A l’encontre, 25-3-2026
Traducción de Viento Sur, 27-3-2026
Correspondencia de Prensa, 30-3-2026
Comunicado de Sinistra Anticapitalista, 24-3-2026
El resultado del referéndum rechaza por goleada el proyecto sedicioso del Gobierno de Meloni. [Este referéndum de confirmación tenía como objetivo confirmar la ley constitucional n.º 253 del 30 de octubre de 2025; sobre lo que estaba en juego, véase el dossier publicado en esta web el 17 de marzo.] Los 15 millones de NO al referéndum de confirmación (53,6 %) se impusieron con más de 2 millones de votos de ventaja y una diferencia de siete puntos porcentuales sobre los SÍ [vr nota 1 sobre los resultados, incluyendo los datos por edades].
La participación del 58,9% de los votantes marca un cambio con respecto a la tendencia a la abstención, sobre todo en los últimos referéndums. (…)
Este resultado, sin embargo, ha dado al traste con las previsiones políticas de la mayoría de derecha que, segura de su victoria, había deseado fervientemente este referéndum. La reforma constitucional del Consiglio Superiore della Magistratura (CSM) fue aprobada por el Consejo de Ministros y votada sin que se aprobara ninguna enmienda en las dos lecturas parlamentarias. En la segunda votación, la reforma de la Constitución se aprobó por la mayoría absoluta de las y los parlamentarios con la que cuenta la mayoría de derecha, sin ningún intento de alcanzar la mayoría cualificada de dos tercios, lo que habría impedido el referéndum popular. Al contrario, fueron precisamente las y los parlamentarios de la derecha los primeros en pedir este referéndum, ya que querían cerrar rápidamente esta etapa de su proyecto sedicioso.
La primera parte, que creían haber llevado a buen término y que siguen persiguiendo hoy en día, se refiere a la autonomía diferenciada de las regiones [lo que implica una fuerte desigualdad presupuestaria y de desarrollo, en detrimento, entre otras, de las regiones del sur], rechazada en lo esencial por el Tribunal Constitucional, pero que el Gobierno sigue persiguiendo mediante la firma de acuerdos de aplicación con las regiones. La segunda parte habría consistido precisamente en subordinar el poder judicial (la magistratura) al poder ejecutivo, con la división del CSM, la introducción del sorteo de sus miembros magistrados y la creación de un Tribunal Superior Disciplinario, también por sorteo, en paralelo a otra propuesta de revisión constitucional ya presentada en el Parlamento que proponía abiertamente subordinar el poder judicial de instrucción al Gobierno. La tercera etapa habría consistido en transformar la república parlamentaria en una forma esencialmente presidencial, el premierato [reforma propuesta por Giorgia Meloni], que contemplaría la elección directa por sufragio universal del jefe del Gobierno, así como una reforma electoral fuertemente mayoritaria, con la introducción de una bonificación mayoritaria que podría alcanzar el 60% para las coaliciones que obtuvieran el 40% de los votos, o incluso solo el 35% con la introducción de una segunda vuelta electoral.
Un proyecto que se inscribe en la tradición fascista y piduista [referencia a la logia P2-Propaganda Due que, en los años 70, bajo la dirección de Licio Gelli, impulsó una corriente de extrema derecha, que incluso llegó a adoptar formas de iniciativas terroristas, frente a las movilizaciones populares] de una burguesía en busca de impunidad y obsesionada con la gobernabilidad y la represión de los movimientos sociales y las reivindicaciones de los oprimidos y explotados.
El voto popular del 22 y 23 de marzo supone un duro revés para este proyecto. En 2022, las fuerzas políticas de derecha obtuvieron la mayoría parlamentaria con más de 12 millones de votos (y una participación del 64%, superior incluso a la de los referéndums de hoy), a los que hay que sumar los casi 3 millones de votos de Più Europa, Italia viva y Azione, que también se pronunciaron ampliamente a favor del SÍ. Hoy, estas fuerzas obtienen 13 millones de votos, frente a los 15 millones de NO. Esta cifra pone de manifiesto otro hecho indiscutible: el Parlamento actual no es representativo del electorado popular y, por lo tanto, debería disolverse y convocarse nuevas elecciones lo antes posible.
