Sotsialnyi Rukh, 24 de febrero de 2026
Traducción de Viento Sur, 27-2-2026
Correspondencia de Prensa, 28-2-2026
Ucrania lleva 12 años luchando por su independencia contra la agresión imperialista. Durante la mayor parte de este tiempo, la guerra adoptó una forma híbrida, pero hace exactamente cuatro años se ha transformado en una guerra a gran escala, que el ejército ruso desató bombardeando casi todas las ciudades fronterizas de Ucrania y lanzando cientos de misiles contra infraestructura militar y civil. Ucrania ha elegido el difícil camino de defender su libertad y continúa haciéndolo.
Con el paso de los años, ha quedado claro que esto no es un “conflicto” ni un “desacuerdo”, sino una guerra deliberada de agresión destinada a destruir el Estado ucraniano e instaurar un gobierno títere. El ejército ucraniano ha logrado detener la ofensiva relámpago de Putin y demostrar que somos capaces de resistir la invasión imperialista. Detrás de esto se encuentra la hazaña de las masas, que a menudo se sentían marginadas en su propio país, pero que, de hecho, se han convertido en la columna vertebral del ejército. 1 Pero si definimos la militarización como una huella impuesta por las fuerzas armadas en la sociedad, de arriba abajo: ciertamente no. Al contrario, la guerra en Ucrania fue un tema demasiado importante como para dejarlo en manos de los militares, un tema en el que la sociedad tenía voz y quería ser escuchada. Si la sociedad se militarizó, fue porque la conducción de la guerra se civilizó. Estas transformaciones sociales, a menudo a pequeña escala, que configuraron un tejido de defensa mucho más allá de las fuerzas armadas, a menudo han pasado desapercibidas. Probablemente también escaparon al Kremlin, que no previó la capacidad de Ucrania —estado y sociedad— para resistir una invasión armada.” (p. 34) También puede consultar el programa Culture Monde de Julie Gacon del 24 de febrero de 2026.] Al mismo tiempo, debemos nuestra supervivencia a la ayuda brindada por ciudadanos de todo el mundo, que nos ha hecho comprender el asombroso poder de la solidaridad.
El estado actual de la guerra se caracteriza por su naturaleza prolongada y agotadora. Rusia libra una guerra de destrucción, cometiendo sistemáticamente crímenes de guerra: torturas, deportaciones, secuestro de niños y bombardeos selectivos de zonas residenciales, de hospitales, de escuelas, de infraestructura energética y de transporte. Estos no son efectos colaterales, sino una estrategia deliberada de terror, ya que el ejército ruso es incapaz de derrotar a las fuerzas armadas ucranianas en el campo de batalla. A pesar de su inmensa fatiga y escasez de personal, los soldados ucranianos están frenando la ofensiva de los ocupantes y, en ocasiones, lanzando contraataques. 2 Sin embargo, el acercamiento de los invasores a ciudades como Zaporiyia es lógicamente motivo de gran preocupación. Desafortunadamente, el Kremlin aún posee capacidades muy superiores para realizar ataques de largo alcance [misiles balísticos], que utiliza constantemente.
Al mismo tiempo, la guerra está afectando profundamente a la esfera social y la sociedad civil. La grave escasez de viviendas y empleos dignos se ha visto agravada por la ineficacia de la asistencia social. Millones de personas, especialmente las que vivían cerca del frente, se han visto afectadas por la desigualdad y la vulnerabilidad social. La creciente conciencia de las deficiencias de las políticas sociales del Estado ha impulsado a la gente a mostrar solidaridad: surgieron iniciativas de voluntariado, los sindicatos se han movilizado y otros movimientos horizontales han asumido una parte significativa de la responsabilidad de apoyar a la sociedad. La energía de esta protesta no se ha centrado únicamente en actividades humanitarias, sino también en conflictos con fuertes implicaciones sociales que revelan las disfunciones del sistema.
Ansiosos por ver a Ucrania alcanzar la victoria lo antes posible, evaluamos críticamente las políticas neoliberales y pro-mercado que aplican las élites gobernantes. El afán de maximizar las ganancias corporativas aquí y ahora socava los intereses estratégicos de Ucrania, que incluyen la modernización de la industria, la garantía del pleno empleo y el fortalecimiento de la cohesión social. Fomentar las importaciones, la desregulación y la libre circulación de capitales no construirá un sistema económico sostenible que garantice una ventaja sobre los ocupantes.
