Foto: AP/Ramón Espinosa
La situación precaria de Cuba
Samuel Farber*
Sin Permiso, 7-2-2026
Correspondencia de Prensa, 11-2-2026
Cuba se encuentra en el medio de lo que es quizás la situación más difícil desde enero de 1959. La situación política sigue empeorando con la sistemática represión de todas las protestas colectivas sean estas espontáneas como las del 11 de julio de 2021, y las muchas protestas locales que han ocurrido desde entonces, o aquellas que han agrupado a menos personas como en los casos de las protestas organizadas por Alina Barbara López Hernández que han sido reprimidas hasta por el mero delito de portar un letrero en blanco en un parque de Matanzas.
La economía sigue en pique desde el gran descenso del turismo hasta la virtual desaparición de la industria azucarera. En gran parte esto es la culpa del gobierno cubano con respecto a su prioridad de construir hoteles para rentarlos como propiedad inmueble a las compañías hoteleras internacionales a expensas de otras inversiones indispensables. Al mismo tiempo, el régimen continúa, entre sus muchos otros desmanes económicos, su sistemático maltrato a la agricultura a través de Acopio, y la insuficiente autonomía y facilidades que le ha provisto a los pequeños campesinos privados. A todo esto, hay que añadir que el muy autoritario sistema político es en sí un factor económico determinante al gran grado que sistemáticamente crea la apatía, indiferencia e irresponsabilidad económica dada la escasez de incentivos, sean estos económicos o políticos como lo sería el control democrático desde abajo, patrocinado por un sindicalismo independiente y por los mecanismos de control democrático creados por los trabajadores en sus oficinas y talleres.
El embargo o bloqueo estadounidense ha contribuido, y no de una manera menor, a la mala situación económica imperante en la isla. Aparte de sus prohibiciones que han existido desde principios de la década de los sesenta como con respecto a la venta del azúcar cubano en los mercados del norte y la prohibición de la inversión estadounidense en la isla, el gobierno de Trump empeoró considerablemente la situación con sus prohibiciones de los viajes de estadounidenses a Cuba y aún más importante, las poderosas presiones ejercidas sobre la banca internacional para que no tengan relaciones económicas de ningún tipo con Cuba. De hecho, hace tiempo que la Union Europea se quejó formalmente contra Washington por haber introducido una política ilegal de extraterritorialidad cuando sancionó las actividades económicas de firmas europeas en Cuba.
Las consecuencias de la invasión de Venezuela
Los hechos del 3 de enero cuando fuerzas militares estadounidense aterrizaron en Caracas y secuestraron al dictador Maduro han obviamente transformado la situación de Venezuela como también la de Cuba. La importancia de este hecho reside no solamente en que Venezuela yo no proveerá petróleo a Cuba (dicho suministro de petróleo había descendido antes del 3 de enero) sino por la envergadura que el mismo Trump le ha dado a dicha intervención. En la realidad política posterior a enero 3, la invasión y secuestro del dictador Maduro fue de suma importancia tanto política como legal. Trump descaradamente proclamó que su administración en Washington gobernaría a Venezuela, y en aras de justificar históricamente su invasión ha invocado varias veces al presidente proimperialista McKinley y ni más ni menos que a la doctrina Monroe en toda su plenitud colonialista.
Mas allá de la conquista de Venezuela a través del control indirecto de su gobierno como lo manifiesta la estipulación reciente de que el gobierno venezolano debe someter periódicamente sus presupuestos a la inspección de Washington, Trump se lanzó de nuevo hacia la conquista de Groenlandia para de esta manera consolidar sus credenciales Monrovianas dado que dicho país pertenece a Dinamarca, precisamente el tipo de potencia europea que Monroe quería eliminar de su banquete colonialista. Vale la pena notar que en toda esta fiesta imperial y colonial hubo también algo completamente nuevo. Me refiero al hecho de que Trump desdeñó la tradicional hoja de parra utilizada por muchísimo tiempo por Washington, y no dijo absolutamente nada para justificar su política hacia Venezuela en términos de democracia, libertad y todos los otros temas ideológicos tradicionales de la política exterior estadounidense. En vez de eso, habló sin tapujos sobre la recuperación de “nuestro” petróleo que aparentemente varios gobiernos venezolanos habían tenido la osadía y temeridad de pensar que las riquezas de su subsuelo son parte del erario natural e histórico de su país.
