«Ya participaste en una manifestación No Kings. ¿Y ahora qué?» ¿Qué mosaico de resistencia se está tejiendo?
Fabiola Cineas
The Guardian, 29-3-2026
A l’encontre, 30-3-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 8-4-2026
(Esta jornada de movilización, ¿podrá ir más allá del objetivo de los demócratas de cara a las elecciones de medio mandato? – Red.) Más de 8 millones de personas participaron el sábado en unas 3300 manifestaciones «No Kings», exigiendo el fin de la guerra en Irán, el retiro de los agentes de inmigración (ICE) de sus localidades y el fin de lo que consideran el autoritarismo creciente de Trump. Según los organizadores, se trata de la mayor cantidad de manifestaciones organizadas en un solo día en la historia de los Estados Unidos.
Sin embargo, los especialistas en movimientos sociales señalan que el cambio social no se limita a una sola manifestación. Se necesita un compromiso militante a nivel local y nacional, y bajo diversas formas, para que las cosas cambien.
«No Kings fue concebido para unir una dinámica entre movimientos contra el autoritarismo. Y no hay una única forma de combatirlo», declaró Leah Greenberg, codirectora ejecutiva del Indivisible Project, que fundó el movimiento No Kings. «Consideramos que No Kings forma parte de un mosaico de resistencia que está tejiéndose».
Este último año, los estadounidenses reclamaron el cambio a través de diversas acciones. Cuando Donald Trump envió a agentes federales a Los Ángeles y Chicago, la gente se reunió en las calles para gritar «¡Fuera el ICE!». Cuando los consumidores quisieron expresar su desacuerdo con los vínculos entre las empresas y Trump, lanzaron boicots contra Target (gran distribución), Tesla y Amazon. Cuando los estudiantes se indignaron por la presencia de agentes del ICE en sus escuelas y comunidades, organizaron paros.
«Las manifestaciones refuerzan el poder al atraer la atención y animar a las personas que se mantenían al margen a pasar a la acción», declaró Hahrie Han, politóloga de la Universidad Johns Hopkins y autora de Prisms of the People: Power and Organizing in Twenty-First-Century America (University of Chicago Press, 2021). «Y si se examina la historia y los distintos movimientos, el cambio suele ser el resultado de una combinación entre las acciones llevadas a cabo por los ciudadanos y ciudadanas a través de diversos medios y las negociaciones entabladas por los líderes de los movimientos para obtener el control del poder, teniendo en cuenta las acciones de los ciudadanos».
Han citó el ejemplo de los militantes de Minnesota que lograron que se aprobaran una serie de leyes progresistas y favorables a los trabajadores en 2023 —entre ellas, licencias familiares y médicas remuneradas y permisos de conducir para residentes indocumentados— como ejemplo de una movilización exitosa gracias a la organización de coaliciones multirraciales, la elaboración de estrategias con los representantes electos y la negociación de los proyectos de ley. «Se trata de una de las redes de seguridad social más generosas del país, y los organizadores lograron combinar la energía de las bases con la política institucional».
Según los organizadores, el éxito de No Kings se medirá por el número de participantes que se hayan comprometido a organizarse en sus comunidades y a llevar a cabo otras acciones, como sesiones de formación sobre el conocimiento de los derechos y acciones de ayuda mutua.
«Lo que nos parece realmente importante son las formas en que estas concentraciones a gran escala alimentan una acción colectiva continua que puede adoptar la forma de una no cooperación económica (boicot), de una organización local de ayuda mutua o de un lobby legislativo a nivel estatal o local», declaró Leah Greenberg. «Todo está interrelacionado si lo abordamos correctamente.»
A continuación, presentamos un resumen de cómo estos esfuerzos han dado sus frutos a lo largo del tiempo.
Protestas-manifestaciones
Entre las primeras protestas en Estados Unidos se encuentran las acciones, tanto secretas como públicas, llevadas a cabo por los esclavos para oponerse a la esclavitud, en particular enlenteciendo el ritmo de trabajo en los campos, rompiendo o extraviando herramientas, encendiendo fuegos o huyendo. Las personas esclavizadas también intentaron liberarse organizando rebeliones y revueltas armadas.
