Mujer, Vida, Libertad. La guerra no tiene cara de mujer. Lyon, 8-3-2026
Emancipation Lyon, 16-3-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 29-3-2026
Publicamos a continuación varias intervenciones de militantes iraníes exiliadas en Lyon, Francia y miembros del Colectivo de Apoyo Irán-Lyon*
El 7 de febrero de 2026 tuvo lugar en Lyon una concentración en apoyo al pueblo iraní. Una concentracón dinámica que reunió a 200 personas. Hubo tres intervenciones de mujeres iraníes y una de la intersindical local, además de eslóganes y música, incluida una obra interpretada por un iraní al târ, un instrumento tradicional de cuerdas.
No hubo banderas iraníes, algo simbólico en sí mismo; sí hubo pancartas reivindicativas y flores de mimosa, traídas por una activista kurda como símbolo de paz y esperanza; y bajo las ventanas del Ayuntamiento había una serie de fotos que combinaban retratos de personas asesinadas por la República Islámica en enero, caricaturas iraníes y reivindicaciones.
Esta concentración fue diferente a la del 17 de enero en Lyon, donde los partidarios de Pahlavi se habían apropiado del evento, impidiendo que se expresaran otras voces de Irán, en particular las voces de la izquierda. La colaboración entre las activistas iraníes y los sindicatos de Lyon (CGT, Solidaires, FSU, CNT, CNT-SO), en la que la corriente intersindical Émancipation desempeñó un papel destacado, permitió que la concentración del 7 de febrero se celebrara y que se escucharan las voces progresistas iraníes. Las iraníes, que protagonizaron esta concentración, transmitieron la voz del pueblo iraní y su historia, basándose especialmente en sus propios testimonios como mujeres, y recordaron el origen de la movilización que estalló el 28 de diciembre en Irán, a la que la República Islámica respondió los días 8 y 9 de enero con una de las peores masacres de la historia contemporánea (se estima que hubo más de 30 000 muertos en dos días; las investigaciones siguen en curso). Y, en la actualidad, la represión continúa, en particular con detenciones, torturas y asesinatos en las cárceles.
A continuación, la intervención de una de las tres mujeres iraníes el 7 de febrero (los subtítulos son de la redacción).
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Soulsaffe (nombre de artista), una joven iraní, 7-2-2026
Collectif Solidarité Iran Lyon
Un corazón lleno de tristeza y de ira
Hoy tomo la palabra con el corazón lleno de tristeza y de ira, por Irán y por un pueblo iraní que sufre.
Por las vidas arrebatadas injustamente, por los derechos reprimidos desde hace tantos años. Por un pueblo al que la política mundial ha dejado solo, sin apoyo, frente a su sufrimiento
Si hoy nos hemos reunido, no es por costumbre, sino por necesidad. Estamos aquí porque el pueblo iraní ya no puede más.
Porque ya casi no le queda nada que perder, salvo las cadenas que lo aprisionan desde hace décadas.
Estamos aquí para defender la dignidad humana y para hacer oír la voz de quienes han sacrificado sus vidas para conseguir los derechos más básicos, con la esperanza de que algún día Irán, y el mundo, puedan disfrutar de la justicia y la paz.
Sobrevivir
Actualmente, una gran parte del pueblo iraní tiene dificultades para cubrir sus necesidades básicas, especialmente tras veinte años de sanciones impuestas por Estados Unidos y los países europeos.
Ante esta situación, la República Islámica ha perseguido un único objetivo: sobrevivir, a cualquier precio.
Cuando comenzaron las sanciones, el régimen le decía al pueblo:
«¿Qué importa si ya no comen carne? Se ha vuelto demasiado cara».
Unos años más tarde:
«¿Qué importa si ya no comen fruta ni frutos secos?».
Y finalmente:
«¿Qué importa si solo tienen pan seco y agua?»
Desde hace cuarenta y siete años, las mesas de las familias iraníes se van quedando día a día un poco más vacías.
Durante la pandemia de COVID-19 perdieron la vida muchísimas personas, no por fatalidad, sino por arrogancia e irresponsabilidad. La República Islámica se negaba a admitir que no era inmortal.