Es muy lamentable que muchos cubanos tanto en Cuba como en el exterior hayan aprobado las medidas de Trump, pero no por eso debemos ser cómplices de ese apoyo que nos compromete moral y políticamente y perjudica a nuestra causa democrática aún a corto plazo, especialmente en la America Latina, y ciertamente con aquellos cubanos que como es su deber como ciudadanos, toman en serio la independencia de su país.
Sin embargo, lo más grave para nuestro pueblo es que como resultado de su “victoria” en Venezuela, a Trump y a sus consejeros como Marco Rubio se le han “subido los humos a la cabeza”. A través de enero, los principales medios estadounidenses han reportado como Washington está seriamente considerando planes para implementar varias acciones contra el gobierno cubano antes del fin de este año. El más alarmante de todos esos planes sería el establecimiento de un bloqueo marítimo a Cuba con el propósito especifico de prevenir la exportación de petróleo a Cuba desde cualquier país extranjero. Obviamente, esto significaría, mucho más allá de la presente crisis en Cuba, un colapso casi total de la economía cubana llevando al país a una situación caótica al estilo de países como Libia y Siria.
Un bloqueo total a la entrada de petróleo a Cuba y otras tácticas de esa índole como lo es el presente embargo/bloqueo, sería una agresión no solamente al gobierno, sino también al pueblo cubano en general. Por lo tanto, tal hecho necesitaría que la oposición democrática se opusiera a dicha táctica política/económica del gobierno de los Estados Unidos. Eso no quiere decir para nada que la oposición democrática manifieste esta oposición con los mismos propósitos, términos y retórica del gobierno. De hecho, esto sería una gran oportunidad política, aunque desdichadamente en medio de una gran tragedia, para que la oposición democrática mostrara en la práctica el carácter fraudulento de los reclamos patrióticos del sistema político autoritario unipartidista.
Al mismo tiempo, estas propuestas pueden significar otra estrategia, algo así como una invitación a sectores del régimen cubano para que hagan un trato con Trump al estilo venezolano. De hecho, no es muy difícil imaginarse, por ejemplo, a los generales que dirigen GAESA considerando esa “solución” para proteger sus intereses. Se ha reportado que, en los últimos días, Alejandro Castro Espín, el hijo de Raúl Castro, ha tenido entrevistas con representantes de Trump para llegar a algún acuerdo con respecto a las relaciones de Cuba con los Estados Unidos. Si estas negociaciones resultan en la liberación de los presos políticos cubanos sería muy buena noticia, pero hay que estar muy alerta con respecto a la posibilidad de un acuerdo al estilo venezolano que mantendría al presente régimen en el poder apoyado por una intervención estadounidense.
¿Qué significa el principio de la autodeterminación?
Por más de un siglo, se ha dicho y hablado mucho sobre el derecho a la autodeterminación de cada país. Este tema recibió mucha atención a raíz de la primera guerra mundial cuando colapsaron tanto el imperio austrohúngaro como el otomano potencialmente liberando a un gran número de países que habían sido sometidos por esos imperios especialmente en el centro y sureste de Europa, así como en el medio oriente. En este contexto, es de interés notar que tanto políticos como Woodrow Wilson, el entonces presidente de los Estados Unidos, como V.I. Lenin, el líder de la revolución Bolchevique, cuando hablaban sobre la autodeterminación, se referían usualmente a la auto determinación de las naciones, no de los estados o gobiernos.
