Brasil – El fin del auxilio de emergencia y el riesgo de «desigualdad en V». [Pedro Fernando Nery – Entrevista]

El beneficio garantizado a 68 millones de brasileños ha proporcionado la mayor reducción de la desigualdad en nuestra economía, pero su fin puede elevar la pobreza a niveles aún más altos.

Ricardo Machado

IHU On-line, 21-12-2020

Traducción de Correspondencia de Prensa, 23-12-2020

El año 2020 se cierra con la tasa más baja de pobreza extrema y desigualdad. Si esta es aparentemente la buena noticia, la mala noticia es que la expectativa para 2021 es una inversión radical y un aumento de la desigualdad con el fin del Auxilio de Emergencia. «La desigualdad de ingresos también ha disminuido mucho, por primera vez por debajo de 0,50, según el índice de Gini, también un nivel que no se registraba antes. Ahora, debería subir a un nivel más alto que antes. Así que hablamos de ‘desigualdad en V’, una trayectoria de algo que cae muy rápido pero que luego sube muy rápido también – más o menos como algunos analistas esperan que se comporte el PIB», evalúa el economista Pedro Fernando Nery, en una entrevista concedida a IHU On-Line.

Otra cuestión que debería tener un impacto decisivo en la situación brasileña es el aumento de la tasa de desempleo, ya que parte de los desempleados, que hoy no entran en el cálculo porque no buscan trabajo, deberían buscar ocupaciones en 2021. «Diez millones dejaron de trabajar en 2020, pero esto no se reflejó en la tasa de desempleo porque una buena parte de ellos no buscaba activamente una ocupación. Estaban en el llamado desempleo oculto y ahora están entrando en el desempleo abierto, que es lo que se capta en los titulares de los diarios», subraya Nery.

Hay un índice que debemos conocer y que los gobiernos siempre utilizan a su favor, pero que en la vida de los pobres tiene poca relevancia, el Producto Interior Bruto – PIB. «El PIB es un promedio de la situación de todos, pero es un promedio ponderado por los ingresos. Si los pobres se empobrecen, el PIB puede no sentirlo. En un escenario de creciente desigualdad, es fundamental mantener la atención en otros indicadores, como el desempleo, el nivel de ocupación», señala Pedro Fernando Nery, doctor, Master y Licenciado en Economía por la Universidad de Brasilia – UNB. Es Consultor Legislativo del Senado Federal, en el área de Economía Laboral, Ingresos y Bienestar. Fue galardonado con el Premio Edgardo Buscaglia de Investigación Empírica en Derecho y Economía (2013) por la Asociación Latinoamericana e Ibérica de Derecho y Economía – ALACDE. Es autor, junto a Paulo Taífer, del libro Reforma da Previdência – Por que o Brasil não pode Esperar? (Elsevier, 2019).

-¿Cuáles pueden ser los efectos económicos con el fin del Auxilio de Emergencia?

Me temo que el aumento del desempleo, de la pobreza y de la desigualdad será rápido y de un nivel más alto que antes de la pandemia. En otras palabras, vamos a dejar el año 2020, con la tasa más baja jamás registrada para la pobreza extrema y la desigualdad de ingresos (medida por el Índice de Gini), para el año 2021, cuando estos indicadores deberían ser los más altos en unas pocas décadas. Es probable que el desempleo aumente a un nivel más alto que en la recesión de 2015-2016.

-¿Cuáles fueron las propuestas del equipo económico para la continuidad de la ayuda?

Continuar la ayuda es ciertamente difícil, pero sería muy importante que fuera un empuje hacia una reforma del Bolsa Familia o crear un nuevo beneficio. Esto ya era muy necesario antes de la pandemia, porque la pobreza no ha disminuido tanto con la recuperación del Producto Interno Bruto – PIB desde la última recesión. Básicamente ha dejado de subir. El Bolsa Familia tenía valores atrasados tanto en el número de beneficiarios como en el valor de los beneficios.

El equipo económico sugirió por un tiempo la Renta Brasil, o Renta Ciudadana, que parecía ser un conjunto de propuestas interesantes, con énfasis en la primera infancia, con una financiación basada en la integración con otros programas sociales, especialmente el subsidio salarial. El presidente rechazó, así como rechazó los ajustes en la nómina de los empleados federales. A continuación, el equipo económico tuvo la mala idea de un recorte real de las pensiones y jubilaciones del INSS (Instituto Nacional del Seguro Social), manteniendo el valor nominal de las prestaciones, pero sin dar los ajustes por la inflación, lo que provocaría un recorte del poder adquisitivo. Parece que fue la gota que colmó el vaso para el presidente, y desde entonces ese programa murió. En otras palabras, era mejor volver al Bolsa Familia  que ya necesitaba recursos que reformar otra estructura para transferir recursos a lo que el presidente llama «paupérrimos».

-La pandemia en Brasil está lejos de haber terminado, pero no hay propuestas concretas para continuar la ayuda. ¿Qué debería pasar después del 31 de diciembre?

