Siyavash Shahabi
The Fire Next Time, 12-1-2026
Traducción de Viento Sur, 16-1-2026
Correspondencia de Prensa, 19-1-2026
A medida que la nueva ola de protestas nacionales en Irán entra en su duodécimo día, y circulan informes sobre un apagón generalizado de Internet desde anoche, un viejo debate ha vuelto al centro de la discusión política con nueva fuerza: ¿son las llamadas a la acción de las figuras políticas las que impulsan las protestas callejeras, o son principalmente un intento de subirse al carro de un movimiento que ya está en marcha?
BBC Persian abordó esta cuestión en su programa Goftogoo-ye Vizheh, presentado por Farnaz Ghazi-Zadeh, en una conversación con Leila Hosseinzadeh, antigua activista estudiantil y presa política. En los últimos años, Hosseinzadeh se ha dado a conocer por su constante interés en la justicia económica y las reivindicaciones laborales y profesionales, al tiempo que destaca los derechos de las minorías. Uno de los momentos más destacados de su trayectoria pública tuvo lugar hace dos años, cuando defendió su tesis sin llevar el hiyab obligatorio y vistiendo un traje kurdo, un acto que, según muchos observadores, impulsó el lenguaje y el espacio del activismo estudiantil hacia una nueva fase. Hosseinzadeh nació en 1991 (1370 en el calendario iraní). Afirma que comenzó su activismo político y civil en 2009, a los 18 años, y actualmente se encuentra en Alemania con una beca de investigación.
“Vincular las protestas al llamamiento de Pahlavi es un error”
La primera pregunta del programa fue directa al meollo del asunto. A Hosseinzadeh, que lleva mucho tiempo haciendo hincapié en la “organización de abajo arriba”, se le preguntó cómo veía la acción pública masiva cuando se enmarca en los llamamientos de conocidas figuras políticas [referencia, sobre todo, al hijo del destronado Sah, que vive en EEUU: Reza Pahlavi].
Su respuesta dio un giro a la narrativa dominante de estos días. Argumentó que las protestas llevan 12 días en marcha, mientras que el llamamiento de Reza Pahlavi se hizo hace solo dos días. Por lo tanto, dijo, vincular el inicio de las protestas –o incluso su extensión– con su llamamiento es fundamentalmente erróneo. En tono sarcástico, añadió que muchas figuras políticas de Irán se comportan como el rey de El principito: primero observan lo que hace la gente y luego anuncian lo mismo como si fuera su propio llamamiento a la acción. En tu opinión, este patrón no se limita a la alta política, sino que se ha repetido en diferentes ámbitos, desde la resistencia al hiyab obligatorio hasta las protestas laborales y profesionales.
Al mismo tiempo, subraya que, debido al corte de Internet, la situación sobre el terreno sigue sin estar clara. Aun así, dijo que los informes disponibles sugieren que la participación ha sido mucho mayor que en las noches anteriores, y considera que esto es el resultado natural de cómo se han extendido las protestas, y no el producto de un llamamiento externo. No niega que las figuras políticas tengan verdaderos seguidores dentro de Irán, pero sostiene que la relacióndirecta entre el llamamiento de una sola figura y la lógica de la expansión de las protestas no se ajusta a la realidad de la última década.
Del bazar a las calles, y la lógica de que “cualquier chispa puede convertirse en un incendio”
Al explicar lo que ella llama la lógica interna de las protestas, Hosseinzadeh señaló dónde comenzaron. Dijo que las protestas comenzaron en el bazar. Señaló que, en Irán, las protestas en los bazares suelen limitarse a ese sector, pero que esta vez se expandieron a una velocidad acelerada. En su opinión, las condiciones se han vuelto tan insoportables para la gente corriente que cualquier chispa puede desencadenar un incendio mayor, y mientras los manifestantes puedan superar las fuerzas de represión, las protestas seguirán extendiéndose.
En ese sentido, se refirió a experiencias anteriores y dijo que incluso la “liberación» de ciudades, aunque solo fuera por unas horas o días, se ha venido produciendo con frecuencia en los últimos ocho años. Según su relato, diciembre de 2017 (Dey 96) marcó el inicio de un movimiento antirrégimen diverso y con múltiples corrientes. Añadió que, en noviembre de 2019 (Aban 98), si no hubiera sido detenido por lo que describió como una matanza masiva, las protestas podrían haber avanzado aún más rápido de lo que vemos hoy en día. Como ejemplo, dijo que, en solo unos días, algunas partes de las principales ciudades quedaron efectivamente liberadas.
Su conclusión es clara: si se observa desde dentro, lo que se denomina “sin precedentes” no lo es en cuanto a forma o modelo. En todo caso, en ocasiones, la represión y las fracturas sociales han aumentado la inercia de las protestas, lo que ha hecho que algunos grupos se unan con más cautela o vacilación.