La ocupación fue históricamente otra forma eficaz de protesta. A lo largo del siglo XX, los indígenas americanos protestaron contra las violaciones de los tratados estadounidenses ocupando la isla de Alcatraz, el monte Rushmore y el edificio de la Oficina de Asuntos Indígenas para reclamar la restitución de sus tierras.
Pero la forma de protesta sin duda más conocida es la que tiene lugar en las calles, inmortalizada por las marchas y los «Freedom Rides» («viajes de la libertad»: acciones de militantes del movimiento por los derechos civiles que utilizaban autobuses interestatales para poner a prueba la sentencia del Tribunal Supremo en el caso «Boynton contra Virginia» que declaraba ilegal la segregación en el transporte público) y las sentadas del movimiento por los derechos civiles en favor de la justicia social y la igualdad de derechos en las décadas de 1950 y 1960.
En los últimos diez años, muchas manifestaciones masivas sacudieron el país, entre ellas la «March for Our Lives» de 2018 para exigir medidas más estrictas de control de armas, las manifestaciones de «Black Lives Matter», desencadenadas tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía en 2020, y las manifestaciones «No Kings» contra la administración Trump el pasado mes de octubre. En 2025, primer año del segundo mandato de Trump, hubo más personas que manifestaron en las calles que en 2017, primer año de su primer mandato, según los datos del proyecto de código abierto Crowd Counting Consortium
«La cantidad de manifestantes bate todos los récords», declaró Hunter Dunn, miembro de la organización ciudadana 5050, cofundadora de No Kings. «También existe un entusiasmo genuino por utilizar las manifestaciones como trampolín para incitar a la gente a implicarse en la acción militante local, ya sea para defender los derechos electorales de cara a las elecciones de medio mandato, para luchar por los derechos de los inmigrantes o para oponerse a los centros de datos de IA».
Concentraciones, marchas y desfiles
En las concentraciones, la gente suele reunirse en parques, calles y otros lugares públicos para llamar la atención sobre una causa. Una manifestación callejera o una marcha también puede dar lugar a una concentración, durante la cual los participantes toman la palabra por turnos, tocan música o reparten volantes a los asistentes para compartir sus objetivos y difundir información sobre la causa en cuestión.
Al igual que «concentración», los términos «marcha» y «desfile» también se utilizan indistintamente con «manifestación». En 1913, las sufragistas organizaron el Desfile por el derecho al voto de las mujeres con el fin de llamar la atención sobre el hecho de que las mujeres solo podían votar en nueve estados.
En 2017, unas militantes organizaron la primera Marcha de las Mujeres al día siguiente de la primera toma de posesión de Trump, en protesta contra su retórica y su programa, que consideraban misóginos y una amenaza general para las mujeres. Militantes y académicos le atribuyeron a esta marcha el mérito de haber impulsado el movimiento #MeToo y de haber motivado a una cantidad récord de mujeres a participar en las elecciones de mitad de mandato de 2018. «Hubo algo especial y diferente cuando la gente dijo #MeToo», declaró Fatima Goss Graves, presidenta y directora ejecutiva del National Women’s Law Center, al Guardian. «Llevábamos décadas trabajando en cuestiones relacionadas con el acoso y la violencia de género. Pero el movimiento #MeToo realmente le dio a la gente un marco para expresarse y verbalizar sus experiencias»
Huelga general
Los sindicatos tienen una larga trayectoria de movilización en Estados Unidos, especialmente bajo la forma de huelgas o paros laborales en los que los trabajadores y trabajadoras reclaman mejores condiciones, en particular prestaciones de seguro médico, medidas de seguridad en el trabajo y salarios más altos.
Una huelga general tiene un alcance mucho mayor. Se produce cuando una parte importante de la mano de obra de una ciudad o región determinada deja de trabajar para provocar un cambio económico o social.
La primera huelga general en Estados Unidos tuvo lugar en 1835 en Filadelfia, donde 20 000 trabajadores de 40 sectores exigieron una jornada laboral de 10 horas y salarios más justos. Finalmente lograron su objetivo, organizando concentraciones, marchas y campañas en la prensa para garantizar una jornada laboral de 10 horas a los trabajadores calificados y no calificados de la ciudad, y se convirtieron en el catalizador de la sindicalización en Estados Unidos.
