Nicolás Daniluk
Mapa de la policía, 9-2-2026
Correspondencia de Prensa, 15-2-2026
El 2025 terminó con un caso de brutalidad policial en la Villa 20 en el barrio de Lugano que fue registrado desde muchos ángulos. ¿Por qué la Policía mató a Juan Gabriel a la vista de todos? ¿Por qué hay tantos videos y fotos? A continuación, el contexto que hizo posible el asesinato y la respuesta vecinal.
El 25 de diciembre de 2025 se viralizó un primer video en el que se observa al efectivo Darián Gastón Miño disparando a quemarropa a Juan Gabriel González. El Mapa de la Policía articuló rápidamente una reconstrucción del hecho que se difundió apenas un día después, un montaje de múltiples imágenes tomadas desde varios ángulos que permitió reconocerlo.
A diferencia de otras reconstrucciones, esta vez no había cámaras de televisión, fotógrafos profesionales ni monitoreo previo. Fue en un barrio, en la Villa 20 ubicada en Lugano. Entonces, ¿qué fue lo que llevó a los vecinos que no estaban involucrados en la escena a grabar? el asesinato de Juan Gabriel parece no haber sido solo la consecuencia de una situación con la que la violencia institucional del lugar coqueteaba, sino también algo que todos en la zona se veían venir.
la reconstrucción
La Policía llegó al barrio ese 25 de diciembre -a la intersección de Chilavert y Araújo, en la Villa 20- cerca de las 13:30 hs por un llamado al servicio del 911 de una vecina dueña de un comercio, quien denunció que un hombre “arrojaba botellas a su local”. La persona señalada como la responsable de los disturbios ya se había ido, así que los agentes Vanesa Valentini, Joel Riquelme y Evelyn Goncebat de la División Unidad Táctica Pacificación VI -más conocida como “La Barrial”- empezaron a entrevistar a la vecina.
En ese momento llegó Juan Gabriel con su auto, estacionó sobre la calle Chilavert y se dirigió al pasillo de acceso a su casa. Según los testimonios de varios testigos, los policías le impidieron el paso. Néstor Chávez, vecino y amigo de Juan Gabriel, quería saludarlo por Navidad y llegó justo cuando comenzaba la discusión. Es él quien cuenta que hubo hostigamiento de inmediato y que, además de cerrarle el paso, les negaban la información: “Dejen de joder”; “Váyanse para allá, negros de mierda”.
Cuentan en el barrio que la situación escaló muy rápido. Los policías empezaron a empujar y golpear tanto a Juan Gabriel como a Néstor con tonfas e incluso el casco de la oficial Valentini, que había llegado al lugar en cuatriciclo. Juan Gabriel, relatan los testigos, intentó defenderse mientras el oficial Riquelme “lo desafiaba a pelear mano a mano”.
La pareja de Juan Gabriel, Nelly Portillo, relató en su declaración que había escuchado “el barullo desde adentro”, pero como la noche anterior se había acostado tarde no salió inmediatamente. Hasta que alguien le golpeó la puerta. Al salir, recuerda, trató de interponerse para frenar las agresiones y separarlos. Incluso menciona que Juan Gabriel intentaba alejarse de los oficiales que lo seguían a los golpes.
La Barrial -perteneciente a la Superintendencia de Pacificación de Barrios- pidió refuerzos. Minutos después, llegó la camioneta policial con dos efectivos de la Comisaría Vecinal 8-A: Darián Gastón Miño, a cargo, y Guillermo Ucedo, el chofer. Esta parte de la historia ya empezaba a ser registrada por los vecinos, quienes hoy dicen que se imaginaban que “la cosa terminaba mal”. Miño bajó de la camioneta por el lado del acompañante ya con la escopeta en mano, gritó, apuntó y disparó a corta distancia. Juan Gabriel sufrió el impulso hacia atrás por la fuerza del disparo y ya no volvió a levantarse.
La reconstrucción que el Mapa de la Policía publicó apenas 24 horas después expuso el rostro del tirador, quien -hasta el momento- no estaba identificado. De acuerdo con el testimonio de un vecino, tomado por CORREPI, que intentó asistirlo, la Policía no sólo no le brindó asistencia inmediata, sino que además impidió que otras personas le hicieran maniobras de primeros auxilios. Incluso se lo impidieron a su hermana Romina, que es enfermera. Finalmente, la autopsia oficial reveló que la causa de muerte fue “lesiones por proyectil de munición múltiple en tórax y abdomen”, lo que produjo una “hemorragia interna y externa”.
