John Ratcliffe, director de la CIA, y Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Caracas, 15-1-2026.
Injerencia imperialista y acuerdos cupulares entre Trump y el gobierno venezolano: siempre pierden los sectores populares
Tendencia de Militantes Clasistas, Uruguay, enero de 2026
Correspondencia de Prensa, 28-01-2026
El derrumbe de la economía en Venezuela, la brutal caída de las condiciones de vida de la clase trabajadora y la férrea represión política y sindical del régimen chavista, son los responsables, una vez más, de destruir en la conciencia de miles y miles de trabajadores de Venezuela y del mundo entero, la posibilidad de albergar la utopía de construir un mundo socialista libre de la explotación capitalista y de cualquier tipo de opresión.
La intervención imperialista del gobierno de Trump, el secuestro de Maduro, desafiando impunemente el derecho internacional, dan cuenta de la correlación de fuerzas absolutamente desfavorable a nivel mundial, para la defensa del derecho a la autodeterminación de los pueblos. La política imperialista de saqueo, apropiación de recursos, imposición de condiciones comerciales, reparto geopolítico del mundo destinado a proteger áreas de influencia en relaciones inter imperialistas entre EEUU, Rusia y China, son la moneda corriente de este siglo XXI, en el que parece haber desaparecido la posibilidad de concreción de ningún orden social fuera del modo de producción capitalista.
La perspectiva de ponerle fin a la explotación capitalista viene de recibir golpe tras golpe desde fines del siglo pasado: el fin del socialismo real, la caída del muro de Berlín, el ahogamiento de la revolución cubana (sin duda producto del bloqueo imperialista, así como de la ausencia de un genuino poder popular), el fracaso de los procesos revolucionarios en Nicaragua y El Salvador, lo efímero de los levantamientos en oriente en la primavera árabe y ahora, Venezuela. La caída de Maduro se hacía evidente desde hace ya tiempo. Es la crónica de una muerte anunciada. Desde nuestros espacios de militancia sindical clasista e independiente de toda organización política, hemos sido siempre críticos al proceso venezolano y no justificamos ninguno de los errores allí cometidos, así como ahora y siempre, repudiamos toda agresión imperialista que niega el derecho a la autodeterminación popular y tiende a perpetuar el orden capitalista mundial. No respaldamos a un gobierno que ha condenado a la emigración a 8 millones de hombres y mujeres de la clase trabajadora, casi la tercera parte de su población. No respaldamos un régimen donde el 50% de los habitantes son pobres, según datos oficiales, índice de pobreza que tal vez llegue al 80%, donde prima el desabastecimiento, la ausencia de medicamentos, los cortes de energía, en tanto se enriquece la cúpula gubernamental y se profundizan las desigualdades sociales en medio de un sistema político autoritario y de fuerte represión política, social y sindical. No apoyamos a un régimen que lejos de socializar los recursos económicos del país se ha subordinado a la lógica rentista del capital internacional. No obstante, todo lo dicho, sabemos que amplios sectores de trabajadores han visualizado el proceso venezolano como una alternativa al régimen de dominación imperante y, por lo tanto, junto con su fracaso caen sus esperanzas en construir un mundo sin explotación. Si no fuera por la desilusión y el descreimiento entre las y los trabajadores, no sería posible la injerencia de los EEUU sin que se hubiera producido ninguna revuelta social. Incluso parecería existir entre las grandes mayorías, tanto dentro del país como entre los emigrantes, cierta expectativa en un cambio favorable a partir de la agresión externa. El propio gobierno, la cúpula chavista, negocia con Trump una transición gradual legitimando por la vía de los hechos la intromisión extranjera, a la vez que evita cualquier tipo de movilización popular que pudiera obstaculizar las negociaciones en curso. Este es el problema principal. No queremos que estas derrotas nos lleven consigo. Que no se vaya la rebeldía y la disposición a dar pelea por una sociedad sin explotación, junto con el agua sucia al vaciar el balde.
Hemos aprendido a lo largo de años de militancia social y sindical, en nuestras experiencias personales y en el estudio de las generaciones que nos antecedieron, que el estado de ánimo de las amplias mayorías es determinante para obtener y mantener conquistas populares. Por esto pensamos que el grave problema del momento histórico que vivimos es la resignación que predomina en la conciencia de las y los desposeídos. El horizonte emancipatorio se ve cada día más lejano y la posibilidad de abolir la sociedad de clases se ve como una utopía irrealizable. En este cuadro sólo cabe elegir lo menos malo, optar por pequeñas transformaciones en la asignación de recursos, la revolución de las pequeñas cosas y tomar partido en falsas dicotomías, sin cuestionar el régimen de dominación capitalista. Así se han enmarcado las políticas de los distintos gobiernos progresistas en la región, que lejos de cuestionar la lógica de la acumulación capitalista, se han presentado como administradores dispuestos a manejar los recursos fiscales en el intento de abatir algún índice de desigualdad social, sin cuestionar jamás las rentas patronales. Estos gobiernos, supuestamente progresistas, que no ejecutan ninguna medida económica que pueda ayudar a modificar la correlación de fuerzas entre las clases sociales, se presentan como los artífices de los únicos cambios posibles, como la izquierda realista y pragmática, y de esta manera contribuyen a fomentar la resignación en el estado de ánimo de los sectores populares. Las organizaciones políticas que integran estos gobiernos, ante el secuestro de Maduro, desempolvan del baúl de los recuerdos las consignas antiimperialistas, sin que parezcan recordar que autorizaron maniobras militares estadounidenses en jurisdicción nacional, que apuestan a los tratados de libre comercio y que promueven la inversión extranjera y la extranjerización de la tierra para obtener crecimiento económico.
Entendemos que, en estos períodos de retroceso ideológico, de descreimiento por parte de amplios sectores de la clase trabajadora en la posibilidad de construir un mundo con verdadera justicia social e igualdad, en estos momentos en que las experiencias de lucha son muy fragmentadas, es imprescindible profundizar la discusión política y no aferrarnos a posiciones simplistas y maniqueas. Tal vez sería bueno, ante tanta confusión, poner sobre la mesa que somos antiimperialistas porque nos consideramos internacionalistas y dispuestos a colaborar con la lucha de la clase trabajadora y los sectores explotados y oprimidos en el mundo entero.
Contra todo tipo de agresión imperialista.
Arriba la lucha de las y los trabajadores en el mundo entero.
En Venezuela, restitución inmediata de todas las libertades políticas, no a la negociación entre el gobierno y Trump ¡¡¡Soberanía popular, que el pueblo decida!!!
Contra la política migratoria de Trump.
¡¡¡Por el rescate del optimismo histórico!!! ¡¡¡Habrá un mundo mejor!!!