«En Rusia, una crisis azotó el modelo de “democracia dirigida”, que había comenzado a gestarse bajo el mandato de [Boris] Yeltsin con el golpe de Estado de 1993 y que alcanzó su máxima expresión durante el primer mandato de [Vladimir] Putin.»
Entrevista a Boris Kagarlitsky
Andrey Rudoy
A l’encontre, 15-11-2025
Traducción de Viento Sur, 21-11-2025
Correspondencia de Prensa, 14-12-2025
Boris Kagarlitsky, sociólogo ruso e intelectual de izquierda de larga trayectoria, actualmente cumple condena en una colonia penal de régimen general (IK-4), lo que no ha destruido su ironía.
La entrevista que se presenta a continuación fue realizada por Andrey Rudoy, periodista de izquierda y presentador del canal de YouTube Vestnik Buri (considerado por el Estado ruso como un “agente extranjero”), y se publicó por primera vez en octubre de 2025 como un extenso texto en Rabkor 1, acompañado de un largo vídeo en Vestnik Buri. El vídeo presenta las respuestas de Kagarlitsky (obtenidas desde prisión) con una voz en off generada por IA y subtítulos automáticos claros, lo que hace que este material sea muy fácil de ver para tratarse de una entrevista realizada en prisión.
Aquí, Kagarlitsky aborda la vida en prisión, la guerra, los debates sobre el estalinismo, la situación de los medios de izquierda en Rusia y las perspectivas de realineamiento político tras la guerra, mostrándose en su faceta más lúcida. Cuando se le pregunta si se arrepiente de no haber abandonado Rusia cuando tuvo la oportunidad, su respuesta es sencilla: no se arrepiente en absoluto; no solo fue la decisión correcta, sino que fue una decisión importante.
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–La primera pregunta que surge de forma natural es: ¿cómo te encuentras, física y mentalmente?
Todos entienden que la cárcel no es un lugar para recuperar la salud. Así que sí, tengo algunos problemas: de presión arterial, de vista. En resumen, no todo no es rosa.
Pero, por otro lado, no me está pasando nada grave ni alarmante. Estoy perfectamente capacitado para trabajar y tengo la intención de seguir trabajando activamente. Así que creo que no hay necesidad de preocuparse ni de entrar en pánico. Todo saldrá bien y al final todo se solucionará.
–Entiendo que, más recientemente, ya no se reclutan “agentes extranjeros”, pero antes de eso, ¿le ofrecieron ir a la SMO – “Operación Militar Especial”? 2
No podían ofrecerme una plaza en la SMO por mi edad y mis convicciones. Por suerte, nadie me hizo esa oferta. En cualquier caso, desde el principio fue obvio que la habría rechazado.
Otra cuestión es que aquí, en la colonia penitenciaria, se hacen invitaciones generales con regularidad. Por ejemplo, reúnen a todo el campamento, o solo a varios destacamentos, en el campo de fútbol. Llega un reclutador -o, mejor dicho, un grupo entero de reclutadores- y empiezan a decirnos lo estupendo que sería que todos fuéramos a la SMO. Dicen que incluso si te matan allí, tus seres queridos recibirán una buena compensación. Así que, adelante, inscribíos.
Además, antes del pase de lista matutino, a veces nos dan charlas sobre cómo unirnos a la SMO, cómo alistarnos, cómo presentar una solicitud, etc. Por supuesto, se supone que debo escuchar todo esto cada vez. Sin embargo, algunos detenidos que no cumplen con la edad u otros requisitos a veces quedan exentos de esta actividad. En cualquier caso, este tipo de actividad es obligatoria para la mayoría de las personas en el campamento. Todos escuchan con calma estas exhortaciones y luego siguen con sus quehaceres o regresan al trabajo.
–En general, ¿a qué ritmo los detenidos abandonan el centro de detención preventiva y la colonia para unirse al frente? ¿Existe alguna tendencia en particular? Los medios de la oposición han informado que el número de contratos firmados este año ha alcanzado un mínimo histórico.
Aquí, en la colonia IK-4, publican estadísticas mensuales, y uno de los indicadores es el número de internos que se han unido al SMO. Sigo estas estadísticas con atención.
Esta es la tendencia. Me comentaron que, en 2023, en algunos meses se firmaron cientos de contratos. Cuando llegué a la colonia en mayo de 2024, la cifra mensual fluctuaba entre 35 y 45 personas; luego, desde finales del verano en adelante, comenzó a disminuir de forma constante y pronunciada, hasta diciembre de 2024, cuando solo una persona “partió”. Después hubo otro aumento, pero no fue significativo.
Últimamente, entre ocho y once personas se han marchado cada mes. Y puedo afirmar con certeza que incluso este ligero aumento está directamente relacionado con la esperanza de paz. Muchos detenidos esperaban que, al firmar un contrato, no llegarían al frente a tiempo, que se acordaría un alto el fuego de antemano. Hablé con muchos de los que firmaron, y eso fue lo que me dijeron.
Además, los propios reclutadores no dejan de repetir: “Las hostilidades terminarán pronto; puede que ni siquiera vayas al frente”. Por desgracia, esto aún no ha sucedido. Sin embargo, los reclutadores han empezado a escasear.
Otra observación instructiva se refiere a la motivación de quienes se alistan. Entre ellos, no encontré a nadie motivado por la ideología. Al contrario, me encontré repetidamente con personas que se oponen firmemente al servicio militar obligatorio. Entonces, ¿por qué firman los contratos? Para ser eximidos y ganar dinero para sus familias. Los reclutadores también hicieron hincapié en estos puntos, sin darle mucha importancia al patriotismo. Es una decisión pragmática, dictada no por convicciones, sino por las circunstancias de la vida.
Además, tenemos un buen número de patriotas fervientes y convencidos ideológicamente que repiten los argumentos de la propaganda, pero ninguno de ellos se ha comprometido jamás para ir a combatir. ¡Ni una sola vez!
El campamento alberga a muchas personas condenadas en virtud del artículo 337 [ausencia no autorizada de una unidad militar]. Cabe aclarar que esto no debe confundirse con los desertores que escapan con sus armas; ese caso se rige por un artículo diferente. Una vez más, la dinámica resulta interesante. En la mayoría de los casos, disuaden a los demás detenidos de firmar contratos, pero algunos de ellos los han firmado, no por motivos ideológicos, sino porque necesitaban ser exonerados de este cargo específico. Una persona comentó: “No quiero que la gente piense que abandoné a mis camaradas, aunque detesto profundamente esta guerra”.
En general, creo que es muy importante evitar juicios simplistas y maniqueos. Por ejemplo: si alguien luchó, debe estar a favor de la guerra. O al revés: si alguien no quiere luchar, debe estar en contra. Desafortunadamente, la realidad es mucho más compleja.
–Llevas más de dos años detenido, con solo una breve interrupción. ¿Te arrepientes de no haber aprovechado la oportunidad de irte cuando fuiste liberado a finales de 2023? Podrías haber emigrado y continuado tu labor de informar y organizar [véanse los artículos publicados en esta web el 24/5/2024 y el 24/6/2024].
No me arrepiento de nada. Tomé una decisión y la considero no solo correcta, sino también sumamente importante.
Cuando me dicen que, desde el extranjero, podría haber sido más incisivo y haber usado un lenguaje más duro, les recuerdo que ese no es mi estilo. Siempre he intentado, y sigo intentando, expresarme correctamente y con educación, incluso cuando hablo de personas que, en mi opinión, no merecen respeto. La moderación solo hace que el mensaje sea más convincente.
Por supuesto, trabajar en prisión o en un campo de prisioneros es más difícil. No hay internet, ni acceso a una biblioteca, y la comunicación con colegas y otros reclusos es limitada. Sin embargo, debo destacar una vez más el sistema de FSIN-Letter. 3 Gracias a él, no solo he recibido repetidamente la información necesaria, sino que también mantengo una comunicación constante con muchas personas, muchas de las cuales jamás habría conocido fuera de la cárcel. Y estos contactos suelen ser muy interesantes y útiles.
Sin embargo, el servicio postal ruso suele extraviar mis cartas o las que van dirigidas a mí. Así que hay cosas que funcionan incluso mejor dentro de las cárceles que fuera de ellas.
