Conferencia de prensa del FUT, 17-11-2025. Foto: @CEDOCUT
Referéndums en Ecuador. Sorpresivo y contundente fracaso de Noboa
Raúl Zibechi, desde Quito
Brecha, 21-11-2025
Correspondencia de Prensa, 21-11-2025
A pesar de la millonaria campaña mediática oficialista, las cuatro preguntas que el presidente Daniel Noboa sometió al país cosecharon un rotundo rechazo. Más societal que partidario.
Llegó a la mesa de votación pilotando un impresionante Porsche azul eléctrico sin placa, con su joven esposa y su pequeño hijo vestido de blanco, seguido por una larga fila de patrulleros y vehículos militares. En un país azotado por la violencia y que ostenta la mayor tasa de crímenes de América Latina, donde la pobreza, según las mediciones oficiales, afecta a una cuarta parte de la población, el gesto indica que el presidente Daniel Noboa vive en otro mundo.
Una semana antes de la votación del domingo había inaugurado una cárcel de máxima seguridad en un paraje aislado de la costa, nombrada Cárcel del Encuentro, copiando los mismos modos del salvadoreño Nayib Bukele. Los presos estaban uniformados de naranja, con la cabeza rapada, unos cuantos con las manos en la nuca y de rodillas, cuando se escenificó el traslado de los 300 primeros al recinto.
Más allá de la nueva infraestructura, al carácter de Noboa lo desnudan sus declaraciones. El exvicepresidente de Rafael Correa, Jorge Glas, fue trasladado a esa prisión reservada para peligrosos asesinos, pese a que fue procesado por corrupción. «Bienvenido al nuevo hogar», escribió Noboa en sus redes sociales, mostrando a Glas vestido de naranja, y agregó que «ya empezarán con la quejadera», en referencia a los reclamos de los organismos de derechos humanos.
En abril de 2024, el presidente ordenó el asalto a la embajada de México, donde estaba exiliado Glas, y ahora lo traslada a una cárcel de máxima seguridad. Una «humillación institucional», según la abogada del exvicepresidente.
SORPRESAS TE DA LA VIDA
Noboa es el niño mimado de la familia más rica de Ecuador, exportadora de bananos en cuyos contenedores han sido descubiertos cargamentos de droga en su tránsito hacia Europa.
Los números de su derrota no dejan lugar a dudas. A la primera pregunta del referéndum del domingo, sobre la instalación de bases militares, casi el 61 por ciento de los ecuatorianos le respondieron con un No. La segunda, sobre eliminar las subvenciones estatales a los partidos políticos, fue rechazada por el 58 por ciento. La convocatoria a una asamblea constituyente, para redactar una nueva, menos «garantista» que la de 2008, según dijo, obtuvo el mayor rechazo: el 61,5 por ciento se pronunció por la negativa. La que proponía reducir la cantidad de asambleístas fue rechazada con el 53 por ciento, pese a que el parlamento no goza de popularidad y muchos preveían que sería aprobada con holgura.
La totalidad de las empresas de opinión pública daba por descontado un triunfo del Sí a las cuatro reformas propuestas. La asimetría en la publicidad fue abrumadora, con un avasallante monopolio oficialista en los grandes medios. La oposición de los partidarios de Correa no se empeñó en movilizar sus bases ni hizo propaganda masiva por el No. El movimiento social, en particular el indígena, vive a su vez sus horas más bajas en años, luego del levantamiento, algunas semanas atrás, de un paro de casi un mes en contra del aumento de los combustibles, sin haber obtenido ningún resultado positivo.
Pese a que la participación fue muy alta, en torno al 80 por ciento de los habilitados, debe recordarse que fueron las terceras votaciones en el año y las séptimas en dos años, cuando Noboa asumió la presidencia. Parece evidente que gobernar a punta de referendos, con estado de excepción casi permanente e inundando las calles de soldados y policías no resulta atractivo para buena parte de la población. Más aún cuando el presidente no explicó qué tipo de Constitución pretendía instaurar.
El gobierno creyó que la población le seguiría dando su apoyo, pero en las calles estos días se palpaba un clima favorable al No, en pintadas, carteles y, sobre todo, en las conversaciones cara a cara, en particular entre los jóvenes y los sectores populares, que sufren problemas como la inseguridad y la baja calidad de la salud y de la educación. Fue tanta la certeza que tenía Noboa en su triunfo que, a principios de noviembre, recorrió junto a la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, dos sitios considerados estratégicos para la potencial instalación de bases, en las localidades de Manta y Salinas.
Desde Bélgica, Correa intentó capitalizar el resultado al tuitear en su cuenta X que «el pueblo ecuatoriano le dice No a Noboa, a sus mentiras, a su corrupción, a su incapacidad y a su prepotencia». Miembros de movimientos sociales dijeron, con profunda ironía, que esos mismos adjetivos se han venido utilizando para describir al gobierno de la Revolución Ciudadana (dRafael Correa, CdP.
TRIUNFO DE LA GENTE COMÚN
El dirigente indígena Leonidas Iza pareció comprender lo sucedido el domingo 16, al destacar que «este triunfo es de la gente de a pie», insinuando que nadie debía apropiarse del resultado. Aunque hay coincidencias en que el rechazo a Noboa está creciendo, los análisis más interesantes buscan explicaciones no institucionales, en la calle, ya que los aparatos partidarios, sindicales y estatales no parecen haber jugado un papel relevante, de ahí el nuevo error de las encuestas.
La socióloga Natalia Sierra, profesora en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador que acompaña al movimiento social, sostiene que «ni la compra masiva de votos, ni las amenazas, ni las promesas, ni los chantajes, ni el odio, ni el racismo, ni el miedo, ni los insultos, ni la ayuda del imperio decadente pudieron evitar que el espíritu, en su inmensa diversidad, identifique por dónde está la vida y por dónde está todo lo que la amenaza».
Como muchos ecuatorianos, Sierra defiende la idea de que en esta convocatoria se trataba de frenar el avance de la derecha, del gobierno estadounidense de Donald Trump y del «necroliberalismo que amenaza la vida en el continente». Mientras el progresismo se centra en el rechazo a modificar la Constitución aprobada bajo el gobierno de Correa, las diversas izquierdas se congratulan del rechazo a las bases militares estadounidenses.
El consultor y analista Decio Machado dijo a Brecha que «Noboa está descolocado frente a la realidad ecuatoriana, representa la captura del Estado por las élites más ricas», y anticipó que Ecuador está «ante un punto de inflexión de una curva de caída del presidente». Machado estima que Noboa puede no concluir los tres años y medio que le restan de presidencia, pero también enfatiza que el correísmo no puede ganar, porque la población «está pidiendo una reconfiguración de la cartografía política institucional».
En su opinión, la gente le ha dicho No al «despotismo gubernamental» y «al envase por encima del contenido», pero adelanta que «ningún aparato político institucional representa o capitaliza este voto». Enfatiza que existe un profundo divorcio entre la sociedad y las élites políticas, que también puede haber influido en los resultados, lo que está llevando al país a una situación dramática que compara con «un barco a la deriva».
Lo principal, sin embargo, son dos hechos que los analistas abordan desde ángulos diferentes: una derrota del Pentágono y las derechas que ya no podrán convertir a Ecuador en una base militar contra China y los movimientos populares, y la constatación de que existen alternativas a la crisis del sistema político, no en los aparatos e instituciones, sino en la gente común, la «gente de a pie», que se anotó un impresionante triunfo.