Una familia se refugia en una estación de metro convertida en un búnker contra los bombardeos en Kyiv. Aris Messinis/AFP/Getty Images
La democracia ucraniana está hoy agotada, pero sigue viva y luchando
Guerra, pobreza y solidaridad horizontal: el tejido social ucraniano cuatro años después
Wojciech Albert Łobodziński*
Viento Sur, 31-7-2026
Correspondencia de Prensa, 5-8-2026
Más de 1600 días después del inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania, el tejido social ucraniano se encuentra bajo una fuerte presión. Este importante informe de Wojciech Albert Łobodziński, publicado en la revista católica polaca Więź 1, se basa en trabajo de campo en Kiev y en entrevistas con sociólogos, cooperantes y jóvenes ucranianos y ucranianas para trazar un mapa de la intersección entre pobreza, desplazamiento, trabajo informal y la singular solidaridad horizontal que ha sostenido a la sociedad ucraniana en condiciones que el Estado no puede asumir plenamente.
Olena Tkalich, socióloga y fundadora de la organización de monitoreo independiente Socportal, proporciona el fundamento analítico del artículo: la pobreza se ha duplicado desde 2021, el desempleo alcanzó un máximo del 26 % a mediados de 2022 y sigue siendo estructuralmente alto, y una cuarta parte de los trabajadores y trabajadoras se emplea actualmente en la economía informal. La crisis de la vivienda es grave: casi la mitad de los hogares tiene dificultades para afrontar los costes de la vivienda, y entre los inquilinos, más de la mitad gasta más de la mitad de sus ingresos en el alquiler y cargas. La respuesta del Estado ha sido reducir las ayudas para las personas desplazadas (a partir de marzo de 2024) y mantener un parque de viviendas privatizado que no puede redistribuir; su única iniciativa de vivienda, el programa de hipotecas subsidiadas eOselya, ha tenido una tasa de rechazo del 70-90 % y está creando propietarios endeudados en lugar de inquilinos de vivienda social.
En contraste, el artículo documenta la magnitud y complejidad de la ayuda humanitaria: más de 660 organizaciones humanitarias, la red de centros gestionados por la Comunidad de San Egidio y Caritas-Spes, y el vasto ecosistema de recaudación de fondos militares y civiles, un fenómeno que el artículo analiza desde los orígenes de las cadenas de suministro de voluntariado en 2014 hasta la actualidad, donde un escritor puede recaudar fondos para más de 310 vehículos y donde una campaña conjunta de dos días recaudó 220 millones de grivnas (aproximadamente 5 millones de euros) para drones FPV. La encuesta del Centro Razumkov de diciembre de 2025 cuantifica lo que confirma el trabajo de campo: el 92% confía en el ejército, el 81% confía en las organizaciones de voluntariado, mientras que el 76% desconfía del parlamento.
La tensión crítica que Łobodziński deja abierta es la siguiente: ¿puede una sociedad civil horizontal, que ha suplantado a las capacidades del Estado, impulsar también la transformación económica y política estructural que Ucrania necesitará tras un alto el fuego? Tkalich se muestra escéptico: la legislación actual debilita la negociación colectiva, afianza la informalidad y se aleja de una fiscalidad progresiva. Se prevé una escasez de mano de obra de entre 1,5 y 4,5 millones de trabajadores y trabajadoras en la próxima década, pero los salarios siguen siendo los más bajos de Europa. La democracia ucraniana, concluye el artículo, está agotada pero siempre lucha. [AN]
La trampa estructural de la pobreza
“Cuando se trata de nuestra guerra contra Rusia, el mundo se basa en imágenes que poco tienen que ver con la realidad. Entre un bombardeo y otro, entre una batalla o una escaramuza en un sector clave, la vida cotidiana continúa: trabajo, educación, cuidado de los niños y niñas, todos los aspectos normales del día a día”, dice Andriy, un voluntario de veintitantos años que trabaja para una de las organizaciones humanitarias activas en Kiev. “Al parecer, estos problemas no merecen los titulares”, añade.
Olena Tkalich, socióloga y fundadora de Socportal -un organismo de monitoreo independiente que realiza un seguimiento de la situación socioeconómica en Ucrania- y afiliada a la organización no gubernamental progresista Sotsialnyi Rukh (Movimiento Social) 2, observa que la guerra defensiva a gran escala, que ha durado más de 1600 días, ha exacerbado significativamente los problemas que la sociedad ucraniana ya enfrentaba antes de la invasión. Entre estos problemas se encuentra la pobreza. Las estimaciones del Banco Mundial indican que la tasa de pobreza -la proporción de la población que vive por debajo del umbral nacional de pobreza- aumentará al 41,6 % en 2025, frente al 37 % en 2024, el doble de la cifra de 2021.
El desempleo está empeorando la situación. “La tasa de desempleo, que rondaba el 9,9 % en 2021, aumentó drásticamente en los primeros meses posteriores a la invasión, alcanzando un máximo de alrededor del 26 % en el segundo trimestre de 2022. A medida que la actividad económica y la demanda laboral se recuperaron gradualmente en algunos sectores y regiones, la tasa volvió a situarse en torno al 15 % a principios de 2025”, informa Tkalich. Las proyecciones del Banco Nacional de Ucrania anticipan un descenso gradual adicional: una tasa media del 11 % en 2025, que bajará al 10 % en 2026 y al 9 % en 2027.