–Para aclarar las cosas. ¿Considera que su decisión de permanecer en Rusia es la correcta para usted personalmente o para todos los opositores de izquierda en general?
No pretendo condenar a quienes se han ido al extranjero, especialmente si pueden apoyar o crear proyectos que beneficien la causa común. Podemos y debemos trabajar juntos en diferentes circunstancias. Nos complementamos y nos apoyamos mutuamente. Algunos están en el exilio, otros en el país y otros en prisión. Lo esencial es que mantengamos nuestra solidaridad y nuestra fe en lo que hacemos.
–¿Te sientes aislado/a en cuanto a información? ¿Cómo obtienes información actualizada?
Por supuesto, existen algunas dificultades para obtener información. Pero eso no es un problema. Las noticias que realmente importan, las que todos esperamos, nos llegan de todos modos. Y en ese sentido, la diferencia entre quienes están encarcelados y quienes están en libertad no es significativa.
En cierto modo, nuestra situación es incluso mejor, porque no nos distraen las trivialidades. A menudo observo que la gente de fuera está sumida en una especie de depresión, con un ánimo pesimista. Y así, resulta bastante divertido, que tenga que animarlos desde la cárcel. Aquí, en la colonia, es más fácil distinguir lo esencial de lo secundario.
La espera siempre es un proceso doloroso. La cárcel es esperar la libertad. ¿Y qué sucede al otro lado de las puertas? En realidad, lo mismo. Solo que no es tan evidente. En muchos sentidos, aquí es más sencillo.
–Ya que hemos tocado el tema de los medios de comunicación y la información: Rabkor es el canal de izquierda más antiguo de YouTube. Lo he comprobado: empezó a crecer durante las protestas de Bolotnaya. 4 ¿Cómo valoras la era (probablemente ya terminada) de la izquierda en YouTube en su conjunto?
Creo que esta era, que no comenzó con las protestas de Bolotnaya sino con la crisis económica mundial de 2008-2010, la Gran Recesión, aún no ha terminado. Espero sinceramente que esté llegando a su fin, pero lamentablemente, todavía no es así. Y el auge de los canales de izquierda en YouTube refleja procesos mucho más amplios.
Durante la Gran Recesión, el agotamiento del modelo neoliberal del capitalismo se hizo evidente a escala global. En Rusia, una crisis azotó el modelo de “democracia dirigida”, que había comenzado a gestarse bajo el mandato de [Boris] Yeltsin con el golpe de Estado de 1993 5 y que alcanzó su máxima expresión durante el primer mandato de [Vladimir] Putin.
En 2010 era evidente que existía una demanda de cambio. Y el punto de inflexión político se hizo claro para todos: o una auténtica democratización, o, por el contrario, un giro hacia un autoritarismo abierto.
Los círculos dirigentes rusos temían la democratización, pues podría conllevar una pérdida de control. Y no solo los líderes tenían miedo. Los líderes de la oposición liberal y los empresarios que los apoyaban también temían procesos incontrolables.
En consecuencia, en lugar de un cambio radical, nos encontramos con la “protesta de Bolotnaya”, que resultó inútil. Su nombre se volvió simbólico: toda la energía de la protesta se ahogó en el pantano del oportunismo liberal.
El problema es que estos acontecimientos, por un lado, fortalecieron a la izquierda – incluso podría decirse que crearon, en cierta medida, un nuevo movimiento de izquierda- pero, por otro lado, no le permitieron desarrollarse lo suficiente como para desempeñar un papel decisivo en el curso de los acontecimientos.
La crisis de principios de la década de 2010 ya era una crisis específicamente capitalista. El vínculo entre los problemas económicos y las políticas neoliberales se hizo evidente para cualquiera capaz de realizar un análisis crítico, y una nueva generación, formada tras la disolución de la Unión Soviética, alcanzó la mayoría de edad. Si bien anteriormente la izquierda estaba compuesta principalmente por grupos de intelectuales capaces de comprender las contradicciones económicas y sociales surgidas después de 1991 y liberados del dogmatismo soviético oficial, en la década de 2010 comenzó a formarse un nuevo entorno que, además, se reprodujo y desarrolló.
Fue en esta época cuando surgió un público estable para proyectos como Rabkor, Prostye Chisla, 6 Vestnik Buri y otros. Sin embargo, este crecimiento se produjo en un contexto de debilidad política. Todavía no existía la posibilidad de convertirse en una fuerza política independiente.
De ahí los intentos de cooperar con los partidos oficiales de la oposición que, por aquel entonces, aún no se habían desacreditado por completo, a pesar de que éramos perfectamente conscientes de sus vicios y hablábamos de ellos públicamente.
Otros reaccionaron a esta contradicción con apoliticismo: “La política no nos interesa, es horrible, puro oportunismo, instituciones burguesas, etc. Nos sumergimos en la teoría pura, en el mundo de las ideas o en la reconstrucción histórica”. El problema es que una teoría que conscientemente le da la espalda al presente es una teoría inútil.
Y aquí de nuevo, a nivel de abstracción, es fácil trazar una línea entre, por un lado, las nuevas ideas y nuevas necesidades que han surgido en el siglo XXI y, por otro, el legado de la década de 1990, lastrado a su vez por el legado soviético.
En la vida real, todo es mucho más complejo, más interconectado. La crítica abstracta del capitalismo y el liberalismo ha permitido no solo que diversas personas se encuentren en un mismo espacio, sino también que ideas muy diferentes, a menudo incluso opuestas, coexistan dentro de una mentalidad compartida. Y existían, y aún existen, muchas de estas “mentes”. Debemos trabajar con ellas.
Es imposible no mencionar el fenómeno Goblin (el apodo del bloguero Dmitry Puchkov). 7 No solo su crítica a las políticas sociales del gobierno estaba entrelazada con su admiración por ese mismo gobierno, sino que muchos activistas de izquierda lograron darse a conocer en su plataforma. A menudo he oído a espectadores de Rabkor decir que llegaron a nosotros gracias a Goblin. Lo mismo podría decirse de otras plataformas, pero no es necesario enumerarlas todas aquí.
En aquel entonces, nos resultaba más fácil acceder a ciertos medios de comunicación “patrióticos” que cultivaban la nostalgia soviética que a los medios liberales. Dentro de estos últimos, la situación solo empezó a cambiar a finales de la década, gracias a una nueva generación de periodistas profesionales que no eran hostiles a las ideas de izquierda y que, en ocasiones, incluso las apoyaban. Fueron precisamente estos jóvenes periodistas quienes lograron, en ciertas plataformas liberales, obtener mayor apertura e influir en los y las redactores en jefe.
Mientras tanto, el sistema político continuaba evolucionando en una dirección completamente diferente: la COVID-19, la represión de las protestas iniciadas por [Alexei] Navalny, la subordinación definitiva de todos los partidos de la Duma al control del gobierno, las leyes sobre “agentes extranjeros”. Y finalmente, el 24 de febrero de 2022 [la intervención en Ucrania].
Tal vez hayamos logrado éxitos notables a nivel moral, incluso ideológico, y hayamos cultivado audiencias estables que han resistido la prueba de los últimos tres años y, en general, persisten. Ahora contamos con un entorno, un grupo de militantes, una cultura y una tradición propias; en resumen, mucho de lo que nos faltaba en la década de 2010. Y paradójicamente, en el contexto del colapso moral y político de la antigua oposición oficial, al menos somos más visibles y tenemos mayor capacidad para desarrollar iniciativas políticas independientes.
Pero, al mismo tiempo, la sociedad en su conjunto se ve aplastada no principalmente por la represión, sino por la depresión. Los problemas de la izquierda son, en última instancia, los problemas de la propia sociedad rusa: escasa solidaridad, vínculos frágiles y falta de experiencia.
–¿Te sorprendió que la mayoría de los blogueros supuestamente de “izquierda”, cuya misión es movilizar y radicalizar a su audiencia, se hayan alineado abierta o implícitamente con las autoridades rusas en los últimos años? Además, la mayoría carece de ambiciones políticas y se mantiene al margen de la política. ¿Es esto una tendencia generalizada o una anomalía?