Los responsables del régimen y sus hijos eludieron las sanciones para acceder a vacunas occidentales de calidad, mientras que el pueblo iraní quedaba abandonado en una lucha desigual contra el virus. La importación de cualquier vacuna que no fuera rusa estaba prohibida, una decisión con consecuencias dramáticas.
Tras la pandemia, hasta el aire puro le fue negado al pueblo iraní.
Las mafias vinculadas a los Guardianes de la Revolución y a la República Islámica necesitaban enormes cantidades de electricidad para el minado de bitcoins, en beneficio de unos pocos responsables corruptos. Como resultado, se produjeron cortes de electricidad prolongados, en pleno calor estival, lo que sumió en el sufrimiento a millones de familias.
En los últimos años, el acceso al agua potable también se ha convertido en un lujo.
Los recursos hídricos de Irán se están agotando, y el país sufre desde hace tiempo una sequía generalizada.
En provincias como Sistán y Baluchistán, las familias llevan años viviendo en tiendas de campaña, privadas de agua, electricidad e infraestructuras básicas. Los niños no tienen acceso a escuelas dignas de ese nombre y, cada año, muchos de ellos mueren en inundaciones por falta de carreteras, puentes y protecciones elementales.
Un pueblo iraní cautivo
Desde hace cuarenta y siete años, el pueblo iraní es prisionero de un régimen basado en ideologías rígidas, fanáticas y profundamente inhumanas.
En 1979, los iraníes le dieron la espalda a la monarquía con la esperanza de alcanzar la democracia, la libertad y la igualdad de derechos, sin saber que el líder político y religioso de la época, Ruhollah Jomeini, iba a imponer a la nación un futuro sombrío y represivo.
Las ejecuciones, las desapariciones forzosas, la tortura y las masacres se convirtieron en los principales instrumentos del régimen para sobrevivir.
Jomeini sumió a Irán en una guerra de ocho años.
A pesar de sus promesas de no interferir en la política, envió a hombres, adolescentes e incluso a niños a los campos minados y a enfrentarse a los tanques, manipulando sus emociones y sus creencias.
Podría haber aceptado la resolución 598 ya en el primer año de la guerra y haberle ahorrado al país la ruina y la miseria. Pero prefirió conservar su poder.
El pueblo iraní resistió valientemente la agresión iraquí y sufrió ocho años de una guerra devastadora, antes de que el régimen aceptara finalmente, en el octavo año, la misma resolución que había rechazado anteriormente.
Alí Jamenei, un dirigente criminal
Después de la muerte de Jomeini, Alí Jamenei, un dirigente criminal, tomó el poder. Al igual que su predecesor, solo pensó en garantizar la supervivencia de la República Islámica.
Obstinadamente, rechazó acuerdos que podrían haber aliviado las sanciones y ofrecido un mínimo de bienestar al pueblo. La represión y la masacre de los opositores fueron, y siguen siendo hoy en día, el pilar de su política.
Tras décadas de luchas políticas, civiles y sociales, después de la represión reiterada de los movimientos populares —en particular el Movimiento Verde, impulsado por la esperanza de reformas—, después de noviembre de 2019, cuando más de 1 500 manifestantes fueron asesinados en menos de tres días, y después del levantamiento «Mujer, Vida, Libertad», que volvió a poner de manifiesto ante el mundo la violencia ejercida contra las mujeres iraníes, Irán se enfrenta hoy a un levantamiento nacional y generalizado.
Un levantamiento que nació en las mesas vacías
El levantamiento surgió en los mercados y las mesas vacías. En familias imposibilitadas de acceder a los productos más básicos: el pan, los huevos, el pollo.
Esos ciudadanos y ciudadanas optaron por la huelga y la protesta pacífica.
La respuesta de la República Islámica fue, una vez más, la violencia: balas reales, gases lacrimógenos y detenciones masivas.
Cuando los heridos buscaron refugio en los hospitales, las fuerzas del régimen violaron toda ética médica y humana: atacaron ambulancias y hospitales, impidiendo la atención sanitaria.
Ni siquiera los niños escaparon a la represión.
Para desviar la atención y achacar la responsabilidad de sus crímenes a Estados Unidos e Israel, el régimen intensificó la violencia.