Sin embargo, las estadísticas oficiales no ofrecen una imagen completa de la situación, argumenta Tkalich. Muchos hombres no exentos del servicio militar evitan inscribirse en las oficinas públicas de empleo por temor al reclutamiento forzoso.
Esta tendencia ha impulsado el crecimiento del trabajo no declarado, que conlleva graves riesgos. “Las personas que trabajan informalmente -fuera de cualquier marco regulatorio- no tienen garantía de recibir un salario, y en sectores peligrosos como la agricultura o la construcción, carecen literalmente de protección laboral y de red de seguridad en caso de accidente”, afirma Tkalich. 3
Según datos del Servicio Estatal de Empleo de Ucrania, en 2023 había tres millones de trabajadores y trabajadoras ucranianos en la economía informal, lo que representaba el 20 % del total de personas empleadas. Para 2025, esta cifra había aumentado al 25 %.
“Si bien el período durante el cual se pueden recibir los subsidios por desempleo se ha extendido recientemente de tres a seis meses y se ha aumentado el importe máximo, esto representa esencialmente un retorno a los estándares de antes de la guerra. Solo una pequeña proporción de la población sigue utilizando las oficinas de empleo: el número de solicitantes de empleo registrados ha disminuido de 300.000 antes de la guerra a solo 80.000 o 90.000 en la actualidad”, agrega Tkalich, señalando que esto refleja tanto los niveles históricamente bajos de los subsidios como el hecho de que los hombres que evitan la movilización limitan su contacto con los organismos estatales.
La crisis de los desplazamientos internos
La magnitud del desplazamiento forzado provocado por la invasión a gran escala de febrero de 2022 no tiene precedentes en la historia europea moderna, y divide a los desplazados en dos grupos: los que abandonaron el país y los que buscaron refugio dentro de sus fronteras.
Dentro de Ucrania, más de 3,7 millones de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares y emprender el peligroso viaje a través del país. Oleadas de desplazados internos se desplazaron hacia regiones más seguras o de importancia logística y económica, asentándose principalmente en las provincias de Dnipropetrovsk, Járkov, Kiev, Zaporiyia y Odesa. 4 Al mismo tiempo, un flujo masivo de casi seis millones de personas optó por abandonar Ucrania por completo, buscando seguridad principalmente en Polonia, Alemania y la República Checa. 5
“Sin embargo, este éxodo masivo y bidireccional no fue uniforme y ha generado una forma específica y profundamente arraigada de desigualdad estructural”, observa Tkalich. Cruzar la frontera hacia la Unión Europea se convirtió en gran medida en un privilegio de la clase media ucraniana: personas con altas cualificaciones profesionales, dominio de idiomas extranjeros y una importante movilidad social, que contaban con la confianza y los recursos necesarios para comenzar una nueva vida en otro país. En Ucrania, a menudo más cerca de las zonas de peligro, han permanecido quienes carecían de capital material y no podían costearse una huida tan larga y costosa.
Tal y como se indica en el informe de 2024 de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), titulado “Migración en Ucrania: Datos y cifras”, el 70% de los refugiados y refugiadas de guerra ucranianos en el extranjero poseen un título de educación superior, en comparación con el 33% de la fuerza laboral ucraniana anterior a la guerra, y por encima de los promedios equivalentes de los países de acogida (33% en Alemania, 34% en Polonia).
“En Ucrania, quienes permanecieron fueron la clase trabajadora y aquellos con menor nivel educativo y menos capital cultural. La barrera del idioma y la falta de seguridad material generaron un temor fundado al desempleo en un mercado laboral extranjero. Esto dio lugar a una clara polarización entre quienes contaban con el capital necesario para emigrar y quienes, por razones económicas, quedaron excluidos”, añade Tkalich.
Más de la mitad de los ingresos se destinan al alquiler
Con un salario mensual promedio en Ucrania de alrededor de 600 euros, y un salario mínimo y una pensión mínima de alrededor de 200 y 50 euros respectivamente, los alquileres de mercado (de 300 a 500 euros en Kiev y Lviv) son prácticamente inalcanzables para las familias desplazadas.
“La situación se ve agravada por los drásticos recortes a la ayuda gubernamental para las personas desplazadas internamente, introducidos en 2024”, añade Tkalich. “Si bien antes casi todas las personas desplazadas recibían un subsidio mensual, ahora los criterios se han endurecido considerablemente, limitando el apoyo únicamente a los grupos más vulnerables, como las personas con discapacidad y las familias con niños pequeños”.
La guerra ha alterado fundamentalmente la situación de la vivienda en Ucrania, sumiendo a un mercado previamente estable en una profunda crisis socioeconómica que, junto con el deterioro del estado del bienestar, constituye el principal obstáculo que impide el regreso de las personas al país. Según un informe de la Fundación Europea para Estudios Progresistas Europeos (FEPS), 6 el primer año de la guerra bastó para dañar o destruir aproximadamente el 10% del parque de viviendas nacional, y la situación se deterioró día a día. El modelo anterior a la guerra, basado en la privatización y la accesión a la propiedad de la vivienda, se derrumbó abruptamente: en 2021, el 95% de las ucranianas u ucranianos vivía en viviendas de propiedad; para 2024, esta proporción había caído al 79%, y la proporción de inquilinos se redujo al 14%.