Después de que agentes federales de inmigración mataran a Renee Good y Alex Pretti, dos habitantes de Mineápolis, el pasado mes de enero, los organizadores convocaron una huelga general nacional bajo el lema «Ni colegio, ni trabajo, ni compras» para protestar contra la presencia y la brutalidad de los agentes federales en la ciudad. Miles de personas participaron en las manifestaciones en Minnesota, cientos de empresas cerraron y se produjeron paros laborales en diversos sectores, con el apoyo de los sindicatos.
«Nosotros, los miembros del movimiento sindical, somos conscientes de la influencia y el poder que tiene nuestra fuerza de trabajo, y vamos a tratar de movilizarla, ya que realmente no nos queda otra opción», declaró en enero Kieran Knutson, presidente de la sección local 7250 del sindicato Communications Workers of America (CWA) en Mineápolis.
Boicot y desinversión
Históricamente, los boicots a las empresas consisten en negarse a comprar sus productos o a utilizar sus servicios, con la esperanza de que la presión punitiva pueda cambiar las mentalidades y los comportamientos. Por el contrario, un «procott» consiste en reorientar los recursos hacia entidades que la gente desea apoyar —como las pequeñas empresas locales— al tiempo que se suspende el apoyo a las demás.
En la década de 1930, los afroamericanos llevaron a cabo campañas tituladas «No compre donde no pueda trabajar» en las ciudades del norte con el fin de promover el empleo de personas negras en empresas propiedad de blancos ubicadas en barrios negros. Los boicots y los piquetes de protesta, en los que los manifestantes se concentraban frente a los comercios enarbolando pancartas, permitieron crear puestos de trabajo para los trabajadores negros durante la Gran Depresión.
La desinversión constituye una forma de protesta similar. En 1985, los estudiantes de la Universidad de Berkeley exigieron que la universidad retirara sus inversiones de Sudáfrica para protestar contra el apartheid. Los estudiantes organizaron manifestaciones, seminarios y acampadas para presionar a la universidad. Un año más tarde, el consejo de administración de la Universidad de California votó a favor de la desinversión de 3000 millones de dólares en empresas vinculadas a Sudáfrica.
En 2025, el boicot a Target por parte de los estadounidenses —tras la marcha atrás de la empresa en sus esfuerzos en materia de diversidad, equidad e inclusión (DEI)— tuvo repercusiones: Target reconoció que el boicot fue una de las razones de la caída de las ventas el año pasado.
«Reivindicamos nuestro poder», declaró LaTosha Brown, cofundadora de Black Voters Matter, a The Guardian durante un boicot al Black Friday que el grupo ayudó a organizar el año pasado. «Estamos reorientando nuestros gastos. Y nos oponemos a este aumento del autoritarismo»
Acciones solidarias
Con un espíritu de «solidaridad», las iniciativas de ayuda mutua se basan en una red de voluntarios que se encargan de reunir recursos —alimentos, ayuda para el alojamiento y cuidado de niños— con el fin de satisfacer las necesidades de los miembros de su comunidad.
En respuesta a la crisis del VIH/sida de la década de 1980, grupos LGBTQ+ de todo el país desarrollaron redes de asistencia para apoyar a los miembros vulnerables de su comunidad. Durante la pandemia de coronavirus, organizaciones locales de todo el país se movilizaron para ayudar —mediante programas de reparto de alimentos— a familias con bajos ingresos, trabajadores y trabajadoras de primera línea y personas inmunodeprimidas. Uno de estos programas de ayuda en Brooklyn, Nueva York, distribuyó alimentos a 28 000 personas entre marzo de 2020 y junio de 2021.
Durante la operación «Metro Surge» realizada en Mineápolis en enero, en la que 3000 agentes del ICE mataron a dos habitantes de Mineápolis y detuvieron a cientos de personas, las redes de ayuda mutua desempeñaron un papel fundamental en la distribución de alimentos, dinero y pañales a las familias inmigrantes que se confinaban en sus hogares por temor a ser detenidas por el ICE.
Brittany Kubricky, una mujer de Minneapolis, nos contó que organizaba colectas de donaciones, entregas de alimentos y colectas en los centros escolares desde la mesa de su comedor. «Nunca había hecho algo así antes. Pero lo probé, y funciona».
Cuando los alumnos y los empleados salen de las escuelas o de sus lugares de trabajo para expresar su desacuerdo sobre un tema concreto, la idea es hacerlo de forma masiva: cuantos más participantes haya, mayor será el impacto del mensaje.
