Los palestinos revitalizan las aldeas despobladas de las zonas de 1948 durante el Día de la Independencia de Israel, el 22 de abril de 2026. [Naif Zaidani/The New Arab]
“El derecho al retorno nunca desaparecerá: así lo demuestran las manifestaciones organizadas en los pueblos palestinos de 1948”.
Naif Zaydani (Haïfa)
The New Arabe, 23-4-2026
Traducción al francés y edición de A l’encontre, 24-4-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 1-5-2026
Las aldeas palestinas despobladas desde 1948 y situadas en el interior de Israel organizaron una serie de actos el miércoles 22 de abril, en los que manifestaron su compromiso con el derecho al retorno, a la tierra y a la transmisión de la memoria colectiva entre generaciones, con el fin de conmemorar la Nakba palestina [la «catástrofe»], véase la obra de Ilan Pappé La limpieza étnica de Palestina].
Las restricciones impuestas por Israel [prohibición de manifestaciones de más de 1000 personas], justificadas por el estado de emergencia, impidieron la celebración de la marcha central anual organizada por la Asociación por la Defensa de los Derechos de las Personas Desplazadas. Es el segundo año consecutivo en que se prohíbe la marcha. La Asociación propuso entonces que la marcha se celebrara de forma virtual [mesa redonda por Zoom], junto con visitas a lugares históricos y actividades locales en los distintos pueblos.
En al-Damun [situado en el subdistrito de Haifa, a 11 km de Acre], donde estuvo The New Arab, las escenas y las emociones resultaban conmovedoras.
Los habitantes de más edad expresaron su nostalgia al relatar sus recuerdos, mientras que los niños mostraban una conciencia incipiente y los mayores observaban a los más jóvenes dibujar la bandera palestina. Otros jugaban con sus juguetes en el suelo, mientras personas de todas las edades se reunían cerca de la fuente de agua, que sigue siendo testigo de un pueblo que en su día estuvo lleno de vida [y que en 1944-45 reunía a unas 1300 personas], o paseaban entre las ruinas de las casas. Algunos participantes compartieron platos tradicionales que traían el aroma del pasado, mientras que otros asistieron a actuaciones artísticas, en particular dibujos y música que reflejaban el espíritu nacional.
Sentido de la narración
Mohammad Asaad Murshid, nacido en al-Damun, lleva mucho tiempo acompañando a las familias que regresan y a los visitantes en visitas guiadas por las ruinas. Este año avanzaba más lentamente, pero seguía decidido a dar testimonio y a mantener vivas tanto la esperanza como la acción.
Declaró a The New Arab que su memoria aún conservaba vívidos recuerdos de cuando tenía ocho años, en 1948, así como de los relatos transmitidos por su padre y sus familiares.
«Cuando nos fuimos en 1948, yo tenía ocho años. Aquí había una gran era para trillar el trigo, y es ahí donde comienzan mis recuerdos. Le pregunté a mi padre por un avión que volaba encima nuestro, y él me dijo que no tuviera miedo; era el avión de la tregua [declarada entre el 11 de junio y el 8 de julio de 1948, bajo la dirección del mediador Folke Bernadotte; esta tregua permitió un refuerzo militar de las fuerzas sionistas —entre otras cosas, la recepción de armas suministradas por Checoslovaquia, ¡ya que la URSS necesitaba dólares!—, y la ofensiva volvió a comenzar el 9 de julio]».
«Era de tarde y, de repente, cayeron bombas cerca de la casa de mi tío. Su hija, Basma Khalil Abu Ali, murió, y su madre y sus hermanas resultaron heridas. Fuimos desplazados y dispersados. Fuimos a Sakhnin, Al-Rama y Sajur y vivimos en varios lugares antes de instalarnos en Kabul [cerca de Acre]», añadió.
«El objetivo de estas actividades conmemorativas es dar a conocer a las nuevas generaciones los lugares emblemáticos de al-Damun. Es nuestro pueblo, nuestra propiedad, y lo abandonamos contra nuestra voluntad. No teníamos armas para resistir, y estábamos trabajando en nuestros campos de trigo y en nuestras eras cuando tuvo lugar el ataque. Tenemos derecho a regresar a esta tierra bendita, y estamos convencidos de que volveremos», declaró Mohammad Asaad Murshid.