Te reirás, pero esperaba algo peor. Algunas personas me sorprendieron gratamente. En cuanto a la despolitización, estoy completamente de acuerdo: declararse “de izquierdas” no implica en absoluto ninguna actividad ni postura sobre los temas políticos actuales.
Pero existe otro punto curioso respecto a los estalinistas postsoviéticos. Históricamente, la ideología estalinista atravesó varias etapas y evolucionó considerablemente. Por un lado, está la ideología de la década de 1930, que aún conserva mucha retórica revolucionaria, referencias a intereses de clase, etc. Y por otro lado, está la ideología de 1948-1953, que esencialmente allanó el camino para el “imperialismo rojo” [la imposición de regímenes dependientes del centro de Moscú en los países del Comecon, creado en 1949: Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania y Alemania Oriental en 1950]. Ahí ya no hay nada de progresista. En términos coloquiales, fue un paso del termidor soviético al bonapartismo soviético.
En 2022, quedó inmediatamente claro a qué período de la historia soviética se refería cada bloguero. Entre quienes se inclinaban por las ideas de la década de 1930, muchos criticaban al SMO, mientras que los “imperialistas rojos”, como era de esperar, apoyaban a las autoridades. Todo esto resulta bastante lógico.
-¿Cree usted que los medios de comunicación de izquierda cometieron errores en los años previos al conflicto ucraniano? ¿Piensa que existía una fuerte tendencia a criticar la historia y a los liberales (en este sentido, tengo cierta responsabilidad) y que la retórica promovida creó un fenómeno extraño: una audiencia de izquierda despolitizada, con discursos que eran, francamente, antimarxistas?
Claro que, en retrospectiva, aún se ven algunos errores. Pero en lo que respecta a la crítica de los liberales, me parece que teníamos razón. Y no se trata de cuestiones teóricas, sino del hecho de que la mayoría de los opositores liberales a las autoridades se negaron rotundamente a ver las raíces sistémicas y económicas de lo que estaba sucediendo. En otras palabras, no pedían un cambio de sistema, sino la sustitución de ciertos individuos corruptos de los servicios de seguridad por personas “buenas y respetables”, preferiblemente del mundo empresarial. Y, por supuesto, elecciones justas.
Nadie discutirá este último punto, pero el sistema político actual no surgió de la nada; se basa en ciertas relaciones de poder económico y propiedad, en una estructura social que no solo presupone una desigualdad social y material flagrante, sino que también excluye a la gran mayoría de los ciudadanos y las ciudadanas, incluida la clase media, de participar en la toma de decisiones.
Si queremos lograr un amplio apoyo público al cambio, debemos hablar de todo esto. Y debemos criticar a los liberales por su incoherencia, por el hecho de que muchos de ellos le temen a la verdadera democracia y ni siquiera lo disimulan.
Por supuesto, la crítica puede adoptar muchas formas. Es absurdo reprender a las y los liberales simplemente por serlo, u olvidar a las personas honestas y valientes dentro del campo liberal con quienes compartimos problemas comunes hoy en día. No debemos confundir la solidaridad democrática con la falta de pensamiento independiente. Y sobra decir que la crítica debe ser sustancial y respetuosa. Los y las activistas de izquierda que, en lugar de participar en un debate razonado, se limitan a lanzar eslóganes, no lograrán nada bueno.
Debemos comprender que las y los activistas liberales están llevando a cabo una profunda revisión de sus valores. Esto no significa que mañana todos y todas se convertirán en activistas de izquierda (aunque algunos y algunas sí lo harán, y de hecho ya lo son). Como mínimo, nos escucharán, y en tal situación, lo que se nos exige es exponer con claridad y convicción nuestra postura sobre cuestiones concretas, respetar a nuestros oponentes y exigir respeto para nosotros mismos. Cuando uno o una de nuestros conocidos comunes empieza de repente a gritar que hay que aplastar a esos “malditos activistas de izquierda”, eso tampoco se parece mucho a la solidaridad democrática.
–Estoy de acuerdo contigo. Pero me parece que el problema también reside en el enfoque de la crítica. Seguramente has reflexionado muchas veces sobre cómo se han promovido y se siguen promoviendo abiertamente las ideas de derecha en Rusia bajo la bandera roja. Y esto no solo atañe al PCFR [Partido Comunista de la Federación Rusa], 8 sino también a partidos extrasistémicos. Sexismo, chovinismo, antisemitismo, antidemocracia, negacionismo de las vacunas, teorías conspirativas: todo esto es común entre la opinión pública rusa de “izquierda”. ¿Concuerdas en que muchos “activistas de izquierda” en Rusia son, en la práctica, de derecha, y que esta situación no se ha corregido a pesar de la presencia de canales de YouTube “rojos”?
En mi opinión, la despolitización y la promoción de ideas reaccionarias están estrechamente vinculadas. Con frecuencia me encuentro con la misma persona que expone argumentos perfectamente sensatos cuando la conversación gira, por ejemplo, en torno a su ámbito profesional, y luego suelta disparates conspiranoicos cuando el tema es la política o la historia política. Pero la política real siempre es concreta y exige una lógica sistémica. En otras palabras, la politización ordena y estructura la conciencia.
¿Es el “YouTube rojo” responsable de la situación actual? En parte, sí, pero solo en parte. Quizás deberíamos haber prestado más atención a desmentir diversos mitos reaccionarios y conspiranoicos. Sí, intentamos ampliar nuestra audiencia, incluso a costa de un público que dista mucho de ser inmune a estos mitos.
Pero aquí está el problema. Por un lado, no podemos permitir tales cosas. Por otro lado, miren a los y las activistas de izquierda occidentales que tachan inmediatamente de fascista a cualquier persona común que cuente un chiste políticamente incorrecto, empujándola así hacia los fascistas, los de verdad.
La labor de clarificación requiere un esfuerzo constante, paciencia, perseverancia y una actitud benevolente hacia las personas que han sido víctimas de manipulación ideológica, junto con una intolerancia total hacia los propios manipuladores y su ideología.
Sinceramente espero que la politización acelere las cosas. Cuanta más experiencia práctica adquieran las personas en la lucha política, más fácil les resultará desentrañar estos problemas.
-¿Cree usted que el 24 de febrero de 2022 y los acontecimientos posteriores marcaron el fin del antiguo movimiento de izquierda en Rusia, surgido del movimiento roji-pardo [véase, entre otros, el Partido Comunista de la Federación Rusa, PCFR ] de la década de 1990, y que ahora nos encontramos en una encrucijada donde se abren tres caminos principales para los marxistas: (1) un camino rojo-conservador que apoya a las autoridades; (2) un “reconstruccionismo” rojo a nivel subcultural, sin influencia política real; y (3) un camino de izquierda progresista cuyos contornos aún no están definidos?
No cabe duda de que los sucesos del 24 de febrero de 2022 marcaron un punto de inflexión. Ahora comprendemos con claridad quién vale qué y para qué sirve cada uno. Y lo esencial no es lo que ocurrió en 2022, sino cómo terminará. En retrospectiva se evaluará el comportamiento de las distintas personas y grupos. No me refiero a nuestros juicios -ya los hemos expresado- sino a cómo la sociedad percibirá lo que está sucediendo. Actualmente nos encontramos en una fase intermedia. Se ha prolongado de forma insoportable, pero aún carece de sustancia propia.
Además, las quejas sobre la falta de definición del proyecto de izquierda son de la misma índole. La ambigüedad de la situación política nos impide dar forma a un proyecto de izquierda completo, incluso en sus aspectos económicos. Por ejemplo, abogamos por la nacionalización de los monopolios naturales [un monopolio natural existe cuando la producción de un bien determinado por varias empresas resulta más costosa que la producción de ese mismo bien por una sola empresa, especialmente en infraestructuras esenciales]. Sin embargo, el plan concreto y las formas de nacionalización, sus límites y posibilidades organizativas, solo podremos determinarlos una vez que se abran perspectivas para la acción política. Entonces comprenderemos quién está dispuesto a apoyarnos y en qué medida, cómo alcanzar acuerdos con nuestros aliados y movilizarlos en torno a nuestra causa, y qué estará dispuesta a aceptar y respaldar la sociedad.
