Protestantes en Mineápolis honran la memoria de Alex Pretti. REUTERS/Tim Evans
Liam: cuando el horror llega a casa
Ignacio Rodríguez Reyna
Fábrica de Periodismo, 22-1-2026
Correspondencia de Prensa, 25-1-2026
La imagen de Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años, siendo detenido por agentes del ICE en Minneapolis dio la vuelta a las redes sociales mostrando la crudeza de lo que está ocurriendo en Estados Unidos.
Resulta cuanto menos perturbador que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos haya optado por el uso de la palabra «recoger» (to collect) para describir el estado físico y legal de Liam Conejo Ramos, un niño de cinco años cuya principal preocupación hasta el martes pasado era, presumiblemente, la asimilación de las vocales en inglés.
El escenario fue la entrada de su casa en el norte de una Minneapolis que exhala ese frío grisáceo y pegajoso de la región. La entrada de su hogar se convirtió en el teatro de una maniobra táctica que raya en lo que los teóricos del trauma llamarían «eficiencia despiadada». Según los informes, el pequeño Liam fue utilizado como una suerte de señuelo o carnada.
El mecanismo es cruel en su simpleza: los agentes federales se acercaron al niño para pedirle que tocara a la puerta y con eso atraer a su padre. Eso lo aseguran las autoridades escolares y lo niega el Departamento de Seguridad Nacional.
La crueldad llega cuando el Departamento de Seguridad afirma que no «detuvo» al niño, sino que simplemente lo «recogió» cuando el padre, en un arrebato de pánico, intentó huir.
Todo quedó resumido en una fotografía del niño parado, muy firme, con el rostro angustiado y la mirada perdida frente a la camioneta de los agentes federales que lo escoltan como si fuera un criminal.
Pero la fotografía dice mucho más de lo que muestra. Habla de una sociedad que se ha descompuesto ante el dolor ajeno y, sobre todo, que no ha aprendido de los errores del pasado. Minneapolis lleva semanas bajo las redadas migratorias de los agentes fronterizos. Estas cruzadas han detenido a decenas de indocumentados, asesinado a una mujer estadunidense y estos días al menos cuatro menores de edad han sido llevados con sus padres a unas jaulas que llaman centros de detención de inmigrantes.
El caso de Liam no es una anomalía estadística, sino más bien el vértice visible de una tendencia mucho más amplia y sombría que ha barrido en los últimos meses con la comunidad hispana de Estados Unidos.
En otra calle del norte de la ciudad de Minneapolis, una niña de 10 años fue interceptada hace 14 días mientras realizaba el acto más fundamental de la infancia estadunidense: caminar hacia la escuela con su madre.
Hay algo profundamente dostoievskiano en la imagen de una niña de 10 años siendo «procesada» por el aparato burocrático del Estado mientras todavía lleva la mochila escolar puesta. No se trata solo de la aplicación de la ley; es la interrupción violenta de la infancia por parte de una maquinaria que parece haber olvidado cómo deletrear la palabra «empatía».
Hace 10 años el mundo despertaba con otra fotografía, la de Alan Kurdi, un niño sirio de tres años muerto en las costas de Turquía. Esas son las postales que dejan las migraciones. La diferencia es que Alan Kurdi huía de una guerra. En el caso de Liam, él no escapaba, él volvía de la escuela y, por eso, lo apresaron con su padre ante la rabia y la impotencia de sus vecinos.
Esa guerra que Estados Unidos ha declarado a su propia gente está llegando a lo más hondo de su pueblo. Está viendo morir a los suyos a manos de los suyos. Está golpeando en la América profunda que buscaban recuperar. Las redes sociales hoy son un documento infalible que muestran lo peor y lo mejor de esa sociedad.
Un agente hispano hablando español deteniendo a una familia, como si sus padres no hubieran llegado a ese lugar hace años buscando una vida mejor. Del otro lado, un hombre se desespera al no poder gritar que el “Homeland Security” apareció como un monstruo que hubiera escupido la tierra; el hombre, con la cara roja y ante la impotencia del lenguaje, sólo puede gritar “llegu migra” con lágrimas en los ojos, mientra ve a sus vecinos correr y al monstruo ir tras ellos.
Es el monstruo del desamparo, una masa llena de sombras y viento frío que llaman ICE y que desde hace días camina en el norte de Minneapolis.
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Mineápolis desafía el frío y honra al hombre asesinado por agentes del ICE

Público, 25-1-2026
Alex Pretti fue asesinado tras tratar de interponerse entre agentes migratorios y ciudadanos que protestaban contra las operaciones del Gobierno de Donald Trump en la ciudad.
Cientos de personas en la ciudad estadounidense de Mineápolis ignoraron las temperaturas bajo cero este sábado para honrar la memoria de Alex Pretti, el hombre asesinado por agentes federales en el marco de los operativos a gran escala ordenados por el Gobierno del presidente Donald Trump para arrestar migrantes en esta urbe. 1
Pese a que el termómetro no marcó por encima de -21 grados centígrados, habitantes de la ciudad marcharon y participaron en distintas ceremonias al aire libre en Mineápolis y la vecina Saint Paul, según informaron medios locales.
Una de las marchas concluyó con una vigilia a unas manzanas del lugar, el cruce entre la avenida Nicollet y la calle 26 Este, justo en donde el hombre fue abatido a tiros. Muchos de los participantes portaron velas y pancartas condenando la muerte de Pretti, un enfermero de 37 años.
Fuerzas policiales, con el apoyo de la Guardia Nacional del estado de Minnesota han creado un perímetro cerrado al tránsito de varios bloques en torno al cruce donde murió el hombre.
Pretti falleció tras tratar de interponerse entre agentes migratorios y ciudadanos que protestaban contra sus operaciones.
En un momento dado, varios agentes rodearon al hombre y forcejearon con él antes de dispararle en más de una ocasión cuando estaba en el suelo, según han mostrado numerosos videos del suceso que circulan por internet.
El Departamento de Seguridad Nacional, encargado de las operaciones migratorias, ha asegurado que Pretti portaba un arma semiautomática y cargadores y la propia secretaria del departamento, Kristi Noem, ha acusado al hombre de «terrorismo doméstico» y aseguró que la víctima «atacó a los agentes» con «la intención de causar daño» y que estaba «blandiendo» el arma. Sin embargo, en ninguno de los vídeos del incidente se ha podido ver a Pretti echando mano de un arma.
El asesinato del enfermero es el segundo en menos de tres semanas en Mineápolis, donde el pasado 7 de enero una mujer, Renee Good, murió por disparos de un funcionario del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Las redadas a gran escala en Mineápolis, que ha visto la llegada de un número de agentes federales cinco veces superior a toda la fuerza policial de la ciudad, fueron ordenadas por el Gobierno de Trump a principios de enero.
Nota de Correspondencia de Prensa
- Además de las dos víctimas mencionadas, el ICE ha asesinado a 9 personas en 2026: Keith Porter (estadounidense, negro), Parady La (camboyano) y a cinco otras personas de origen latino llamadas Heber Sánchez Domínguez, Víctor Manuel Díaz, Luis Beltrán Yáñez-Cruz, Luis Gustavo Núñez Cáceres y Geraldo Lunas Campos. ↩