Después del 31 de diciembre, termina el estado de calamidad, pero sin el fin de la calamidad. En otras palabras, el estado de calamidad que permitió hacer un auxilio equivalente a diez años del Bolsa Familiar deja de existir. Por lo tanto, para pagar un nuevo beneficio, el gobierno debe respetar el techo de gasto (medida adoptada en el gobierno de Michel Temer, que congela las inversiones presupuestales por 20 años: NDT) y el objetivo principal de resultado primario. Fundamentalmente, significa que debe tener una fuente permanente de dinero para pagar un nuevo gasto. Según la opinión predominante, un recorte en el gasto para compensar. Pero para el andar del carruaje, no habrá nada. Me imagino que las consecuencias serán muy malas si el gobierno busca una solución después de las elecciones (reparto de cargos, presidencias y comisiones: NDT) del Congreso en febrero.

-¿Cuál fue el orden de la transferencia de ingresos del Auxilio de Emergencia en comparación con el Bolsa Familia ?

Era el equivalente a unos diez años. La ayuda acogió a muchas más personas que el Bolsa Familia , porque el límite de ingresos es mucho más alto. Muchas personas todavía no conocen el Bolsa Familia, por lo que es necesario tener claridad de que los valores para recibirla son muy bajos. Para recibir la prestación básica, de R$ 89 (cinco reales equivalen a un dólar: NDT) es necesario ser extremadamente pobre, es decir, tener ingresos por persona en la familia de los mismos R$ 89. Para recibir la prestación variable, por hijo, de R$ 41, sigue siendo necesario ser pobre, es decir, satisfacer un umbral de pobreza de R$ 178 por persona en la familia. En el auxilio, la línea era la mitad del salario mínimo, 520 reales por persona. El beneficio también fue mucho mayor, inicialmente R$ 600 o R$ 1.200 para las madres solteras. Más de 68 millones de personas recibieron la ayuda, mientras que el Bolsa Familia paga a unos 13 millones de familias.

-¿Cuál fue el impacto en términos de desigualdad y reducción de la pobreza en Brasil?

Por estas características, y porque es un requisito para la ausencia de empleo formal, la ayuda transfirió mucho dinero al tercio más pobre de la población. Así que estamos hablando de quién está desempleado, informal o fuera de la fuerza de trabajo. Por ejemplo, las personas que tienen poco acceso a las prestaciones sociales, que requieren contribuciones y que no suelen beneficiarse de los aumentos del salario mínimo. Por eso es tan importante ampliar el Bolsa Familia, cambiar la base de la protección social de las prestaciones con contribución directa basadas en el empleo formal a las prestaciones sociales no contributivas.

El impacto fue muy poderoso. La pobreza y la extrema pobreza se redujeron al nivel más bajo jamás registrado, aunque por razones metodológicas relacionadas con la pandemia sólo podemos decir con confianza que la extrema pobreza se redujo en realidad al nivel más bajo de la historia, lo cual fue un resultado excelente. Unos 30 millones de personas dejaron de vivir en la pobreza, ya sea porque la ayuda aseguró la pérdida de ingresos o porque aumentó temporalmente los ingresos de los que antes estaban en la pobreza.

La desigualdad de los ingresos también cayó bruscamente, por primera vez por debajo de 0,50, según el índice de Gini, también un nivel que no se registraba antes. Ahora, debería subir a un nivel más alto que antes. Así que hemos estado hablando de «desigualdad en V», una trayectoria de algo que cae muy rápido pero que luego sube muy rápido también – más o menos como algunos analistas esperan que se comporte el PIB.

Por supuesto, en relación con estas caídas de 2020 sólo estamos hablando de la cuestión monetaria, sin tener en cuenta otros aspectos de la pobreza y la desigualdad. Estas familias siguieron teniendo deficiencias en el acceso a la educación, la salud, la vivienda, etc. Pero hay un aprendizaje muy importante, reitero, sobre la relevancia de las transferencias de ingresos fuera de la previsión. Los gastos de previsión social son mayores y, naturalmente, se transfieren más a las familias con mejor acceso al mercado laboral y a las familias de más edad. Pero hay mucha pobreza que combatir en las familias sin acceso al mercado laboral y en las familias más jóvenes, con niños incluidos.

-¿Cómo será la vida de la población del Auxilio de Emergencia después de que termine el beneficio?

La evolución de la pandemia, de la vacunación, dictará el ritmo, pero mucha gente estará en una situación terrible. Como los precios tardarán en reflejar el fin del auxilio, es plausible imaginar que las familias se enfrentarán a precios altos mientras no tengan ingresos. Algunos volverán a trabajar de manera informal, pero muchas actividades no se adaptarán al aislamiento social. Las empresas se han venido abajo. La caída de los ingresos será muy importante.

La cuestión de las escuelas sigue siendo preocupante, lo que dificulta tanto la búsqueda de trabajo para las madres como el aumento de los gastos del hogar, por ejemplo, con alimentos para sustituir un refrigerio o una merienda.