Como demócratas, debemos tener en cuenta la opinión pública. Pero eso no significa que debamos quedarnos atrás. Para formular un plan, necesitamos anticiparnos, aunque sea un poco, al proceso, pero bajo ninguna circunstancia debemos desentendernos del mismo.
–Hace algún tiempo, muchas personas (incluida usted, en su libro Between Class and Discourse 9 ) criticaron a los líderes de opinión de izquierda por abandonar las cuestiones de clase y políticas en favor de batallas culturales y “guerras en línea”. Esto fue particularmente cierto en el caso de las “feministas de Twitter”, quienes crearon comunidades tóxicas y no dudaron en “censurar” a quienes no encajaban en su narrativa. ¿No cree que hoy, dada la complejidad de la política real, quienes defienden a la Unión Soviética en internet se han convertido precisamente en las mismas “feministas de Twitter”, dispuestas a denunciar a cualquiera que critique a la Unión Soviética, con o sin justificación? ¿Y que esta defensa es, o bien despolitizada, o directamente reaccionaria?
De hecho, la respuesta ya está implícita en la pregunta. Sí, una reacción dolorosamente agresiva ante ciertas palabras y temas es, cuanto menos, una mala señal. Pero me parece que debemos profundizar y considerar exactamente qué defienden estas personas. ¿A qué Unión Soviética se refieren? ¿Qué tienen de atractivo los aspectos de la experiencia soviética?
Puedo hablar por mí mismo. No cabe duda de que los logros de la revolución fueron el Estado de bienestar, que, dicho sea de paso, no se consolidó hasta la década de 1960, aunque se declaró como objetivo desde el principio; la educación masiva, no solo a través de escuelas y universidades, sino también mediante la difusión de la alta cultura; y, por supuesto, la inmensa labor de transformar un país agrario en uno industrial, el desarrollo de la ciencia, etc.
Pero lo cierto es que la Unión Soviética era una sociedad sumamente contradictoria. Y los aspectos de la historia soviética a los que me refiero no solo coexistieron en paralelo con la represión, la supresión del individuo y la individua, las campañas contra la genética o los “cosmopolitas sin raíces”, la burocracia desenfrenada, etc.; todo ello estaba íntimamente entrelazado.
Y este es el problema crucial. Quienes hoy defienden con tanto fervor a la Unión Soviética no defienden realmente a la Unión Soviética, sino los aspectos oscuros, reaccionarios o conservadores de su historia; es decir, las mismas características del sistema soviético que, en última instancia, la condenaron a la derrota histórica. Para nosotros, como activistas de izquierda, es fundamental extraer conclusiones críticas de esta experiencia para no repetirla y no repetir su derrota. No pretendemos recrearnos en la nostalgia; pretendemos vencer. ¿Entiendes la diferencia?
–Probablemente hayas oído que hace poco publiqué un vídeo largo sobre el terror estalinista contra los comunistas y, en general, contra la izquierda. ¿Crees que abordar estos temas es perjudicial?
He oído hablar del vídeo, pero lamentablemente no he podido verlo. Aquí no tenemos internet. Pero me parece que la cuestión no es el vídeo en sí, sino la reacción que está generando.
Lo interesante es comprender por qué esta reacción resulta tan dolorosa hoy. 10 Al fin y al cabo, la represión de los comunistas en la Unión Soviética era un hecho conocido desde hacía mucho tiempo. ¿Acaso no salieron a la luz las revelaciones del XX Congreso del PCUS [Partido Comunista de la Unión Soviética] en 1956? Aunque algunos no apreciaran las valoraciones de [Nikita] Jrushchov -algunos las consideraban demasiado moderadas, otros demasiado categóricas-, los hechos son claros.
Desde entonces, se han realizado numerosas investigaciones. Algunas de ellas, como el libro de Viktor Nikolayevich Zemskov, Stalin y el pueblo, 11 son citadas con frecuencia por los propios estalinistas cuando afirman que el número de víctimas fue menor que el que presentan los autores liberales antisoviéticos. Esto es cierto: en muchas publicaciones de finales de los años ochenta y noventa, el número de víctimas fue exagerado. ¡Pero hubo víctimas! ¿Acaso casi 700.000 personas fusiladas por orden de las “troikas especiales” 12 no son suficientes? ¿Cuántas más se necesitan para que empecemos a tomar en serio las represiones de la década de 1930?
Entonces, si se conocen los hechos, ¿por qué tal reacción? ¿Y por qué ahora, cuando la dirección del PCFR-Partido Comunista de la Federación Rusa condena oficialmente las decisiones del XX Congreso, que no guardan relación directa con el momento actual? Me parece que hay dos razones para ello.
Primero, la historia está reemplazando a la política. Ni siquiera se trata de despolitización; es peor: la defensa de mitos se convierte en el principal foco de actividad -o pasividad-. Y, repito, estos son mitos reaccionarios. El mito del gran líder es reaccionario en sí mismo, porque busca suprimir la actividad independiente y democrática de las masas. El Gran Hermano pensará por ti.
La segunda razón es simplemente el deseo de complacer a las autoridades actuales. Quizás inconscientemente. Pero no es ningún secreto que el legado autoritario de la Unión Soviética es plenamente aceptado y respaldado por el régimen actual, a diferencia del legado progresista soviético, como la emancipación de la mujer, la separación de la escuela y la cultura de la Iglesia, etc.
En términos más generales, en un momento en que la lucha por las libertades democráticas se está convirtiendo en el aspecto más importante de la lucha por la transformación social, se nos ofrece un culto al autoritarismo y al conservadurismo. En otras palabras, ya existe una política bien definida que busca preservar el orden vigente.
La conclusión es ineludible. Aunque a algunos no les guste, debemos plantear cuestiones de democracia, porque, en última instancia, se trata de cuestiones sociales, cuestiones de clase.
–¿Por qué, en su opinión, el movimiento de izquierda en Rusia se niega a abandonar el fantasma de Stalin? ¿No es hora de desarrollar una nueva imagen del socialismo, tanto política como estéticamente?
Mientras la izquierda siga asociada al pasado, no tendremos futuro. Claro, se pueden consultar los resultados de las encuestas sobre la popularidad de Stalin [en Rusia]. Pero lo que importa es qué preguntas se formularon y cómo se formularon. Una cosa es saber cómo se valora la personalidad de Stalin. Discutamos, debatamos, reflexionemos sobre ello.
Pero aquí surge otra pregunta: ¿les gustaría volver a 1937? ¿O, en términos más generales, a la era estalinista, sin viviendas privadas, sin internet, e incluso sin el derecho a elegir libremente dónde vivir en su propio país? Y aquí vemos que la inmensa mayoría de la gente ni siquiera contemplaría tal posibilidad. Debemos deshacernos de los fantasmas del pasado, simplemente porque necesitamos el apoyo de la mayoría actual, el apoyo de la gente con la que construiremos el futuro, no para lamentarnos por un pasado glorioso.
–Otro tema delicado para la izquierda rusa hoy en día es la lucha por los derechos democráticos. Para mí, como para muchos (y supongo que también para usted), es evidente que no puede haber una transición directa del régimen de Putin a uno socialista, ni de la sociedad actual a una socialista. Es más, la dictadura y la restricción de las libertades nos alejan cada vez más de un futuro prometedor, en lugar de acercarnos a él. Pero cuando se plantea este tema, se nos acusa de “abogar por la mejora del capitalismo”, de habernos “convertido en liberales”, etc. ¿Cómo explicaría usted a quienes no comprenden el significado de la lucha por las libertades y los derechos democráticos porque ella es necesaria?
Vayamos al grano. Muéstrenme una cita de Karl Marx, Vladimir Lenin o incluso Stalin que afirme claramente que una dictadura burguesa es preferible a una democracia burguesa. Es obvio que ninguno de los “clásicos” pronunció jamás semejante disparate. Y para los más obstinados, les recomiendo el discurso de Stalin en el XIX Congreso del PCUS. El tema central de este discurso es que los comunistas en los países capitalistas deben estar a la vanguardia de la lucha por la democracia.
