Estados Unidos – «El racismo sigue vivo: las elecciones de noviembre lo confirman». [Barry Sheppard]

A l’encontre, 7-11-2021

Traducción de Correspondencia de Prensa, 11-11-2021

Durante este último periodo, una de las elecciones más esperadas en EE.UU. fue la de gobernador de Virginia, que finalizó el 2 de noviembre de 2021.

En ese estado, el presidente Joe Biden había derrotado a Donald Trump en 2020 por un margen de 10 puntos porcentuales, con una fuerte participación de los afroamericanos y de los jóvenes a favor de Biden.

En la elección de este año, el candidato republicano Green Youngkin -que dirige un fondo de inversión y nunca antes se había presentado a un cargo político- venció al titular demócrata Terry McAuliffe por dos puntos porcentuales, o sea una diferencia de 12 puntos con respecto a 2020.

McAuliffe tiene también una experiencia empresarial, pero no es tan rico como Youngkin. La política electoral en Estados Unidos pertenece al mundo político burgués, ya que no existe ningún tipo de partido de masas de la clase trabajadora.

Green Youngkin ganó agitando el racismo abierto del Partido Republicano, con una campaña a favor de los «derechos de los padres» y contra la enseñanza en las escuelas de la larga historia de opresión racista sistémica e institucional de los negros en Estados Unidos. «¡En Virginia no habrá enseñanza de la teoría crítica de la raza!», afirmó Youngkin.

La teoría crítica de la raza es un estudio de las raíces sociales de la opresión racial, que se enseña principalmente en escuelas secundarias y universidades. Pero para los racistas blancos que conforman la base política republicana, es un código que permite estigmatizar cualquier oposición práctica, así como teórica y política, a la opresión sistémica de las personas negras, lo que fue puesto de manifiesto por las manifestaciones de Black Lives Matter en 2020.

Según varias encuestas, Youngkin despertó el entusiasmo de la base republicana, mientras que el apoyo de la población negra y de los jóvenes a McAuliffe disminuyó comparado con el que obtuvo Biden en 2020. Esto se tradujo en menos votos (y más abstenciones) entre estos dos sectores.

Las razones son obvias. McAuliffe nunca contradijo los ataques de Youngkin contra la teoría crítica de la raza ni su defensa de los «derechos de los padres». Este último punto incluye también la oposición de la derecha a las vacunas contra el Covid y a los tapabocas obligatorios, así como a los derechos de las personas transgénero en las instituciones de enseñanza.

A nivel nacional, los demócratas no consiguieron aprobar en el Congreso un proyecto de ley sobre el derecho al voto que lleva el nombre del líder de los derechos civiles John Lewis [1940-2020; líder del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos], diseñado para contrarrestar las leyes republicanas que en muchos estados restringen gravemente el derecho al voto de los negros.

Biden y los demócratas del establishment mencionaron apenas el proyecto de ley «John Lewis» y no apoyaron ni lanzaron ninguna campaña a favor de su adopción. También hay que destacar la parálisis del Partido demócrata para aprobar un presupuesto con disposiciones destinadas a ayudar a los negros, a los latinos y a todos los trabajadores que sufren la recesión derivada del Covid, incluso si éstas eran insuficientes, aunque hayan sido apenas edulcoradas [en los debates parlamentarios].

***

Después de la elección, Youngkin se expresó públicamente, gritando no sólo que nunca se enseñaría la «teoría crítica de la raza» en Virginia, sino también que el presupuesto de la policía iba a ser aumentado. Añadió que defenderá la «inmunidad calificada» de la policía que impide las demandas judiciales contra los policías por parte de los negros y otras personas contra la violencia policial, el asesinato y el acoso racial.

Las acciones de Black Lives Matter en 2020 exigían la congelación del presupuesto destinado a la policía y la eliminación de todas las leyes y prácticas que impiden que ésta sea considerada seriamente como responsable de los crímenes -una responsabilidad a los que ningún ciudadano común podría escapar- y no sólo la derogación de la «inmunidad calificada».

Pero el establishment del Partido demócrata, no sólo los republicanos controlados por Trump, se opuso de manera cada vez más firme a las exigencias de las protestas de 2020, incluido el recorte de los fondos destinados a la policía. En cambio, se unió a la campaña sobre el «aumento de la delincuencia» y, por lo tanto, a la necesidad de contar con más policías.

Un ejemplo de ello, en Mineápolis, fue el referéndum sobre la creación de un nuevo Departamento de Seguridad Pública, en el que se incluiría la policía, pero con algunas reformas, aunque en realidad esas reformas se reducen a que la policía no podría hacerse cargo de personas con enfermedades mentales. Por supuesto, el nuevo departamento tendría que haber sido dirigido por el gobierno municipal, lo que habría permitido el control civil de la policía. Recordemos que Mineápolis, en el estado de Minnesota, es la ciudad donde George Floyd fue asesinado [el 25 de mayo de 2020] por agentes policiales, lo que dio origen a las movilizaciones a nivel nacional en 2020. Pero los funcionarios demócratas de la ciudad de Mineápolis y del estado, como el alcalde de la ciudad, Jacob Frey, el gobernador de Minnesota, Tim Waltz, y las senadoras estadounidenses Amy Klobuchar y Tina Smith, se opusieron a la medida. Sólo dos funcionarios demócratas, ambos negros, apoyaron la reforma: el representante Illhan Omar [que apoyó a Bernie Sanders en las primarias] y el fiscal general del estado [desde enero de 2019] Keith Ellison. La reforma no fue adoptada.

Hubo también algunas elecciones a alcaldes en las que ganaron los demócratas.  Son, en general, demócratas del establishment. Una de las excepciones fue una demócrata progresista, la estadounidense de origen chino Michelle Wu, que fue la primera mujer y la primera persona de color en ser alcaldesa de Boston. En Búfalo, estado de Nueva York, la demócrata oficial era una mujer negra, India Walton, que se presenta como demócrata socialista. Ganó las primarias del Partido demócrata frente al alcalde Byron Brown, que fue el primer alcalde afroamericano de Búfalo. Pero Brown emprendió entonces una campaña contra India Walton. El Partido demócrata del estado y la gobernadora demócrata Kathy Hochul se negaron a apoyar a India Walton; la financiación de su campaña se vio así muy reducida. Byron Brown, por su parte, recibió mucho dinero para su campaña, más de 1,5 millones de dólares, con los que inundó las cadenas de televisión con ataques a Walton. El resultado: Brown ganó la elección.

En el marco de este artículo no podemos explicar por qué los socialistas que apoyan al Partido demócrata o se presentan en sus listas se quedan en un callejón sin salida. Lo intentaron muchas veces en las últimas ocho décadas -«pesados en la balanza y hallados faltos de peso», por citar la Biblia- aunque está claro que el actual Partido demócrata no es la respuesta a los republicanos racistas y autoritarios controlados por Trump. Sólo las movilizaciones, incluso en las calles, contra las diversas expresiones de la explotación y de la opresión inherentes al régimen capitalista pueden permitir el inicio de la construcción de un partido de masas de los asalariados, de los afroamericanos, de las mujeres y de los demás oprimidos, un partido que pueda derrotar a los dos partidos del capitalismo y del imperialismo estadounidenses.