Un ejemplo entre otros: el 8 de enero de 2020, la Guardia Revolucionaria derribó un avión civil ucraniano que cubría la ruta entre Teherán y Kiev. La aeronave fue alcanzada por dos misiles y 176 pasajeros perdieron la vida.
Tras varios días de negación, la República Islámica acabó reconociendo este crimen calificándolo de «error humano».
Hoy en día, gran parte del personal médico —enfermeros y médicos— ha sido asesinado o se encuentra bajo la amenaza de una condena a muerte. El único delito que cometieron fue atender y ayudar al pueblo.
La República Islámica nunca permitió la existencia de partidos libres, sindicatos independientes u organizaciones profesionales, como los que existen en países como Francia.
Gobernó siempre dividiendo a la sociedad e instaurando el miedo.
Luchar por la libertad y la democracia
Pero aquí estamos, de pie, para hacer frente a cualquier régimen autoritario y opresivo. Y seguiremos luchando por la libertad y la democracia hasta nuestro último suspiro.
Las reivindicaciones del pueblo iraní son claras y no negociables:
1. El fin definitivo de la República Islámica.
2. La ruptura de los países occidentales con el régimen de Alí Jamenei.
3. La plena igualdad de derechos entre mujeres y hombres.
4. La separación de la religión y el Estado.
5. La libertad de expresión y el derecho a manifestar.
6. La abolición definitiva de la pena de muerte
7. La liberación inmediata de todos los presos políticos y de conciencia.
8. La ruptura de todas las relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán.
9. La expulsión de los hijos y las familias de los altos cargos del régimen que se encuentran en el extranjero.
Esta es la voz de un pueblo que ya no está dispuesto a guardar silencio. Un pueblo de pie. Un pueblo determinado a tomar las riendas de su futuro.
-Publicado también en L’Émancipation syndicale et pédagogique, 2/03/2026
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Intervención de una militante del Colectivo Solidaridad Irán-Lyon, 16-3-2026

Dicen que es una guerra preventiva.
Dicen que es una guerra para garantizar la paz en la región.
Dicen que es una guerra para liberar al pueblo iraní.
Pero les digo: no son más que mentiras.
Sí, el régimen tomó al pueblo como rehén.
Sí, tortura.
Sí, mata.
Pero díganme: ¿desde cuándo las bombas traen la democracia?
Desde el inicio de esta guerra ilegal, todas las vías de comunicación entre el pueblo iraní y el resto del mundo fueron cortadas.
Los iraníes mueren en la oscuridad y en medio de una indiferencia total.
Una situación que por cierto no es nueva.
Recordemos cómo llegamos a este punto.
En 1953, los ingleses y los estadounidenses derrocaron al Gobierno de Mossadegh, un primer ministro demócrata que se atrevió a nacionalizar el petróleo iraní.
Organizaron un golpe de Estado y pusieron al Sha de nuevo en el poder.
Y tampoco olvidemos que Francia acogió a Jomeini entre 1978 y 1979, y le ofreció una tribuna.
Desde Francia pudo preparar su regreso, mientras el régimen del Sha se derrumbaba como consecuencia de un movimiento revolucionario.
La guerra actual no ha derrocado al régimen.
Pero ha convertido a Irán en una cárcel a cielo abierto y el pueblo ya no es más que un simple espectador de una violencia que lo supera. Y eso a pesar que desde enero, pese a las balas del régimen, era protagonista de su propio destino.
Este es el último mensaje que recibí ayer de mi primo:
«Ya no queda ninguna esperanza. Nos hemos convertido en Corea del Norte».
Estoy aquí para decirles:
No elegimos entre nuestros asesinos.
Detengan los bombardeos.
Exijan el acceso a Internet.
Apoyen la lucha soberana del pueblo iraní, no solo porque están siendo atacados por el Estado de Israel y los Estados Unidos, sino por su propia dignidad.
Pónganse en el lado correcto de la historia.
Ni mulás, ni shahs, ni imperialismos.
