Foto: Juan Valeiro
Carta abierta: Miseria planificada 2026
Sergio Ciancaglini
lavaca, 23-3-2026
Correspondencia de Prensa, 25-3-2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene.
La irrealidad nacional, la corrupción de amplios sectores de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, la corrupción aún mayor vía la deuda externa más alta de la historia, la destrucción productiva y del trabajo, la prepotencia anti social, la concentración económica que acelera la desigualdad y la desintegración, el clasismo agitado no por una izquierda en calesita sino por una derecha alucinada; el 3%, el colapso de bienes y servicios públicos (educación, salud, rutas, ciencia, seguridad social), la economía insustentable, las riquezas de remate, la caída masiva del nivel de vida; el fin de buena parte del periodismo convertido en ciencia de la provocación, las operaciones y una obsecuencia enfermiza; los funcionarios que se comunican con perros muertos y proyectan la destrucción del Estado, la reaparición del hambre, el progresismo que perdió lo progre sumergido en su sismo; el histórico endeudamiento de las familias para poder subsistir; la presión y represión sobre el periodismo no oficialista en las redes y en las calles, el aplastamiento estructural, social, anímico y mental; el empobrecimiento masivo, la historia convertida en histeria, las tecnologías de manipulación y formateo que cada vez más nos gobiernan la existencia; la tristeza y la angustia que demasiadas veces contaminan la vida cotidiana y estallan en forma de violencia y fanatismo, o depresiones y cerebros quemados, la cultura de la descomposición, el miedo al futuro, son solo algunos de los hechos que impulsan estas pobres líneas como un mensaje en una botella que esta revista le envía simbólicamente:
* a Rodolfo Walsh, a 50 años del golpe de 1976 y a 49 años de su trágica desaparición, precedida por la tremenda e inigualable “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”, firmada el 24 de marzo de 1977.
* o a quienes no se resignen a que este sea el fin de la historia.
2.
La carta de Walsh tiene un párrafo asombroso. Después de explicar la situación del país (muertos, desaparecidos, desterrados, campos de concentración, procedimientos clandestinos, secuestros, tortura sin límites, fusilamientos masivos y sin juicios, cementerios lacustres, cadáveres flotando en el Rio de la Plata) Walsh plantea:
“Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.
Ese modelo vuelve a aplicarse 50 años después corregido y aumentado. La comparación con esta época es estrictamente económica y provoca un déjà vu, ese efecto inquietante del tiempo que reaparece para impregnarnos la memoria y el alma.
Los números pueden ser distintos, pero lo que describe de Walsh pinta mucho del presente: congelamiento y reducción del salario real, de la participación de los trabajadores en el ingreso nacional, aumento de las horas de trabajo, la desocupación récord, a lo que agrega: “…han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial”. Habla del colapso en el consumo de alimentos, de ropa. “Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares”, y señala la consecuencia: el éxodo de médicos, profesionales y técnicos no solo por el terror sino por “los bajos sueldos o la racionalización”. Otra frase: “…las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia…”.
Enumera el crecimiento del gasto en aparato represivo y la realidad dictada por el FMI: “…la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete”. Solo cambian los monopolios, algunos de los rubros beneficiados, y nombre del ministro.
Informa sobre “la deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante” y señala una declaración del presidente de la Sociedad Rural, Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”. Luego describe Walsh: “…la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el «festín de los corruptos»”.
Otro concepto para el presente: “…rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina”. Ahora los empleos son principalmente chinos para fabricar productos que el país importa a costa de la propia desocupación.
3.
La dictadura puede tomarse como inicio de políticas con eterno retorno que tuvieron escalas con Alfonsín, Menem, De la Rúa, Macri, paréntesis peronistas con sinuosidades y ahora un resurgimiento lisérgico.