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El Parlamento no es representativo por dos razones
La primera razón tiene que ver con la ley electoral en virtud de la cual fue elegido. Una ley que, a través de las circunscripciones uninominales, establece un sistema electoral mayoritario, gracias al cual las fuerzas de derecha, a pesar de haber obtenido alrededor del 44% de los votos, consiguieron la mayoría absoluta de escaños, lo que les permitió aprobar una reforma constitucional, que era un elemento fundamental de su programa electoral, rechazada en el referéndum. Por eso es necesario llevar a cabo una reforma electoral que vuelva a introducir un sistema electoral proporcional, en el que la distribución de escaños en el Parlamento sea proporcional a los votos obtenidos en las urnas.
La segunda razón tiene que ver con la actuación del gobierno, que, en los últimos años, ha deteriorado considerablemente las condiciones de vida y de trabajo de amplios sectores de la población, al continuar con las políticas de austeridad capitalista y adoptar medidas de seguridad que han restringido las libertades de los trabajadores y trabajadoras, las personas migrantes, las mujeres y cualquiera que intente cuestionar el orden establecido. Mientras tanto, los salarios siguen perdiendo poder adquisitivo y la seguridad de los trabajadores y trabajadoras está cada vez más amenazada.
El mismo día del referéndum, se supo que un joven obrero había sido aplastado por una máquina industrial en la región de Padua [en enero de 2026 se registraron 28 accidentes mortales en el lugar de trabajo, lo que no impide que algunos sitios patronales destaquen que se trata de un retroceso respecto a 2025 – red.].
Pero, sobre todo, este gobierno se ha alineado con la arrogancia imperialista de Trump y Netanyahu. Se ha hecho cómplice del genocidio en Gaza, al mantener sus relaciones comerciales con Israel e incluso suministrar armas que se han utilizado en Gaza. Ha guardado silencio sobre los crímenes internacionales de Trump en Venezuela y en Irán, sobre la política comercial agresiva de Estados Unidos, posicionándose en Europa como el principal interlocutor del magnate estadounidense, contribuyendo a desmantelar las políticas de transición energética y apoyando a la Comisión Europea en su loca carrera hacia el rearme [véase Re-Arm Europ].
El movimiento de solidaridad con el pueblo palestino que se manifestó el otoño pasado [en septiembre] fue una primera señal clara de la pérdida de cierto apoyo a la derecha [a la figura de Meloni] entre las clases populares. Este movimiento contó con la participación en las manifestaciones y huelgas de muchas trabajadoras y trabajadores (sobre todo en sectores como la educación y el transporte) pero sobre todo de sectores muy amplios de la juventud, que hoy han resultado decisivos en el resultado del referéndum [véase la nota1]. Solo la miopía de las direcciones de los partidos y los sindicatos ha impedido que este movimiento siguiera expresándose en los meses siguientes, pero está claro que algo se está gestando bajo las cenizas en cuanto a disposición a la movilización y voluntad de un cambio radical. También lo hemos visto en las movilizaciones contra el proyecto de ley Bongiorno en relación a la violencia contra las mujeres [ley propuesta por la senadora Giulia Bongiorno, miembro de la Lega, para modificar el art. 609-bis del Código Penal introduciendo el concepto de voluntad contraria o disconformidad en lugar del concepto de consentimiento, de ahí el lema de la manifestación del 28 de febrero: Sin consentimiento, siempre es una violación]. Y también durante las manifestaciones y movilizaciones del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, y en torno a la huelga nacional del 9 de marzo (que afecta a los servicios públicos, la educación, los hospitales y el transporte local e interurbano).
