Fraude electoral y crisis política en Venezuela
Toda la solidaridad de los revolucionarios con el pueblo de Venezuela
Manuel Aguilar Mora*, Ciudad de México, 17-8-2024
Correspondencia de Prensa, 20-8-2024
-Una sociedad en crisis
El 6 de agosto, nueve días después de que Nicolás Maduro fue declarado reelecto como presidente para el siguiente sexenio de 2025-2031, un conjunto de altos rangos militares le declararon públicamente su adhesión “leal, firme y absoluta” como “presidente constitucional” de Venezuela y definieron como delincuentes a sus opositores. El ejército pues está con el gobierno. De esta manera demostraban como absolutamente ridículos y demagógicos los gritos que el propio Maduro y muchos de sus seguidores nacionales y en el exterior pronunciaban ante las protestas populares multitudinarias que se desataron sólo horas después que el Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por el propio presidente, había anunciado con solo el 80 por ciento de los votos la victoria oficialista con el 51.2 por ciento de la votación y la oposición con actas en la mano que el oficialismo no ha presentado más de diez días después de la las elecciones, ha mostrado que muy por el contrario el triunfador es su candidato Edmundo González con más del 60 por ciento de los votos. “¡Golpe de Estado! en preparación”, “intervencionismo imperialista”, “embestida fascista de la extrema derecha” exclamaban y lo siguen haciendo en una retahíla de denuestos gastadísimos similares por parte de Maduro y sus seguidores.
Ciertamente era evidente que el ejército no iba a dar un golpe militar, que, al contrario, junto con las diversas policías y los agentes golpeadores civiles, es uno de los pilares fundamentales del régimen de Maduro, como él mismo lo ha dicho. Acaso es posible dudar que la ira de las multitudes protestantes contra el fraude que bajaron de los cerros en donde habita la población pobre de Caracas y las que se manifestaron en todas las demás ciudades del país, que antes constituían apoyos sólidos del chavismo, hoy se han vuelto contra un régimen autoritario, antidemocrático y depositario de privilegiados (quienes la vox populi ha bautizado como boliburguesía, una burguesía bolivariana).
Se trata de una sociedad azotada por la miseria, con salarios de hambre equivalentes a cuatro dólares, con una vida cotidiana depauperada con los servicios públicos decadentes, la pérdida de todos los derechos laborales y de seguridad social propiciadas por una línea de política económica ultra neoliberal, gemela de la que Milei está implementando en Argentina, pero que en Venezuela lleva años de ser aplicada. Un gobierno que impuso condiciones antidemocráticas y no competitivas inhabilitando y/o poniendo en prisión a líderes de la oposición de derecha (la principal líder de ésta María Corina Machado fue impedida de ser candidata) y de izquierda, puso obstáculos a la libertad de prensa e imposibilitó que millones de emigrados pudieran votar. Como lo dicen elocuentemente los miles de firmantes trabajadores, profesores, jóvenes, mujeres y organizaciones varias del documento publicado en Aporrea “DIGNIDAD, ESPERANZA Y ORGANIZACIÓN PARA RECUPERAR LA DEMOCRACIA EN VENEZUELA”: “Sería absurdo pensar que una sociedad que ha padecido el éxodo del 30% de su población [cerca de ocho millones] por la crisis económica (precedente a las sanciones internacionales contra Venezuela, que agudizan la situación), la represión y persecución por pensar distinto) y el hambre, haya respaldado a sus verdugos con el voto: ese mito se lo creen sólo quienes desde el poder asumen tener el ‘derecho a gobernar’ irrespetando la voluntad popular.” Y añaden con una claridad meridiana: “Estamos ante un Estado criminal que no cesa en su afán persecutorio y en la construcción de “enemigos” para responsabilizar siempre a otros de los errores de gestión que ellos cometen. El impulso transformador y el entusiasmo que vivimos en estos meses de campaña, más la lucha perseverante y digna que han sostenido distintas fuerzas de trabajadores como los docentes, las enfermeras, los siderúrgicos y petroleros, entre otros, deben sumarse en un amplio frente social y político antifascista/antidictatorial, para llevar adelante formas organizativas que logren un reconteo / auditoría electoral de los resultados del 28-J, tal y como han sugerido países como Brasil y Chile entre muchos más sectores”. (30.07.2024) Sin Actas No Hay Legalidad en la Elección Presidencial.
