentamos, en la medida de lo posible desde el exterior, continuar la lucha por los derechos e intereses de los trabajadores y de quienes formaban parte de nuestros sindicatos independientes. De hecho, tenemos esta responsabilidad, ya que ya no existen organizaciones sindicales independientes en el país que puedan cumplir esta misión.
¿Influyó en su condena el hecho de que usted denunciara inmediatamente la agresión rusa contra Ucrania?
Tengo la certeza, ya que me lo han dado a entender claramente, de que la decisión de detenerme se debió a que me opuse abiertamente a la guerra, a la agresión de Rusia y Bielorrusia en Ucrania. Bielorrusia es coagresora en esta guerra.
Esta guerra nos muestra hasta qué punto son peligrosos este tipo de regímenes políticos. Porque, al haber acumulado el potencial de agresión y haber reprimido a su propio pueblo, a los trabajadores, pasan inevitablemente de la violencia dentro del país a la agresión hacia el exterior.
La voluntad de los actuales dirigentes de Rusia de restaurar el imperio los ha llevado a cometer lo irreparable. La guerra es también un medio para desviar la atención de los trabajadores de los problemas internos del país: los bajos salarios, las condiciones de trabajo indignas y la violación de los derechos. Y no hay más explicaciones que éstas para justificar los motivos de esta guerra desencadenada por Rusia.
Si Rusia sale victoriosa, podemos afirmar con certeza que no tardará en continuar su expansión militar hacia otros países vecinos (“el extranjero más cercano”). Y su aliado más cercano, Bielorrusia, dispone ahora de armas nucleares. Esto nos preocupa enormemente.
Aún ayer, la proliferación de armas nucleares parecía impensable, imposible. En la década de 1990 tuvieron lugar acontecimientos históricos de suma importancia, cuando estas armas fueron retiradas del territorio de Ucrania y Bielorrusia. Hoy, Ucrania resiste la agresión militar de Rusia y Bielorrusia, y las armas nucleares han vuelto a Bielorrusia. Al salir de prisión, me quedé sencillamente atónito al constatar hasta qué punto han aumentado las amenazas emanadas de nuestra región.
¿Qué desafíos se plantean hoy en día la Organización Internacional del Trabajo?
Las grandes empresas multinacionales y el gran capital están lanzando un ataque contra los derechos de los trabajadores y contra el derecho de huelga. Sabemos lo difícil que se ha vuelto defender este derecho inalienable dentro de la propia OIT.
He sido reelegido por cuarta vez miembro del Consejo de Administración de la OIT mientras me encontraba en la cárcel. Es un honor para mí. Pero sé que ahora es necesaria una movilización extrema para hacer frente a esos desafios. No podemos eludir nuestra responsabilidad.
Los regímenes antidemocráticos y autoritarios tienen en el punto de mira las libertades sindicales, el trabajo decente y la prohibición del trabajo forzoso. Habrá que defender todo esto en una lucha encarnizada. Creo que hoy en día es más importante que nunca que los trabajadores de todos los países muestren su solidaridad en la lucha por sus derechos.
¿Y qué futuro espera a Bielorrusia?
Sin ninguna duda, Bielorrusia será un país libre y democrático. Pero hay que tener en cuenta la magnitud de las transformaciones que hay que llevar a cabo, ya que el país atraviesa una crisis sistémica.
Personalmente, no tengo ninguna duda de que las manifestaciones de 2020 constituyen un acontecimiento clave. La columna vertebral de ese sistema inhumano fue rota, pero el régimen se salvó gracias a la agresión militar rusa contra Ucrania. No obstante, sigo convencido de que, en realidad, estamos asistiendo a su agonía.
Creo que esta guerra tampoco terminará bien para el régimen ruso. Habrá cambios importantes tanto en mi país como en Rusia: hay que estar preparados para ello.
En mi país hay un dicho: «los muertos se aferran a los vivos». Estos dos regímenes ya cumplieron su ciclo, están muertos, pero se aferran a la vida con todas sus fuerzas. Quieren aniquilar todo potencial de futuro, pero creo firmemente que sus días están contados.