Foto: Juan Carlos de Borbón y Francisco Franco.
Manuel Garí*
Viento Sur, 13-12-2025
Correspondencia de Prensa, 13-12-2025
“El franquismo, inexistente para la reflexión política, se hizo presente en la muda rutina del descaro y la inmoralidad” 1 Pereña, Francisco, «¡Otra vez, no!”, viento sur, diciembre de 2015. Francisco Pereña
En el momento en que estoy ultimando este artículo he recibido la dolorosa noticia de la muerte de Carmen San José, camarada y amiga. Una de las imprescindibles. A ella dedico las siguientes líneas.
El pasado 20 de noviembre se celebró el 50º aniversario de la muerte del dictador español Francisco Franco e inmediatamente, el 6 de diciembre, se realizaron los fastos por el 47 cumpleaños” de la Constitución Española. Todo ello en un contexto de extrema polarización política entre las élites de los partidos con representación parlamentaria. Polarización sumamente aguda y simplista presente en todas las instituciones del Régimen de la Reforma que sucedió al entramado de la dictadura. A la vez comprobamos como aumenta el descrédito de los dos principales partidos españoles (PSOE y PP) que han sostenido el sistema, incapaces de erradicar la corrupción económica y moral en sus filas que reaparece sistemáticamente como gangrena del régimen y la sociedad. Y con ello asistimos a un aumento de la desafección popular, el desánimo del pueblo de izquierdas y el desarrollo de una nueva ultraderecha parafascista, negacionista, españolista y sumamente agresiva con las disidencias y diversidades.
En este marco no es exagerado afirmar que estamos asistiendo a la puesta en escena de un cierto tipo de golpe de Estado blando continuado protagonizado fundamentalmente por las altas instancias de la judicatura en connivencia con algunos sectores empresariales y policiales y orquestado políticamente por los partidos de la derecha española. Su objetivo es deslegitimar al gobierno presidido por el social liberal Pedro Sánchez, a la vez que dar un giro político ultra conservador y realizar un ajuste constitucional centralista, autoritario y anti social. El momento culmen más reciente de esta trama golpista ha sido el juicio farsa por parte del Tribunal Supremo contra Álvaro García Ortiz, ex fiscal general del Estado, de orientación progresista que ha culminado con su condena en un claro caso de lawfare.
Situación que viene siendo alimentada por los medios de comunicación derechistas en un marco general de pasividad y desmovilización del movimiento popular salvo contadas excepciones como es el caso de la solidaridad con Palestina o en defensa de los derechos nacionales vascos o en luchas defensivas universitarias, por la sanidad pública o de trabajadores ante la proliferación de agresiones.
Con ocasión de ambas efemérides proliferaron los actos conmemorativos de distinto signo en los que se evidenció un alto grado de movilización de la derecha extrema centralista representada por el Partido Popular (PP) cada día más difícil de diferenciar en sus propuestas y discurso de la extrema derecha trumpista envalentonada de Vox que está en un momento de ascenso y a cuyo rebufo están apareciendo grupos neonazis y falangistas que actúan cada vez más agresivamente y con impunidad. Tanto en PP como en Vox hay una visión revisionista de la dictadura franquista a la que se niegan a condenar a la vez que en sus filas o aledaños comienzan proliferar nostálgicos de los buenos años del franquismo.
¿Cómo se explica la resiliencia de una corriente de fondo franquista en la derecha española? Efectivamente hay un auge mundial de las ideas autoritarias, negacionistas climáticos, antifeministas y xenófobas que amenazan los derechos laborales y sindicales y atentan contra la diversidad sexual y de género auspiciadas por el momento Trump que en cada país adopta caras y expresiones distintas. Pero en el caso español la raíz de su especificidad es que no hubo jamás un ajuste de cuentas con el pasado totalitario como de alguna manera lo hubo en la posguerra mundial en países como Alemania o Italia. Ello que puede explicar las diferencias y singularidad del ascenso ultraderechista en el Estado español en el presente.
Los militares golpistas, los policías torturadores y los matones falangistas no tuvieron ni que esconderse ni que abjurar de su pasado ni siquiera ocultarlo. Se convirtieron de la noche a la mañana en demócratas mediante el proceso que abajo se analiza. Durante años y años pudieron ejercer como honestos servidores de las instituciones democráticas sin condenar la dictadura franquista. La expresión más acabada de este espíritu reaccionario la dio recientemente José María Aznar, ex presidente del gobierno español entre los años 1998 y 2004 al afirmar cínicamente que él no puede criticar al franquismo porque su padre formó parte activa del régimen de la dictadura y como hijo no puede condenar lo hecho por su padre.