La represión del gobierno de Maduro ha sido terrible. Golpes, detenciones, secuestros, asesinatos a más de una semana de haberse realizado las elecciones. Las manifestaciones continúan y son la noticia de portada de los medios impresos y electrónicos. El gobierno ya ordenó la construcción de dos nuevas cárceles adónde irán a parar los miles de opositores declarados como delincuentes. (Ya hay más de dos mil según ha dicho el propio Maduro). Ha estallado un conflicto que tiene a toda América Latina en vilo. No es para menos. La importancia de Venezuela lo explica y las consecuencias, así como sus lecciones, para todo el subcontinente y para nosotros aquí en México son igualmente importantes y decisivas.
-Crisis del progresismo latinoamericano
En síntesis, la coyuntura se podría definir así: las elecciones despertaron en las más amplias capas de la población hartas del curso político y social desastroso del gobierno de Maduro, una gran esperanza para derrotarlo. En efecto las grandes esperanzas que el chavismo en su primera etapa levantó entre los sectores populares se esfumaron primero lentamente cuando Hugo Chávez vivía, pero la crisis de su proyecto, basado en un momento muy favorable a los precios de las commodities, como el petróleo, estalló brutalmente cuando éstos se desplomaron. Ya Maduro, como el sucesor chavista, fue el encargado de imponer en la práctica un curso abiertamente neoliberal, muy lejos de las fantasías sobre “el socialismo del siglo XXI” con las que coquetearon en un primer momento Chávez y algunos de sus seguidores venezolanos y de otros países. Aunque el discurso oficial se esforzaba por mantener algunos harapos de ideología socialista, el propio pueblo comenzó a identificar las medidas de la estrategia puesta en práctica por Maduro como propias de una boliburguesía.
Así al inicio del chavismo cuando la erupción popular masiva echó abajo a los gobiernos de los partidos burgueses tradicionales (Acción Democrática y Copei) e instauró el primer gobierno chavista hace 25 años parecía que se abría la etapa de una revolución en Venezuela con evidentes consecuencias regionales. La alianza que Chávez impulsó con el gobierno de Fidel Castro parecía confirmar esta tendencia. El momento cúspide de este periodo fue cuando esas mismas masas populares de los cerros de Caracas, que hoy le dan la espalda al gobierno bolivariano, bajaron iracundas y volvieron a poner a Chávez en el palacio de Miraflores y abortó el golpe militar de abril de 2002. En varios países de América Latina se impuso lo que se llamó el “progresismo”. Una forma política en la que se expresó el tradicional y ya muy trasnochado nacionalismo latinoamericano que en el momento de crisis mundial tan aguda de esos años visagra de siglos (caída de la Unión Soviética, atentado y destrucción de las torres del centro comercial de Nueva York, en México derrota del PRI) parecía que se abría un nuevo período “progresista”. Podemos decir precisamente que es de nuevo en Venezuela con los actuales acontecimientos se ha cerrado contundente y dramáticamente ese ciclo. Que tal “progresismo” no se dio, era sólo una expresión de la dominación burguesa, capitalista. Otra cara que adoptaba la “derecha” para nombrar ese término tan popular hoy en día.