-¿Cuál fue el impacto del Auxilio de Emergencia en las tasas de desempleo en 2020 y qué puede suceder en 2021 si se suspende la ayuda?

Se puede esperar un aumento significativo del desempleo, ya que los que estaban aislados en casa recibiendo la ayuda empiezan a buscar actividad en las calles de nuevo. Para la medida de desempleo del IBGE (Instituto Brasileiro de Geografía y Estadística), sólo ahora estas personas comenzarán a aparecer como desempleados. Diez millones dejaron de trabajar en 2020, pero esto no se reflejó en la tasa de desempleo porque una buena parte de ellos no buscaba activamente una ocupación.

Estuvieron en el llamado desempleo oculto y ahora entrarán en el desempleo abierto, que es el que aparece en los titulares de los periódicos.

-El Ministro Paulo Guedes pronostica un crecimiento del 4% del PIB en 2021. ¿Qué podría sugerir, en términos de teoría económica, tal optimismo? ¿Cuál debería ser el impacto en el PIB con el fin de la ayuda?

Es muy probable que el crecimiento en 2021 sea el más alto en años. Pero esto también se debe a que en 2020 hubo una gran caída. Desde el momento en que las actividades vuelven a la normalidad, hay un gran aumento del PIB en comparación con el año 2020. Por ejemplo, si la economía volviera al nivel de 2019, el PIB crecería mucho en comparación con el de 2020, debido a la caída del año en curso.

Es cierto que la recuperación puede verse afectada por el fin de la ayuda, que ha estimulado enormemente el consumo de las familias y regiones más pobres. Pero por otro lado, como estamos hablando de familias pobres, su dramatismo puede no pesar mucho en el PIB. Es muy importante que la métrica de 2021 no sea el PIB, porque no reflejará las privaciones de una buena parte de la población. El PIB es un promedio de la situación de cada uno, pero es un promedio ponderado por los ingresos que cada uno tiene. Si los pobres se empobrecen, el PIB puede no sentirlo. En un escenario de creciente desigualdad, es esencial mantener la atención en otros indicadores, como el desempleo, el nivel de ocupación.

-El presupuesto de la Unión aún no ha sido votado para el 2021. ¿Eso es bueno o malo? ¿Hay espacios para el avance? ¿Es posible tener alguna expectativa positiva?

No hay señales de ningún aumento relevante en el Bolsa Familia . Esto podría ocurrir en 2021 con la aprobación de los créditos, si hay presión de la población, por ejemplo.

¿Cómo podemos entender la aprobación de solo 38% de entre “optimo y bueno” para el presidente Bolsonaro?

Creo que es inevitable que parte de la aprobación provenga del pago de la ayuda. Es difícil imaginar que la distribución de tantos recursos no afecte la popularidad de un gobernante. Especialmente ante la caída de los grupos que lo apoyaban, por el manejo de la pandemia, la pérdida de aliados, me parece plausible que su popularidad en 2021 alcance un mínimo. El nuevo apoyo que tuvo por ejemplo en el Noreste puede desvanecerse con la interrupción de los pagos.

-Frente a este complejo escenario, ¿qué alternativas hay para superar los desafíos de supervivencia de la población pobre de Brasil?

Hay mucho que hacer. Se necesitan recursos para ampliar el Bolsa Familia, la red de guarderías – que ayudan en el desarrollo del niño y la empleabilidad de las madres, la educación en sí. Tal vez también para revisar la pesada carga impositiva sobre el empleo formal, que no es fácil porque es el impuesto que más se recauda para la Unión. El dinero está ahí, pero necesita liderazgo para proponer un nuevo pacto. Porque requeriría recortar otros programas, gastar con funcionarios, gastar en renuncias a empresarios, aumentar los impuestos a los más ricos.

Es cierto que en términos de PIB per cápita Brasil no es un país rico, pero tampoco somos un país pobre. Un país de ingresos medios como el nuestro no tiene que vivir con dos de cada cinco niños que viven en la pobreza.

-¿Cuál es su opinión sobre la Renta Básica Universal?

La Renta Básica Universal no ha sido probada a gran escala en ningún lugar todavía. Pero un ingreso básico para una buena parte de la población es factible, especialmente si se considera que las familias más ricas tienen varios tipos de ingresos básicos, es decir, reciben varios tipos de recursos públicos del presupuesto o a través de exenciones de impuestos, incluido el impuesto sobre la renta.

Una buena posibilidad es la renta básica universal por hijo, o la prestación universal por hijo. Esto ya existe en muchos países europeos, por ejemplo. Una buena posibilidad es la renta básica universal para los niños, o el beneficio universal para los niños. Esto ya existe en muchos países europeos, por ejemplo. Aunque es universal, afectaría a los más pobres porque es donde predominan las familias con hijos. Y para los más ricos, podría ser un intercambio con beneficios que ya existen, como las deducciones del impuesto sobre la renta por hijo. Algunos investigadores del IPEA (Instituto de Pesquisa Económica Aplicada) como Sergei Soares, Pedro Souza, Luis Henrique Paiva, vienen planteando esta propuesta desde hace unos años.