Gaza, 4-2-2026
Mohammed R. Mhawish*
A l’encontre, 4-2-2026
Traducción de Correspondencia de Prensa, 10-2-2026
¿Cómo se puede calificar un acuerdo de alto el fuego en el que siguen muriendo personas? Es la pregunta que se hacen los habitantes de Gaza desde hace varios meses. 1
En octubre, Hamás e Israel firmaron un acuerdo de paz que se suponía iba a poner fin a dos años de masacres en Gaza. Desde entonces, más de 420 palestinos han muerto bajo fuego israelí [Haaretz del 4 de febrero indica un total de 556 palestinos muertos], lo que supone un promedio de unas cuatro personas por día, en lo que los mediadores internacionales siguen calificando de «desescalada exitosa».
La brecha entre este discurso oficial y la realidad del terreno muestra hasta qué punto el término «alto el fuego» ha sido despojado de su significado original: ya no designa una pausa en la violencia, sino más bien un mecanismo para gestionarla, legitimando la continuación de las operaciones militares bajo el pretexto de la «moderación».
Las personas asesinadas de facto, entre ellas muchas mujeres y niños, son sistemáticamente calificadas de amenazas, intrusos o víctimas colaterales de la aplicación del alto el fuego. Entre ellas se encuentran familias que intentaban regresar a sus hogares [en Gaza, tras haber sido desplazadas bajo coacción y amenaza], para descubrir que ahora se les prohibía el acceso a su barrio más allá de una «línea amarilla» que Israel desplazaba constantemente [véase el mapa]. Las autoridades sanitarias palestinas han registrado más de mil violaciones israelíes desde la entrada en vigor del alto el fuego, entre ellas ataques aéreos, fuego de artillería y disparos mortales. Por lo tanto, el alto el fuego ha funcionado exactamente como estaba previsto: un marco que permite matar y controlar a los palestinos a un ritmo más lento y más aceptable desde el punto de vista diplomático.

La línea amarilla, que delimita teóricamente las fronteras de la ocupación física de Gaza por parte de Israel, es quizás el símbolo más evidente de este alto el fuego puramente semántico. Es una frontera que existe en los mapas y en las reuniones informativas militares, pero que no tiene ningún significado para las personas que intentan sobrevivir en lo que queda de sus hogares. La posición de la línea amarilla cambia constantemente. Barrios que se suponía que serían accesibles son ahora zonas militares, en particular gran parte del este de la ciudad de Gaza, todos ellos sometidos a una presencia israelí cada vez más reforzada a pesar de la supuesta retirada. Las fuerzas israelíes se reservan el derecho de disparar a cualquiera que cruce esta línea. Para los palestinos que viven en el «lado equivocado», delimita un territorio cada vez más restringido en Gaza, donde el control israelí no cesa de extenderse.
Actualmente, Israel mantiene una presencia militar en más de la mitad de la Franja de Gaza. El alto el fuego debía incluir la retirada israelí y el regreso de los palestinos desplazados a sus barrios. En su lugar, el ejército israelí ha demolido casas e infraestructuras en el norte de Gaza, desplazando la línea amarilla más adentro del territorio que supuestamente debía evacuar.
Todo esto tuvo lugar durante la primera fase del que se suponía que iba a ser un plan de paz global. Esta fase incluía compromisos específicos: 600 camiones de ayuda humanitaria que entrarían diariamente en Gaza, la apertura del paso fronterizo de Rafah, la retirada de las fuerzas israelíes a posiciones predefinidas, la liberación de los rehenes israelíes y el intercambio de prisioneros palestinos. Parte de estos compromisos se cumplieron en los primeros días: los rehenes vivos regresaron a sus hogares y varios presos palestinos fueron liberados. Pero en cuestión de semanas, el número de camiones de ayuda humanitaria se redujo a un nivel muy inferior a las necesidades, Rafah se volvió a cerrar y los ataques israelíes se intensificaron. [La reapertura de Rafah se basa en una aritmética particular: 50 personas gravemente heridas, acompañadas cada una por dos personas, es decir, un total de 150, pueden salir de Gaza por la puerta de Rafah, tras un control militar y policial de los israelíes. Sin embargo, de las 150 personas, solo 50 pueden regresar a Gaza. La diferencia implica una expulsión de facto de los habitantes de Gaza hacia otro «territorio». Por otra parte, según diversos expertos, el reconocimiento de Somalilandia por parte del Gobierno de Netanyahu forma parte de una estrategia de posible evacuación de una parte de la población de Gaza en esta escisión de Somalia. Red. A l’encontre]. 2
La brecha entre lo prometido y lo cumplido pone de manifiesto la diferencia fundamental entre un acuerdo de alto el fuego basado en concesiones mutuas y una realidad en la que una de las partes mantiene el control militar total.