Ostentamos la deuda externa más alta de la historia: 316.935 millones de dólares. La parte pública de esa deuda alcanza 170.506 millones. Solo con FMI se llega a 57.230 millones que convierten a este extraño país en el mayor deudor mundial del organismo. Si dividimos esos números por la población de 47 millones, cada habitante del país debe 1.220 dólares al FMI, 3.600 sumando la deuda pública, y 6.700 dólares en total. La deuda privada merecería otro apartado como parte de la especulación financiera, fuga de capitales y dividendos de las corporaciones, o la masificación de importaciones que destrozan la producción y el trabajo local.
Nada de eso se traduce a hechos materiales que signifiquen mejoras para el país, su infraestructura y su gente, la construcción de algo, la solución de algún problema, el incremento del nivel de vida de la población. Se trata de negocios turbios que quedaron descriptos en la historia como “patria financiera” provocando un gigantesco ciclo de especulación y fraude que tuvo como síntomas: plata dulce, dólar absurdamente barato, viajes al exterior, la ilusión óptica de una riqueza que iba hundiendo al país. Se repitió el mecanismo durante el gobierno de Macri con su equipo económico formateado en negociados financieros, y nuevamente en funciones en este presente de abismo. Es como una drogadicción al endeudamiento masivo, que condiciona las políticas, hipoteca presente y futuro, impide el crecimiento, chupa riquezas y recursos, obliga a que las decisiones teóricamente soberanas sean dictadas por el FMI. Durante 2025 se agregó la intervención directa del gobierno de Donald Trump, que ya había empujado al FMI a apoyar irracionalmente al gobierno de Macri como ahora lo hace con el de Milei: Argentina, el país más endeudado del planeta, acapara más del 30% del total prestado por el Fondo. Milei llegó al gobierno apuntándole a la casta política, para reabrir las puertas a la casta financiera.
Su ministro de Economía Luis Caputo promueve que los empresarios “pongan la plata” y que lleguen “inversiones extranjeras” mientras tiene su propia fortuna fuera del país. Logró la utopía antiperonista: con el presidente del Banco Central (el que Milei quería eliminar) envió subrepticiamente parte de las reservas de oro argentino al exterior como prenda por préstamos o negocios financieros, aunque nada se informó bajo el amparo del “secreto de Estado”. La reacción periodística que en otro caso hubiera sido incendiaria, se mantiene en modo zombi. El oro voló.
La economía se convirtió en geopolítica: Estados Unidos planteó a través de distintas autoridades la importancia que le da a los recursos naturales del país (agua, minería, tierras raras), fraseología acompañada por movimientos militares que revelan la pretensión de control, también llamado “presencia”, sobre aguas, territorios y ámbitos de decisión nacionales, muy específicamente apuntados al Atlántico Sur. Eso explica en parte la intromisión en las elecciones argentinas de 2025 con anuncios de préstamos y rescates –y amenazas sobre lo que ocurriría en caso de perder el oficialismo– que tuvieron una incidencia notable en el resultado reflejada por el propio Trump al atribuirse el triunfo de Milei: “Estaba un poco atrasado en las encuestas y terminó ganando de modo aplastante”. Luego el secretario del Tesoro Scott Bessent reconoció que no habían puesto los 20.000 millones de dólares que trascendieron que prestarían (fue la décima parte), “pero sacamos mucho provecho”. El saldo: el alineamiento generalmente vergonzoso de Argentina con Estados Unidos, o la promesa de “sacar a China” del país (inundado de productos e inversiones chinas), en una versión posiblemente anacrónica e inútil de la Guerra Fría. El gobierno no subsiste por sus declamados éxitos, sino por el apoyo trumpista, mientras dure.
4.
El prometido fin de la inflación no llegó. Por esa razón el gobierno eliminó la nueva fórmula de medición del INDEC que hubiera sido mayor y más cercana a la realidad. Si la inflación es menor que la de hace algunos años se debe a la masiva caída de consumo en estos dos años, con cierre o puesta en venta no solo de infinidad de negocios barriales sino de grandes cadenas de supermercados y tiendas. Los datos distorsionan también la medición sobre la pobreza que hoy supera el 30% pero sería más del doble si se utilizaran los parámetros de medición de Brasil, México y Chile.