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El próximo sábado, 28 de marzo, tendrá lugar en Roma una importante manifestación nacional contra la guerra y la remilitarización, que forma parte de la movilización mundial Together No Kings, con manifestaciones también en el Reino Unido y en Estados Unidos, organizada por una nueva generación de activistas y militantes sociales, los y las de la Global Sumud Flotilla, que se dispone a zarpar al día siguiente, de la red Stop Rearm Europe, de la red A pieno regimecontra las medidas de seguridad, así como de las numerosas fuerzas sociales y políticas de la izquierda de clase que animan los conflictos y las movilizaciones que se están desarrollando hoy en Italia.
Será una ocasión decisiva para mostrar en la calle la verdadera oposición a las derechas reaccionarias, una oposición que parte de las luchas para construir una perspectiva política radicalmente alternativa, diferente de la del llamado amplio espectro de las oposiciones parlamentarias, subordinadas a la burguesía neoliberal y que, cuando eran mayoritarias, sentaron las bases para la aplicación de las políticas de derecha que hoy defienden Meloni y sus secuaces.
Solo la movilización de masas puede derrotar desde la base el proyecto neofascista de la derecha. El resultado del referéndum popular del 22 y 23 de marzo y el éxito de la manifestación del próximo sábado (28 de marzo) deben constituir la base para retomar las luchas sociales, recuperar los salarios, la seguridad y los derechos en los lugares de trabajo, revalorizar los servicios públicos empezando por la escuela y la salud, de la construcción de la paz y la solidaridad entre los pueblos y entre las clases trabajadoras a escala internacional, para derrotar las políticas de rearme y de guerra, ¡contra los reyes y los tiranos!
Nota:
[1] La participación fue del 58,9% y ganó el No con un 53,6%. La comparación con los referéndums de junio de 2025, que pretendían derogar ciertas regulaciones laborales (introducidas por la Ley de Empleo en 2016) y modificar la ley sobre la adquisición de la ciudadanía italiana para los residentes extranjeros, solo había movilizado al 29,8% y, por lo tanto, dada la escasa participación (se necesitaba un 50% para que fuera válido), las propuestas de los referéndums no se aprobaron. Si nos fijamos en la participación en las elecciones europeas de 2024, solo alcanzó el 49,7% de las y los inscritos. El No obtuvo 14461750 votos; el Sí, 12447841 (Il Fatto Quotidiano, 25/03/2026). En el caso de un referéndum constitucional, a diferencia del referéndum derogatorio, no se exige ningún quórum de participación para validar el referéndum.Según la encuesta a pie de urna de Opinio, el No alcanzó el 61,1% entre los votantes de 34 años o menos. Según la encuesta de YouTrend, el resultado por grupos de edad se muestra en la tabla siguiente, QuiFinanza.it, 24 de marzo:

Las mujeres votaron No en un 55%, los hombres en un 53%.
La distribución geográfica es la siguiente: el No gana en 20 de las 20 capitales regionales y en las grandes ciudades.
La participación fue especialmente alta en Florencia (70,0%), Bolonia (69,2%), Siena (67,9%), Rávena y Reggio Emilia (66,9%). El Sí tuvo mayor presencia en Friuli-Venecia, Lombardía y Véneto. (Red.)
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Doce observaciones sobre el referéndum y la victoria del No
Giuliano Granato, portavoz de Potere al Popolo
Il Fatto Quotidiano, 25-3-2026
-La victoria del No ha cortado el paso al Gobierno de Meloni, pero si nos limitamos a una posición puramente defensiva, nos estamos preparando para una futura derrota.
-La participación del 58,9% nos muestra que ser un país de sonámbulos (definición del Censis-Centro Studi Investimenti Sociali, vinculado a las estructuras públicas y a las grandes empresas) no es una fatalidad, sino una tendencia que se puede revertir.