«Hemos venido a nuestro pueblo para ver cómo ha cambiado. Nací en el exterior en 1949. Mi familia se repartió entre Tamra y Kabul, dos ciudades de Galilea situadas cerca del pueblo despoblado de la región de Acre. No hay nada comparable a al-Damun. Nos dijeron que allí había de todo, y esperamos volver», declaró Wafeeqa Murad.
En primavera, Ahmed Mohammad Rayan declaró a The New Arab que visitaba con regularidad el «pueblo de sus padres, abuelos y bisabuelos para reafirmar que el derecho al retorno no es negociable y no se debilita con el tiempo»
«Seguimos luchando para que este pueblo vuelva a manos de sus habitantes. Al-Damun era un pueblo estratégico, muy importante y desarrollado para su época, con un molino de harina y una almazara (molino donde se procesa el aceite de oliva). El agua de este manantial se ha secado de tanto llorar la separación de sus habitantes, y aún nos espera. Las piedras hablan y dicen: Vuelvan, pueblo nuestro; vuelvan, habitantes de Al-Damun que bebían de mi agua. Volveremos, si dios quiere».
Dos mensajes clave
«Hay dos mensajes clave», declaró el Dr. Khaled Anabtawi, jefe del departamento estratégico y político de la Autoridad Palestina, a The New Arab mientras asistía al evento.
«En primer lugar, el derecho al retorno tiene una duración ilimitada. Se trata de un derecho legítimo y fundamental, así como de un pilar central del proyecto nacional palestino, de nuestra identidad y de nuestra imaginación política. La cuestión del retorno y el desplazamiento nos lleva de vuelta al punto de partida: no se trata solo de un conflicto sobre la tierra, las fronteras o las religiones, sino también de un conflicto que afecta a un pueblo, del cual más del 70 % fue desplazado y expulsado de sus tierras en 1948 en el marco de un proyecto colonialista. Ese es el punto de partida y la raíz del conflicto».
La segunda cuestión, según Anabtawi, se refiere a los palestinos desplazados dentro de su propio país. «Como es sabido, entre el 20 % y el 25 % de los palestinos que viven en Israel son desplazados dentro del país, lo que significa que son refugiados que han sido expulsados de sus pueblos, pero que no abandonaron el territorio de 1948, sino que se trasladaron a otras zonas. Son ciudadanos del Estado de Israel, pero las autoridades israelíes se obstinan en impedir el regreso a sus pueblos y en negarles su derecho al retorno. Esto demuestra que la cuestión no es de carácter demográfico. Son ciudadanos del Estado, y su retorno no alteraría el equilibrio demográfico. Significaría más bien el reconocimiento por parte de las autoridades israelíes de sus derechos sobre esta tierra y de la injusticia histórica. Debemos insistir en la memoria y en la toma de conciencia, así como en la necesidad de cuestionar el discurso sionista en todo momento, pues es el fundamento de nuestra identidad política en este país.»
Durante un discurso pronunciado en al-Damun, el padre Abuna Simon Khoury, cuya familia fue expulsada del pueblo, declaró: «El sonido de las campanas de la iglesia seguirá mezclándose con el de la llamada a la oración hasta el Día del Juicio. Estamos aquí a pesar de que la causa palestina se haya convertido en objeto de explotación por parte de aquellos cuya conciencia está fallando. Somos un pueblo que ha sido oprimido y despojado, pero seguimos aquí. Nuestra presencia aquí hoy es la prueba de nuestro regreso. Según el derecho internacional, tenemos derecho a volver a nuestras tierras. No somos migrantes, sino personas desplazadas. Somos un pueblo poderoso, somos fuertes, y le decimos al mundo entero que volveremos. Y hoy hemos vuelto».
Restricciones, amenazas y la bandera palestina
El abogado Nidal Othman, miembro del comité de al-Damun, declaró a The New Arab que la marcha nacional del retorno organizada por el Comité por la Defensa de los Derechos de los Desplazados debía realizarse inicialmente desde Tamra hasta al-Damun.