Las declaraciones de los agentes plasmadas en el sumario policial presentan algunas variaciones con respecto a las de los familiares y testigos. Por ejemplo, el testimonio del Principal de la comisaría a la que pertenecía Miño, Lorenzo David Godoy -no estaba en el lugar, aunque se acercó al enterarse- menciona exclusivamente “disparos disuasorios, ante la imposibilidad del personal policial de controlar la situación”. Sin embargo, en los videos se observa un uso incorrecto del armamento al ser detonado directamente hacia Juan Gabriel a una distancia corta, lo que lo convierte en potencialmente letal. Otra versión cruzada tiene que ver con la causa de muerte: el Principal Bejarano -tampoco estaba en el lugar- asegura haber recibido de un compañero la información de que la doctora Leandra Romero (MN: 172110) constató “el óbito por una herida cortopunzante lado pulmón altura costilla derecha”, una conclusión muy distinta a la que arrojó la autopsia.
El contraste de versiones es llamativo. En las declaraciones plasmadas en el sumario policial y tomadas a pocas horas del hecho y por la misma fuerza interviniente se comienza a vislumbrar lo que se intentará plantear como coartada: que Juan Gabriel no había muerto a causa del disparo, sino por cortes, y que los efectivos solo habían disparado munición antitumulto y de estruendo. Al mismo tiempo, mientras las declaraciones de su esposa, su hijo y su amigo coinciden con diferencias de puntos de vista sobre el verdugueo policial y el desenlace, las de los oficiales son prácticamente iguales, incluso en la cantidad de disparos y tipo de munición que utilizó Miño -declaraciones de Ucedo, Riquelme y Valentini-. No es posible descartar, por lo tanto, que haya un intento de encubrimiento.
Al menos no es posible para la Justicia, que tras la observación del material fílmico que circuló en las redes sociales, entre ellas la reconstrucción del Mapa de la Policía, decidió integrar una segunda investigación por encubrimiento a la existente por el presunto delito de homicidio
“homicidio en riña”
En el video principal de la reconstrucción se observa que fueron dos los efectivos que dispararon con armas largas: la oficial Vanesa Valentini, en primer plano, vestida de negro y con casco, y el oficial Darián Gastón Miño, en segundo plano, vestido de bordó y negro, que arriba al lugar en la camioneta policial.
Valentini disparó varias veces, pero uno de los tiros que detonó Miño -mientras Juan Gabriel levantaba las manos y decía “¡ya está, ya está!”– fue el que generó el desenlace fatal. Al ver que caía sobre la vereda, se alejó de la escena y volvió hacia la camioneta. El resto de los efectivos mantuvo sus posiciones y, por unos segundos, parecieran no comprender del todo lo ocurrido.
Según los testimonios de los vecinos, cuando intentaron acercarse para socorrer a Juan Gabriel, los agentes respondieron con más hostigamiento. El propio Néstor relató que, al intentar asistirlo, un policía lo apuntó con una escopeta y le gritó que se tirara al piso, orden que obedeció. Ya reducido, un efectivo de bordó, pelado -identificado como Guillermo Ucedo- le gritaba que se callara y le pegaba patadas en las costillas, mientras otro le presionaba la cabeza contra el suelo para que no pudiera ver. Luego lo esposaron y lo llevaron contra una pared.
Algo parecido le pasó a Dante, el hijo de Juan Gabriel, quien llegó y se encontró con una persona tirada en la vereda y policías formando un cordón a su alrededor. Su tía Romina le confirmó que se trataba de su papá. Intentó acercarse y recibió la misma respuesta hostil y violenta que Nestor: lo tiraron al piso y lo esposaron.
Nelly también resultó herida por uno de los disparos -o por algunas de las postas del cartucho que mató a Juan Gabriel-, aunque al momento todavía no lo había advertido. Al ver a su compañero desplomarse comenzó a gritar para que pidieran una ambulancia porque Juan Gabriel sangraba mucho, y un oficial le respondió que “si no dejaban de gritar, no iba a venir.” Nelly sintió que se le aflojaba el cuerpo. Una vecina la agarró del brazo y la ayudó a sentarse. Otra mujer le señaló que estaba sangrando: tenía una lastimadura en el pie.
En el sumario policial que se agregó a la causa por el asesinato de Juan Gabriel aparece la desgrabación de un llamado al 911 que ya comienza a refutar lo que sería la versión oficial: que había muerto a causa de cortes hechos por otros vecinos.
Según sus propios testimonios, a Dante y a Néstor los subieron a dos móviles policiales distintos, acorralados cada uno de ellos por varios efectivos policiales que, sin dejar que les vieran sus rostros, les repetían: “bardeaste”, “hiciste algo malo”, “qué le hiciste a tu amigo”, “lo mataste a tu amigo” “qué hiciste con el cuchillo”. Fueron trasladados a distintos puntos de la Ciudad donde permanecieron detenidos, golpeados, insultados y amenazados de manera constante.