Además, el 42% de los hogares tienen dificultades para afrontar los gastos de vivienda. El 13% de las familias destina más de la mitad de sus ingresos a la vivienda, mientras que el 29% gasta entre el 31% y el 50%. Para los inquilinos, la situación es aún más difícil: el 54% gasta más de la mitad de sus ingresos en alquiler y servicios, y el 31% gasta más del 70%.
Con un salario medio de unos 500 euros, comprar un apartamento de una habitación (que cuesta unos 32.000 euros en Lviv o 25.000 euros en las afueras de Kiev) es impensable para un trabajador o trabajadora medio.
La dimensión más extrema de esta crisis es que, entre las personas que viven hoy en día en la calle, casi una de cada cuatro se quedó sin hogar directamente como consecuencia del desplazamiento forzado debido a las operaciones militares.
Al mismo tiempo, ante la gran cantidad de apartamentos vacíos que dejaron quienes pudieron marcharse, el Estado no ha creado ningún programa para poner siquiera una parte de este parque de viviendas a disposición de los más necesitados. “En realidad, esta opción ni siquiera se menciona en los principales medios de comunicación; solo aparece en publicaciones especializadas de tendencias de izquierda. Esta carencia se debe en gran medida al período de transformación postsoviética, durante el cual se privatizó la gran mayoría del parque de viviendas de Ucrania. Como resultado, ni el gobierno central ni las autoridades locales disponen de un número significativo de viviendas sociales”, observa Tkalich.
El Estado controla solo una fracción insignificante del parque de viviendas, principalmente residencias universitarias o dormitorios para trabajadores pertenecientes a fábricas estatales, una proporción marginal del mercado total. “La única iniciativa real del gobierno fue ofrecer compensación económica a los propietarios que alquilaban sus apartamentos a personas desplazadas internamente”, añade Tkalich. “Pero estos subsidios eran demasiado pequeños para ser un incentivo efectivo. Ciertamente no era un modelo de alquiler gratuito: los inquilinos e inquilinas desplazados aún tenían que contribuir de su propio bolsillo”. 7
Los refugiados y refugiadas ayudan a los refugiados y refugiadas
En tiempos de guerra, las organizaciones humanitarias han asumido en gran medida funciones donde el papel del Estado es limitado. 8 Según los análisis operativos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), más de 660 organizaciones humanitarias operan en Ucrania. Algunas de ellas, en coordinación con la OCHA, han lanzado un Plan de Respuesta a las Necesidades Humanitarias a principios de 2026 para brindar asistencia vital, incluyendo alimentos, atención médica, refugio y ayuda financiera.
«Se estima que, en total, 10,8 millones de personas en Ucrania necesitarán asistencia humanitaria este año, incluyendo a las personas desplazadas internamente y a las afectadas por el conflicto que no han sido desplazadas», afirman los autores del plan.
Uno de los ejemplos de iniciativa de larga trayectoria, activa en Ucrania durante años y que coordina sus acciones con la OCHA, es la Comunidad de San Egidio, 9 una de las organizaciones no gubernamentales más antiguas, activa de forma continua desde 1991. Sus voluntarios abastecen regularmente a centros médicos en todo el país y trabajan estrechamente con las administraciones locales y las comunidades en las zonas de primera línea.
Tras el inicio de la invasión rusa a gran escala, la Comunidad amplió de inmediato sus actividades, transformando sus estructuras existentes en una vasta misión de ayuda humanitaria. En el centro de esta labor ampliada se encuentran cuatro importantes centros de ayuda humanitaria, inaugurados en octubre de 2023 en Lviv, Ivano-Frankivsk y Kiev (donde actualmente operan dos centros).
“En nuestros centros humanitarios, brindamos apoyo a aproximadamente 600 familias. La ayuda se destina principalmente a personas desplazadas, residentes de ciudades cuyos hogares fueron destruidos en los ataques contra Kiev, Lviv e Ivano-Frankivsk, así como a personas mayores, personas con discapacidad, familias numerosas y familiares de fallecidos y desaparecidos”, explica Vita Zinievych, coordinadora comunitaria en Kiev. “Cada centro recibe un promedio de 200 familias por semana. La magnitud de nuestro trabajo se evidencia en el caso de Kiev, donde solo en mayo más de 1 700 familias recibieron asistencia a través de los centros humanitarios, incluyendo más de 3 700 paquetes de alimentos”, añade.
Además de alimentos, la organización distribuye productos de higiene, incluidos aquellos que necesitan específicamente las personas mayores y los niños. En invierno, se añaden mantas, pijamas de calor, baterías portátiles y lámparas recargables a los paquetes destinados a quienes lo necesitan.
La Comunidad también está comprometida a ayudar a las personas sin hogar, apoyar a los ancianos en residencias y proporcionar un espacio para niños y jóvenes, ofreciéndoles un entorno seguro para su desarrollo, algo especialmente importante en tiempos de guerra.