«Sin embargo, debido a la situación de seguridad y al temor a que hubiera restos de cohetes a lo largo de los itinerarios que pudieran causar lesiones a las personas, así como a las restricciones impuestas por la policía, la Asociación prefirió organizar visitas y marchas locales. En nuestro programa, afirmamos que el retorno es un derecho al que no renunciaremos».
El investigador Khaled Awad, miembro de la Asociación por la Defensa de los Derechos de las Personas Desplazadas, también habló con The New Arab sobre las dificultades que afectaron a los preparativos de la marcha principal y la decisión de realizarla de forma virtual.
«Las circunstancias excepcionales de los dos últimos años nos han obligado a pasar de una marcha tradicional a una mesa redonda en línea, en particular la guerra y las políticas del ministro Itamar Ben Gvir, así como la discriminación racial. No queremos poner en peligro a la gente. Nuestra responsabilidad nacional nos obliga a proteger la seguridad de nuestro pueblo. No es posible organizar la marcha como en años anteriores, teniendo en cuenta las políticas de Ben Gvir, las restricciones sobre el número de participantes [máximo de 1000] y la prohibición de enarbolar la bandera palestina».
Agregó que la marcha se basaba fundamentalmente en la bandera. «Retirarla y poner en guardia contra el despliegue de la misma sabotea la marcha. La confrontación fue evidente el año pasado, cuando Ben Gvir amenazó con asaltar la marcha si se desplegaba la bandera palestina. Consideramos que podrían producirse masacres, y por eso no organizamos la marcha tradicional».
A pesar de ello, Khaled Awad destacó que la asociación sigue desarrollando nuevas herramientas. «Hemos creado un nuevo proyecto y una nueva estrategia que consiste en visitar los pueblos despoblados, ya que la marcha central no tiene lugar. Vamos a seguir así, aunque más adelante retomemos la marcha tradicional».
Añadió que ya se han puesto en marcha programas, con coordinación, equipos y apoyo.
«Gracias a nuestra plataforma y a la marcha digital, nuestro objetivo es transmitir el mensaje a todo el mundo, tanto dentro como fuera del país, junto con seminarios y diversas actividades. Hoy celebramos el 29.º aniversario de la Marcha del Retorno y el 78.º aniversario de la Nakba, y las actividades continuarán hasta el 15 de mayo, fecha oficial de la Nakba», declaró.
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Por segundo año consecutivo, la marcha del Día de la Nakba fue cancelada debido a las restricciones impuestas por la policía israelí
Jack Khoury y Yair Foldes
Haaretz, 23-4-2026
Edición y traducción al francés de A l’encontre, 24-4-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa

Por segundo año consecutivo, los organizadores de una marcha prevista para el miércoles 22 de abril con motivo del Día de la Nakba cancelaron el acto alegando las restricciones impuestas por la policía.
La policía, esgrimiendo lo que calificó de motivos de seguridad, exigió que la participación en la marcha se limitara a 1000 personas, frente a las 20 000 o 30 000 que habitualmente se movilizan. Asimismo, prohibió el despliegue de la bandera palestina. Esta última medida refleja el endurecimiento de la represión contra el izamiento de la bandera desde la llegada de Itamar Ben-Gvir al cargo de ministro de Seguridad Nacional, si bien los tribunales aún no se han pronunciado sobre la legalidad de dicha prohibición.
En lugar de la marcha, a través de Zoom se retransmitió una mesa redonda en la que participaron personalidades, artistas e historiadores para hablar sobre la Nakba. Además, se organizaron actos locales en Galilea y en el centro del país para conmemorar el 78.º aniversario de la Nakba.
La marcha, que durante 26 años se había celebrado y solo fue cancelada dos veces en los últimos años debido a la pandemia de COVID-19, debía tener lugar en terrenos agrícolas al sudeste de Acre, donde se encuentran ruinas de la aldea palestina de al-Damun, cuyos habitantes fueron expulsados en 1948.
Los militantes palestinos entrevistados por Haaretz recordaron que la policía había autorizado a varios miles de personas a participar en la marcha en la región de Shefa Amr en 2024, a pesar de que, en aquel momento, había una campaña militar limitada en curso en el norte contra Hezbolá. Afirmaron que el endurecimiento de las restricciones indica que Ben-Gvir ha reforzado su control sobre la policía.