Ve la creciente audacia –y el mayor énfasis en el derecho a la autodefensa legítima de las personas– como una consecuencia lógica de la violencia estatal: la gente ha llegado a la conclusión de que no puede avanzar de otra manera.
La diferencia actual: el riesgo de reducir un movimiento diverso a una unidad
Cuando la presentadora [de la BBC Persian] le preguntó qué ha cambiado en estas dos semanas, Hosseinzadeh destacó una preocupación central: que la diversidad del movimiento está siendo absorbida y reducida en favor de una unidad forzada, una especie de narrativa de poder única. Argumentó que el movimiento que comenzó en Dey 96 se vio reforzado desde el principio por la entrada de muchas fuerzas sociales diferentes, sin que esas fuerzas se autocensuraran o redujeran sus demandas para adaptarse a una ideología, una facción o una marca política.
Para ilustrar esa diversidad, colocó varias imágenes una al lado de la otra: la superposición entre las protestas de Dey 96 y las protestas de los árabes en Juzestán enmarcadas como el Levantamiento por la Dignidad, la aparición de las Chicas de la Calle de la Revolución tras la acción de Vida Movahed, los estudiantes junto al público en general y la sentada de los derviches frente a una prisión. En su opinión, el movimiento siempre ha avanzado a través de esta realidad polifónica, y cualquier proyecto que intente comprimirlo en una sola figura o una sola bandera acabará chocando con la complejidad real de la sociedad iraní.
El argumento del centro gris y su contundente rechazo a la política centrada en los líderes
En uno de los momentos más tensos de la conversación, la presentadora planteó un argumento muy extendido: algunos dicen que para atraer al centro gris –las personas indecisas o políticamente silenciosas– se necesita una figura prominente, y que Reza Pahlavi ha asumido ahora ese papel.
Hosseinzadeh respondió que las huelgas en los bazares de Tabriz e Isfahán se produjeron antes del llamamiento de Pahlavi y que, si se quiere hablar del centro gris, esos grupos son algunos de los ejemplos más claros. Desde su punto de vista, lanzar una cuerda al centro para que la gente se agarre a ella es un modelo antiguo, gastado e ineficaz de cómo se organizan realmente los levantamientos callejeros y las revoluciones. Dijo que este modelo ha demostrado repetidamente su fracaso, incluso dentro de este movimiento, pero sigue reapareciendo, no porque no existan otros métodos, sino porque hay otros intereses en juego que insisten en mantener la política centrada en rostros famosos.
Volvió a las movilizaciones de 2017 (Dey 96) para insistir en este punto: en aquel momento, ¿quiénes de los grandes nombres de hoy creían realmente que se podía derrocar a este régimen? A continuación, pasó a un factor estructural más profundo: durante las últimas dos o tres décadas, la República Islámica ha reprimido duramente cualquier tipo de organización civil, laboral o profesional, desde grupos ecologistas y organizaciones benéficas hasta organizaciones estudiantiles, y hoy en día, dijo, muchas de las figuras más destacadas en los ámbitos social y laboral están en prisión. En esas condiciones, preguntó, ¿cómo se puede esperar que estos grupos funcionen con normalidad?
“Ya llegaremos a la democracia más adelante”, o por qué hay que afrontar la democracia ahora
A continuación, la presentadora planteó otra preocupación común: ¿no es hora de dejar atrás estas disputas, centrarse primero en el cambio y, solo después de que la República Islámica se haya transformado, abordar cómo lograr la democracia?
Aunque Hosseinzadeh enfatizó emocionalmente su deseo personal de ver caer al régimen, advirtió que la lógica del “dejemos que primero caiga, ya lo arreglaremos después” es precisamente donde la historia puede repetirse con una nueva cara. Dijo que, aunque alguien, abrumado por unas condiciones insoportables, diga “vale, dejemos que caiga y luego ya veremos”, el enfoque de lo que ella denominó la “oposición principal”, que se ha convertido en la voz más fuerte a través de los medios de comunicación y el dinero, muestra signos de algo más: parece más un esfuerzo por controlar las protestas que por ayudar a impulsarlas hacia un cambio genuino.
En su opinión, etiquetar a las minorías e inflamar las sensibilidades étnicas es una señal de ese enfoque controlador. Argumentó que, incluso antes de que haya sucedido nada, gran parte de la población es marginada mediante el estigma y las acusaciones, algo que ella considera directamente opuesto a la realidad de la sociedad diversa de Irán. Su conclusión es que este tipo de política embota el filo de las amplias fuerzas sociales, las sumerge en la duda e incluso hace que las personas que ayer estaban en las calles se pregunten: “¿Y si somos los primeros en ser sacrificados?”