-La participación en el Sur fue unos diez puntos inferior a la del Norte. A menudo se pasa por alto una razón cada vez más estructural: los censos electorales de los municipios del Sur incluyen el nombre de muchas personas que ya no viven allí. Es el resultado de la emigración, de la fuga de mano de obra y de cerebros: más de un millón de emigrantes desde 2014; una pérdida neta de 116000 personas solo en el periodo 2023-2024. Es un aspecto de la enorme Cuestión Meridional [un tema que ha marcado la historia de las elaboraciones políticas desde la unificación italiana; Gramsci escribió en Los cuadernos de la cárcelun capítulo titulado Alcuni temi della questione meridionale –red.]. Que una posible autonomía diferenciada no haría más que agravar.
-La participación entre la juventud fue más alta que en otros grupos de edad: según las estimaciones de Ipsos, en el grupo de 18 a 28 años, solo el 33% de los votantes se abstuvo. Entre ellos también hay estudiantes fuera de su lugar de residencia a quienes este gobierno niega el derecho al voto. Una de las medidas urgentes consiste en devolver ese derecho a este sector de la población (así como a los trabajadores y trabajadoras fuera de su lugar de residencia). Una vez más, nos enfrentamos a una tendencia contraria a la observada en las últimas elecciones. Podríamos estar ante los efectos del surgimiento de la Generación Gaza, la que se ha manifestado contra el genocidio desde finales de 2023, con plazas públicas abarrotadas en septiembre y octubre de 2025, y que hoy ha votado en masa.
-¿Por qué esta alta participación? Porque no se trataba de un referéndum técnico, sino político. Quienes han ido a votar han entendido que el objetivo no era la separación de las carreras de los magistrados, sino el ataque contra la separación de poderes, con el intento de acelerar el camino hacia una mayor influencia y control del poder ejecutivo sobre el poder judicial. Los grandes perdedores de esta votación son, ante todo, quienes, tanto de la derecha como de la izquierda, insistieron en que nos ciñéramos a los aspectos técnicos de la reforma.
-Se enfrentaron ideas clave que ponían en tela de juicio algunos de los pilares del sistema: el Gobierno, la magistratura, la propia Constitución.
-Por un lado, la idea clave de la derecha: para gobernar en estos tiempos de crisis, hay que confiar en un ejecutivo más fuerte, libre de frenos y contrapesos, es decir –en este debate– más independiente del control de la magistratura, considerada un obstáculo para los proyectos gubernamentales, con el fin de disponer de una mayor libertad de acción. Por otro lado, la defensa de la Constitución, reducida a su dimensión democrática, que se ha expresado con un No al Gobierno de Giorgia Meloni y al conjunto de iniciativas que esta reforma preveía: desde el primerato [elección por sufragio universal del presidente del Consejo de Ministros, en este caso Giorgia Meloni –red.] hasta la modificación del artículo 112 de la Constitución sobre el carácter obligatorio de la acción penal de los fiscales [el art. 112 es un pilar de la independencia de la justicia desde 1947; impone una obligación estricta de perseguir cuando se tiene conocimiento de un delito, lo que garantiza la igualdad de los ciudadanos ante la ley – nota del editor].
-Los 15 millones de Noes han expresado una especie de reserva de energías democráticas que no se manifiestan en la vida política cotidiana, pero que han entrado en juego hoy, porque consideraron que el riesgo era grande y concreto y, sobre todo, que la expresión de su voluntad contaba, a diferencia de lo que ocurre en las elecciones políticas, donde la calidad de la oferta política es, a fin de cuentas, difícil de discernir.