Eso quiere decir que el respeto a la autodeterminación nacional no depende de lo bueno o malo que sean sus gobiernos y por lo tanto no es un premio reservado para los gobernantes que se portan bien. Ciertamente cuando en 1935 la opinión pública internacional se unió a la defensa de Etiopia contra la invasión italiana, no lo hicieron porque apoyaban al imperio de Haile Selassie que incluía hasta la esclavitud en su sistema social y político. En muchísimos países, estas personas consideraron que aparte de su oposición al fascismo italiano, eran los etíopes los que tenían el derecho de decidir los destinos de ese país, lo cual naturalmente no incluía los destinos de las tierras no etíopes gobernada por el imperio de Selassie.
En nuestro caso, lo que significa la autodeterminación nacional es que son los cubanos, y solamente los cubanos, los que tienen el derecho y la obligación de resolver los problemas tan graves de Cuba como lo son el autoritarismo arbitrario que ni siguiera reconoce sus propias leyes y la ausencia de los elementos más elementales de la democracia en el sistema unipartidista. No podemos confiar en ninguna de las potencias imperialistas extranjeras como nuestras liberadoras sin hipotecar seriamente el futuro de Cuba como está sucediendo ahora mismo con la relación de Venezuela con los Estados Unidos.
Eso no quiere decir que los cubanos democráticos no necesitarán ayuda del exterior para realizar sus metas liberadoras. Los mambises que pelearon por la independencia fueron apoyados en gran parte por los cubanos y amigos de Cuba en el exterior. El periódico Patria fundado por José Martí en Nueva York en 1892 para a través del Partido Revolucionario Cubano organizar la necesaria lucha armada en Cuba contra el gobierno español no fue financiado por el gobierno estadounidense sino por los cubanos residentes en Estados Unidos, especialmente por los tabaqueros cubanos de la Florida. Es importante señalar que el autofinanciamiento de los movimientos favorece muchísimo sus esfuerzos organizativos mientras que el financiamiento por gobiernos como los Estados Unidos aparte de fortalecer la dependencia política de dicho gobierno, también estimula la pasividad organizativa. En todo caso, es importante señalar que Trump ha virtualmente liquidado su financiamiento a organizaciones como Radio Martí provocando su cierre, así como a publicaciones como Diario de Cuba, la cual ha sobrevivido hasta ahora.
Se estima que hay más de un millón y medio de cubanos y cubano-estadounidenses en los Estados Unidos y aproximadamente un cuarto de millón de cubanos residiendo en España aparte de decenas de miles de cubanos que viven en el resto de los países del mundo. Lamentablemente, hay cubanos, especialmente en la Florida, que han escogido el camino del autoritarismo Trumpista a pesar de que este ha maltratado a los cubanos tanto como al resto de los inmigrantes latinoamericanos y de otros países con respecto a cuestiones vitales como la obtención de asilo político y los permisos de residencia en los Estados Unidos.
El problema no es que los cubanos se hagan anexionistas, una política que por cierto no tiene futuro alguno por la sencilla razón que el congreso estadounidense, con o sin mayoría demócrata, rechazaría dicha opción. Aunque en Puerto Rico, por ejemplo, existe una muy importante corriente anexionista, no hay posibilidad que el congreso estadounidense, y mucho menos el presidente Trump, aceptara a dicho país como el estado número 51, aparte del hecho que los anexionistas no han podido obtener una mayoría electoral decisiva en dicho país. Lo que sí es muy posible, es el desarrollo mayor de una corriente de opinión cubana neocolonialista o Platista.
Pero hay muchísimos cubanos en Estados Unidos que no se han comprometido con el Trumpismo. Creo que esto último facilita la creación de un movimiento democrático de los cubanos en el extranjero para luchar contra la arbitrariedad y autoritarismo en Cuba. Finalmente, no debemos desdeñar la sociedad civil estadounidense como otra fuente de apoyo para los cubanos demócratas. En este contexto, hay que mencionar a organizaciones independientes en ese país como Amnesty y Human Rights Watch que han denunciado los abusos a los derechos civiles y democráticos en Cuba por muchas décadas.
*Samuel Farber nació y se crió en Marianao, Cuba y ha publicado mucho artículos y libros sobre dicho país, así como sobre la revolución rusa y la política estadounidense. Es profesor Emérito de la City University of New York (CUNY) y reside en dicha ciudad.