-Los bloques burgueses
La dinámica del repudio popular estaba muy cargada por tantos agravios, la represión criminal, la hiperinflación que azotó la economía hace una década y que apenas comienza a controlarse, la demagogia y el hambre cruda y humillante. El hartazgo popular ante el gobierno de Maduro ya no podía esperar y se expresó brutal pero equivocadamente al canalizarse hacia los sectores tradicionales burgueses opositores al chavismo cuya vinculación con el imperialismo es abierta y descarada. Aunque en forma extrema y fuente de la crisis mayor que se ha dado, la situación de Venezuela no es excepcional. Ya hemos señalado el hecho de que el portentoso éxito inicial de Chávez se hizo con las banderas de un nacionalismo-revolucionario teñido con brochazos socialistas provenientes de Cuba, en donde verdaderamente su revolución estallada en 1959 con la victoria del Movimiento 26 de julio de Fidel Castro produjo la instauración en América Latina del primer estado obrero, no capitalista de su historia. Pero la política castrista evolucionó desde sus primeras fases revolucionarias, con un sello internacionalista enarbolado principalmente por la política representada ante todo por Che Guevara, hacia una visión mucho más nacionalista y burocrática (“el socialismo en un solo país”) efecto de su cohabitación cada vez más estrecha, tanto por razones políticas como por necesidades económicas poderosas, con la burocracia soviética encabezada por los dirigentes de neta estirpe neoestalinista como Nikita Jruschov, Leonid Brezhnev y sus sucesores. Para los años ochenta la influencia socialista cubana ya no era tan fuerte y atractiva y eso fue evidente primero en la revolución de Nicaragua y después precisamente en el movimiento chavista inicial, claramente prerrevolucionario, que pronto se aburguesó y burocratizó en un régimen de neto carácter bonapartista.
La contraofensiva imperialista de los años ochenta (Reagan, Thatcher) iniciada después de la aplastante derrota estadounidense en los años sesenta y setenta en Vietnam fue avanzando cada vez con más fuerza y culminó con la caída de la Unión Soviética, cuyas consecuencias vivimos en la actualidad. El dominio planetario del Capital en su fase imperialista, con los antiguos países “socialistas” convertidos en capitalistas, uno de ellos la República Popular China en una potencia competidora al tú por tú con EUA y la antigua URSS transformada en la Rusia imperialista de Putin invadiendo antiguas repúblicas soviéticas (Georgia, Ucrania).
-El antiimperialismo revolucionario y el demagógico
Las repercusiones de este cambio del ciclo mundial se han hecho sentir por supuesto en América Latina. Una de esas repercusiones ha sido el arrinconamiento de la tradicional izquierda representada en los partidos, casi todos ellos desaparecidos, estalinistas, maoístas, castristas e incluso en los nacionalistas. Una confusión política, una ruptura ideológica y una pérdida de metas revolucionarias han desarmado por completo a las fuerzas mayoritarias de izquierda. Esto ha sido evidente en la lucha antiimperialista. El antiimperialismo revolucionario combativo desapareció en gran medida. La terminación de la “guerra fría” dio paso primero una super hegemonía de EUA y ya para la segunda década del siglo al surgimiento de la multipolaridad, en especial del poderío de la República Popular de China como la segunda potencia económica mundial en disputa con EUA. Ya no eran sólo dos bloques uno capitalista y otro “socialista” sino varios bloques todos ellos capitalistas: el bloque tradicional “occidental” encabezado por EUA, el bloque encabezado por Rusia y China y el bloque de los “emergentes”. Los gobiernos “progresistas” podían buscar y encontrar apoyo entre esos bloques.