¿Por qué digo que la cuestión de la democracia es una cuestión de clase? Porque la autoorganización masiva de los trabajadores solo es posible en condiciones de libertad y apertura, cuando muchos miembros de la clase trabajadora, y no solo héroes y activistas individuales, pueden unirse a organizaciones de izquierda, expresar sus opiniones sin temor a la represión y, finalmente, influir en la política, incluyendo la de los partidos de izquierda.
Entiendo perfectamente que algunos y algunas activistas de izquierda no necesiten a las masas trabajadoras; sueñan con convertirse en jefes e imponer sus transformaciones al pueblo desde arriba. Pero son “malos activistas de izquierda”. Y, sobre todo, no lo lograrán.
–Con frecuencia me encuentro con la respuesta de admiradores y admiradoras del Generalísimo que nos acusan de moralistas. Afirman que el marxismo trata sobre la necesidad histórica, no sobre la moral ni la ética. ¿Hay lugar para la moral en el marxismo? Si lo hay, ¿cuál podría ser la base sólida para dicha moral en el materialismo, para el cual no existen poderes divinos ni dogmas?
Me resulta extraño suponer que ser una persona honesta implique necesariamente temer a Dios. ¿Acaso no basta con actuar con honestidad? Por ejemplo, no sintiendo la necesidad imperiosa de dañar a los demás. Y, desde luego, abundan quienes proclaman constantemente su fe mientras actúan como si estuvieran poseídos por el demonio.
Por supuesto, si alguno de nosotros necesita a Dios, no tengo nada en contra. Pero desde una perspectiva sociológica, la sociedad simplemente necesita moralidad, ciertas referencias éticas sin las cuales la reproducción de las relaciones sociales y económicas sería imposible. Estas normas morales generales pueden codificarse de forma religiosa -a través de los Diez Mandamientos- o en forma del Código Moral del constructor/constructora del comunismo. 13 Ese no es el punto. El hecho es que se establecen informalmente a través de la comunicación, la educación, el arte y la experiencia de otras personas a quienes tomamos como modelos a seguir.
La ley por sí sola y la amenaza de represión no bastan para mantener la reproducción cotidiana de la sociedad; se necesita algo evidente, basado no en el temor al castigo, sino en la necesidad de una interacción constructiva y un entendimiento mutuo con los demás. No se puede hacer el bien en una isla desierta. Marx, con razón, ridiculizó los escenarios al estilo de Robinson Crusoe. Para hacer el bien, se necesita al otro. Se necesitan relaciones sociales. Y nosotros, desde la izquierda, queremos cambiar estas relaciones, hacerlas más humanas y minimizar la violencia y la coerción.
-¿Se imagina usted una fuerza política de izquierda que pueda adquirir relevancia en el futuro y reemplazar al Partido Comunista de la Federación Rusa y otras organizaciones? ¿Cuál debería ser su estructura e ideología? ¿Un partido comunista ortodoxo, un partido socialista democrático, un partido socialdemócrata? ¿O podría abarcar todo un espectro de fuerzas políticas?
Si hablamos de los cambios ocurridos en los últimos tres años, uno de los más importantes es la desaparición de la antigua oposición en la Duma. Se podría criticar el oportunismo de los dirigentes del Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) cuanto se quisiera y argumentar convincentemente que no eran ni comunistas ni de izquierda, pero seguían siendo prácticamente la única oposición representada dentro del sistema; por eso la gente continuaba afiliándose a ellos, y teníamos que tenerlos en cuenta, reconocer su monopolio.
Tras el 24 de febrero de 2022, finalmente perdieron la función que Anatoly Baranov denominó “brindar servicios de oposición a la población”. 14 El panorama político en Rusia no solo se ha “limpiado”, sino que se ha vaciado. Podemos empezar de cero, y eso es excelente.
No solo podemos y debemos construir una nueva fuerza política en el flanco izquierdo, sino que podemos y debemos convertirla en la más moderna y avanzada a nivel mundial; y esta es nuestra ventaja sobre, por ejemplo, nuestros camaradas occidentales, porque ellos tienen que recurrir a estructuras, organizaciones e instituciones que han persistido de años anteriores, mientras que nosotros no tenemos ninguna de ellas.
Mientras tanto, es precisamente a nivel mundial donde el proceso de reconstrucción del movimiento de izquierda está madurando y ya ha comenzado. Observemos el nuevo partido creado por los seguidores de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña; observemos a los nuevos líderes de la izquierda en Estados Unidos. Nuestra tarea no es solo unir a los y las partidarios, sino también encontrar nuevas formas de organización.
Diré de entrada que tengo varias ideas organizativas que prefiero no hacer públicas prematuramente. Pero eso atañe a los aspectos técnicos. Políticamente, está claro que tendremos que formar una coalición. Es imposible lograr una fuerte uniformidad ideológica, y no deberíamos aspirar a ella. Pero la unidad política en los temas principales es totalmente factible.
Evidentemente, en palabras de Lenin, “antes de unirnos, debemos trazar líneas divisorias”. 15 En este sentido, el debate actual sobre la historia, iniciado por Vestnik Buri, resulta totalmente natural y oportuno. Pero también es evidente que la verdadera unificación, la coalición, no se construirá en torno a la cuestión de las actitudes hacia Stalin, sino en torno a la democratización, la nacionalización de los monopolios naturales y la socialización de las plataformas, en torno a la guerra y la paz, la educación y los derechos sociales. Y entonces se hará patente que muchos de las y los que hoy debaten el pasado con tanto fervor carecerán por completo de interés en trabajar por el futuro. Si alguien se niega, será su elección, su libertad.
Necesitamos formar una amplia coalición en torno a un programa de reformas democráticas y sociales, mientras que los diferentes elementos de esta coalición pueden conservar sus particularidades ideológicas; eso es normal.
Ya han comenzado las discusiones sobre un programa de reforma; puedo citar el documento del “New Deal”, 16 que se debatió hace aproximadamente un año. En mi opinión, el plan es demasiado moderado y, por lo tanto, poco realista.
Si la izquierda tiene alguna posibilidad, reside en el contexto de una profunda crisis que exige soluciones más radicales que afecten la estructura del poder y la propiedad. Pero, por supuesto, no hablamos de una nacionalización total al estilo de la antigua economía soviética.
–Durante el auge anterior del movimiento de izquierda, cuando el YouTube “rojo” estaba en pleno auge, también comenzaron a formarse en masa círculos de estudio. Pero ahora resulta evidente que, en la mayoría de ellos, los participantes leían obras de hace 100 a 115 años, que interpretaban de forma excesivamente dogmática, perdiendo a menudo todo rigor científico. En su opinión, ¿qué libros y autores contemporáneos sobre marxismo merece la pena estudiar? ¿Y cómo podemos animar a los marxistas a leer también literatura no marxista, para ampliar sus horizontes y evitar una burbuja informativa?
En esencia, la respuesta ya está implícita en tu pregunta. Necesitas leer diversas obras, incluyendo algunas no marxistas. Marx, por ejemplo, no solo leyó a Engels y a sí mismo. Y Lenin estudió Las consecuencias económicas de la paz de John Maynard Keynes e incluso mantuvo correspondencia con él. Todo esto es evidente.
Lo más interesante es que los miembros de nuestro círculo a menudo no solo tienen un conocimiento deficiente de la literatura no marxista, sino que tampoco leen con atención al propio Marx. ¿Quién, de hecho, ha estudiado los volúmenes dos y tres de El Capital en estos círculos? ¿O los Manuscritos económico-filosóficos de 1844? ¿O los artículos sobre el dominio británico en la India? Si estos textos se hubieran leído con atención, muchas disputas y quejas absurdas contra otros activistas de izquierda jamás habrían surgido, especialmente cuando estos activistas simplemente repetían una idea formulada por primera vez por Marx. O por Rosa Luxemburgo, para el caso.
También debemos leer todas las obras escritas por investigadores de izquierda durante el último siglo. Se ha creado una biblioteca completa con numerosos libros valiosos y relevantes. La editorial Direct-Media intenta ahora cubrir parcialmente esta necesidad con su colección “Libros Rojos”.