-Sin embargo, el No también ha sido el catalizador del profundo descontento que reina en el país. Un descontento que las encuestas que miden la popularidad de los partidos políticos quizá no logran captar y que ha resurgido con el referéndum. El No ha sido la forma de castigar a un gobierno que nos arrastra a la cola de Trump y Netanyahu, que hace pagar a nuestro propio pueblo un alto precio por las guerras y los genocidios –en términos éticos y morales, pero también materiales, como lo demuestran los precios que se disparan–. Un gobierno que no ha mejorado las condiciones de vida materiales de los trabajadores y las trabajadoras, a quienes ya no promete ningún ascenso social, sino solo que machacará a quienes están en peor situación que ellos, para que al menos sigan siendo los penúltimos. Al contrario: el poder adquisitivo se ha desplomado durante los años del gobierno de Meloni, la desindustrialización se ha acelerado sin que ninguna política industrial se oponga lo más mínimo a multinacionales como Stellantis [FIAT-Chrysler Automobiles y PSA-Peugeot, con sede en los Países Bajos –red.], que, paso a paso, desmantelan la producción y los empleos.
-El No como catalizador del descontento, no se traduce automáticamente en un si a opciones alternativas a la extrema derecha. Al contrario, la brecha entre quienes votaron No y quienes eligieron a la centroizquierda en las elecciones legislativas, regionales o europeas es probablemente tan grande porque abarca a un amplio sector de la población que, sencillamente, no se reconoce en esa opción. Un sector que hoy ha dicho No a Meloni y al intento de manipular la Constitución, pero que probablemente no confía en el Partido Demócrata [cuya secretaría ocupa Elly Schlein desde marzo de 2023] ni en sus aliados, hasta el punto de no haberles votado.
-Si este referéndum fue político, su resultado lo es igualmente. El lunes 23 de marzo por la tarde, en las calles, exigimos la dimisión de este Gobierno, a diferencia de algunos miembros de la centroizquierda, desde Schlein hasta el alcalde de Nápoles [desde octubre de 2021] Gaetano Manfredi [independiente], quienes, por el contrario, se apresuraron a declarar que Meloni debe quedarse donde está, mostrándose todo menos dispuestos a reivindicar la necesidad de transformaciones urgentes y profundas. [Giorgia Meloni se comprometió de inmediato a pedir dimisiones para reconfigurar su gobierno – ed.]
-La victoria del No ha bloqueado el camino al Gobierno de Meloni, pero si nos limitamos a una posición puramente defensiva, nos estamos preparando para una futura derrota. Es solo cuestión de tiempo. En política, como en la vida, nunca te quedas quieto. Si te quedas clavado en el sitio, los demás avanzan. Entonces resulta esencial, basándonos en la fuerza expresada por el No, construir un proyecto de transformación profunda de nuestro país.
-Un proyecto de transformación significa modificar las relaciones de poder en beneficio de la sociedad, en interés de la mayoría: un salario mínimo de al menos 10 euros indexado a la inflación; inversiones en energías renovables para dotar al país de autonomía energética y dejar de depender de las fuentes fósiles, ya provengan de Estados Unidos, de Catar o de Argelia [este 25 de marzo, Meloni está en Argelia para “aumentar el suministro de gas”, dado que Catar suspende sus entregas de gas GNL – nota del editor]; salir de la OTAN, que no es más que una prolongación del poder de Washington (según las propias palabras del secretario de la Alianza Atlántica, Mark Rutte); un Plan de Vivienda que, en lugar de dar dinero a los grandes fondos inmobiliarios, sirva para reabrir las viviendas sociales cerradas y abandonadas y para aumentar la oferta del parque inmobiliario actual en al menos un millón de unidades (sin consumir suelo);
-Un sistema sanitario nacional que elimine las distorsiones producidas por 20 sistemas sanitarios regionales, reino del clientelismo y fuente de enormes disparidades entre ciudadanos y ciudadanas; políticas industriales que permitan a Italia seguir siendo un país productor, evitando el riesgo de convertirse en un inmenso parque de atracciones para turistas extranjeros adinerados.
-Antes incluso de un programa, hace falta un método: el de la participación y la movilización popular, que se manifestó el otoño pasado en las calles contra la complicidad italiana con el genocidio en Palestina, y luego en las urnas los días 22 y 23 de marzo. Por eso, como Potere al Popolo, trabajamos con los Comités por el No social para organizar una asamblea nacional que relance estas dinámicas.