Solidaridad socialista con los trabajadores de Irán, 6-1-2026
Traducción: Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas, 6-1-2026
Correspondencia de Prensa, 8-1-2026
Las recientes protestas en Irán comenzaron el domingo 28 de diciembre con una huelga de comerciantes en el bazar de Teherán, en respuesta a la drástica caída del valor de la moneda nacional y la hiperinflación, que han vuelto impredecible la actividad económica. Rápidamente se extendieron a los estudiantes y a la clase trabajadora de muchas ciudades, expresando un rechazo general a la pobreza, la desigualdad social extrema y la tiranía.
Respuesta del gobierno
El gobierno intentó apaciguar a los manifestantes del bazar con exenciones fiscales, al tiempo que cerraba las universidades que protestaban e intensificaba la represión y las medidas de seguridad contra la juventud y la clase trabajadora movilizadas. Sin embargo, el movimiento continúa, afectando al menos a 88 ciudades, especialmente pequeñas y medianas, mientras que algunas grandes ciudades también experimentan movilizaciones en ciertos barrios.
En el noveno día de esta movilización, más de mil personas fueron arrestadas, entre ellas muchos adolescentes, y al menos treinta y seis manifestantes, entre ellos dos adolescentes, fueron asesinados. Dos miembros de las fuerzas de seguridad también fallecieron.
Profunda indignación social
Los jóvenes, en particular los estudiantes, están en el centro de estas protestas, con una participación significativa de los residentes de pequeñas localidades desfavorecidas que se han visto gravemente afectadas por la inflación, la depreciación de la moneda nacional y el aumento de los precios.
Esta movilización refleja una profunda y persistente indignación social, derivada de décadas de injusticia, precariedad y represión, más que una simple fluctuación monetaria. El agravamiento de las desigualdades y la pobreza es el resultado de una crisis estructural del sistema político y económico de Irán, agravada por las sanciones internacionales, una gobernanza marcada por la corrupción y el clientelismo, y las políticas aplicadas por la República Islámica.
Las autoridades han respondido a estas protestas con represión, detenciones masivas y violencia. Sin embargo, la experiencia de los movimientos de 2017, 2019 y 2022 demuestra que esta estrategia nunca ha logrado imponer una sumisión duradera. Por lo tanto, las protestas actuales forman parte de un continuo de protestas recurrentes.
Intentos de manipulación y sus consecuencias
Estados Unidos e Israel han intentado manipular estas protestas en el contexto de su conflicto con la República Islámica, con el pretexto de «defender al pueblo iraní», a pesar de su papel en la violencia sin precedentes contra la población civil en la región y más allá.
Finalmente, las recientes declaraciones de líderes estadounidenses e israelíes, así como de los servicios de inteligencia, han proporcionado a la República Islámica un pretexto adicional para intensificar la represión, justificar arrestos y acusar a los manifestantes de actuar en interés de potencias extranjeras.
Al mismo tiempo, Reza Pahlavi, el «heredero al trono», y sus partidarios reaccionarios, partidarios de la intervención militar extranjera, han intentado presentarse como una alternativa política para «liberar» a Irán. Incluso han manipulado vídeos y falsificado consignas de protesta para presentar al hijo del ex Sha como un líder popular. Estas maniobras han desacreditado al movimiento monárquico y reforzado el rechazo de los manifestantes, quienes reafirman su negativa a aceptar cualquier tutela o autoridad impuesta.
Perspectivas y Solidaridad
En cuanto a las movilizaciones populares, es difícil predecir su duración o si podrán obligar al gobierno a dar marcha atrás, sobre todo porque aún no han entrado en una fase política estructurada, a pesar de consignas radicales como «muerte al dictador», y porque no existe una alternativa política creíble. Esta indignación generalizada solo puede transformarse en una fuerza efectiva mediante la convergencia del movimiento general de protesta y las luchas en los centros de trabajo, los barrios obreros y las universidades.
Sin embargo, la juventud y la clase trabajadora iraní merecen el apoyo internacional de las fuerzas sociales y políticas en solidaridad con sus luchas contra el alto coste de la vida, la injusticia social y la tiranía.
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Irán: el pueblo se enfrenta a un régimen desorganizado
Irán atraviesa una crisis sin precedentes. Con su economía en ruinas, una contaminación letal, escasez de agua y electricidad, y bosques centenarios destruidos, el país está al borde del colapso. En el centro de esta debacle se encuentra un régimen islámico debilitado y corrupto, aislado en el escenario internacional e incapaz de satisfacer las necesidades básicas de su pueblo.
Tras la retórica oficial, el régimen se apoya en redes mafiosas que controlan la economía, la administración y los recursos naturales. Desde el petróleo hasta la agricultura, desde el sector inmobiliario hasta la energía, las élites malversan miles de millones de dólares en detrimento de toda la población. Cada año, casi 150 000 millones de dólares se desperdician en subsidios innecesarios que benefician a las bandas mafiosas, pilares del régimen de la República Islámica de Irán, mientras que la educación, la sanidad y la protección social siguen en una situación deplorable.
Totalmente inadecuado
Las consecuencias en la vida cotidiana son devastadoras: ciudades paralizadas por la falta de agua potable, aire irrespirable que mata a decenas de miles de personas cada año, incendios devastadores en los bosques de Hircania, desaparición de la biodiversidad… La crisis ambiental se ha convertido en un problema vital para el país.
Pero ante esta gestión catastrófica, la sociedad iraní no se rinde. Mujeres, jóvenes, docentes, enfermeras, trabajadores, jubilados y ambientalistas se movilizan. Sus acciones, a veces discretas pero constantes, demuestran que el pueblo está retomando la iniciativa. Los movimientos populares están trascendiendo los viejos partidos políticos y construyendo un proyecto colectivo, democrático e inclusivo basado en la igualdad y la justicia social.
El movimiento social iraní exige libertades políticas incondicionales, el fin de toda discriminación y protección social universal: sanidad y educación gratuitas, vivienda social, seguro de desempleo y apoyo a los más vulnerables. Estas demandas, que ahora están en el centro de las protestas, buscan transformar un país devastado en una sociedad justa y sostenible.
Irán se encuentra en un punto de inflexión histórico. El gobierno está en crisis, pero la movilización popular se organiza, cobra impulso y se convierte en una fuerza política ineludible. El futuro del país depende ahora de quienes lo impulsan a diario: el propio pueblo.