También ofrece viviendas sociales a quienes más las necesitan. «Actualmente, contamos con siete apartamentos. Cada uno está adaptado a las necesidades de diferentes grupos: alojamos a hombres y mujeres sin hogar, mujeres mayores desplazadas internamente y personas con discapacidad», explica Zinievych.
Como señalan las voluntarias y voluntarios en sus conversaciones, su labor diaria en los centros -en lo que respecta a la organización de la vida comunitaria- depende en gran medida de la contribución de las propias personas desplazadas internamente. “La necesidad repentina de abandonar el hogar a causa de la guerra implica perder el entorno anterior: familia, amigos y compañeros”, observa Zinievych. “Por lo tanto, una de las necesidades esenciales de estas personas es la resocialización, la integración en un nuevo lugar y la sensación de la presencia y el apoyo de otras personas”.
En respuesta a estas necesidades, la Comunidad de San Egidio no solo distribuye ayuda, sino que también invita a quienes la reciben a participar en la ayuda a otros. Este compromiso les permite recuperar el equilibrio psicológico y forjar nuevas relaciones, algo que muchos de los que han recibido ayuda describen como el paso que les salvó la vida y les ayudó a recuperar su salud física y mental.
Los centros también acogen a veteranos de guerra, muchos de los cuales sobrevivieron a años de cautiverio ruso, sufriendo a menudo violencia, humillación y hambruna, así como a familias desplazadas dentro de Ucrania desde 2014, huyendo del conflicto armado. Su participación en el trabajo comunitario les proporciona una apariencia de normalidad. “Sin embargo, la asistencia material sigue siendo esencial. Con el aumento de los precios y la necesidad de pagar el alquiler, el apoyo material y financiero es de vital importancia, especialmente para las personas mayores, que se encuentran en la situación más difícil”, concluye Zinievych.
La guerra golpea con más dureza a las personas más pobres
Desde 1994, Caritas también lleva a cabo una misión en Ucrania, en coordinación con la OCHA. Si bien su nombre se asocia a una única institución coherente, en Ucrania tiene una singular estructura dual. Allí operan dos organizaciones completamente independientes que, aunque colaboran estrechamente dentro de la confederación mundial Caritas Internationalis, están afiliadas a diferentes iglesias. La primera es Caritas Ucrania, asociada a la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, 10 una poderosa red de organizaciones regionales en todo el país. La segunda es Caritas-Spes, que opera bajo los auspicios de la Iglesia Católica Romana.
En consonancia con su misión, Caritas-Spes ayuda a las personas necesitadas sin importar su religión, nacionalidad o creencias. La organización se financia mediante donaciones y mantiene estrechas alianzas con organizaciones internacionales, incluyendo una colaboración muy intensa con Caritas Polonia.
“Gestionamos ocho centros locales cerca de la zona de operaciones militares: en las regiones de Sumy, Járkov, Zaporiyia, Jersón y Dnipropetrovsk. También trabajamos con un centro en la región de Donetsk, en Sloviansk, en la línea del frente, donde nuestro personal evacua a la población local de las zonas más peligrosas a las que aún se puede acceder de forma segura”, afirma Olha Tsetsevych, directora sénior de comunicaciones de la sede ucraniana de Caritas-Spes.
“También gestionamos la rehabilitación de veteranos y veteranas”, continúa. “Contamos con un centro especializado en la región de Zhytomyr, donde los veteranos pueden pasar 10 días con sus familias. Durante este tiempo, trabajan con psicólogos y otros especialistas que les ayudan a reintegrarse a la vida en sociedad. Asimismo, organizamos iniciativas educativas -no programas formales, sino talleres para el público en general- que enseñan a las personas cómo acoger e integrar adecuadamente a los veteranos y veteranas”.
Kiev cuenta con una filial diocesana de Caritas-Spes que realiza trabajo directo sobre el terreno. “Nuestro trabajo consiste principalmente en ayudar a los más pobres. Dos o cuatro veces por semana, ponemos en marcha un comedor móvil. Durante este tiempo, atendemos a unas 350 personas, a veces incluso a 400. Además de comidas calientes, distribuimos ropa y otros artículos de primera necesidad, según la disponibilidad de ayuda humanitaria”, explica el padre Andrij Pedaj, director de Caritas-Spes en Kiev.
La oficina de Caritas-Spes también gestiona un refugio. “Cuando se activa la alerta antiaérea y hay bombardeos, mucha gente acude. Contratamos a una mujer que se encarga de esto: abre el refugio e incluso duerme allí, para que los residentes siempre puedan entrar”, explica el padre Pedaj.
Desde su perspectiva, la situación de las personas más pobres y excluidas se deteriora constantemente. “Los precios han subido y las ayudas sociales apenas han aumentado. En ese sentido, la situación es más difícil. La gente de Kiev vive bajo una enorme tensión. Lo veo incluso en mí mismo: pasa un coche y da un petardazo, e inmediatamente te pones tenso. ¿Y qué pasa con los ancianos y ancianas que apenas pueden caminar y ni siquiera pueden bajar al sótano? Viven bajo un estrés constante, sin poder dormir, y lo pasan extremadamente mal. Es cierto que en una guerra, siempre son los más pobres quienes más sufren. Imagínense a alguien que vive en el piso 20 y tiene que subir durante un corte de corriente”, dice el padre Andrij Pedaj.