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Intervención de M. (joven militante iraní) en la concentración del 28 de febrero de 2026 en Lyon, Francia

El día en que comenzó la operación militar conjunta entre Estados Unidos e Israel, denominada «Operación Furia Épica» (Operation Epic Fury) por Estados Unidos y «Operación León Rugiente» (Operation Roaring Lion) por parte de Israel.
Venía con un texto que volví a leer anoche, con el corazón oprimido, con la esperanza de que mis palabras sirvieran de advertencia.
Quería hablarles del horror del régimen, de la necesidad de apoyo para nuestra sociedad civil, y, sobre todo, quería clamar mi oposición a la guerra.
Quería decir que la guerra destruye la capacidad de acción de los pueblos.
Pero esta mañana, sucedió lo irreparable.
Israel atacó Irán. Nos siguen hablando de «ataques preventivos» … una sangrienta contradicción entre las palabras y la realidad.
Hoy somos testigos de una macabra colaboración entre tres potencias que aplastan la vida de los iraníes y desgarran nuestra tierra.
Por un lado, dentro de nuestras fronteras, un poder criminal que reduce a la nada el valor de una vida iraní. Con la masacre de miles de personas en dos días —niños, ancianos y jóvenes— con disparos indiscriminados, la ejecución de los sobrevivientes y el silenciamiento de las familias de las víctimas, este régimen le envió un mensaje cínico al mundo:
«La vida de un iraní no vale nada.».
Y este mensaje fue recibido claramente por Washington y Tel Aviv.
Dado que el régimen asesina masivamente a su propio pueblo, para ellos la sangre de los iraníes no es más que un daño colateral aceptable.
Se justifican diciendo:
«¡Su propio Gobierno ha matado a mucha más gente!»
Cada vida se ha convertido en una simple cifra. Nadie habla de los sueños, los amores y los destinos truncados.
¿Estamos condenados a no ser más que estadísticas superficiales y efímeras para el resto del mundo?
Quiero gritar aquí, en nombre de la humanidad, que todo ser humano tiene derecho a vivir por el simple hecho de ser humano.
Lamentablemente, el mundo está hoy gobernado por locos sin ningún límite moral.
Los «Derechos Humanos» se han convertido en palabras de fantasía en las estanterías de las librerías, mientras pretenden traer la PAZ mediante las BOMBAS.
Miremos la realidad de frente:
• La guerra acalla la voz de nuestros estudiantes, que desde hace más de una semana ocupan las universidades con sus protestas
• La guerra hace que el pan y el agua sean inaccesibles para los más pobres y los trabajadores, que ya están agotados.
• La guerra, para nuestros presos políticos, supone la aceleración de las ejecuciones bajo el ruido sordo de los bombardeos
• La guerra significa la destrucción total de las infraestructuras de todo un país.
Pero, sobre todo, la guerra aniquila la capacidad de acción civil de un pueblo que gritaba por su libertad.
Nos arrebata nuestra revolución para entregársela a los militares y a los mercaderes de la muerte.
¡Exijamos el fin de esta masacre!
No permitamos que la geopolítica eclipse lo humano.
Hacemos un llamamiento solemne:
• A las organizaciones sindicales, a los docentes y a los estudiantes,
• A los movimientos feministas y a los defensores de los derechos humanos:
No sean cómplices del silencio.
No nos vean como simples cifras.
Sean la voz de quienes, dentro de Irán, se encuentran atrapados entre la tiranía teocrática y las bombas extranjeras.
Porque, como se dice:
«Nadie es libre mientras todos no sean libres»
Hoy, Irán está encadenado por la dictadura y devastado por la guerra.
¡Rompamos juntos esas cadenas!
¡No a la guerra, no a la tiranía!
¡Mujer, vida, libertad!
*Modificamos el nombre de las militantes iraníes para protegerlas a ellas y a sus familias en Irán de la represión. Para tener una idea, al final de la concentración del 16-3-2026 en Lyon, Francia, un individuo -seguramente agente del régimen- fotografió la cara de las y los militantes iraníes. Previamente, dos militantes pro Pahlavi -uno de ellos con un enorme habano entre los dientes- vino a provocar a las militantes iraníes. Los sindicalistas presentes lograron que los provocadores se retiraran a cierta distancia.