Estando en prisión, no puedo participar plenamente en este trabajo, pero intento contribuir. Por ejemplo, el libro de Otto Šik, Pland and Merkat Under Socialismo [Plan y mercado en el socialismo], 17 debería publicarse pronto. Esta serie es interesante porque presenta a diferentes autores y corrientes del pensamiento socialista, desde los austromarxistas [Otto Bauer, Max Adler, etc.] hasta Mao [Zedong]. Que cada lector saque sus propias conclusiones. Lo principal es superar la ignorancia. Y entre los clásicos no marxistas de la sociología y la economía, Max Weber, Émile Durkheim, Keynes y Joseph Schumpeter son autores esenciales.
Finalmente, están apareciendo libros nuevos y útiles, incluso en ruso. Personalmente, discrepo con [Yanis] Varoufakis en muchos puntos, pero aun así considero que su libro Tecnofeudalismo 18 es lectura fundamental [véase la crítica del tecnofeudalismo en Cédric Durand y Jean-Marie Harribey]. Lo mismo ocurre conCapitalismo de plataformas de Nick Srnicek. 19
–Oí que te disgustó la victoria de [Donald] Trump en las elecciones. Y es evidente que su regreso a la Casa Blanca ya ha tenido consecuencias desastrosas para la vida nacional e internacional. Pero ¿acaso no hay un atisbo de esperanza, dado que el proceso de paz al menos ha avanzado gracias a él?
Discrepo de la afirmación de que el proceso de paz ha avanzado gracias a Trump. Ya en el verano de 2024 surgieron informes sobre conversaciones secretas. Por el contrario, creo que las políticas de Trump lo paralizaron.
Pensaba que, ofreciendo condiciones favorables a Moscú, obtendría rápidamente el resultado deseado. Pero malinterpretó por completo las causas y la dinámica de este conflicto, que no se origina en una lucha territorial ni en la ideología del “mundo ruso”, sino en los problemas políticos internos de Rusia y, en cierta medida, de Ucrania.
Es imposible llegar a un acuerdo basado en negociaciones geopolíticas, sencillamente porque la geopolítica, o incluso la cuestión de quién se apropia de los yacimientos de tierras raras, es totalmente secundaria. El problema principal es la transferencia del poder en el Kremlin. Y en Ucrania, creo que también existe una cuestión de redistribución del poder, pero de otra índole.
El fin de la guerra significa el fin del orden político actual. Cómo terminen las hostilidades es irrelevante. La paz es un desafío para el que los actores y actoras no están preparados; le tienen pavor. Pero, aun así, es inevitable. Antes pensaba que habría un acuerdo de paz y, por consiguiente, una transferencia de poder. Ahora creo que será al revés: primero la transferencia, luego la paz. En cualquier caso, me parece que Trump solo ha retrasado y enturbiado las aguas.
–Parece que se está gestando una nueva escalada. Trump está decepcionado por la intransigencia de Moscú y está transfiriendo misiles a Ucrania. ¿Cómo evalúa las perspectivas de paz hoy, en 2026?
Como ya dije, las condiciones necesarias para un alto el fuego se daban a finales de 2024. Ambas partes comprendían perfectamente que prolongar los combates no mejoraría su posición estratégica. En cuanto al proceso de negociación, retrasarlo perjudica claramente a Rusia: tras cada intento fallido de llegar a un acuerdo, la siguiente versión será aún peor. Trump hizo todas las concesiones posibles desde el principio, y la lógica de los acontecimientos le obliga a endurecer su postura.
El problema no reside en las negociaciones, sino en las luchas internas de poder en Moscú. Paradójicamente, tanto la propaganda del Kremlin como la liberal presentan la misma imagen: élites consolidadas con un único líder que persigue un objetivo global conocido solo por él. Nada más lejos de la realidad. Hace tiempo que no existe un régimen autocrático; las élites están profundamente divididas y persiguen objetivos totalmente distintos, a menudo incompatibles. Pero temen una ruptura abierta y, por lo tanto, intentan resolver los problemas mediante el consenso, lo cual es imposible. En consecuencia, simplemente no se toman decisiones bien meditadas e incluso preparadas.
Es como un barco a la deriva, mientras en cubierta se libra una discusión interminable sobre el rumbo a seguir. ¿Cuánto tiempo más podrá durar esto? Llevamos así al menos un año. Y podríamos seguir a la deriva hasta que aparezca un iceberg. ¿Qué podría ser ese iceberg? Un grave revés militar o una manifestación aguda de la crisis económica y financiera. Hasta ahora, no se vislumbra nada de eso, pero, como sabemos, un iceberg emerge de la niebla inesperadamente.
Y aquí, da igual que haya una colisión. Lo que importa es que quienes discuten en el puente se den cuenta y finalmente decidan cambiar de rumbo. Todo sucederá de repente y muy rápido. En resumen, viene a la mente el título del clásico de Alexei Yurchak: Todo era eterno, hasta que dejó de serlo. 20
–Hace algún tiempo, usted y otros presos políticos firmaron una carta abierta en la que pedían a los líderes mundiales que concedieran amnistía a los presos políticos de Rusia y Ucrania. 21 En su opinión, ¿estamos cerca de una amnistía de este tipo?
Si se produce una transferencia de poder, habrá un acuerdo de paz y una amnistía. Debo añadir, sin embargo, que esto no se limita solo a los presos políticos. Miles de personas se encuentran detenidas en campos y prisiones en virtud del artículo 337, que castiga la ausencia no autorizada de una unidad militar. Están allí a causa de la guerra y deberían ser liberadas.
Incluso bajo los artículos penales ordinarios, incluidos los considerados “económicos”, los tribunales impusieron penas claramente excesivas, calculando que las personas firmarían contratos con el ejército. Es evidente que la amnistía debería ser más amplia y abarcar no solo a todos los presos políticos, sino también a aquellos bajo otros artículos.
Y en el futuro, la reforma judicial es necesaria. Yo estoy en un campo de régimen general; aquí prácticamente no hay delincuentes de verdad. Pero puedo afirmar con certeza que al menos un tercio de mis vecinos no deberían estar aquí; una multa o trabajos comunitarios habrían sido suficientes.
–Algunos activistas de izquierda han criticado tanto su carta abierta como la presencia de Stupin, Lobanov y Sakhnin en la APCE (Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa), 22 alegando que no se dirigían al pueblo ni a las masas trabajadoras, sino a políticos e instituciones políticas burguesas. ¿Qué responde usted a estas acusaciones?
Estas afirmaciones son extrañas. Si emitimos una declaración pública que pueden leer cientos de miles de personas, ya nos dirigimos a las masas. Si nuestro objetivo fueran las élites, necesitaríamos negociaciones discretas y diversas visitas a figuras influyentes, que es precisamente lo que hacen muchos emigrantes liberales. Muy bien, que lo hagan. No tengo ninguna objeción. Pero nuestra postura es pública; intentamos influir en la opinión pública tanto en Rusia como en Occidente.
En cuanto a los políticos y políticas occidentales, es principalmente la izquierda quien plantea el tema de las presas y presos políticos. Incluso iría más allá: desde que estalló la crisis humanitaria en torno a la operación israelí en Gaza, ha quedado claro que la cuestión de los derechos humanos es polarizante y altamente ideológica. La postura internacionalista de la izquierda sostiene que todas y todos tienen el mismo derecho a la vida y a la libertad: rusos/as, ucranianos/as, judíos/as, palestinos/as.
–Volvamos a tu día a día en el campo. En IK-4 hay varios presos políticos de izquierda: tú, Ruslan Ushakov y Gagik Grigoryan. 23 ¿Es útil esta comunidad? ¿Cómo están los demás?
En IK-4 se ha formado una comunidad de presos políticos, con activistas de izquierda entre sus miembros.
Paradójicamente, la mayoría de las personas condenadas por motivos políticos no están realmente muy comprometidas políticamente. Simplemente se indignaron por los acontecimientos de los últimos años y comenzaron a expresar su indignación en las redes sociales. Esto las llevó a IK-4. Y es solo allí, tras conocer a otros presos políticos, donde empiezan a pensar en términos políticos. E incluso entonces, no siempre es así.