Ayuda mutua
En los peores momentos -los inviernos, cuando los ataques con drones y misiles rusos dejaban a Kiev sin electricidad- la ayuda mutua era la fuerza que permitía a los ancianos y discapacitados seguir adelante.
“Principalmente consistía en llevar comida. Entregábamos comidas a domicilio. La gente estaba en casa, aislada del mundo, a menudo sin pan. La falta de electricidad era un problema, pero en los apartamentos hacía un frío glacial. En algunas viviendas, la temperatura bajó a menos uno, cero, más uno o más cinco grados. Y la gente tenía que vivir así permanentemente. No se trataba de que se cortara la luz durante una hora y luego todo volviera a la normalidad”, dice el padre Pedaj.
El obispo local y la oficina económica diocesana reaccionaron de inmediato ante la crisis. Como recuerda el padre Pedaj, Caritas Kyiv emprendió una intensa labor, organizando lo que se denominaron “puntos indestructibles” (punkty niezłomności) en las parroquias durante el invierno, primero en la capital y luego en los pueblos de los alrededores” 11. La gente podía ir allí, entrar en calor, comer algo caliente, sentarse un rato o cargar sus teléfonos”.
El apoyo de Polonia resultó crucial en aquel momento. Caritas Ucrania recurrió a su homóloga polaca. “Nos enviaron de inmediato grandes cargamentos humanitarios de alimentos. También nos entregaron pequeños generadores eléctricos, que distribuimos entre las personas necesitadas. La empresa polaca Fogo también donó generadores de mayor capacidad. Los distribuimos entre la población, ya que un generador de este tipo se puede colocar en un balcón donde no hace mucho ruido y cumple su función. Fue un apoyo enorme. Recibimos tantos alimentos para los pobres que todavía hoy cocinamos con estas reservas. También preparamos paquetes de alimentos y los distribuimos entre los residentes”, continúa el sacerdote.
La solidaridad horizontal
Gran parte del apoyo básico consiste, además de en organizaciones humanitarias, en campañas de recaudación de fondos dirigidas tanto a la ayuda humanitaria como al apoyo a los esfuerzos de defensa de Ucrania.
Un ejemplo del extraordinario dinamismo de la recaudación de fondos ciudadana, descrito en el informe “Resiliencia y solidaridad: la sociedad ucraniana frente a la guerra”, publicado por la Fundación Stefan Batory 12, fue la acción conjunta de la plataforma United24 13 y la Fundación Come Back Alive (Fundacja “Wróć żywym”/ “Повернись живим”) 14 (Operación “Unidad”), durante la cual se recaudaron 220 millones de grivnas (aproximadamente 5 millones de euros) en tan solo dos días para la compra de miles de drones FPV. 15
El escritor Andriy Lubka 16 recuerda en la misma publicación que hubo ocasiones en las que, como particular, anunció una campaña de recaudación de fondos para un solo vehículo destinado a una unidad de primera línea, y a la mañana siguiente la cuenta tenía suficiente para comprar dos. Con los fondos recaudados de sus lectores, compró y entregó más de 310 vehículos al frente. Estos ejemplos se multiplican al compararlos con las iniciativas organizadas en Polonia en apoyo a Ucrania.
«Las colectas ciudadanas en Ucrania a esta escala y de esta forma son un fenómeno, porque nuestro presupuesto estatal no puede cubrir todas las necesidades militares y humanitarias relacionadas con la guerra contra Rusia, que tiene ventaja en términos de capacidades y recursos”, dice Mykhailo, un estudiante ucraniano que él mismo ha organizado este tipo de colectas.
“En Ucrania, tenemos dos tipos de recaudación de fondos: la gestionada por el gobierno, destinada a beneficiarios extranjeros, y la recaudación desde la base”, continúa. “La recaudación de fondos gubernamental, como la de United24, funciona de forma muy sencilla: el gobierno anuncia las necesidades más urgentes, por ejemplo, la compra de generadores para compensar los ataques a la infraestructura energética; personas de todo el mundo donan y, posteriormente, consultan los informes en las comunicaciones oficiales del sitio web o las redes sociales”.
La recaudación de fondos desde la base es un concepto totalmente distinto, que se desarrolló a partir de 2014 y alcanzó su punto álgido después de 2022. “Imagínese que un dron destruye su negocio, o que tiene un familiar o amigo en una brigada militar que necesita un vehículo para evacuar a los heridos. Es mucho más rápido organizarse y recaudar fondos de forma independiente (o a través de una ONG) que esperar años para recibir una indemnización o suministros oficiales”, explica Mykhailo. “En este último caso, el personal militar a nivel de unidad identifica la necesidad; una persona o una ONG que desea ayudar anuncia la campaña de recaudación de fondos, la gente dona, se realiza la compra y se publica un informe. Todo se basa en la confianza y las relaciones horizontales”.