En 1968, 15 000 alumnos se sumaron a una huelga masiva en el marco de las huelgas del este de Los Ángeles para protestar contra las disparidades en los resultados académicos entre los alumnos estadounidenses blancos y los de origen mexicano. Después de la huelga, los alumnos presentaron una serie de reivindicaciones al consejo escolar de Los Ángeles para mejorar el programa de enseñanza bilingüe, entre otras cosas. Aunque la policía detuvo a los organizadores y el consejo rechazó sus reivindicaciones, esta huelga fue una de las mayores manifestaciones estudiantiles de la historia.
Las huelgas siguen siendo una táctica de protesta eficaz para los jóvenes hoy en día, especialmente para expresar sus reclamaciones contra el ICE. «Era nuestra forma de hacer oír nuestra voz», declaró Lark Jeffers luego de participar en la huelga Free America el 20 de enero en Silver Spring, Maryland [huelgas y manifestaciones coordinadas contra las redadas del ICE, el despliegue militar en las ciudades y en defensa de los derechos democráticos]. «Porque, al fin y al cabo, tenemos 16 años; lo que digamos no va a incitar a los representantes electos a escucharnos».
Compartir los conocimientos
Esta forma de protesta, que existe desde hace mucho tiempo, consiste en compartir conocimientos. Las y los militantes y líderes del movimiento dedican tiempo a explicar a los miembros del movimiento los aspectos importantes de sus causas, a menudo promoviendo el debate y la discusión con el fin de sensibilizar a los participantes e incitarlos a pasar a la acción.
Los teach-ins se popularizaron durante la guerra de Vietnam, cuando los estudiantes los utilizaron para debatir sobre el servicio militar obligatorio y las estrategias destinadas a limitar la implicación del Gobierno estadounidense en el extranjero. El primer teach-in, que incluyó conferencias, debates y proyecciones de películas, tuvo lugar en la Universidad de Michigan en 1965 y reunió a 3500 estudiantes y miembros del cuerpo docente que apoyaban el movimiento. Este teach-in dio un impulso al movimiento nacional contra la guerra e inspiró a otros campus a manifestarse y a organizar sus propios teach-ins.
Los seminarios informativos volvieron a ganar popularidad en los campus universitarios en 2024, cuando Israel bombardeó la Franja de Gaza en respuesta al ataque de Hamás. Estos seminarios, a menudo organizados en campamentos estudiantiles, sensibilizaron a los participantes sobre la larga lucha por la libertad de los palestinos y sobre el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), cuyo objetivo es aislar a Israel en los planos económico, político y cultural por su opresión de los palestinos.
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«No Kings» en Saint Paul: ¿de la resistencia a qué nueva etapa?
Joan Walsh, St. Paul, Minnesota
The Nation, 30-3-2026

Unas 200 000 personas abarrotaron el recinto del capitolio estatal para celebrar la resistencia regional y el desafío al régimen de Trump.
Las ciudades gemelas de Minnesota [Saint Paul y Mineápolis] vivieron más de tres meses de duelo y sufrimiento desde el inicio del asedio del ICE, pero el sábado 29 de marzo las calles se llenaron de alegría. Se trataba del acto principal oficial de las manifestaciones internacionales «No Kings». Unas 200 000 personas se reunieron en la explanada del Capitolio estatal para celebrar la resistencia, el espíritu comunitario y el rechazo al régimen de Trump.
Sí, estaban allí para escuchar a Bruce Springsteen cantar su himno «Streets of Minneapolis», para escuchar al incansable senador Bernie Sanders y a los pilares locales de la lucha contra el ICE, como el gobernador Tim Walz, la vicegobernadora Peggy Flanagan y el fiscal general Keith Ellison, y también para ver a las octogenarias Joan Baez y Jane Fonda, junto a la joven cantante Maggie Rogers y Tom Morello [guitarrista], liberarse y bailar al ritmo del himno de los derechos civiles «Ain’t Gonna Let Nobody Turn Me Around» [de la década de 1960], junto a los sorprendentes grupos locales Brass Solidarity y Singing Resistance. Pero, sobre todo, vinieron para homenajearse mutuamente y para cicatrizar las heridas.
