António José Seguro
Jorge Costa*
Traducción de Viento Sur, 11-2-2026
Correspondencia de Prensa, 12-2-2026
António José Seguro fue elegido el domingo presidente de la República de Portugal con el 67 % de los votos, derrotando por amplio margen al candidato neofascista con el que disputó la segunda vuelta de las elecciones, André Ventura (33 %). Seguro lideró el Partido Socialista entre 2011 y 2014, años en los que el PS, fuera del Gobierno, colaboró en la aplicación del programa de austeridad bajo la troika. A pesar de este perfil —que la prensa calificó de moderado—, Seguro no contó con el apoyo oficial del primer ministro, de derechas, que prefirió mantenerse equidistante.
A pesar de la derrota de Ventura, la extrema derecha sale reforzada de estas elecciones. Después de convertirse en el segundo partido nacional en las elecciones legislativas de mayo de 2025, ahora casi iguala, en la segunda vuelta, el número de votos obtenidos en mayo por los partidos del gobierno, con votos recibidos de votantes que nunca habían votado al partido Chega y que apoyaron a los candidatos presidenciales del gobierno (PSD) y del partido Iniciativa Liberal.
Según los estudios realizados a la salida de las urnas, uno de cada tres votantes del candidato ultraliberal en la primera vuelta (el tercero clasificado, con un 16 %) ha optado ahora por Ventura. Como demuestra la experiencia francesa, un gobierno basado en el programa de la derecha es el mejor abono para el crecimiento electoral del neofascismo. Salvando las diferencias políticas y de régimen, cabe recordar que, en 2017, frente a Macron, Marine Le Pen terminó la segunda vuelta con un 34 %; en 2022, ya ha alcanzado el 41 %, preparándose para disputar la mayoría en 2027.
¿Qué expresa esta victoria de Seguro?
Esencialmente, se trata de una importante movilización del pueblo que rechaza la propuesta neofascista. Cabe destacar que las elecciones se celebraron con Portugal en “estado de catástrofe”, declarado desde principios de febrero, bajo devastadoras tormentas que dejaron una decena de muertos y una parte del país inundada y sin suministros esenciales (electricidad, agua, telecomunicaciones). A pesar de ello, el nivel de participación se mantuvo estable entre la primera y la segunda vuelta.
En cuanto a la izquierda, su apoyo a Seguro no se alimentó de equívocos políticos. El nuevo presidente no representaba el campo de izquierda: su carrera política es un recorrido de acomodación de la socialdemocracia al neoliberalismo y, en plena campaña, el candidato se lavó las manos en cuanto al paquete laboral, delegando la promulgación de la nueva ley de trabajo en un eventual acuerdo del Gobierno con la central sindical UGT (alineada con el centro).
António J. Seguro ni siquiera expresa un supuesto campo constitucional: el propio Seguro fracasó cuando, al frente del PS y bajo la troika, aceptó un recorte inconstitucional de las pensiones y se opuso a los diputados de izquierda que recurrieron al Tribunal Constitucional y allí derrotaron ese recorte. Ahora, acaba de ser elegido con el voto de muchos de los defensores de la revisión regresiva de la Constitución, de la misma derecha que hace acuerdos con Chega en el Parlamento (sobre trabajo e inmigración) o en municipios como el de la capital. Al igual que en Francia, muchos de los que ahora han declarado su apoyo táctico a Seguro habrían votado a Ventura si la alternativa hubiera estado en la izquierda.
Conociendo la trayectoria de Seguro, esto no será un obstáculo para las reformas neoliberales del Gobierno, que se abrirá camino entre la ambigüedad de los socialistas y los apoyos intermitentes de los neofascistas. La respuesta de la izquierda tendrá que surgir de la resistencia social y del diálogo que evite la marginalidad política. La huelga general de diciembre indicó el camino a seguir: más protagonismo para las luchas y el terreno extraparlamentario, más convergencia en las solidaridades contra la fascistización.
*Jorge Costa es miembro de la dirección nacional del Bloco de Esquerda.