La evolución cada vez más evidentemente capitalista del chavismo en su segunda fase liderada por Maduro es un ejemplo contundente de esta deriva de las posiciones antiimperialistas reales a posturas demagógicas. De hecho, el gobierno de Maduro, en sus negociaciones con Washington, ha llegado a ciertos acuerdos. En gran medida la realización de las pasadas elecciones son producto de la confianza chavista, o mejor sería decir madurista, que podía ganar las elecciones incluso con la aceptación de la participación de la oposición burguesa (eso sí con la prohibición de que Corina Machado, su líder más popular, no fuera candidata). El fraude electoral colosal ha sido el resultado de la típica ceguera de las dictaduras ensoberbecidas que se equivocan en la toma del pulso del pueblo. Washington sabe perfectamente cual es la situación. Acusado de intervencionismo por Maduro y sus voceros internos y externos, Washington no se engaña, el gobierno bolivariano cumple religiosamente sus deberes del pago de la deuda a la banca internacional, incluso si hay que recortar o de plano tomar todos los dólares existentes destinados a la importación de productos de consumo necesario para la población. Se ha sabido que funcionarios estadounidenses han declarado que Maduro será amnistiado si acepta su derrota; por supuesto, de inmediato otros funcionarios lo negaron.
-Democracia y soberanía
El conflicto en Venezuela es crucial por sus consecuencias ciertamente en primer término en el propio país caribeño, pero, muy importante, igualmente para todo el subcontinente sudamericano, incluyendo por supuesto a México. Hay muchos factores que juegan un papel importante en la situación venezolana: un país riquísimo (es el depositario de las mayores reservas de petróleo del mundo), esa riqueza lo condenó a convertirse en un mono exportador de esa materia prima fundamental de la economía mundial y muy pronto a ser integrado como una pieza clave del dominio imperialista estadounidense de la región con la complicidad y subordinación total de la burguesía local pero con una permanente resistencia antiimperialista de sus combativas masas populares. La situación de una clásica economía extractivista determinó una desigualdad social extrema, lacerante y cada vez menos tolerada ante las inmensas riquezas saqueadas por el imperialismo y de las que sólo quedaban migajas en Venezuela. La revolución cubana desde su inició tuvo un profundo impacto de radicalización, de hecho, el chavismo es en gran medida una consecuencia de ello. El hartazgo con los partidos burgueses tradicionales llegó a ser total y fue la causa principal del triunfo chavista. Pero a diferencia de Cuba el proceso de lucha antiimperialista no transcreció en una revolución socialista y con el madurismo derivó en el surgimiento de un nuevo partido burgués “nacionalista” pero también capitalista. El “antiimperialismo” del gobierno de Maduro escondía muy poco su fracaso en la resolución de las imperiosas necesidades populares, incluso las más elementales. El enorme éxodo de más ocho millones de venezolanos que han salido en los últimos cinco años para lograr superar sus carencias es la contundente prueba de tal fracaso.
Las elecciones pasadas demostraron que ante las nuevas condiciones de la confrontación la dinámica de la lucha de clases impuso una nueva dimensión. Es subestimar por completo la consciencia de las masas populares venezolanas considerar que no saben que Corina Machado es una de las dirigentes antichavistas más connotadas, pero en la confrontación determinante con el gobierno verdugo de Maduro no tenían un liderazgo alternativo y aceptaron apoyar la candidatura de Edmundo González Urrutia, un antiguo policía. Son ellas mismas, las masas populares quienes han dado la espalda al sucesor de Chávez y su séquito.
Los defensores del gobierno de Maduro siguen sosteniendo que es el intervencionismo imperialista el promotor de la oleada masiva en su contra. La soberbia de Washington al declarar ya a Edmundo González como presidente antes que el Consejo Nacional Electoral entregue las listas y se compruebe fehacientemente los resultados reales de la votación, de hecho, permite que Maduro lo denuncie para que “el imperialismo no meta sus narices”. Pero ya no es creíble ante las propias masas reprimidas brutalmente esa narrativa. Maduro ha recurrido a una represión criminal con asesinatos (más de veinte víctimas), con detenciones (más de dos mil entre los cuales varios cientos de adolescentes de ambos sexos, incluso de algunos incapacitados y hasta se ha reportado de un muchacho de 13 años).