En total habrían estado en seis locaciones: un container de la Policía en Cruz y Larrazabal; una comisaría en la Villa Olímpica donde se cortó la luz; una comisaría ubicada en Cruz y Cafayate, la comisaría n°48 en Leguizamón y Sayo -aunque ahí no bajaron del vehículo-; de vuelta al primer container; y, finalmente, la comisaría n° 15 en el barrio de Chacarita. Luego del paseo intimidante, les tomaron los datos, los requisaron, los hicieron desnudarse en una habitación y volvieron a tomarles huellas y fotografías. Un médico les extrajo muestras de sangre y orina. Recién recuperaron la libertad alrededor de las cuatro de la mañana del día siguiente.
A Nelly la levantaron entre familiares y vecinos, y la subieron a un auto particular para llevarla al Hospital Grierson. Un policía -identificado como Kevin Moreno- se subió a la fuerza porque, aunque se lo pidieron, no quiso bajarse. Dijo que iría al hospital con ellos. En la guardia y durante las largas horas que estuvo esperando a ser atendida, Nelly se enteró de la muerte de Juan Gabriel. Entró en estado de shock, mientras observaba un desfile constante de efectivos custodiando y hablando entre sí en la puerta. En un momento, una de las oficiales de custodia le informó que estaba “detenida por haber agredido a un oficial” y le sacó el celular, no sin antes exigirle la contraseña para revisarlo. Nelly se negó. Durante todo ese tiempo, cuenta, los agentes le repetían “mira que nosotros nos portamos bien con vos”.
Recién al día siguiente, cerca de las nueve de la mañana, un médico traumatólogo la atendió con curaciones superficiales y puntos en las heridas. Tras recibir el alta, fue trasladada a la Comisaría 8-A para labrar actas y, finalmente, pudo regresar a su casa, su barrio, donde pudo ser contenida por su familia. Volvió sin Juan Gabriel.
quiénes son
Los primeros agentes que llegaron al lugar pertenecen a la División Unidad Táctica de Pacificación de Barrios VI, una de las siete de la Superintendencia de Pacificación de Barrios. Actualmente, está dirigida por el Comisario Mayor Diego Conesa y anteriormente estuvo a cargo del actual Jefe de Policía, Comisario Mayor Diego Ariel Casaló.
La creación de estas unidades se remonta a 2012, ante «la necesidad de contar con un cuerpo que participe y tenga presencia en algunos barrios descuidados de la Capital Federal”. En sus inicios perteneció a la Policía Federal pero, de manera progresiva, sus funciones fueron absorbidas por la Policía de la Ciudad, que tiene presencia permanente en la Villa 20 con un destacamento en Ana Díaz 5400. En consecuencia, la Policía de la Ciudad sostiene que los efectivos de estas células reciben formación en “técnicas de irrupción, dispersión y contención, empleando equipamiento adecuado para cada circunstancia”. Aunque estuvieron en la escena y participaron del hostigamiento inicial y posterior, quien disparó a quemarropa fue Darián Gastón Miño, quien pertenece a la comisaría 8A. El principal Lorenzo David Godoy, de la misma comisaría, hoy está señalado por presunto intento de encubrimiento.
La autopsia permitió constatar que Juan Gabriel presentaba numerosos hematomas y escoriaciones en distintas partes de su cuerpo, compatibles con los golpes de tonfa y el impacto de las balas de goma. Pero la herida letal, sobre el lado derecho de su tórax y que alcanzó destructivamente varios de sus órganos, era de forma circular, con un diámetro de 14 centímetros y “signos de ahumamiento”, es decir, depósitos de hollín y pólvora característicos de un disparo con arma de fuego a corta distancia. Muy distinto a lo que produciría una herida con arma blanca.
Además, en el interior de su cuerpo se encontraron mediante detector de metales seis postas de plomo, junto al taco plástico correspondiente al cartucho disparado. Este dato, sumado a la confirmación del tipo de munición utilizada -contraria a la versión policial-, resulta relevante: el taco de los proyectiles está diseñado para separarse de las postas a muy corta distancia del cañón y no impactar en el blanco. Su hallazgo, sumado al efecto altamente destructivo del proyectil, permitió al cuerpo forense estimar que la distancia de tiro podría ser de aproximadamente cinco metros.
