Helen Lackner*
Orient XXI, 6-2-2026
Correspondencia de Prensa, 6-2-2026
El 26 de diciembre de 2025, Israel fue el primer Estado del mundo en reconocer a Somalilandia, un territorio de 175.000 kilómetros cuadrados situado en la parte norte de Somalia.
Somalilandia ocupa un espacio estratégico: su costa permite el control del estrecho de Bab el Mandeb, que delimita el sur del mar Rojo y lleva hacia el canal de Suez. Más allá de esta cuestión geopolítica, vale la pena describir la trayectoria histórica de Somalilandia y el interés de Israel por su existencia.
Nacimiento de la República de Somalia
En la época colonial, debido a las disputas entre las potencias europeas por el dominio de África, el espacio somalí estaba repartido entre Italia, que controlaba el sur, y Gran Bretaña, que ocupaba el norte. En 1960, cuando ambas entidades pasaron a ser independientes, sus autoridades se pusieron de acuerdo para unificarse y formar la República de Somalia. Entre la partida de los británicos y el surgimiento del Estado somalí, la zona de Somalilandia vivió cuatro días de independencia. Durante los tres decenios siguientes, esa parte del país fue teatro de una sucesión de alzamientos contra la gestión centralizada y autoritaria del régimen de Mohammed Siad Barre. Los conflictos locales causaron miles de muertos, la destrucción de ciudades y de la poca infraestructura heredada de la tutela británica. El Movimiento Nacional Somalí emergió en la década de 1980 y abogaba por la secesión del norte. Tras la caída de Barre, en 1991, las autoridades locales proclamaron el 18 de mayo de ese año la independencia de Somalilandia siguiendo las fronteras de la antigua colonia británica. Aunque mantenían contactos regulares con varios países, no lograron que ninguno de ellos –salvo Israel en 2025– reconociera oficialmente al Estado de Somalilandia.
El territorio es uno de los más pobres del planeta. Sin embargo, su política ha sido más abierta que en muchos otro países de la región. Durante las décadas de 1990 y 2000, la parte sur de Somalia, con Mogadiscio como capital, seguía marcada por la guerra civil. Pero Somalilandia, por su parte, parecía estar destinada a un destino mejor, con mayor seguridad y estabilidad. El país está dominado políticamente por tribus, con frecuencia llamadas clanes. Las decisiones se toman durante grandes conferencias locales que pueden durar meses y que representan una forma de democracia adaptada a la estructura social, pero que tiende a excluir a las mujeres y a los jóvenes. Sin embargo, el gobierno, dirigido por sucesivas autoridades instaladas en Hargeisa, es reconocido por la mayoría de la población.
Si bien Somalilandia es bastante extensa en términos geográficos, se estima que tiene una densidad demográfica de menos de 30 habitantes por kilómetro cuadrado, aunque no existen datos de un censo reciente. Las variaciones en las estimaciones de la población son impresionantes, pero rondan los 6 millones de habitantes. El país tiene pocos recursos económicos y sirve principalmente como lugar de tránsito del ganado regional. Los pequeños rumiantes somalíes, ovinos y caprinos, se exportan hacia la Península Arábiga, sobre todo Arabia Saudita y Yemen, en particular durante el período de Aíd al-Adha (Fiesta del Sacrificio). Su territorio semiárido tiene pasturas poco productivas y padece intensas sequías, agravadas por el avance del calentamiento global.
En la época colonial, muchos ciudadanos y ciudadanas de Somalilandia migraron hacia Adén. El flujo se mantuvo tras la independencia de Yemen del Sur, en 1967, pero luego se invirtió con el comienzo de la guerra civil en Yemen, en 2015. En los intercambios comerciales, las mujeres tienen un rol preponderante. Las somalíes crearon sistemas de reventa de productos chinos y de otros orígenes que compran al por mayor en Adén y que luego venden en Hargeisa y en el interior del país.
El problema del puerto de Berbera
Pero el problema más candente está asociado con su puerto de Berbera y la intervención de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) desde hace una década. Abandonado desde hacía mucho tiempo, el puerto recibió una importante inversión en 2016. El gobierno de Somalilandia y la empresa Dubai Ports World firmaron un contrato a 30 años que establecía que el gobierno recibiría 5 millones de dólares (4,1 millones de euros) por año de alquiler, además del 10 % de los ingresos del puerto. La concesión tendría un papel fundamental para Etiopía, que, privada de acceso al mar, debía contribuir al desarrollo de Berbera.
En paralelo, el puerto también debía servir como base militar para los EAU, expulsados en 2018 de Yibuti. Si bien los EAU nunca cruzaron el umbral hacia un reconocimiento pleno y entero de la independencia de Somalilandia, su intervención generó tensiones con las autoridades somalíes instaladas en Mogadiscio, que en enero de 2026 anularon todos sus acuerdos con Abu Dabi. Además, las inversiones en Berbera no arreglaron diversos conflictos que se perpetúan –incluso en la región de Punt, a caballo entre las dos Somalias–, y que en los últimos años deterioraron la situación política.
Un espacio estratégico
En este contexto, el reconocimiento diplomático de Somalilandia por parte de Israel en diciembre de 2025 parece coherente con los cambios geopolíticos. Cumple varios objetivos, principalmente para Israel, pero también para los EAU. Una de las prioridades inconfesables de los israelíes es encontrar algún lugar adonde desplazar a los 2 millones de gazatíes supervivientes del genocidio iniciado en octubre de 2023 y a la mayor cantidad posible de palestinos de Cisjordania. El país, cercano, débil, con una población pequeña y mucho espacio libre, tiene un potencial garantizado.
Además de tierra de recepción de palestinos, la localización de Somalilandia también ofrece una ventaja considerable para los israelíes en la prosecución de sus bombardeos en Yemen y en el ejercicio de su presión máxima contra los hutíes. Desde Berbera, Israel puede controlar los movimientos marítimos hacia el mar Rojo. Y eso fortalece la alianza de facto entre Israel y los EAU. Los Emiratos se anotan un punto a favor en su creciente rivalidad con Arabia Saudita, luego de la gran pérdida que sufrieron en enero de 2026, luego de la derrota de sus aliados del sur de Yemen. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu afirmó que el reconocimiento se efectuó “de acuerdo al espíritu de los Acuerdos de Abraham”.
*Helen Lackner, investigadora independiente, trabajó y vivió en el Yemen durante más de quince años, cinco de ellos en la República Democrática del Congo entre 1977 y 1982. Ha publicado Yemen en crisis, autocracia, neoliberalismo y la desintegración de un Estado (Saqi, 2017), cuya edición en rústica fue publicada en los Estados Unidos por Verso en junio de 2019 bajo el título Yemen en crisis: el camino a la guerra.