Si alguna vez trataron de comprender cómo las Ciudades Gemelas lograron resistir con tanto éxito al Departamento de Seguridad Nacional de Kristi Noem [quien tuvo que abandonar su cargo y fue nombrada enviada especial para América Latina], habrán oído algunas historias interesantes. Me gustaría detenerme en dos de ellas.
Natalie Ehret, fundadora de Haven Watch, relató cómo comenzó su compromiso con los inmigrantes cuando ella y sus dos hijos repartían guantes térmicos a los manifestantes contra el ICE en el centro de detención de Whipple [en Minneapolis], y cómo su hijo Jack, de 21 años, descubrió que dos jóvenes habían sido liberadas y «deambulaban congeladas por el frío» , declaró ante la multitud. Las subió al coche familiar, les dio de comer y beber y les prestó su teléfono para que pudieran llamar a sus familiares. Haven Watch nació ese mismo día, reclutando voluntarios para salir al encuentro de los inmigrantes liberados de Whipple, sin comida, sin ropa de invierno, sin dinero ni documentos de identidad. Esto dio lugar a un programa más ambicioso destinado a satisfacer las necesidades permanentes de los detenidos. «No fue algo organizado ni bien preparado. No sabíamos qué hacer. Simplemente actuamos», declaró Natalie Ehret. «Unos desconocidos dejaron sus vidas en suspenso. Se presentaron para permanecer de pie y observar el centro a través de una barrera… sin preocuparse por su propia seguridad, su confort o incluso sus propias vidas».
Resulta que a Jack le habían diagnosticado un cáncer cerebral tres años antes; yo había oído hablar de Haven Watch, pero desconocía esa parte de la historia. «Siempre fue amable, pero esa experiencia lo cambió. Ahora comprende lo que la mayoría de nosotros no comprendemos: lo corta que puede ser la vida y lo importantes que son los vínculos humanos auténticos y la amabilidad», prosiguió Natalie Ehret. «No pasemos por alto el sufrimiento. Actuemos. Incluso cuando no sea fácil».
Nick Benton, un apasionado de la aviación [observador de vuelos] convertido en activista de 50501 [movimiento de base que organiza manifestaciones contra las políticas de la actual administración Trump], contó a la multitud cómo él y un amigo descubrieron de repente que el ICE estaba trasladando a detenidos fuera de la ciudad, y comenzaron a seguir los vuelos. «Nos despertamos llenos de rabia tras una pesadilla», declaró quien se describe a sí mismo como un «padre de familia con camisa a cuadros». Denunció a «las empresas pasivas y a los políticos cobardes». Continuó diciendo: «Sean el vecino que el M. Rogers [presentador de programas que promueven la empatía] sabía que podían ser… Somos nosotros quienes velamos por nuestra seguridad. No Kings es un excelente comienzo, pero también debemos acabar con los cobardes». A continuación, animó al público a participar en un juego de preguntas y respuestas: «Cuando diga “No Kings”, respondan “No cowards”». Y terminó con un «Fuck ICE».
La primera parte del programa, centrada principalmente en la región, fue presentada por la actriz y cofundadora de Abortion Access Front, Lizz Winstead (quien, para ser totalmente sincera, es también una de mis mejores amigas). Ella se encargó de que esta jornada estuviera dedicada a la gente corriente de Minnesota que se ha apoyado mutuamente. «¡Saben cómo hacerse notar!», declaró en su introducción. «¡Tómense un momento para sentirse orgullosos de ustedes mismos!» No soy la única admiradora del trabajo de Lizz Winstead. MeidasTouch publicó mi chiste favorito: «Echaron a ese pequeñito fascista de Greg Bovino [exdirector de ICE], echaron a esa nefasta Kristi Noem. Es tan malvada que empiezo a pensar que su perro se suicidó» [ella contó que había matado a su propia perra, para demostrar su determinación]. Este chiste fue visto cientos de miles de veces en las redes sociales.
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Las manifestaciones «No Kings» inundaron las calles en más de 3300 concentraciones organizadas en los 50 estados. Reportaje
Danielle Paquette, Michelle Boorstein, Joanna Slater y N. Kirkpatrick
Washington Post, 29-3-2026

El sábado 28 de marzo de 2026, los manifestantes tomaron las calles en más de 3300 concentraciones organizadas en los 50 estados con motivo de la jornada «No Kings», un movimiento que se presenta como una oposición no violenta a lo que los organizadores consideran líderes autoritarios en la Casa Blanca y más allá.