El enemigo ha sido y seguirá siendo cruel, pero el mayor riesgo para Ucrania es olvidar la justicia, pues esto conduciría a la discordia y la desesperación. El capitalismo periférico, contaminado por la corrupción [véase el artículo publicado en esta web el 2/12/2025], genera injusticia a escala industrial. Permite que florezca el egoísmo y que las empresas se expandan, pero no contribuye a construir una defensa común para todos. Imponer reformas controvertidas como el nuevo Código del trabajo ucraniano revela la profundidad de la brecha social, pero no traerá estabilidad.
Aspiramos a la unidad, pero no estamos dispuestos a excusar los errores de quienes ostentan el poder. Aquí es donde se manifiestan nuestro espíritu libre y nuestra diferencia con Rusia. La sociedad ucraniana no se ha sumido en una atmósfera de ansiedad; sigue actuando y defendiendo la democracia y su independencia.
Ucrania lucha no solo por su territorio, sino también por su derecho a ser un espacio de libertad, diversidad y confrontación de ideas, no un espacio de dictadura autoritaria. Personas con diversas opiniones han participado en esta guerra, incluyendo representantes del movimiento de izquierda. Entre las víctimas se encuentran el artista David Chichkan, el anarquista Dmitro Petrov, la anarquista Lana “Sati” Chornogorska, Yevhen Osievsky y muchos otros héroes y heroínas del movimiento antiautoritario ucraniano e internacional. El “movimiento social” (Sotsialnyi rukh) tampoco se queda al margen de la historia: algunos de nosotros y nosotras hemos formado parte de las fuerzas armadas ucranianas desde los primeros días de la invasión, y cada año nuevos activistas se unen al ejército. Estar en las fuerzas armadas ucranianas es estar al lado del pueblo, cuya liberación social buscamos.
A nivel internacional, esta guerra ha trascendido las fronteras nacionales desde hace mucho tiempo y ya no nos concierne solo a nosotros. En todo el mundo, las reacciones a los acontecimientos en Ucrania distinguen entre movimientos progresistas e internacionalistas y de los antidemocráticos y aislacionistas. De hecho, se trata de defender valores universales, en concreto, el derecho a ser uno mismo.
Si Ucrania se ve obligada a la derrota o a capitular, no significará la paz sino la legitimación de una redefinición forzada de las fronteras. Esto allanará el camino para una mayor agresión y acercará al mundo a una guerra mundial que podría costar miles de millones de vidas en todo el mundo.
Desconfiamos de quienes violan el derecho internacional, como Donald Trump, y por lo tanto, vemos sus “iniciativas de paz” principalmente como un intento de dejar a Ucrania sin apoyo. Ha llegado el momento de inclinar la balanza a favor de Ucrania exigiendo que los países occidentales entreguen sus arsenales militares e impongan sanciones a Rusia.
El Kremlin no pondrá fin a la violencia contra el pueblo ucraniano hasta que sufra una derrota significativa. Es deber de los trabajadores humanitarios de todo el mundo ayudar a Ucrania a terminar lo que ha comenzado y derrotar al invasor.
El pueblo trabajador de Ucrania ha pagado un precio demasiado alto para volver, en la Ucrania de posguerra, a la misma injusticia social que prevalecía antes. No fueron los oligarcas, ni sus políticos neoliberales a sueldo, ni las élites económicas, sino los trabajadores y trabajadoras quienes tomaron las armas para defender a Ucrania. ¡Y este pueblo merece que el Estado exista para servir a sus intereses!
¡Gloria al pueblo ucraniano, trabajador e inquebrantable, a sus defensores y defensoras!
¡Gloria a la solidaridad internacional contra el imperialismo!
¡Gloria eterna a nuestros hermanos y hermanas caídos a manos de los rusos!
-Traducido a partir del francés, A l’encontre, 24-2-2026
Notas de A l’encontre
- En su libro Ucrania: La fuerza de los débiles (Seuil, junio de 2025), Anna Colin Lebedev escribe: “¿Se militarizó la sociedad ucraniana durante este período? Si por militarización nos referimos a la penetración de asuntos militares en la vida civil, la respuesta es sí. [… ↩
- Según diversas fuentes: «El ejército ucraniano recuperó 201 kilómetros cuadrados del ejército ruso entre el 11 y el 15 de febrero, según un análisis de datos del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), mientras que los observadores militares rusos informaron de una interrupción de las antenas Starlink utilizadas por Moscú en el frente. Las fuerzas de Kiev no habían recuperado tanto territorio en tan poco tiempo desde la contraofensiva lanzada en junio de 2023. El área conquistada es casi equivalente a las conquistas rusas durante todo el mes de diciembre pasado (244 kilómetros cuadrados)». ↩