La gran transacción a mediados de los años setenta del siglo pasado
El llamado periodo de Transición de la dictadura a un régimen de libertades limitadas y vigiladas como el actual -que sólo desde el papanatismo de la izquierda social liberal y de los herederos del viejo estalinismo e incluso de sectores de arrepentidos de la extrema izquierda puede calificarse de democracia plena- es la pieza clave que explica el presente. Efectivamente podríamos calificar esa llamada modélica transición realmente de una transacción tras la muerte del dictador entre las élites económicas y políticas franquistas y las fuerzas de izquierda mayoritarias -el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España (PCE)- con ayuda del viejo Partido Nacionalista Vasco (PNV) y sus equivalentes en Cataluña. Acuerdo contra natura que se impuso (y desactivó) al movimiento de masas obrero y popular en ascenso 2 en sus demandas salariales, sindicales y sociales (y nacionales en el caso de las naciones sin estado) que estaba configurándose como un nuevo sujeto político en la lucha por las libertades plenas.
Realmente el término transacción, asimétrica según Jaime Pastor 3, explica mejor que los de reforma empujada de la propia dictadura o de ruptura pactada con la misma, lo ocurrido entre 1975 año de la muerte de Franco y 1978 año de aprobación de la Constitución. De forma cínica Santiago Carrillo -entonces secretario general del PCE- acuñó la fórmula de “amnistía a cambio de amnesia”. Desgraciadamente un político nacionalista vasco con gran influencia popular, como Javier Arzallus, dijo lo mismo mediante una terrible fórmula: se trata de realizar “un olvido de todos para todos”.
Amnistía, por cierto, que también lo fue para los servidores de la dictadura, en una suerte de ley de punto final que les exoneró de toda responsabilidad por sus crímenes. Los miembros de la Brigada Político Social especializada en la represión de la oposición siguieron ascendiendo en el Cuerpo General de la Policía, al igual que ocurrió con los miembros de la Guardia Civil que siguieron en sus puestos o fueron promocionados, los militares fieles a Franco que siguieron formando parte del Estado Mayor del Ejército y lo mismo sucedió con los jueces. En este último caso cabe señalar que en 1977 cuando se disolvió el Tribunal de Orden Público (TOP) 4 contaba con 16 miembros; todos ellos fueron recolocados como jueves demócratas en las nuevas instancias judiciales máximas: 10 fueron a la Audiencia Nacional y 6 al Tribunal Supremo.
La burguesía española y gran parte de sus políticos del llamado Movimiento Nacional (protopartido que unificaba todas las corrientes derechistas que apoyaban la dictadura militar bonapartista en la que cristalizó el régimen de Franco) habían llegado a mediados de los años setenta a una conclusión: la prolongación del franquismo sin Franco no era viable. A la misma conclusión había llegado el gobierno de los Estados Unidos de América que había normalizado el régimen franquista tras los acuerdos del presidente Eisenhower con Franco, producto de lo cual este último pasó a ser adalid anticomunista en plena guerra fría a cambio de unas bases militares yanquis que todavía siguen en suelo español.
Habían tomado nota de la evolución interna de la oposición política, del auge del movimiento obrero renacido y de la pujanza del movimiento estudiantil que había creado un foso entre la juventud y el régimen franquista haciendo peligrar la lealtad de los futuros cuadros del sistema capitalista. Asimismo, vieron con estupor la fortaleza del movimiento democrático nacional en Cataluña exigiendo de nuevo el Estatuto de Autonomía, al igual que en Galicia o el País Valencià y luego más tarde en Andalucía, pero sobre todo se hizo visible la cuestión nacional pendiente en Euskalerria a partir de las acciones de ETA que concitó el apoyo de su juventud. Asimismo, también tomaron buena nota de que no cabía recambio continuista del general Franco tras la voladura (y nunca mejor dicho) el 20 de diciembre de 1973 de su recambio, el almirante Carrero Blanco. La revolución de los claveles del 25 de abril de 1974 en el vecino Portugal y el fin del régimen de los coroneles y de la monarquía griega en julio del mismo año, así como la imposibilidad militar de hacer frente a la llamada Marcha Verde impulsada por el monarca alauita de Marruecos para anexionarse el Sahara en poder de España tras la muerte del dictador, fueron elementos decisivos para que buscaran soluciones diferentes de recambio.