La escopeta Benelli utilizada es un modelo versátil que, según materiales de instrucción de la propia Policía de la Ciudad, admite distintos tipos de munición, tanto antitumulto como letal. Cabe señalar que, por su relevancia vital, los cartuchos antitumulto o disuasivos y los letales se diferencian por varias características de rápido reconocimiento, como su peso y color: en general rojo para la munición letal, y verde o azul para antitumulto. “El que disparó el arma fue el mismo que la cargó, así que es muy poco probable que no supiera exactamente lo que estaba haciendo”, dice la defensa de la familia.
En los mismos videos de capacitación policial se establece que, tras efectuar el disparo, el procedimiento reglamentario indica accionar la corredera hacia atrás para expulsar la vaina y cargar nuevamente la escopeta. Sin embargo, en el registro audiovisual del hecho, Miño no parece llevarlo a cabo y ejecuta en cambio un movimiento atípico sobre la escopeta, tras el cual se retira rápidamente hacia el móvil policial. La oficial Valentini sí acciona la corredera eyectando las vainas de sus disparos, que se ven caer en el suelo. Esta secuencia abre serios interrogantes sobre la preservación de pruebas y el cumplimiento de protocolos de actuación policial.
Además de la causa por homicidio y tras los testimonios presentados, se abrió una segunda causa por los delitos de presunta privación ilegal de la libertad, apremios ilegales y vejaciones, lesiones leves y graves que quedó radicada ante el Juzgado Criminal y Correccional N° 52.
el resto del iceberg
El asesinato de Juan Gabriel fue, según cuentan los vecinos del barrio, aunque fatal e inaceptable, una demostración más del accionar policial en el lugar. Tobías Urquiza, un joven militante de La Patria es el Otro cuenta en diálogo con el Mapa de la Policía que “el verdugueo es constante” y que “no hacen lo mismo con los narcos que todos sabemos quiénes son y dónde están. Paran a los pibes, les sacan un porro, a veces los cagan a palos”.
En ese sentido, tanto él como otra vecina relataron que, desde la asunción de Jorge Macri, “el Estado se retiró por completo” de la Villa 20: “Cerraron el Centro de Acceso a la Justicia (CAJ) y los espacios donde la gente podía acudir para denunciar tanto la violencia institucional como la violencia por robos o lo que sea”, afirman.
Este problema no está encapsulado en Lugano, los CAJ fueron de los más afectados por la motosierra de Milei. La abogada Gabriela Carpinetti recordó en una entrevista con el Mapa de la Policía que, desde 2007 hasta 2023, sobrevivieron a los cambios de gobiernos, pero “a partir de diciembre de ese año fueron diezmados” y agregó “hoy prácticamente no existen esas oficinas de asesoramiento legal y atención psicosocial desplegadas en todo el territorio nacional”. En su lugar, cuenta, “existen oficinas de atención aisladas y en general desarticuladas de otros organismos nacionales”. Y, tal como relatan los vecinos de Villa 20, las más desamparadas son las mujeres que requieren hacer presentaciones por cuota alimentaria e incluso por violencia de género.
Una extrabajadora del CAJ de la Villa 20 comenta “ahí también era donde recibíamos las denuncias por violencia institucional. Ahora ese lugar de contención y ayuda no existe más”. A pesar de esto, tanto la iglesia como las organizaciones sociales buscan contener las problemáticas del barrio. Sin embargo, la violencia se vuelve incontenible.
“A Juan Gabriel le disparó un policía, pero lo mató el Estado. Ese mismo Estado que desaparece en los barrios permitiendo el avance del narcotráfico con policías que cobran cometas (coimas) de los transas”, dice el video producido por Tobías que ahora forma parte del primer contenido de la productora Fratelli Tutti, creada por los vecinos para dar a conocer lo que pasa en el barrio.
La situación en Lugano está cada vez más tensa entre los vecinos y la Policía. Tanto es así que el día del disparo a quemarropa varios vecinos cuentan que se podía sentir cómo la escalada tendría un desenlace fatal. Y no se trataba de una corazonada, la Policía hace rato que es la única presencia del Estado y maneja la impunidad de una fuerza no controlada.
Esto explica acaso la red instantánea que se activó ese día: decenas de vecinos sacaron sus celulares para que la situación, en ese momento ya incontenible, no quede sin respuesta. “En el medio del shock se acercaban los vecinos y nos decían que había sido la Policía”, relata un primo de Juan Gabriel, Oscar Villaverde. Y luego coincide con otros testimonios: “Las intimidaciones por parte de la fuerza de la Ciudad son cotidianas, detenciones arbitrarias, todas situaciones previas a este hecho”
Esa sensación de desamparo y fatalidad inminente llamó a involucrarse. Gracias a ese registro, la versión oficial pudo ser contrarrestada con imágenes que evidencian no solo un hecho específico sino toda una cadena de malas decisiones en cuanto a la seguridad.