El equilibrio fiscal es una ilusión óptica conseguida a través de mutilar los fondos jubilatorios, las obras públicas, los gastos en salud y educación, los salarios estatales, y eliminación de organismos públicos en muchos casos fundamentales. Aun así, el equilibrio es irreal al no considerar toda la deuda de bonos y bicicletas financieras que el gobierno implementa para mantener el dólar bajo, el “carry trade”, engrosar la deuda y fingir normalidad, mientras no se sabe aún con exactitud los números y déficits verdaderos.
La realidad muestra colas de miles de personas cuando aparece una oferta de trabajo. En los primeros dos años de este gobierno se perdieron 319.193 empleos formales: un desocupado cada 3 minutos. De casas particulares: 29.069. Del sector público, 96.008. Del privado: 194.116. Empresas cerradas: 21.938 (30 por día como promedio). Datos del Boletín Estadístico de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).
El salario de los que no fueron despedidos, en el sector privado bajó 6% en dos años mielístas, una pérdida acumulada de 2 millones de pesos para cada trabajador. El poder de compra de los jubilados cayó entre un 23 y un 28% (según cobren o no bono), sumando 5,1 millones de pesos cada uno como promedio. Para cada empleado estatal la baja es del 20%, y dejó de cobrar 10 millones de pesos. El total son 48,8 billones de pesos que del trabajo se transfirió a empresas y Estado. Se evaporaron además 12,1 billones de recaudación de seguridad social y 5,1 billones desfinanciados de obras sociales y sindicatos (datos del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía a partir de informes oficiales).
La cantidad de empresas cerradas en esos dos años es 21.938 (30 por día como promedio). Algunas de las difundidas en las últimas semanas por cierre, despidos o suspensiones: Aires del Sur, Fate, Dass, Eseka, Textilana, Ilva, Whirpool, Corven, Newsan, SFK, TN & Platex, Vulcalar, Panpack, Magnera, Dana, Acerías Berisso, Luxo, Color Living, Otito, DBT-Cramaco, Essen, Paty, Mondalez, Acíndar, Peugeot. Los rubros: metalmetánicas, calzado, textiles, productos médicos, electrónica, muebles, alimenticias, metalúrgicas, automotores, envases. La respuesta del gobierno es insultar empresarios, con los que acaso se reconcilie, mientras se bombardea la vida de quienes trabajan, en medio de una estanflación (recesión más inflación) que convierte la posibilidad de conseguir empleo en una utopía.
Al margen del industricidio que amenaza a millones de trabajadores, los sectores que crecen de la economía (minería, energía, agro y finanzas) no generan empleo en cantidad, apenas el 10%. El gobierno anunció la inversión de 25.000 millones de dólares en IA, artificio que se esfumó antes de nacer. Anuncian 18.000 millones de dólares de una inversión minera con 5.000 empleos. La realidad es que en esa mina hay 1.080 empleos, mucho menos que los trabajadores que tenían las fábricas cerradas, mientras el gobierno celebra esa destrucción creativa. Es algo que los pueblos cordilleranos aprendieron hace décadas: se empuja a la debacle a las actividades productivas locales para crear el pánico por el desempleo y allanar el camino a actividades como la minería que no crean riqueza sino que la extraen, sin controles, pagando regalías miserables (porque los gobernantes ni siquiera hacen valer la importancia de lo que ofrecen) y generando unos pocos puestos de trabajo que maquillan ese despojo de los recursos más codiciados del mundo. Los recursos vuelan, los dividendos también, el valor agregado y la industrialización de esos productos se materializa afuera, y el país se estanca en su viejo y patético rol de mayorista de materias primas: no se ve allí ningún futuro sostenible.