Taras Chmut, director de la Fundación Come Back Alive, señala una transformación estructural en el mismo informe. Tras el auge inicial de 2022, cuando personas en estado de estrés agudo realizaron donaciones masivas a unas pocas grandes organizaciones nacionales, la estructura comenzó a polarizarse. Ahora, con la movilización casi universal, prácticamente todas las familias ucranianas tienen a alguien cercano dentro de las estructuras de defensa. En la pugna entre el apoyo racional a una gran fundación impersonal y la ayuda directa a alguien conocido, la conexión emocional prevalece naturalmente.
La facilidad para organizar una iniciativa de este tipo también resulta atractiva. “Publicas un mensaje, abres una cuenta aparte o recaudas donaciones en tu propia cuenta, compras lo que necesitabas para recaudar fondos e informas de todo públicamente, incluso en redes sociales, mostrando los recibos. Si se trata de recaudar fondos para alguien cuya casa ha sido destruida o que necesita rehabilitación, sin especificar una cantidad exacta, el beneficiario informa cuánto se recaudó y en qué se gastó”, explica Mykhailo.
Grupos musicales, medios de comunicación y organizaciones deportivas también participan en las iniciativas de recaudación de fondos. “Es algo nuevo, divertido y efectivo: el público recibe un artículo único (una camiseta firmada u otro producto) y ayuda a los militares o a personas necesitadas. Incluso durante las retransmisiones de partidos de fútbol, los canales de televisión muestran códigos QR para recaudar fondos en pantalla durante todo el partido para involucrar a más gente. Una vez oí a un amigo decir algo que nunca olvidaré: ‘El contenido sobre la guerra y la recaudación de fondos tienen que competir con los vídeos de gatos, así que tenemos que ser competitivos y hacerlo de forma creativa’ ”, relata el estudiante.
También afirma que, personalmente, le resulta difícil ahorrar para el futuro porque se siente obligado a ayudar aquí y ahora. “Ahorrar no tiene sentido bajo ocupación, así que, desde ese punto de vista práctico, invertir en nuestro ejército es la inversión más inteligente”, concluye.
La cultura de la recaudación de fondos también ha cambiado el comportamiento del consumidor en Ucrania. «Hemos llegado al punto en que las empresas ucranianas que no muestran sensibilidad social e ignoran por completo la guerra son ‘canceladas’ y presionadas para que tomen medidas activas, organicen sus propias campañas de recaudación de fondos, donen el 1% de cada café y cruasán a drones, etc. De esta manera, sientes que cada día estás haciendo algo útil por tu país, incluso con solo comprar un café”, dice Mykhailo, quien ha organizado personalmente una docena de campañas de recaudación de fondos para el ejército.
Una sociedad horizontal
Los ucranianos y ucranianas confían en quienes luchan y en quienes realizan labores de rescate, manteniendo cierta distancia con los políticos y la administración pública. Así lo demuestran los resultados de la encuesta del Centro Razumkov 17, publicada en diciembre de 2025. Encabezando la clasificación de confianza social, que se mantiene constante, se encuentra el ejército, con el 92% de los encuestados. Inmediatamente después, se sitúan los rescatistas del Servicio Nacional de Emergencias, con el 86%. La tercera fuerza más confiable del país, con el apoyo del 81% de los encuestados, son las organizaciones de voluntariado y el sector de las ONG.
La situación de las instituciones públicas tradicionales es bastante diferente. En el caso del presidente Volodymyr Zelensky, la proporción de quienes confían en él y quienes no, es estadísticamente prácticamente idéntica, con un 48 % y un 45 % respectivamente. Se registra exactamente el mismo resultado en cuanto a la credibilidad de los medios de comunicación ucranianos. Una división similar se observa en la Oficina Estatal de Investigación, donde la confianza y la desconfianza se sitúan en un 40 % y un 42 % respectivamente.
La verdadera división se evidencia en las valoraciones de la clase política y los funcionarios públicos. A la cabeza de las valoraciones negativas se encuentra el Parlamento: la Rada Suprema está desacreditada por el 76% de los ciudadanos. Cifras similares se aplican al aparato estatal (75%) y al gobierno (73%). La lista concluye con los partidos políticos (más del 71% de desconfianza), seguidos por los tribunales (66%) y la fiscalía (60%). Cabe destacar que la oposición no se beneficia y tampoco goza de buena reputación: el 59% de los encuestados se muestra escéptico hacia ella, mientras que el 57% de los ucranianos expresa una desconfianza general hacia las autoridades.
“Para entender Ucrania, hay que entender la poderosa fuerza de los lazos horizontales aquí”, dice Jimmy Rushton, analista y periodista del Kyiv Independent 18, que trabaja en Kiev desde febrero de 2022. “Hay una profunda desconfianza histórica hacia el gobierno central, que va de la mano con un extraordinario nivel de confianza entre los propios ciudadanos y ciudadanas”, declara Rushton.
Esta característica de la sociedad ucraniana en acción se hizo patente desde el inicio de la invasión rusa a gran escala, durante la batalla por Kiev. “Innumerables personas simplemente tomaron las armas y fueron a luchar por iniciativa propia, sin esperar órdenes del gobierno, creando comunidades orgánicas de defensa territorial. Esta iniciativa popular está presente tanto en el sector civil como en el militar”, afirma el periodista.