Esta ola de manifestaciones constituyó la tercera acción colectiva de mayor envergadura de esta campaña popular, que surgió para ofrecer un medio de expresión a quienes están indignados, furiosos contra la administración Trump. Para muchos de los que salieron a la calle, los dirigentes de Estados Unidos están pisoteando los valores democráticos con una represión cada vez mayor de la inmigración, un retroceso en los derechos al aborto y, entre otras acusaciones, una nueva guerra impopular.
El tema de la jornada fue el abuso de poder por parte del ejecutivo, sin poner de relieve ningún asunto concreto como motivo principal. Pero, al igual que en muchos movimientos políticos, el significado de «No Kings» varía de un manifestante a otro. Algunos participaron con el deseo de defender lo que consideran ideales nobles. Otros simplemente no aprecian al presidente Donald Trump.
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«Es simplemente… todo» —declaró una manifestante que participaba por primera vez, Caitlin Pease, de 37 años, quien llevó a su hija de 14 meses a una concentración en un condado del norte del estado de Nueva York, de mayoría republicana.
Había hecho una pancarta que decía: «La situación es tan grave que hasta los introvertidos salen a manifestar»
Esta oleada de protestas se produce en un momento en que la popularidad de Trump ha caído a niveles aún más bajos [un 36 % de aprobación] y en que incluso sectores clave de la base MAGA, que antes mostraban una solidaridad inquebrantable, han abandonado esa lealtad para expresar su creciente frustración. Entre sus quejas: el presidente, que había prometido poner fin a las guerras, ha desencadenado una nueva guerra con Irán que, hasta la fecha, les ha costado la vida a 13 militares y ha provocado cientos de heridos. La operación «Epic Fury» («Furia épica») provocó un aumento vertiginoso de los precios del combustible. Los productos alimenticios siguen siendo decididamente caros. Los aranceles de Trump han hecho subir el precio de las viviendas, los coches, los teléfonos, los televisores, el calzado deportivo, los lavavajillas… la lista es larga. Las vacaciones son arruinadas por colas de varias horas en los controles de seguridad de los aeropuertos, consecuencia de un Gobierno que, una vez más, se encuentra estancado en un punto muerto. [Trump, luego de una parálisis presupuestal parcial, movilizó a agentes del ICE para que participen en los controles de seguridad de los aeropuertos.]
Algunos republicanos criticaron «No Kings», calificándola de ineficaz y alejada de la realidad; Trump llegó incluso a calificar estas marchas de «farsa» plagada de participantes «desquiciados».
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Aunque resulta difícil medir la participación en tiempo real, la coalición de grupos de izquierda impulsora de «No Kings» esperaba que la cifra de participantes de este fin de semana batiera todos los récords. La última oleada de manifestaciones a escala nacional, en octubre de 2025, congregó a unos 7 millones de personas, según sus estimaciones. Muchos otros han mostrado su interés desde entonces, según afirmaron, mientras los detractores de Trump se recuperan del agotamiento que siguió a una dura derrota electoral [del Partido Demócrata con la candidatura de Kamala Harris] y canalizan su energía para unirse. [Los organizadores de esta jornada —entre otros, los reunidos en la estructura Indivisible— estiman la participación del 28 de marzo en 8 millones de personas y escriben en su sitio web: «Con más de 8 millones de personas en 3300 concentraciones en todo el país, la movilización «No Kings 3» fue la mayor jornada de protesta de la historia de Estados Unidos.»]
Por el momento, es difícil saber si esto se traducirá en resultados en las urnas [en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026]. La creciente magnitud de las manifestaciones no garantiza victorias políticas, como demuestra la caótica historia de los movimientos de protesta en el país. Pero para quienes se movilizan, estas manifestaciones de resistencia en las ciudades «azules» [demócratas] y los bastiones «rojos» [republicanos] —desde Alaska hasta el corazón del país, pasando por las comunidades cercanas a Mar-a-Lago— son la prueba de que la democracia sigue muy viva, incluso bajo un presidente al que califican de «rey» autoproclamado.