La crisis no afecta al poder real. Las corporaciones trasnacionales son las que cazan en el zoológico argentino gracias entre otras cosas al RIGI (Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones), y los más ricos del país duplicaron o triplicaron su patrimonio entre 2020 y 2024: Marcos Galperín (de 4.200 a 8.500 millones de dólares), Hugo Sigman (de 2.000 a 6.300), los Pérez Companc (2.700 a 4.200), Paolo Rocca (3.400 a 4.100), los Urquía (650 a 1.800), los Madanes (590 a 1.500), Jorge Brito (360 a 1.450) y Sebastián Bagó (660 a 1.380).
El gobierno completa el paisaje imponiendo en un Congreso fantasmal una reforma laboral en la que serrucha logros y derechos que hasta el liberalismo aceptó y promovió a lo largo de la historia como forma de hacer crecer más integradamente al país. En la reforma actual, de paso, se quitan impuestos a los poseedores de autos de alta gama, aviones y embarcaciones, lo que se llamaba “impuesto al lujo”. El equilibrio así se sustenta en recortes a jubilaciones, obras públicas, educación y salarios: 107,7 billones de pesos. Paralelamente se rebajaron a la mitad impuestos como el de bienes personales que se cobraban a los sectores más pudientes como para dejar a la vista quienes son ganadores y quiénes perdedores en esta historia. Al hacerlo, el Estado cobra menos, y para llegar al “equilibrio fiscal” recorta más jubilaciones, obras, educación, etc.
Es una política de la envida al revés, donde los que están en la parte alta de la pirámide creen acceder a una especie de justicia si logran desposeer de lo que tienen a los que están en peores condiciones.
5.
Se ataca a las personas con discapacidad tanto en sus tratamientos como en la calle con gendarmes. A ancianas y ancianos que se manifiestan. Se dispara y agrede al periodismo que intenta registrar esos hechos. Mientras el presidente se define como un topo que destruirá el Estado desde adentro y aplica la motosierra como herramienta que nada lo soluciona y todo lo mutila, se arma un gigantesco aparato de servicios de inteligencia con presupuestos metafísicos y autorización incluso para detener gente extrajudicialmente. Es evidente la función y el objetivo de tal artefacto secreto de espías.
Blanquean capitales, declaran la inocencia fiscal, omiten todo control para dinero que solo puede provenir de evasión, lavado y narcotráfico. Lo narco se expande territorial e institucionalmente aprovechando la miseria planificada y la destrucción del Estado. Se instala en los barrios populares como industria económica, financiera y de control social, y a la vez funciona cerca del poder porque no lo amenaza, lo lubrica. Las fuerzas de seguridad que supuestamente deberían combatir los flagelos, son enviadas a reprimir manifestantes, incluso jubilados.
Se ejerce el negacionismo sobre a la dictadura y siempre es posible que se intente avanzar en la impunidad de quienes fueron condenados por sus crímenes en procesos judiciales admirados por el mundo.
6
Hay infinidad de datos, situaciones y absurdos que definen el presente, que cada quien puede agregar a estas líneas. Lo que en otros tiempos se lograba con dictaduras, hoy se hace en un sistema cada vez menos representativo. Con un aparato y estilo de comunicación que logra hacer emerger y convalidar las zonas más oscuras de la sociedad. El oficialismo parece avanzar hacia donde quiere con sus referentes intelectuales (con perdón de la palabra) como agitadores de conceptos relacionados con el sometimiento, el goce de la crueldad y lo mandrilescamente perverso, cuyo alcance en sus propias vidas tal vez se nos revele con el tiempo.