La segunda fase del acuerdo, que prevé el desarme de Hamás, nuevas retiradas israelíes y la creación de un «Consejo de Paz» encargado de supervisar la reconstrucción de Gaza, acaba de ser anunciada por el presidente Trump. Steve Witkoff, enviado especial de Trump [y especulador inmobiliario], fue nombrado para dirigir las operaciones diarias de reconstrucción. Varias personalidades internacionales se reunieron y algunos tecnócratas palestinos fueron seleccionados para dirigir una futura administración provisional. Todo parece muy oficial y organizado. Pero basta con rascar un poco la superficie para que quede claro el carácter vacío de estos anuncios. Israel sigue cuestionando los términos de la segunda fase, mientras que los palestinos siguen muriendo en lo que, teóricamente, es un periodo de paz.
La situación humanitaria en Gaza sigue siendo catastrófica. Las condiciones de hambruna han mejorado levemente tras el alto el fuego, pero esto podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos. La fragilidad del acuerdo se hace cada vez más evidente, ya que Israel sigue prohibiendo a más de 30 organizaciones humanitarias operar en Gaza, entre ellas Médicos Sin Fronteras y Oxfam. Gran parte de la infraestructura humanitaria ha desaparecido. En otras palabras, las condiciones necesarias para que comience la segunda fase están lejos de cumplirse.
Así es este alto el fuego que la llamada comunidad internacional considera como paz porque, oficialmente, la situación es menos violenta que antes.
Para la población de Gaza, casi en su totalidad desplazada, que vive en edificios en ruinas o en refugios improvisados, la distinción entre guerra y alto el fuego se ha convertido en algo puramente teórico.
Quizás sea el mejor «compromiso» al que pueden aspirar los palestinos en el contexto actual: un statu quo gestionado que perdura sin satisfacer a nadie. Los desplazamientos [dentro de Gaza], la inseguridad y las muertes continúan, pero a un ritmo que no provoca una reacción internacional. Las fuerzas israelíes justifican su acción mortífera como una respuesta de seguridad a las «provocaciones palestinas». Lo importante es que este nivel de devastación controlado sea lo suficientemente bajo como para preservar el marco diplomático del alto el fuego, pero lo suficientemente alto como para mantener la presión operacional. Gracias a ello, Israel puede mantener su presencia militar sin sufrir los costos políticos de una guerra total.
Lo que hace que este arreglo sea tan elocuente es que representa la definición de éxito según la comunidad internacional. Así es como se ve «el fin de la guerra» en Gaza: reducción del número de muertos diarios, envío esporádico de ayuda, liberación parcial de los rehenes palestinos [durante esta guerra, cientos de palestinos fueron arrestados y encarcelados en prisiones de alta seguridad israelíes] . El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó este marco, desplegó observadores para supervisar su cumplimiento y le otorgó legitimidad jurídica.
La diferencia entre la guerra y la paz se ha reducido a una cuestión de ritmo más que de principio: el mismo control militar y los mismos desplazamientos de población, con la misma maquinaria estructurada para matar, pero calibrada a un nivel que permite reivindicar avances diplomáticos. La población de Gaza comprende que la distinción entre las fases importa menos que la continuidad de las condiciones. El marco funciona porque hace que el sufrimiento sea soportable, lo suficientemente grave como para que continúe, pero lo suficientemente controlado como para ser ignorado.
*Mohammed Mhawish escribe para The Nation. Es periodista, originario de la ciudad de Gaza, y colaboró en el libro A Land With a People. También ha escrito para 972+, Al Jazeera, MSNBC, The Economist y otros medios.
-Artículo original publicado en The Nation, 3-2-2026. El artículo forma parte de una iniciativa en la que The Nation le da la palabra, sobre todo, a los testimonios procedentes de la Franja de Gaza.
Notas
- Haaretz del 4 de febrero de 2026 indica que: «Los ataques israelíes han matado al menos a 24 palestinos, entre ellos ocho niños, y han herido al menos a otros 38 en ataques separados llevados a cabo en Gaza desde la mañana del miércoles 4 de febrero, según responsables del sistema sanitario. Un ataque contra una tienda de campaña al este de Deir al-Balah, en el centro de Gaza, mató a una niña y a un hombre e hirió a otras ocho personas. Un ataque con drones contra el campo de refugiados de Shati, en el norte de Gaza, mató a otra persona e hirió a varios palestinos más. El miércoles por la mañana, un ataque israelí contra una tienda de campaña que albergaba a palestinos desplazados en al-Muwasi, en el sur de la Franja de Gaza, mató a dos personas, entre ellas Hussein al-Samiri, un paramédico de guardia, según informó la Media Luna Roja, que añadió que otras ocho personas resultaron heridas en el ataque. «La guerra genocida contra nuestro pueblo en la Franja de Gaza continúa», declaró el Dr. Mohamed Abu Selmiya, director del hospital Shifa de Gaza, en un mensaje publicado en Facebook. «¿Dónde está el alto el fuego? ¿Dónde están los mediadores?». En total, 556 palestinos han sido asesinados por Israel y 1500 han resultado heridos desde la entrada en vigor del alto el fuego, según los responsables sanitarios de Gaza, mientras que el ejército israelí afirma que cuatro soldados israelíes han sido asesinados». Redacción de A l’encontre ↩
- Véase ¿Por qué Israel reconoció a Somalilandia? ↩