Pero ahí es donde se hace evidente que son de izquierdas por naturaleza. No porque hayan leído libros teóricos, sino por su experiencia vital. A esto se suma la influencia de su entorno. Nuestro pequeño grupo se reúne con regularidad, tomamos té, hablamos de actualidad; a veces les cuento historias de historia o sociología. Algunos me piden libros prestados para leer (y, por cierto, no solo sobre presos políticos).
Esta es una lección importante para los activistas de izquierda: no se aíslen. Debemos lograr que la gente común, apolítica y sin intereses políticos, se sienta atraída por nosotros y se identifique con nuestra causa. Así será fácil impulsar una agenda política. Eso es hegemonía. No en teoría, sino en la práctica.
En cuanto a nuestro pequeño círculo, sí, con Ruslan Ushakov y Gagik Grigoryan se puede hablar de libros, de episodios del movimiento de izquierda y debatirlos. Pero todos los demás también escuchan con interés. Denis Anokhin 24 viene a vernos con regularidad. Espero sinceramente que, cuando nos vayamos de aquí, actuemos juntos.
No hace mucho, otro participante de nuestras tertulias, Valentin Shlyakov, 25 fue liberado de la prisión IK-4. Ahora me escribe cartas, nostálgico de nuestros encuentros vespertinos. Pero la situación de Shlyakov es difícil: está desempleado, tiene problemas de vivienda y lleva ocho años bajo vigilancia administrativa. En la época zarista, esto se conocía como “vigilancia policial a la vista”.
En cualquier caso, me incluyo entre estas personas. Hay miles de presos políticos en Rusia. Y podemos ayudarlos no solo desde fuera, sino también desde dentro: manteniendo una comunidad y apoyándonos mutuamente. Me parece que lo estamos logrando.
–Entiendo que los lugares de detención son tristes, pero, aun así: ¿cuáles fueron las situaciones más divertidas y alegres que te ocurrieron a ti o a tu alrededor durante estos dos años? (La liberación no cuenta).
Curiosamente, en la cárcel y en el campo siempre suceden cosas absurdas y divertidas. De hecho, no hay nada sorprendente en este absurdo. La cárcel en sí es, por definición, una institución bastante absurda. Pero no les voy a contar nada en concreto por ahora, porque estoy tomando notas: estoy anotando las historias más curiosas y los personajes más interesantes en una libretita. Y no voy a contar lo que pasa en la cárcel.
Sinceramente espero que, si algún día salgo de aquí, escriba un libro. En él, describiré con detalle todo lo que sucedió aquí: todas las historias divertidas, cómicas, grotescas y, a veces, por supuesto, un tanto perturbadoras, que presencié o escuché durante mis andanzas por las prisiones y el pabellón IK-4. Creo que este libro será -al menos, eso espero fervientemente- un éxito.
Así que, por ahora, tendrán que esperar hasta que lo publique, porque no quiero hacerlo público antes de entonces.
–Respecto a salir: si te encontraras cara a cara con Dud,’ 26 ¿qué le dirías?
Es una pregunta interesante. No me invitaron al programa de Dud. Pero si me hubieran invitado, empezaría felicitándolo. Me parece que ha mejorado mucho como periodista.
Como comprenderás, no he visto su último trabajo, pero la diferencia entre lo que hacía cuando empezó en el periodismo sociopolítico y lo que ha logrado, por ejemplo, en 2023, es enorme. La entrevista con [Andrei] Lankov 27 es la última que pude ver; es un trabajo muy profesional.
–Sería difícil sospechar que al principio simpatizaba con Dud, pero estoy completamente de acuerdo contigo. Y cuando seas libre, tendrás mucho que ver de él. La entrevista con Volkov 28 es casi una obra de arte contemporáneo. Permíteme hacerte una última pregunta: ¿qué te gustaría hacer primero cuando seas libre?
Hablaremos de la liberación cuando haya una liberación definitiva. Mis dos meses de vacaciones entre dos arrestos no cuentan. Tampoco las visitas que te permiten sentirte libre por unos días o unas horas.
Pero la verdad es que hay muchas cosas instructivas e incluso divertidas que hacer en la cárcel. Si salgo de aquí, como ya he dicho, sin duda escribiré un libro. Incluso tiene título: Paseos con Leviatán. Les aseguro que estará lleno de humor.
Mi familia y amigos, incluso el personal, ya saben de este libro, que aún no he escrito. Recuerdo que en Rzhev, el jefe de operaciones me llamó y me preguntó: “¿De verdad estás escribiendo un libro sobre la prisión?”. Le dije que sí. Me dijo: “Entonces escribe sobre nuestros problemas. Tenemos fondos insuficientes y ni siquiera podemos hacer las reparaciones necesarias”. Le prometí que lo escribiría.
Por supuesto, tengo grandes planes, tanto políticos como literarios. Pero primero debo centrarme en mi salud. No me ha pasado nada grave aquí, pero un campo de concentración no es un balneario. Además, tengo una familia. Mucha gente quiere verme. Y luego está Stepan, el gato. 29 Todo y todos necesitan su tiempo.
-Original publicado en Rabkor, 16-10-2025
-Traducido al inglés par Links, 8-11-2025
Notas
- Rabkor (Corresponsal de los Trabajadores), plataforma de medios digitales de izquierda fundada y dirigida durante muchos años por Boris Kagarlitsky antes de su arresto. ↩
- SMO son las siglas de “Operación Militar Especial”, la denominación oficial rusa para la guerra en Ucrania. Según la legislación rusa, el uso de la palabra “guerra” para referirse a estos acontecimientos está prohibido y puede acarrear sanciones administrativas o penales. ↩
- FSIN-Letter: servicio de pago de reenvío de correo electrónico a las cárceles rusas, gestionado por subcontratistas del Servicio Penitenciario Federal Ruso (FSIN). Los mensajes enviados a través de un portal son filtrados por la censura, impresos en la colonia penitenciaria y entregados al recluso. Las respuestas suelen ser manuscritas, escaneadas y devueltas al remitente original. Este servicio es más rápido que el correo ordinario, pero no es privado y los retrasos son frecuentes. ↩
- Las protestas de Bolotnaya (2011-2012) se refieren a una ola de manifestaciones masivas en Rusia, desencadenadas por las acusaciones de fraude en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2011 y el descontento generalizado con el regreso de Vladímir Putin a la presidencia. Las primeras concentraciones del movimiento se ubicaron en torno a la plaza Bolotnaya, en el centro de Moscú, y atrajeron a una amplia coalición que abarcaba desde liberales hasta activistas de izquierda y nacionalistas. Las protestas exigían elecciones justas, liberalización política y rendición de cuentas; fueron reprimidas con una fuerte presencia policial, detenciones y, posteriormente, procesamientos penales de los participantes. En ruso, “boloto” significa “pantano”, por lo que “Bolotnaya” se traduce literalmente como “plaza del pantano”. La respuesta de Kagarlitsky a esta pregunta -”El nombre resultó ser simbólico: toda la energía de la protesta se ahogó en el pantano del oportunismo liberal”- explota este doble sentido. Afirma que el impulso del movimiento se ha desvanecido tanto figurativamente (en tácticas liberales sin rumbo o cautelosas) como lingüísticamente. ↩
- La confrontación entre el presidente Boris Yeltsin y el Congreso de Diputados del Pueblo/Soviet Supremo en septiembre-octubre de 1993. Yeltsin disolvió unilateralmente el Parlamento ruso el 21 de septiembre de 1993 mediante el Decreto n.º 1400, lo cual no estaba permitido por la constitución anterior. El Parlamento declaró ilegal esta decisión, inició un proceso de destitución en su contra y nombró al vicepresidente Rutskoy presidente interino; entonces estallaron enfrentamientos callejeros. Los días 3 y 4 de octubre, el ejército bombardeó el Parlamento, arrestó a los líderes y Yeltsin se hizo con el control. El referéndum de diciembre ratificó posteriormente una nueva constitución hiperpresidencialista, que constituye la base de la presidencia todopoderosa que Rusia ha experimentado desde entonces. ↩