El actual gobierno encontró su camino facilitado por burocracias políticas, académicas, sindicales y varios etcéteras que en los últimos años tomaron lo mejor de deseos y conquistas sociales para transformarlas –más de la cuenta– en electoralismo mediocre, punterismo, ombliguismo, manipulación y soberbia. En discursos pomposos, y prácticas levemente gaseosas. Lo que era una sinfonía del sentimiento terminó provocando una ópera del resentimiento entre bastantes de sus supuestos beneficiarios, que recibían dádivas y discursos que les resultaban poco útiles para salir efectivamente del pozo o mejorar su realidad. La batalla cultural para esta ultraderecha ofuscada consistió entonces en exacerbar a quienes siempre fermentaron ideas racistas, excluyentes, clasistas, antisociales, y tratar de sumar a quienes terminaron –con razón o no– subjetiva y objetivamente hastiados por políticas supuestamente progresistas, populares, etc., que no sintieron como propias. La evolución de ese laberinto (y de todos los no mencionadas aquí) irá plasmando parte de lo que se viene.
Para complicarla más, el mundo agita fantasmas e incertidumbres similares, hay una crisis climática y un sistema basado en obtener riquezas a partir de la destrucción, hay signos evidentes de colonización global, no solo de territorios sino de nuestras almas… y todas las desventuras acá no mencionadas.
¿Y entonces, cómo seguir? Respuesta científica: no tengo idea. Solo algunas pistas al menos sobre qué tipo de actitudes podríamos ejercitar. Por ejemplo, hace 50 años comenzaba un proceso de sometimiento, pero había también unas mujeres que no eran políticas, revolucionarias, dirigentes ni intelectuales. Enfoco el tema en lo que hicieron en aquel momento, durante los ocho años de dictadura. Eran personas comunes y corrientes que se movieron de su rol de amas de casa, trabajadoras y madres, para buscar a sus hijos y sus nietos. Rompieron la soledad y el aislamiento, se juntaron con otras mujeres en las calles, en las recorridas por los infiernos, en las conversaciones cotidianas. Vencieron el miedo, más que por valentía, por ese sentirse acompañadas. Circularon, se pusieron pañuelos, cocinaron, marcharon, confrontaron, criaron. No se quejaban ni se quedaban sentadas esperando. Hablaban poco y hacían mucho. No se subordinaron a la tristeza ni se paralizaron, no perdieron su propio criterio para decidir qué hacer. No aceptaban la cultura de la obediencia. Usaron el sentido común como capacidad de pensamiento y acción concreta. Como forma de armonizar y potenciar la razón y el sentimiento para relacionarnos con los demás y con el mundo. Tuvieron un proyecto que ayudó, junto a tantos familiares y sobrevivientes, a parir un proceso de juicio y castigo inédito en el mundo. Recuperaron vidas. Ejercieron la denuncia y el afecto. La rebeldía y la perspicacia, la cabeza dura en el mejor sentido, y la mente abierta.
¿Nos dice algo todo esto sobre nuestras propias vidas? ¿Sobre la política? ¿Sobre cómo movernos en los tembladerales de estos tiempos? ¿Sobre qué hacer cuando no nos sirven los tutoriales, dogmas, scrolleos, ideologías y/o gps?
Tal vez todo sea un tema de poder. No como instrumento para dirigir, someter, masificar y domesticar a otros, sino como un verbo, una acción. El poder de crear, hacer, liberar, compartir, multiplicar, pensar, sentir, cultivar, escapar del encierro y la asfixia. El poder de rescatar estilos de vida que recuperen la convivencia más que la competencia, para no temerle a ninguna de las batallas de la época. Quién sabe todo lo que puede nacer a partir de ese suelo.
Como esta es la única existencia que tenemos hasta que se demuestre lo contrario, no deja de ser un proyecto modesto pero fértil aprovechar el rato y rescatar la antigua y siempre novedosa idea de hacer cosas para que una vida mejor y más digna sea posible. Sin resignarnos frente a lo que Walsh menciona al final de su carta con dos palabras que definen buena parte de nuestra historia: momentos difíciles.
-Recomendamos la lectura, con fotos de Juan Valeiro, de Memoria del futuro en lavaca, 24-3-2026