“Los líderes se fabrican”
Cuando se le preguntó qué deberían hacer los grupos prodemocráticos en este momento, Hosseinzadeh respondió que el primer paso es abandonar los viejos hábitos improductivos, como reunir a unas pocas figuras famosas, anunciar una alianza e imaginar que el cambio de régimen se producirá solo con eso. Argumentó que muchas de estas figuras no procedían de la calle y no estaban conectadas con redes reales ni bases sociales organizadas.
A continuación, puso un ejemplo personal: tras salir de prisión en 2022 (1401), dijo que de repente vio a personas presentadas en los medios de comunicación como “líderes del movimiento”. Su argumento fue contundente: se fabrica un liderazgo artifical, a menudo sin una respuesta clara sobre cuál es la relación real de esa persona con el terreno.
Cuando la presentadora señaló que a veces una personalidad puede surgir de una lucha real, y que Pahlavi, como hijo del antiguo sah, ha sido durante mucho tiempo un nombre político, Hosseinzadeh estableció una distinción. Dijo que su crítica se dirige a personalidades que crecen a través de proyectos mediáticos y que son empujadas a un papel central de forma artificial. En cuanto a Pahlavi, reconoció que su origen familiar le proporcionaba una plataforma innata, pero argumentó que esta visibilidad no crea automáticamente legitimidad para un proyecto que intenta apoderarse o remodelar un movimiento diverso.
La presentadora también señaló las consignas a favor de Pahlavi que se escuchan en las calles. Hosseinzadeh aceptó que él tiene seguidores entre parte del público, pero planteó un argumento provocador: la popularidad por sí sola no crea legitimidad política y no apunta necesariamente al camino más eficaz hacia la unidad que pueda derrocar realmente al régimen.
Su propuesta para salir del estancamiento: aprender de la gente y devolverle a la gente
Cuando se le preguntó directamente cuál era la salida al impasse actual, Hosseinzadeh destacó dos caminos. Primero: abandonar la política centrada en los líderes y las alianzas simbólicas y mediáticas. Segundo: hacer algo que ella describió como “simple, pero difícil en la práctica”, para aquellos que quieren actuar como guías en lugar de jefes. Deben aprender de lo que la gente ya está haciendo, comprender sus fortalezas y debilidades, difundir lo que funciona y devolverlo a la gente.
Destacó que el apagón de Internet también se produjo en 2019 y que las ciudades se han liberado temporalmente en muchas ocasiones, pero preguntó: ¿qué fuerza política, medio de comunicación de la oposición o activista ha investigado seriamente cómo se organizó la gente, cómo se enfrentó a la represión y cómo consiguió avanzar?
Dijo que ella misma había intentado llenar ese vacío y mencionó que había escrito dos informes exhaustivos sobre las protestas de 2019 y 2022. Pero añadió una crítica más dura: los medios de comunicación de la oposición, dijo, ni siquiera han realizado un análisis crítico serio de su propio desempeño. Sin ese tipo de autocrítica, argumentó, la ansiedad sigue siendo alta y los errores se repiten.
Nota final: hablar con las fuerzas democráticas, no juzgar a la gente en la calle
En la parte final, la presentadora volvió a una cuestión práctica: ¿no es comprensible que alguien agotado por la presión diaria se sienta atraído por una fuerza que ofrece un plan de emergencia y una hoja de ruta concreta?
Hosseinzadeh respondió que no está tratando de dar lecciones a la gente en las calles, personas que, según describió, se encuentran en un punto en el que o luchan o mueren, derrocan al régimen o mueren en el intento. Su mensaje, dijo, está dirigido a las fuerzas prodemocráticas y a los grupos sociales indecisos que temen que, después de tanta sangre y lucha, se reproduzca otra forma de autoritarismo y saqueo.
Su advertencia principal fue contundente: si las fuerzas democráticas permanecen atrapadas en la fragmentación y la inacción, corren el riesgo de recrear los mismos patrones históricos, patrones en los que el poder se escapa por las rendijas en los momentos decisivos y el futuro se ve amenazado contra la libertad.
La entrevista terminó con el agradecimiento de la presentadora y la esperanza de continuar la conversación más adelante. Pero la idea principal de Hosseinzadeh era sencilla: la calle es el producto de una década de presión acumulada, represión y organización dispersa desde abajo. Las figuras famosas llegan tarde. El verdadero peligro es que, en lugar de reforzar la diversidad del movimiento y la experiencia real sobre el terreno, surjan proyectos cuyo objetivo no sea abrir un camino hacia la libertad, sino gestionar y controlar un movimiento que ya se ha descontrolado.