El argumento defensivo de considerar el conflicto en Venezuela como una típica amenaza imperialista a su “soberanía nacional” no se sostiene ante la cruda realidad de la lucha de clases interna de los trabajadores, el pueblo explotado y oprimido con la participación de amplios grupos medios proletarizados en un combate libertario por la democracia contra un gobierno dictatorial. Una democracia que haga al pueblo soberano. Un pueblo soberano es entones la mejor garantía de una nación soberana. Hay gobiernos dictatoriales “soberanos”. En el binomio entre democracia y soberanía prevalece la primera pues todas las democracias auténticas son soberanas, pero no todos los países “soberanos” son democráticos, y la experiencia histórica es abundantísima al respecto. Y a su vez las experiencias democráticas auténticas se convierten en una irradiación revolucionaria que impulsa a los pueblos a su liberación y emancipación.
La lucha de las masas populares venezolanas ha aislado al gobierno de Maduro con la mayoría de los gobiernos y de los pueblos latinoamericanos. Sólo cuenta con el apoyo de los gobiernos postcastristas de Cuba y de Daniel Ortega y su esposa en Nicaragua. A nivel internacional también los gobiernos totalitarios de Putin en Rusia, de Xi en China y de Kim en Corea del norte lo apoyan. El gobierno de López Obrador vergonzantemente también después de nadar de muertito ha acabado por apoyarlo. Sólo los gobiernos de Petro en Colombia y el de Inácio Lula en Brasil han sido críticos exigiéndole la presentación de las listas de la votación. Pero incluso Lula ha declarado en una entrevista el 17 de agosto que el de Maduro “es un régimen muy desagradable…y aunque no es una dictadura si es un gobierno con un sesgo autoritario”.
-Democracia y socialismo
La defensa del gobierno de Maduro y sus seguidores, de sus métodos fraudulentos y represivos, es la defensa de una experiencia contrarrevolucionaria. Es fundamental para la lucha emancipatoria de los pueblos de Latinoamérica, en especial para los trabajadores, comprender que toda la experiencia de la lucha de clases mundial del siglo XX y de lo que va del presente es contundente en el sentido que el pueblo, los trabajadores deben ser los más intransigentes defensores de los métodos. experiencias y tradiciones democráticas. Porque es en las condiciones democráticas donde la lucha independiente y revolucionaria de los trabajadores y del pueblo oprimido puede desarrollarse mejor. En los países con gobiernos autoritarios (totalitarios, fascistas, bonapartistas, militaristas) esa lucha es muy difícil. La tarea revolucionaria es preservar y aprovechar siempre lo más posible las condiciones democráticas, hoy sólo existentes en países capitalistas. Es decir, ciertamente las condiciones de las democracias burguesas.
Pero la vocación democrática de los trabajadores debe expresarse siempre. Hoy en las condiciones existentes en los países capitalistas y demostrar que su vocación democrática es más firme que la de las mismas burguesías, condicionada en última instancia por el ritmo de sus ganancias. En ciertas coyunturas a los capitalistas a pesar de los costos que tienen las dictaduras bonapartistas, militares o fascistas finalmente le sirven para proteger su régimen. A los trabajadores no, como se demostró con las experiencias terribles de las burocratizaciones socialdemócratas y estalinistas. Dichas experiencias demostraron que el triunfo de los trabajadores debe superar a la democracia burguesa más avanzada sino se quiere la restauración de toda la miseria y podredumbre del capitalismo, como ha sucedido con la caída de la Unión Soviética y la restauración del capitalismo en China.
La tragedia de Venezuela nos alecciona y nuestro deber es evitarla. La emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismo o no será, el triunfó del socialismo será democrático o no será.
*Manuel Aguilar Mora, militante de la Liga de Unidad Socialista (LUS), profesor de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), En 1968 integró el Comité de lucha de Filosofía y Letras al lado de José Revueltas. Autor de numerosos libros sobre la historia política, económica y social de México.