Colombia – Victoria del Pacto Histórico. Gustavo Petro, presidente: «Llegó el gobierno de la esperanza». [Marco Teruggi – Juan Diego Quesada]

 

Gustavo Petro, presidente electo de Colombia, y Francia Márquez, vicepresidenta, este domingo, en el Movistar Arena en Bogotá. Foto: Mauricio Dueñas, Efe

 

El líder del Pacto Histórico le ganó el ballottage al empresario Rodolfo Hernández

En su primer discurso, el nuevo mandatario progresista hizo hincapié en la necesidad de lograr un reencuentro social y político en su país.

Marco Teruggi, desde Bogotá

Página/12, 20-6-2022

Correspondencia de Prensa, 20-6-2022

Gustavo Petro es el nuevo presidente de Colombia. Con 99.91 del preconteo realizado por la Registraduría el candidato del Pacto Histórico ganó con el 50.46% para un total de 11.278.437 votos, convirtiéndose en el mandatario más votado de la historia del país. Su contrincante Rodolfo Hernández, por su parte, obtuvo el 47.29% con 10.569.258 votos. La noticia se confirmó una hora y media después de cerrar las urnas en un domingo cargado de expectativas, tensiones y una participación alta para Colombia: 57.88% del padrón electoral, tres puntos más que en la primera vuelta.

“Hoy es un día de fiesta para el pueblo. Que festeje la primera victoria popular. Que tantos sufrimientos se amortigüen en la alegría que hoy inunda el corazón de la Patria. Esa victoria para Dios y para el Pueblo y su historia. Hoy es el día de las calles y las plazas”, escribió Petro en su cuenta de Twitter al confirmarse la tendencia irreversible de su victoria.

La noticia fue vivida con júbilo por quienes votaron por Petro. No solamente por la victoria, sino por el rápido reconocimiento del presidente saliente Iván Duque y también de Rodolfo Hernández, quien escribió: “llamé a Gustavo para felicitarlo por el triunfo y ofrecerle mi apoyo para cumplir con las promesas de cambio por las que Colombia votó hoy”. La aceptación de la derrota disipó las posibilidades de un escenario de tensión que recorría algunos análisis en días previos.

No era el único elemento de preocupación puertas adentro del Pacto Histórico, también lo eran las denuncias por la parcialización de la Registraduría, y la falta de auditoría de los softwares. Las últimas horas antes de las elecciones se habían cargado de denuncias sobre posibles fraudes, algo que también había sido señalado en la primera vuelta, en este caso amplificado por la posibilidad de una elección disputada por pocos votos como marcaban las diferentes encuestas. El resultado, en horas tempranas de la tarde, fue de un festejo en todo el país, con epicentro en el estadio Movistar Arena de Bogotá, donde se esperaba a Petro y Francia.

El cambio para Colombia

“Sí se pudo, sí se pudo”, coreó el estadio ante la llegada del nuevo presidente y la nueva vicepresidenta. “Este día que indudablemente es histórico, es historia lo que estamos escribiendo en este momento, para Colombia, para América Latina, para el mundo, una historia nueva porque indudablemente aquí lo que ha ocurrido hoy con estos 11 millones de electores (…) es un cambio, un cambio real”, señaló Petro.

“El cambio significa la bienvenida a la esperanza, la posibilidad de abrir un futuro, el cambio significa abrir las oportunidades para todos y todas las colombianos y colombianas, que esa esperanza pueda llenar todos los rincones del territorio nacional, el cambio significa que llegó el gobierno de la esperanza”, afirmó, en un discurso que hizo hincapié en numerosas oportunidades en la necesidad de lograr un reencuentro social, político, en el marco de un país que volvió a expresar grandes divisiones que recorren Colombia.

“No es el momento de los odios. Este gobierno que va a iniciar el 7 de agosto es un gobierno de la vida. ¿En qué consiste un gobierno de la vida? Primero en la paz, segundo en la justicia social, tercero en la justicia ambiental, la paz como eje de un gobierno de la vida”, señaló, acompañado por su hija Sofía Petro y su esposa Verónica Alcacer.

“La oposición que tendremos, bajo los liderazgos que sean, será siempre bienvenida en el Palacio de Nariño para dialogar sobre los problemas de Colombia (…) En este gobierno que se inicia nunca habrá persecución política, persecución jurídica, habrá respeto y diálogo, es así como podremos construir el Gran Acuerdo Nacional, que ya se comenzó a construir entre 11 millones de colombianos y colombianas, pero tiene que ser con toda la sociedad colombiana”, indicó, en relación al Acuerdo anunciado el día viernes junto a dirigentes políticos provenientes en muchos casos del centro político.

“Si me preguntan para qué es un Acuerdo Nacional diría para construir los máximos consensos para alcanzar las reformas que hagan que las personas tengan una vida mejor”, afirmó el ahora presidente, quien se refirió a las grandes transformaciones necesarias para Colombia, como la transición energética hacia las energías limpias, la justicia social, o la paz.