El movimiento se ha extendido a escala mundial, con concentraciones organizadas en al menos otros 15 países, en un momento en que gran parte de la comunidad internacional expresa su temor a que la guerra de Trump degenere en un baño de sangre aún mayor. Manifestantes se reunieron el sábado en Roma, París, Madrid, Ámsterdam, Sidney y Tokio, entre otras grandes ciudades.
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En todo Estados Unidos, tanto en los centros urbanos como en las pequeñas ciudades, los manifestantes denunciaron con vehemencia: el nuevo salón de baile de la Casa Blanca decidido por Trump, el retroceso en el apoyo a Ucrania, el hecho de que el Pentágono no descarte la posibilidad de enviar tropas sobre el terreno a un conflicto en Oriente Medio sin un objetivo claro, los esfuerzos de los republicanos por suprimir el voto por correo y los agentes del ICE sembrando el miedo en los barrios y los aeropuertos.
Miles de personas se congregaron frente al Capitolio del estado de Minnesota, donde «No Kings» organizó lo que calificó como un evento emblemático. [Cabe recordar que, en enero de 2026, el ICE mató en Minneapolis a Renee Good y Alex Pretti, ciudadanos de los Estados Unidos]. Esa multitud constituyó «la mayor manifestación de la historia de Minnesota», declaró Ezra Levin, cofundador de la organización progresista sin fines de lucro «Indivisible».
Hace nueve meses (en junio de 2025), en vísperas de las primeras marchas coordinadas de «No Kings», un hombre armado ejecutó a una de las principales representantes demócratas del estado (Melissa Hortman) y a su marido en su domicilio. La policía instó a los habitantes de Minnesota a permanecer en sus hogares después de que los agentes encontraran folletos de «No Kings» en el vehículo abandonado del agresor, pero la gente acudió en masa a la concentración a pesar de la operación policial de búsqueda que se estaba llevando a cabo.
El gobernador de Minnesota, Tim Walz [ex candidato demócrata a la vicepresidencia de los Estados Unidos], recordó el sábado 28 de marzo la determinación de los manifestantes, declarando durante una concentración en Saint Paul, capital de Minnesota: «Cuando la propia democracia parecía amenazada, fue Minnesota quien dijo: “No mientras yo esté aquí.»».
La concentración contó con un toque de «star power» cuando Bruce Springsteen subió al escenario para interpretar una canción inspirada en los asesinatos, en enero, de Renée Good y Alex Pretti a manos de agentes federales de inmigración (ICE) desplegados en Minnesota. «El ejército privado del rey Trump, enviado por el DHS —Departamento de Seguridad Nacional—, con las armas en el cinturón, llegó a Mineápolis para hacer cumplir la ley; al menos eso es lo que dicen».
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En la capital nacional, Washington D.C., donde Trump revolucionó la función pública federal [junto con Elon Musk] y está utilizando sus poderes ejecutivos para transformar los monumentos emblemáticos de la ciudad, el entusiasmo era palpable. La comitiva cruzó el puente donde espera construir uno de los arcos más altos del mundo [que eclipsaría al Monumento a Lincoln]. Pasó por el National Mall, cerca del lugar donde Trump desea instalar un «Jardín Nacional de los Héroes Americanos» [en una especie de competencia con el Monumento a Franklin D. Roosevelt y el de Martin Luther King]. A continuación, la comitiva pasó frente a los jardines de la Casa Blanca, donde su salón de baile va a sustituir el ala este.
En un puente que cruza la Ruta 66, una mezcla de activistas veteranos y nuevos participantes agitaban banderas estadounidenses y pancartas en las que se leía: «Luchemos por la democracia», así como «La historia nos observa». Un flujo continuo de coches tocaba bocina en señal de apoyo.
Algunos manifestantes declararon que tenían miedo de mostrarse, ya que ellos mismos o sus parejas trabajan para un gobierno federal cuyos dirigentes califican habitualmente su trabajo como un ejemplo de «despilfarro, fraude y abuso». Otros afirmaron que habían ayudado a inmigrantes que se habían escondido desde que los agentes del ICE comenzaron a detener en la carretera a repartidores de comida indocumentados. Para ellos, el objetivo de «No Kings» es concienciar a los estadounidenses sobre las consecuencias de las decisiones y los actos de la administración. Esto podría también desencadenar un cambio electoral, añadieron, aludiendo a la reciente victoria [en las elecciones del 4 de noviembre de 2025] de la gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger (D).