«Por ejemplo, la revolución en el uso de drones FPV no fue impuesta por el Estado. Comenzó con un pequeño grupo de pilotos de drones FPV que, al observar sus drones de carreras, pensaron: ‘¿Y si les colocamos una carga explosiva y los lanzamos directamente contra una trinchera rusa?’ Lo hicieron, funcionó y todos los demás les imitaron”, observa el periodista.
Esta descentralización representa a la vez una fortaleza y una debilidad en comparación con Rusia, país que destaca por su organización centralizada de la producción industrial. “Dedicaron una enorme fábrica en Alabuga a la producción de drones Shahed y los fabrican en cantidades increíbles”, explica Rushton. “Ucrania, en cambio, contaba con varios programas de drones de largo alcance que competían entre sí y operaban simultáneamente. Si bien su producción tardó más en alcanzar su máximo potencial, los sistemas que surgieron se han vuelto muy sofisticados”.
“Es extraordinariamente flexible”, continúa. “La agilidad de estas pequeñas comunidades es sorprendente. Funciona así: una ONG o un grupo de voluntarios -que fabrican equipos de forma independiente en talleres caseros o recaudan fondos para el esfuerzo bélico- tiene contacto directo con una brigada específica en el frente y, al mismo tiempo, está profundamente arraigado en su comunidad local”.
¿El futuro?
La cuestión fundamental, sin embargo, es si esta singular estructura horizontal de la sociedad ucraniana podrá superar las enormes desigualdades exacerbadas por la guerra y reconstruir el país en caso de un alto el fuego 19.
Al mismo tiempo, el alcance futuro del apoyo de la Unión Europea a Ucrania sigue siendo una incógnita, al igual que el futuro de las relaciones entre Ucrania y Europa, que por el momento están lejos de estar definidas a largo plazo.
“Las acciones actuales del gobierno de Zelensky y de los sindicatos activos restringen los convenios colectivos y prácticamente no hacen nada para contrarrestar la economía informal. La actual dirección legislativa nos aleja cada vez más de una tributación justa y de una regulación adecuada del mercado laboral”, afirma Tkalich 20 y 21.
Según datos de las organizaciones dedicadas al análisis socioeconómico y de los políticos ucranianos, Ucrania necesitará entre 1,5 y 4,5 millones de trabajadores y trabajadoras adicionales durante la próxima década para completar la reconstrucción de posguerra. Esta enorme escasez de mano de obra se debe a que millones de refugiados permanecen fuera del país, situación agravada por las bajas de la guerra y los efectos de la movilización general. Los expertos señalan que para subsanar esta deficiencia será necesario no solo el retorno de las y los migrantes ucranianos, sino también de programas intensivos de reconversión profesional y, posiblemente, la contratación de mano de obra extranjera.
“Soy muy escéptico ante la idea de la inmigración masiva. Los salarios actuales en Ucrania son los más bajos de Europa. Incluso para los trabajadores de regiones pobres de África o el sur de Asia, Ucrania simplemente no es un destino económicamente atractivo”, observa Tkalich, y añade que la situación económica actual es tan difícil que “en Ucrania ya se están debatiendo acaloradamente la posible prolongación del cierre de fronteras para los hombres incluso un año después del fin oficial de la guerra, para evitar la emigración masiva”.
“Observo un profundo agotamiento en la gran mayoría de la sociedad”, informa el sociólogo.
Como ella añade, la gente quiere que la guerra termine. Nadie aceptará la ocupación rusa ni la capitulación de Ucrania. La democracia ucraniana está hoy agotada, pero sigue viva. Sigue luchando.
*Wojciech Albert Łobodziński (nacido en 1998) es editor de asuntos exteriores de la Agencia Polaca de Noticias (Polska Agencja Prasowa) y corresponsal del diario italianoLa Stampa. Ha colaborado conoko.press, Tygodnik PrzeglądyDziennik Trybuna, y publica en inglés, italiano, búlgaro y español, especialmente enCross-Border Talks, Left.it, BarricadayMundo Obrero.