Un llamado a la paz

“La paz es que la sociedad colombiana tenga oportunidades, es que alguien como yo pueda ser presidente, o alguien como Francia pueda ser vicepresidenta, la paz es que dejemos de matarnos los unos a los otros. Desde el gobierno que se iniciará el 7 de agosto comenzará la paz integral en Colombia, a partir primero del gran diálogo nacional entre la sociedad colombiana toda, y, en segundo lugar, a partir de lograr que las armas dejen de disparar”.

El ahora electo presidente también se refirió a la política internacional: “me han llamado casi todos los presidentes de América Latina, y creo que sí podemos proponer, ahora, sobre este triunfo que nos ha dado el pueblo colombiano, un diálogo en las Américas sin exclusión de ningún pueblo, de ninguna nación, en la diversidad de América Latina”. Su discurso al respecto estuvo centrado en la necesidad de lograr acuerdos de cara a la transición energética:

“Creo que es el momento de sentarse con el gobierno de los Estados Unidos y hablar, dialogar, sobre lo que significa el hecho de que en todo el continente americano que compartimos, allá se emita como en casi ningún otro país gases de efecto invernadero, y aquí los asumimos, los absorbemos a partir de nuestra selva amazónica.”

El triunfo y alegría en tantas personas en el Movistar Arena dejó ver la importancia histórica del resultado, en particular luego de los tres años pasados consecutivos de grandes protestas, represiones y persecuciones. Petro se refirió al hecho al pedirle al Fiscal General que sean liberados los jóvenes injustamente detenidos en particular los últimos días, cuando se denunciaron arrestos ilegales de jóvenes que habían sido protagonistas del estallido del año pasado, como en la ciudad de Cali.

Colombia comienza una nueva época, que como recordaron Petro y Francia, proviene de la larga historia de resistencias que los antecedieron y de la cual forman parte. El país, que viene de más de 70 años de conflicto armado y 30 de neoliberalismo está ahora ante la posibilidad de un gobierno que proponga cambiar el statu quo conservador, desigual y sistemáticamente violento. El 7 de agosto marcará el inicio de una nueva oportunidad para un país que tanto la ha buscado.

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Gustavo Petro: la victoria final

El candidato del Pacto Histórico lleva a la izquierda al poder por primera vez en la historia de Colombia.

Juan Diego Quesada, desde Bogotá

El País, 20-6-2022

Gustavo Petro se ha convertido en el primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia. Llega de la mano de Francia Márquez, la primera vicepresidenta negra. El candidato del Pacto Histórico se presentaba por tercera vez a presidir un país manejado siempre por la élite conservadora, que ha intentado de nuevo frenar su ascenso, pero el deseo de cambio ha sido mayor. Colombia entra en una nueva era política.

“No es un cambio para vengarnos, no es un cambio para construir más odios, no es un cambio para profundizar el sectarismo en la sociedad colombiana”, fueron sus primeras palabras como presidente electo. Recordó que días atrás propuso un acuerdo nacional para dejar atrás las rencillas pasadas y por eso dijo que invitará a la Casa de Nariño (la residencia presidencial) a Álvaro Uribe, su mayor rival histórico, y a Rodolfo Hernández, el derrotado. “No es matarnos los unos a los otros. Es amarnos los unos a los otros”, añadió.

Ellos también le tendieron la mano. “Para defender la democracia es menester acatarla. Gustavo Petro es el Presidente. Que nos guíe un sentimiento: Primero Colombia”, escribió Uribe en Twitter. Hernández aceptó con deportividad la derrota y lo llamó por teléfono para ofrecerle su apoyo para cumplir con las promesas de cambio por los que votó el país. “Colombia siempre va a contar conmigo”. El actual presidente, Iván Duque, hizo lo propio a pesar de las desavenencias entre ambos: “Acordamos reunirnos en los próximos días para iniciar una transición armónica, institucional y transparente”.

El mundo no se acabó este domingo, como algunos colombianos temían. Las elecciones se celebraron en paz, no hubo fraude y el perdedor reconoció de inmediato su derrota. La institucionalidad colombiana a veces se tambalea, pero nunca se quiebra. La llegada de Petro al poder empezó a gestarse con los acuerdos de paz de 2016, cuando las Farc dejaron las armas y se reintegraron en la vida civil. Sin el gran ogro que deslegitimaba con su violencia las posiciones de izquierdas, se abría el camino de que una opción progresista pudiera gobernar en un país de corte tradicional.

Por eso sus primeras palabras las dedicó a espantar cualquier miedo de los que le temen, que no son pocos. Aunque también se dirigió a los que le han traído hasta aquí, los excluidos. Pidió al fiscal general de la nación la libertad de los jóvenes detenidos por las protestas del año pasado y que restituya a los alcaldes destituidos por haber hecho campaña por él. Aseguró que, bajo su mandato, eso no ocurrirá. “Habrá oposición indudablemente, y quizás férrea, y quizás tenaz, y quizás no la entenderemos muchas veces”, dijo Petro. “Pero en este gobierno que se inicia nunca habrá persecución política ni jurídica”.Por el camino, Petro ha derrotado a la derecha y el continuismo, personificados, en la primera vuelta, por Fico Gutiérrez. Si eso no fuera suficiente, en la segunda vuelta ha tenido enfrente a Rodolfo Hernández, un empresario de bienes raíces con un discurso agresivo contra la corrupción y la clase política dominante. Hizo de la rudeza y lo elemental un capital de simpatía política. Hernández llegaba subido en un motor populista que parecía imparable. El propio Petro no supo cómo enfrentarlo durante la primera semana de la segunda vuelta. Al final, su estrategia fue poner el foco en Hernández y sus defectos de hombre impulsivo y agresivo. El resultado le ha dado la razón.