El Comité por la Defensa de los Derechos de los Desplazados, organizador de la marcha, declaró que llevaba varios meses preparándola, aunque la incertidumbre sobre el fin de la guerra con Irán y Hezbolá había dificultado los preparativos, al igual que la incertidumbre sobre la prolongación del alto el fuego con Irán.
Los frecuentes cambios en la situación de seguridad no les dejaron a los organizadores de la marcha tiempo suficiente para impugnar judicialmente el límite impuesto sobre el número de participantes impuesto por la policía.
El comité declaró que sustituir la marcha por una mesa redonda en línea no suponía un retroceso en su lucha por el derecho al retorno. Más bien ponía de relieve sus esfuerzos por perpetuar la memoria colectiva, incluso ante las restricciones.
«La Nakba no es solo un recuerdo histórico, sino una realidad que perdura», declaró el comité. «El retorno no es solo un símbolo o un recuerdo, sino un derecho fundamental que no caduca».
A pesar de la anulación de la marcha, a lo largo del día se celebraron varios actos en zonas agrícolas y parques construidos sobre las ruinas de pueblos cuyos habitantes fueron desplazados en 1948. Entre ellos se incluyeron desfiles, proyecciones de películas, actividades educativas para niños y visitas guiadas, bajo el título «Regreso al pueblo». Varias generaciones participaron en algunas de estas actividades: personas mayores que vivieron la Nakba llevaron a sus hijos, nietos y, en ocasiones, incluso a sus bisnietos para compartir sus relatos personales sobre la evacuación forzosa.
Paralelamente a los actos locales, se retransmitió la mesa redonda en línea desde la sede histórica de la Asociación de Árabes de Jaffa; a la que asistieron unas treinta personas, entre ellas muchos judíos. Entre los ponentes se encontraba el presidente del Comité Superior de Supervisión Árabe, el exdiputado Jamal Zahalka [miembro del Knesset de 2003 a 2019, como miembro del partido Balad].
«Nos reunimos para manifestar nuestro compromiso con el derecho al retorno, un derecho natural y moral en nuestra calidad de propietarios de la casa y de la tierra. Es parte del derecho general de los palestinos a la liberación, la independencia y el retorno. No olvidaremos ni perdonaremos; seguiremos reivindicando el derecho al retorno hasta que lo consigamos», declaró Jamal Zahalka. «Nuestro presente no es menos cruel que la Nakba», agregó, refiriéndose a las acciones del ejército israelí en la Franja de Gaza durante los últimos dos años y medio y a la creciente violencia contra los palestinos en Cisjordania perpetrada por colonos y soldados.
Salwa Salem-Copty, presidenta del Comité de Personas Desplazadas y descendiente de los refugiados de la aldea de Ma’alul, en la Baja Galilea, destruida en 1948, también formó parte del panel. «Estamos aquí no solo para recordar, sino para afirmar que las aldeas de las que fuimos expulsados siguen vivas en nosotros. Nadie se marchó por voluntad propia, y nosotros —los nietos y los hijos de los refugiados— conservamos ese recuerdo. Este acto es un mensaje que demuestra que el pueblo no olvida y se mantiene fiel a sus derechos. El retorno no es un concepto teórico, sino un derecho que defendemos. No importa el tiempo que pase».
La policía israelí respondió que «considera el derecho a manifestar como la piedra angular de un Estado democrático [Haaretz remite aquí, para marcar distancias, a un artículo que cita a dirigentes militares que afirman que el país ha sido tomado como rehén por sectores que reescriben la historia] y autoriza las manifestaciones siempre que se desarrollen dentro del respeto a la ley». La policía añadió que «al presentar la solicitud durante la guerra y de conformidad con las directivas del Comando del Frente Interno vigentes en aquel momento, se definieron y comunicaron a los organizadores de la marcha una serie de condiciones con el fin de garantizar la seguridad pública». Y ello a pesar de que las restricciones en tiempo de guerra eran mucho más estrictas y no permitían una concentración de 1000 personas [lo que revela el verdadero sentido de la decisión].