Mapa elaborado por Al Jazeera.
A l’encontre, 3-3-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 4-3-2026
La guerra de los Estados Unidos e Israel destinada a «cambiar el régimen» en Irán abre un nuevo capítulo catastrófico en Oriente Medio. Esta guerra, totalmente ilegal según la legislación estadounidense e internacional, es una aventura imperialista con consecuencias internacionales imprevisibles.
Los pueblos de la región pagarán un precio muy alto, y está claro que esta guerra es indisociable de la guerra que el régimen de Trump lleva adelante contra los derechos de la población estadounidense y de los países de las Américas.
Ahora que la atención de los medios de comunicación y de los políticos deja de centrarse en Palestina, el genocidio israelí que continúa en Gaza y la limpieza étnica militar y colonial de Cisjordania no harán más que acelerar la destrucción del pueblo palestino en su tierra natal. Esta guerra también tiene como objetivo dar un nuevo impulso a la coalición gubernamental de extrema derecha de Netanyahu y a la deriva neofascista de Israel.
El pueblo iraní, masacrado por un régimen asesino y estrangulado por las sanciones imperialistas, no será «liberado» por las bombas y los misiles Tomahawk de Estados Unidos e Israel.
Si la «República Islámica» cayera tras el asesinato del «líder supremo» Khamenei y otros altos cargos —el destino del régimen es impredecible en esta fase preliminar—, su sustitución podría adoptar diferentes formas, desde el caos y la guerra civil que siguieron a la invasión estadounidense de Irak en 2003, hasta un régimen monárquico o militar, cliente y títere, apoyado por Washington, o incluso la fragmentación del país, como lo preconizan algunos ideólogos israelíes. En este último escenario, fuerzas como Al Qaeda y el Estado Islámico podrían ganar nuevos espacios para operar.
Si el régimen iraní logra sobrevivir, probablemente se volvería aún más brutal. Ninguna de estas opciones traería la libertad y la democracia por las que tantos iraníes han salido valientemente a las calles.
Las repercusiones de la guerra en Estados inestables y divididos como Irak, Siria y Líbano, ya sometidos a constantes bombardeos israelíes y a una ocupación parcial, también podrían ser devastadoras.
Y a pesar de todas las fanfarronadas triunfantes de Trump, es posible que Estados Unidos no pueda controlar las consecuencias. Si la guerra se prolonga e Irán decide bloquear el estrecho de Ormuz, por ejemplo, los reinos del Golfo podrían verse envueltos en un conflicto regional más amplio.
Pero, debemos preguntarnos si esta guerra imperialista criminal va más allá de la desmesurada ambición personal de Trump de «reconstruir Oriente Medio» (y obtener enormes beneficios para su familia y sus acólitos). En cierta medida, creemos que sí: eliminar a Irán como factor estratégico, dejando a Israel como potencia regional indiscutible, podría consolidar la alianza de Israel con Arabia Saudita y los reinos del Golfo y permitir así que las prioridades políticas de Estados Unidos «giren» hacia otros lugares.
Sin embargo, esta guerra en sí misma podría llevar a Estados Unidos, durante mucho tiempo, al caos de Oriente Medio creado por Washington. Ya hemos visto otros ejemplos en los que la intervención imperialista crea contradicciones mortales que, luego, el propio imperialismo es incapaz de resolver.
Sabemos que esta guerra en Irán está relacionada con acontecimientos que nos afectan más de cerca. Después de haber tomado el control de Venezuela y proponer ahora una «toma de control amistosa» de Cuba, Trump, a la manera de un jefe de banda, busca paralizar la independencia nacional de todos los países de América, desde Colombia y México hasta Canadá (mientras le cede Ucrania a Vladimir Putin). Esto marca un momento particularmente peligroso en un nuevo reparto del mundo.
Al mismo tiempo, sigue el reino de terror de la banda de Trump contra las comunidades inmigrantes y su guerra contra los derechos democráticos de la población estadounidense. La guerra contra Irán también tiene como objetivo reforzar una base interna tambaleante de su administración, así como sus maniobras para amañar las elecciones de medio mandato a través de la supresión masiva de votantes y de una posible violencia militar y mafiosa.
Defender nuestros derechos en nuestro país y oponernos a esta guerra imperialista forman parte de la misma lucha. Ambos deben estar en el centro de las movilizaciones del 28 de marzo, «No Kings Day», y del 1° de mayo.
Estados Unidos debe dejar de interferir en los asuntos de los pueblos de Irán y Oriente Medio, Cuba y Sudamérica, así como en los de nuestras comunidades y en todo lo relacionado con nuestros derechos civiles.
-Artículo original en inglés publicado en Against the Current, 1-3-2026