La campaña ha sido agotadora. Petro contra todos, nuevamente. Fico recibió el apoyo de los empresarios y los partidos tradicionales. Esa era su fuerza y acabó siendo su lastre. El continuismo, lo mismo de siempre, había nacido muerto. La ciudadanía exigía un cambio. Lo representaba Petro desde la izquierda, pero la sociología falló al no saber interpretar que el descontento no es solo un asunto progresista. Muchos de esos descreídos han apoyado a Rodolfo Hernández.

Petro, de golpe, tenía que enfrentarse a alguien cuyo motor de ascenso era el mismo que el suyo. El político, acostumbrado a ir a la contra, tuvo que modificar el discurso. Frente a un hombre que desconoce algunos de los funcionamientos básicos del Estado, que considera toda la burocracia un lastre, Petro quiso representar el cambio sensato, no el salto al vacío. Partió en desventaja al arrancar la segunda vuelta porque Hernández se subió a la ola de la novedad. Todo lo que se empezaba a conocer de él resultaba sorprendente y atractivo. Hizo una fortuna valorada en 100 millones de dólares desde un pueblito, Piedecuesta, situado en un rincón del país. Ganó la alcaldía de la capital de su región, Bucaramaga, sin el apoyo de ningún partido, solo con su capital y las ideas de un hermano menor filósofo. El discurso era simple: el sistema estaba corrompido y él iba a hacer una limpia, como si fuera un personaje de Gotham. La mayoría de las obras las hizo en los barrios pobres. Instaló canchas de fútbol sintético con pantallas gigantes y televisión por cable para que los más humildes pudieran ver los partidos del Mundial. Cuando abandonó el cargo en 2019, su popularidad superaba el 80%.

Ahora, Petro tenía enfrente a esta ola populista que hunde sus raíces en el mismo sentimiento de descontento con el poder establecido que hizo presidente a Donald Trump en Estados Unidos, que propició el Brexit, el no a la paz en el referéndum colombiano y el ascenso de la extrema derecha en Europa. Después de acabar con las opciones de sus enemigos históricos, Petro tenía que enfrentarse al momento histórico. El más difícil todavía. La primera semana de campaña se veía derrotado. Hernández empezó a puntear por encima del 50% en casi todos los sondeos. La petrofobia, el miedo irracional a su llegada al poder y a todo lo que huela a izquierda, se imponía. Hernández, encima, resultaba un candidato simpático y novedoso.

Eso significaba verlo más de cerca. Empezaron a circular vídeos de sus salidas de tono. Comentarios machistas, homófobos y racistas. En un principio, viendo los sondeos, para parte de su electorado no eran posturas necesariamente negativas. Hartos de la corrupción política, Hernández decía en público lo que muchos pensaban en privado. La mujer no estaba hecha para gobernar; los inmigrantes venezolanos son fábricas de crear niños pobres. Se volvió a viralizar un vídeo en el que golpea a un concejal de la oposición. En un programa de televisión blasfemó contra la virgen y eso sí le costó un disgusto: se ha pasado la última semana visitando santuarios con gesto de contrición.

La campaña se le empezó a hacer larga. Los vídeos que salieron sobre las discusiones de los asesores de Petro le dieron un respiro. Esas grabaciones no incluían lo que los asesores de Petro llaman hecho traumático: un clip en el que se viera decir algo delictivo o alguna salida de tono grave. Las imágenes son de sus asesores hablando sin rodeos de cómo destruir la imagen de sus adversarios. No revelaba nada que alguien no se imagine tras bambalinas, pero expandió un manto de sospecha sobre la campaña. Ahí Hernández empató la contienda y ambos candidatos enfilaron la última semana hombro a hombro.

Llegó el debate fantasma. Petro, hábil en la discusión, quería un frente a frente con Hernández. Los estrategas del exalcalde de Bucaramanga no iban a exponerse a algo así: su candidato es sanguíneo y malhablado y pierde la compostura con facilidad. Un tribunal de Bogotá les ordenó organizar un cara a cara. Petro lo celebró, Hernández se escondió. Eso golpeó su imagen de hombre arrojado sin miedo a nada. Se popularizó un meme en el que se le veía oculto debajo de la cama.

Así, Petro enfrentó con ventaja la recta final. “Ganamos”, anunciaba su jefe de campaña al cierre de las urnas. El conteo le dio la razón una hora después. Las urnas arrojaron su victoria final. Y acabó el discurso como llevaba ensayando en sus mítines desde hace dos meses: “Soy Gustavo Petro y soy su presidente. Les quiero mucho”.