–Europe Solidaire San Frontières, 15-7-2026 (traducción del polaco y notas para ESSF de Adam Novak)
Notas
- Więź (en polaco: “Enlace” o “Conexión”) es una revista intelectual católica polaca fundada en 1958 por Tadeusz Mazowiecki, representante destacado de la oposición democrática polaca y futuro Primer Ministro. Publicada en Varsovia por Towarzystwo Więź, la revista trata de teología, de cultura, de política social y de asuntos internacionales en una perspectiva personalista-católica. Disponible aquí ↩
- Sotsialnyi Rukh (Соціальний рух — Movimiento Social) es la principal organización socialista democrática de Ucrania, fundada en 2015. Combina el apoyo a la resistencia ucraniana, la crítica a las políticas neoliberales en tiempos de guerra y la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Varios de sus miembros sirven en las Fuerzas Armadas de Ucrania. Véase Sotsialnyi Rukh, “¿Cómo vive Ucrania, tras mantener una resistencia total durante cuatro años?”, viento sur, 27/2/2026. ↩
- Para un análisis más amplio del ataque a los derechos laborales en tiempos de guerra, véase Oleksandr Skiba, “Ukraine’s Trade Unions Face Wartime Crisis and Post-War Transormation”, Europe Solidaire Sans Frontières, 25 de mayo de 2025. ↩
- El término “persona desplazada internamente (PDI)” se refiere a alguien que se ha visto obligado a huir de su hogar y que, a diferencia de un refugiado o refugiada, permanece dentro de las fronteras de su país. ↩
- Olha Altunina y Olena Tkalich, “Housing, Work, Benefits: Ukraine’s Ombusdman on What Displaced Persons Are Left Without”, Europe Solidaire Sans Frontières, 4 de junio de 2026. ↩
- Julia Yurchenko, “Housing in Ukraine”, Fundación Europea para los Estudios Progresistas (FEPS)”. FEPS es un centro de estudios progresista europeo asociado al Partido de los Socialistas Europeos. ↩
- El principal programa de vivienda de Ucrania durante la guerra, eOselya (lanzado en octubre de 2022), ofrece hipotecas subvencionadas -al 3 % para personal militar y al 7 % para otros grupos, incluidos desplazados internos, docentes y personal sanitario- en lugar de viviendas sociales. Con un pago inicial obligatorio del 20 %, tipos de interés que bajan al 10 % después del undécimo año y una tasa de rechazo del 70-90 %, el programa no llega a la mayoría de las personas desplazadas que lo necesitan. Para un análisis más amplio de la economía política de Ucrania durante la guerra -incluida la preservación de la base territorial oligárquica y los desafíos de la reconstrucción-, véase Adam Novak, “La economía política de la guerra de Ucrania y la política de una paz en ciernes”, Viento Sur, 20/05/2026. ↩
- Adam Novak, “Two Fronts: How Russia and the Ukrainian State Pressured Civil Society in 2025”, Europe Solidaire Sans Frontières, 5 de junio de 2026. ↩
- La Comunidad de San Egidio es una asociación laica católica fundada en Roma en 1968, activa en más de setenta países en los ámbitos de la ayuda humanitaria, la mediación de conflictos y el trabajo con comunidades marginadas. ↩
- La Iglesia greco-católica ucraniana es una Iglesia católica oriental en plena comunión con Roma, que utiliza el rito bizantino y está establecida principalmente en el oeste de Ucrania y entre la diáspora ucraniana. ↩
- En ucraniano, “пункти незламності” (punkty nezlamnosti): centros de calefacción y recarga establecidos por las autoridades locales y organizaciones de la sociedad civil durante los períodos de cortes de energía invernales tras los ataques rusos a la infraestructura energética entre 2022 y 2023. Proporcionaban calefacción, comida caliente, electricidad para cargar dispositivos y acceso a internet. ↩
- La Fundación Stefan Batory (Fundacja im. Stefana Batorego) es una fundación no gubernamental polaca establecida en 1988 con el apoyo de las Fundaciones para una Sociedad Abierta, que financia la sociedad civil, la democracia y los derechos humanos en Polonia e internacionalmente. ↩
- United24 es una plataforma oficial de recaudación de fondos del gobierno ucraniano, lanzada en mayo de 2022, que canaliza las donaciones hacia las necesidades prioritarias identificadas por el gobierno: médicas, humanitarias, de desminado y de defensa. ↩
- La Fundación Come Back Alive (“Fundatsiia Povernys zhyvym”) es una organización no gubernamental ucraniana que financia compras militares, fundada en 2014 ↩
- Los drones FPV (Primera Persona Vista) son pequeños vehículos aéreos no tripulados que se pilotan mediante gafas de vídeo que proporcionan al piloto una vista en tiempo real desde el dron. ↩
- Andriy Lubka es un escritor y figura pública ucraniana conocido por su ficción, su poesía y su compromiso cívico durante la guerra. ↩
- El Centro Razumkov (Centro Ucraniano de Estudios Económicos y Políticos que lleva el nombre de Oleksandr Razumkov) es un centro de estudios ucraniano no partidista fundado en 1994, que realiza investigaciones sobre política nacional, económica, social y exterior. Sitio web aquí. ↩
- Kyiv Independent es un medio de comunicación ucraniano en lengua inglesa fundado en noviembre de 2021 por periodistas que anteriormente trabajaban para el Kyiv Post, después de que sus propietarios cerraran las operaciones editoriales del periódico. ↩
- Sotsialnyi Rukh, “¿Cómo vive Ucrania, tras mantener una resistencia total cuatro años?”, Viento Sur, 27/2/2026. ↩
- Sobre la detención por motivos políticos de dirigentes sindicales ucranianos en este contexto, véase Adam Novak, “Ukrainian labour leaders arrested under pressure from neoliberal parliamentarians”, Europe Solidaire Sans Frontières, 11 de abril de 2025. Disponible aquí ↩
- Para una crítica de izquierda de la agenda de reconstrucción neoliberal y el programa de Sotsialnyi Rukh de fiscalidad progresiva, cancelación de la deuda y reconstrucción liderada por el Estado, véase Sotsialnyi Rukh, “For Ukraine without oligarchs and occupiers!”, Europe Solidaire Sans Frontières, 10 de marzo de 2025. ↩