La jugada maestra
Con el objetivo de salvar lo esencial, la burguesía española puso en marcha una particular táctica de cambio que superó lo novelado por Giuseppe Tomasi di Lampedusa en el Gatopardo. La oligarquía se aseguró su pasaporte democrático posfranquista hasta tal punto que hay una total continuidad de nombres propios de propietarios y de empresas en los sectores clave de la economía española del momento: banca, construcción, siderurgia, agro latifundio y turismo antes y después de las elecciones de generales de 1977 y de la Constitución de 1978. Como anécdota reveladora de lo anterior cabe señalar que en este preciso momento en que la corrupción por parte de importantes dirigentes del PSOE está en las portadas de los periódicos, el agente corruptor para la concesión de contratos de obra pública es Acciona, o sea la empresa de los viejos constructores del franquismo Entrecanales y Tavora. 5
Tras el nombramiento de Juan Carlos de Borbón como rey de España por parte del dictador y por tanto como su sucesor en la Jefatura del Estado, había que determinar las líneas rojas del franquismo para su negociación con la oposición. Torcuato Fernández Miranda el político y profesor de derecho del futuro monarca planteó las cuatro cuestiones irrenunciables o líneas rojas que posteriormente fueron incorporadas a la redacción del texto constitucional como inmutables.
Como premisa se instaura la inviolabilidad de la figura el monarca, de manera que no sólo es irresponsable de los actos en el ejercicio de su reinado, sino que se votara lo que se votara en una posible consulta posterior sobre el nuevo régimen posfranquista, el rey ya era una piedra intocable tanto si se aceptaba una nueva constitución como si se rechazaba.
En primer lugar, la unidad territorial de España como fundamento de la idea misma de nación española, una nación única e indivisible, ahistórica y por tanto esencialista. De manera que la democracia española queda limitada y no se asienta sobre la idea de soberanía nacional o popular (pese a las rimbombantes frases de rigor) sino sobre el hecho de esa intocable unidad. Corolario de lo anterior es la eliminación del derecho democrático a la autodeterminación nacional; asunto muy grave en un país compuesto por diversas naciones a las que se impone una identidad y unidad a priori. Para atemperar las demandas nacionalistas o regionalistas se instauró el llamado Estado de las autonomías que es un hibrido malformado de estado central unitario y de estado federal.
En segundo lugar, se proclama el papel constitucional preminente del Ejército a quien se le nombra principal garante de la Carta Magna y por tanto de la unidad territorial, de la forma de Estado y de la economía capitalista. En tercer lugar, se instaura la monarquía como forma de Estado sin mediar consulta popular o referéndum alguno que el propio Adolfo Suárez -el presidente del último gobierno franquista y el primero elegido en las urnas en 1977- temía que tendría un resultado republicano contrario a la monarquía. Y para cerrar la cúspide de la pirámide del poder que asegura el control de la situación, el Rey es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. ¿Recuerdan ustedes la intervención televisada del Felipe de Borbón uniformado con gesto adusto, amenazante y chulesco con ocasión de movimiento democrático nacional catalán en los días del procés?
En cuarto lugar, se remata con dos elementos intocables. Por un lado, se instaura la propiedad privada y la economía de mercado como régimen económico de la nueva democracia tal como arriba se ha señalado. Por otro se consagra de nuevo la preminencia de la Iglesia Católica (luego reforzada por la firma de un Concordato con el Vaticano) en el campo de la enseñanza respetando además todas sus propiedades acumuladas durante la dictadura que, por cierto, luego fueron incrementadas por una ley del gobierno de Aznar que de forma automática les permitió la llama inmatriculación de miles de nuevas propiedades urbanas sin necesidad de justificar su origen. El Reino de España no es católico confesional pero como si lo fuera.
Algunas reflexiones sobre los límites de esa democracia posfranquista
Todo lo anterior da buena cuenta de que el llamado pacto democrático entre las fuerzas del régimen y de la mayoría opositora fue un pacto asimétrico que cercenó el total despliegue de las libertades y derechos democráticos. 6. Evidentemente imponer estas condiciones al pueblo español y ese discurso sobre la Transición requirió, como plantea Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, un importante componente de encubrimiento. Textualmente dice encubrimiento; o sea ocultación y mentira de la realidad pasada y presente.