- Prostye Chisla (“Números Primos”) -un proyecto político y económico ruso de izquierda liderado por el economista Oleg Komolov-. Más conocido como canal de YouTube, explica la actualidad “desde la perspectiva de la base económica”, desmitifica las ortodoxias dominantes del mercado y presenta los problemas en términos de intereses de clase; también está disponible como podcast y en Telegram. Sus vídeos suelen combinar comentarios basados en datos con análisis de Rusia y la economía global desde una perspectiva marxista. ↩
- “Goblin” es el apodo de Dmitry Puchkov, un destacado traductor, bloguero y presentador de YouTube ruso que consiguió un gran número de seguidores gracias a sus traducciones de cultura popular y, posteriormente, a sus programas de debate político. Su plataforma combina la crítica de las políticas sociales con una simpatía constante por las autoridades actuales, pero también ha servido como una importante puerta de entrada para los contenidos de izquierda. ↩
- Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR). Sucesor postsoviético del PCUS, fundado en 1993; el mayor partido de “oposición sistémica” de Rusia, que critica al gobierno retóricamente mientras opera cómodamente dentro del marco parlamentario controlado por el Kremlin ↩
- Kagarlitsky, B. (2021). Between class and discours: Left intellectuels in defence of capitalismo (Entre clase y discurso: Intelectuales de izquierda en defensa del capitalismo). Routledge. ↩
- A principios de julio de 2025, el Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) aprobó una resolución del congreso que declaraba que el “discurso secreto” de Nikita Khrushchev de 1956 (y la postura del XX Congreso del PCUS que condenaba el culto a Stalin y las represiones) era “erróneo” y “políticamente sesgado”. Es a este episodio al que alude Kagarlitsky cuando señala que la dirección del PCFR “condenó oficialmente” la posición del XX Congreso. ↩
- Zemskov, V. N. (2014). Stalin et le peuple: porquoi il n’y a pas eu de soulèvement (Stalin y el pueblo: Por qué no ha habido levantamiento). Moscú: Algorithm. ↩
- Comités tripartitos del NKVD (Ministerio del Interior soviético) que dictaban sentencias masivas de muerte o penas de prisión durante el Gran Terror (1937-1938). ↩
- Carta Ética Soviética adoptada junto con el programa del PCUS en el XXII Congreso del Partido. En ella se establecían las virtudes que el partido deseaba promover a gran escala: devoción al comunismo, primacía del interés colectivo sobre el individual, trabajo honesto, respeto a la propiedad pública, internacionalismo y amistad entre los pueblos, intolerancia a la injusticia social, ayuda mutua fraterna, sinceridad y modestia, respeto a la familia, activismo social y disciplina. ↩
- Esta expresión se atribuye al periodista y comentarista de izquierda Anatoly Baranov, quien describió al Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) como un monopolio estatal de los “servicios de oposición”; es decir, una oposición leal y controlada que lleva a cabo protestas y críticas dentro de límites seguros, a la vez que estabiliza el sistema. Esta expresión ha aparecido en los debates de los medios rusos al menos desde principios de la década de 2000. ↩
- Lenin, VI (1902). ¿Qué hacer?. https://www.marxists.org › lenin › obras › quehacer ↩
- Un programa mínimo para Rusia, elaborado por el colectivo económico New Deal en colaboración con investigadores sociales aliados, que esboza reformas democráticas, sociales y económicas a corto plazo (por ejemplo, una transición a la democracia parlamentaria, la ampliación de los derechos sociales y una política macroeconómica orientada al crecimiento influenciada por la TMM). Se debatió públicamente el 13 de febrero de 2025 en una mesa redonda de Rabkor a la que asistió, entre otros, Andrey Rudoy; una versión web del documento está disponible en el sitio web de New Deal. ↩
- Šik, O. (2017). Plan and Merkat Under Socialism . Abingdon, Reino Unido: Routledge. (Publicado originalmente en 1967). Véase en francés La troisième voie: la théorie marxiste-léniniste et la société industrielle moderne, Gallimard, coll. Biblioteca de Humanidades, 1974. ↩
- Varoufakis, Y. (2023). Tecnofeudalismo: el sigiloso sucesor del capitalismo. Ed. Deusto. 2024. ↩
- Srnicek, N. (2017). Capitalismo de plataformas, Ed. Caja Negra, 2018. ↩
- Yurchak, A. (2005). Todo fue para siempre, hasta que ya no existió: la última generación soviética, Durham, Carolina del Norte: Duke University Press. Alexei Yurchak es un antropólogo estadounidense de origen ruso y profesor de antropología en la Universidad de California, Berkeley. ↩
- A principios de julio de 2025, un grupo de 11 disidentes rusos encarcelados, entre ellos Kagarlitsky, publicó una carta abierta dirigida a los líderes mundiales exigiendo que cualquier acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania incluyera la liberación masiva (“todos/todas”) de los detenidos y detenidas -incluidos los presos políticos rusos y los rehenes civiles ucranianos retenidos por Rusia-, así como la liberación inmediata de los detenidos en estado crítico. Lea la caerta aquí: https://links.org.au/open-letter-jailed-russian-leftist-dissidents-least-10000-us-have-been-punished-simply-taking-civic ↩
- En junio de 2025, las figuras de la izquierda rusa Yevgeny Stupin, Mikhail Lobanov y Alexey Sakhnin se dirigieron a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE) para hablar sobre la represión política y la guerra entre Rusia y Ucrania; sus testimonios constan en las actas de la sesión de la Asamblea del 24 de junio de 2025. ↩
- Ruslan Ushakov es un bloguero y autor izquierdista pacifista en Telegram que fue procesado por “difundir información falsa sobre el ejército” y condenado a 8 años en una colonia penal de régimen general. Gagik Grigoryan es un activista de izquierda arrestado a los 17 años y sentenciado en enero de 2025 a siete años de prisión por supuestamente conspirar para asesinar a un soldado ruso. Medios independientes destacan que su caso forma parte de una represión más amplia contra jóvenes activistas de izquierda opuestos a la guerra. ↩
- Denis Anokhin es un bloguero pacifista sentenciado en septiembre de 2023 a cuatro años en una colonia penal de régimen general por “justificar el terrorismo” e “incitar públicamente a actividades extremistas” en línea. ↩
- Valentin Shlyakov es un youtuber moscovita procesado por “incitación al extremismo/terrorismo” en línea, sentenciado en 2022 a cuatro años en una colonia penal de régimen general y liberado de la prisión IK-4 (Torzhok) en agosto de 2025. ↩
- Yuri Dud es uno de los entrevistadores y documentalistas más vistos de Rusia en YouTube, conocido por su canal vDud’. Exdirector de Sports.ru, pasó del periodismo deportivo a realizar entrevistas en profundidad con figuras culturales, políticos y activistas, así como documentales de larga duración (por ejemplo, sobre el legado de Kolimá/Gulag y la tragedia de Beslán). Su estilo -directo, ágil y meticulosamente documentado- lo convirtió en una figura clave para los medios independientes; posteriormente, las autoridades rusas lo designaron como “agente extranjero”. ↩
- Kagarlitsky se refiere a la extensa entrevista de Yuri Dud con Andrei Lankov, un académico ruso radicado en Seúl y especialista en Corea (profesor de la Universidad Kookmin y autor de The Real North Korea. El episodio de 2023 de Dud con Lankov presenta a los espectadores la historia de la RPDC, la lógica de supervivencia del régimen, la vida cotidiana bajo vigilancia y el programa nuclear. ↩
- Esto se refiere a la entrevista de cuatro horas y media realizada por Yuri Dud en YouTube con Leonid Volkov (un antiguo colaborador de Navalny y exdirector de la ACF/FBK, la Fundación Anticorrupción), publicada el 21 de enero de 2025 en el canal vDud. El episodio explora la estrategia posterior a Navalny, las controversias en torno a la financiación de la FBK, los donantes, los escándalos internos y la situación general de la oposición en el exilio. Generó un amplio debate en los medios rusos y atrajo a una gran audiencia. ↩
- Kagarlitsky hace un guiño a su gato, Stepan, que se ha convertido en una mascota menor de sus transmisiones en vivo de Rabkor: muchas transmisiones caseras se titularon “Boris Kagarlitsky y el gato Stepan”, y el gato aparecía con frecuencia en la pantalla. ↩