«Antes tenía miedo de perder mi trabajo», declaró Kim, una empleada federal de 56 años, al explicar por qué había evitado las manifestaciones anteriores. «Pero tras el desencadenamiento de múltiples guerras e invasiones de países —y la persecución de los estadounidenses y los “futuros estadounidenses”—, parte del miedo que sentía se ha disipado».
Su hijo tiene necesidades especiales, precisó, y la mayoría de los cuidadores que ayudan a su familia son de otros países. Tenía miedo de que el ICE expulsara a esta mano de obra tan valiosa. O de que los vecinos hostiles se metieran con ellos. Un hombre desde un coche le gritó a ella y al resto de manifestantes: «¡Búscate otra vida!»
Katie Pegoraro, una responsable de informática de 52 años, de Arlington, se había disfrazado de perro gigante con globos rojos, recordando una escultura de Jeff Koons. «Resistencia alegre», la llamaba ella, agitando un cartel en el que se leía «Due Process» (debido proceso). Los asesinatos de Good y Pretti —ambos de 37 años, ambos civiles comprometidos, a su juicio— habían impulsado a Katie Pegoraro a hacer algo más que simplemente ir a votar. «Yo era el tipo de persona que se decía: “Mis representantes (elegidos) hacen un buen trabajo”. Pero el hecho de que el ICE mate a personas en Minnesota me hizo cambiar de opinión al 100 %».
Robyn Friedman, de 72 años, había viajado desde Virginia Beach para visitar a sus hijos y sumarse a la marcha. Era su tercera experiencia con «No Kings» y una de las muchas concentraciones en las que había participado a lo largo de los años. «Uno puede tener la impresión de que no sirve para nada», declaró en referencia a la manifestación, sobre todo en un distrito electoral tan firmemente republicano como el suyo. «Pero precisamente acabamos de elegir a Abigail Spanberger».
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En Glens Falls [condado de Warren, en el estado de Nueva York], donde el 41 % de los votantes registrados del condado son republicanos y el 27 % demócratas —y donde Trump ganó sus tres campañas presidenciales—, cientos de personas sumaron sus consignas y cánticos a las movilizaciones nacionales.
Dan Szczesny, de 59 años, estaba entre la multitud, con la bandera estadounidense que habitualmente cuelga en la puerta de su casa colgada al hombro. Republicano desde siempre, Dan Szczesny abandonó el partido cuando Trump se presentó por primera vez a la presidencia. Los bombardeos en Irán ocupaban todos sus pensamientos. «Nos vamos a volver a quedar atrapados en Oriente Medio y no tendremos forma de salir de ahí», declaró.
Durante la noche, un ataque iraní hirió al menos a diez soldados estadounidenses en una base aérea en Arabia Saudita. La guerra era un tema recurrente en las conversaciones entre los participantes en la concentración, en particular Marsha Luzier, de 57 años, que sirvió durante cuatro años en la Fuerza Aérea. «Es lamentable saber que nuestros soldados están allí por una guerra que no debería tener lugar», afirmó, con la voz quebrada por la emoción.
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Mientras las manifestaciones en la costa este se iban apagando, las de California recién empezaban. Miles de manifestantes inundaron el parque y las calles alrededor del ayuntamiento de Los Ángeles, donde los organizadores afirmaron que esperaban a más de 100 000 participantes. Un grupo tocaba una canción rítmica con letra en español mientras la gente bailaba y levantaba pancartas.
«Trump me convirtió en militante», declaró John Mena, de 62 años, un veterano del ejército discapacitado nacido en Ecuador pero que creció en Estados Unidos, y que llegó el sábado acompañado de su perro, Coquito. El problema más urgente, según él, es la economía. «Los precios. ¡Dios mío! Yo lo llamo la edad de oro de los precios altos, que ahora son aún más altos con la guerra en Irán.» No obstante, añadió que su participación en la manifestación lo hacía sentirse más optimista. «Me da la esperanza de que todavía hay estadounidenses dispuestos a movilizarse».
Paquette y Boorstein informaron desde Washington, Slater desde Glens Falls y Kirkpatrick desde Los Ángeles. Maegan Vázquez y Marisa Bellack, en Washington, contribuyeron a este artículo.