Se instaura la desmemoria de forma planificada y consentida. Gentuza como los ministros de la dictadura Martin Villa o Fraga Iribarne (fundador del PP) culpables de asesinatos han personificado la malversación de la verdad y van a pasar a la historia como padres de la democracia. Por eso sigue habiendo documentos clasificados que los propios gobiernos de la izquierda reformista no han desclasificado. Documentos que desde 1936 hasta nuestros días contienen datos de suma importancia. Por eso se sigue silenciando oficialmente que, en la Puerta del Sol, en Vía Layetana, en Intxaurrondo… y en tantos otros edificios institucionales o cuarteles de las fuerzas represivas se torturaba.
El silencio y el borrado de la memoria están en la base del nuevo régimen posfranquista. Eso es el producto de la política de Reconciliación nacional que llevó a cabo el PCE que en aquel momento era la fuerza clave en la izquierda antes de que se celebrasen las elecciones de 1977 que le dieron la primacía al PSOE de Felipe González. La reconciliación significó poner sordina a los crímenes de la dictadura, pero también y sobre todo a la lucha antifranquista como factor determinante de la conquista de las libertades. De manera que estas llegaron mágicamente en el discurso mainstream por obra y gracia del corrupto y cleptómano Juan Carlos I de Borbón. Esa reconciliación pagó otros muchos precios materiales y simbólicos: símbolos, renuncia a la bandera republicana, aceptación de la monarquía.
El objetivo inmediato de la burguesía en los años del cambio estaba claro y encontró en el PSOE y el PCE unos colaboradores necesarios: había que evitar el desborde popular obrero y nacionalista. Y con ello se instauran en la cultura de la izquierda política y social de forma hegemónica dos elementos: por un lado, la obsesión por el consenso como vía de solución política ante las resistencias de la derecha y, por otro, el fetichismo institucional. Con ello se abandonó cualquier perspectiva de ruptura como horizonte regulador.
Pero también con ello, se favoreció tanto el blanqueamiento de la derecha española como su reorganización y fortalecimiento. Los franquistas nunca abjuraron, nunca se fueron, simplemente se agazaparon. Los franquistas reciclados adquirieron carta de naturaleza democrática. Por eso reaparecen sin complejos 50 años después. Franco murió en la cama, la dictadura murió en las calles, pero los herederos del franquismo han sobrevivido y adaptado. El discurso reaccionario se abre de nuevo paso en las aulas y en las empresas. Pero la izquierda marxista todavía cuenta con influencia suficiente para contrarrestar discursos y propuestas xenófobas, machistas e individualistas… si se pone a ello.
Para parar a la nueva ola autoritaria es necesaria una labor de contrainformación en las redes frente a los bulos y mentiras y de difusión y formación en los centros docentes, barrios y empresas para lograr una nueva hegemonía creando un sentido común revolucionario alternativo radicalmente democrático. Para ello es necesario impulsar una política de Frente Único, de unidad de acción, en torno a la movilización popular no dejando la solución en manos de los parlamentarios y demás cargos institucionales cuya mejor labor posible es ayudar al proceso de acción popular. Lograr todo ello requiere fuerza social y material y actividad independiente para establecer una nueva correlación de fuerzas en el seno del movimiento popular que se proyecte en una nueva correlación de fuerzas en la sociedad. De nuevo la cuestión de la organización marxista revolucionaria reaparece en la agenda política actual ante la evidencia del peligro.
*Este artículo desarrolla la intervención que realicé en el Foro de viento sur el pasado 19 de noviembre de 2025 en Madrid
Notas
- Pereña, Francisco, «¡Otra vez, no!”, viento sur, diciembre de 2015 ↩
- Para hacerse una idea de la magnitud del grado de movilización obrera basta tomar nota del dato suministrado por el Ministerio de la Gobernación (el ministerio de interior en la época franquista) que reconoció que en el primer trimestre de 1976 se produjeron 17.455 huelgas en una situación en el que no existía el derecho a la misma ni los sindicatos habían sido legalizados. ↩
- https://vientosur.info/una-transaccion-asimetrica/ ↩
- El TOP creado en 1963 (¡24 años después del final de la guerra civil!) especializado en la represión del resurgido movimiento obrero y del recién aparecido movimiento estudiantil de los años sesenta que juzgó y condenó a más de 8.000 activistas. ↩
- Para un mejor conocimiento de la economía franquista y sus continuidades y discontinuidades cabe recomendar libro La economía franquista y su evolución de Enrique González de Andrés (edición 2014, Los libros de la Catarata) ↩
- Una reflexión interesante al respecto se encuentra en la obra de Emmanuel Rodríguez López “Por qué fracasó la democracia en España” (edición 2015, Traficantes de Sueños). ↩