Carnicería imperialista en la frontera: 57 muertos, el gas de Argelia y la mano negra de la CIA y el Mossad tras estampida de Ceuta
CGT Andalucía, Ceuta y Melilla
Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas, RSISL, 31-7-2026
Correspondencia de Prensa, 4-8-2026
Lo que los medios del capital y la extrema derecha fascista se empeñan en llamar «invasión» no es más que la cortina de humo con la que intentan ocultar una masacre planificada. En Ceuta no estamos ante un fenómeno migratorio espontáneo, sino ante la huida forzada de más de 60.000 personas, empujadas al abismo por un régimen dictatorial que utiliza a su propia juventud como munición política y carne de cañón geopolítica. La realidad, cruda y sangrienta, es que ya han muerto 57 personas (72 al día de hoy, CdP) en las vallas y en las aguas de la frontera. Cincuenta y siete vidas obreras segadas, cincuenta y siete cadáveres que claman justicia, mientras la cifra sigue subiendo implacablemente.
La evidencia del crimen de Estado es ya indiscutible. Las imágenes y vídeos que han trascendido muestran a la policía marroquí dirigiendo, organizando y empujando físicamente a los jóvenes hacia la frontera. No hay mafias que valgan para justificar esto; es el propio Makhzen el que abre las compuertas de la desesperación. Mientras en su propio territorio la dictadura alauita aplica una represión feroz —asesinando a activistas saharauis y persiguiendo brutalmente a influencers y disidentes—, en la frontera convierte a seres humanos en armas arrojadizas. Y lo más grave: el Gobierno de España, en un ejercicio de sumisión colonial, se niega a denunciar a Marruecos, escudándose cobarde en el relato de las «supuestas mafias» para no enfadar a sus amos. Ignoran deliberadamente que la propia ONU condenó a Marruecos hace meses por usar la migración como arma de Estado, pero la diplomacia española prefiere mirar hacia otro lado antes que defender la vida humana.
Pero para entender esta barbarie, hay que levantar la vista y mirar el tablero geopolítico global. Esta estampida no es casualidad, es un castigo. El detonante de esta represalia sangrienta tiene nombre y apellido: el reciente acuerdo estratégico de España para la compra de gas a Argelia. El imperialismo yanqui y su títere en el Magreb no toleran que el Estado español intente garantizar su soberanía energética al margen de los intereses marroquíes, fortaleciendo lazos con un país que mantiene una postura firme frente a las agresiones imperiales.
A este «pecado» energético se suman otras «desobediencias» inaceptables para Washington y Tel Aviv: que el gobierno español haya calificado públicamente de genocidio la masacre sionista en Palestina y, sobre todo, la negativa rotunda a ceder las bases militares de Rota y Morón para los bombardeos contra Irán. Donald Trump y Benjamin Netanyahu no perdonan estas afrentas. La CIA, el Mossad y los servicios secretos marroquíes han orquestado este caos en la frontera para desestabilizar al gobierno, forzar un cambio de rumbo en la política exterior española y demostrar quién dicta las órdenes en el sur de Europa.
El contexto estratégico es de guerra abierta. El imperialismo anglosajón e israelí está perdiendo el control de los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, vías cruciales para su hegemonía comercial y militar. Ante esa debacle, necesitan asegurar a sangre y fuego el control del Estrecho de Gibraltar. No es casualidad que en Israel los políticos y los medios de comunicación estén celebrando este descalabro, frotándose las manos ante la humillación de España. Juegan con las vidas de los pueblos como si fueran fichas de un juego macabro.
Y mientras el imperialismo ajusta sus cuentas, el Estado español perfecciona su maquinaria de muerte. Recientemente, el Tribunal Supremo ha tenido que recordar que los derechos humanos no se suspenden en el agua, limitando las «devoluciones en caliente» en el mar. ¿La respuesta de la derecha y de la ultraderecha institucional? El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ya ha exigido modificar la ley para crear «elementos de contención marítimos». Esto no es más que un eufemismo para exigir vallas flotantes, más militarización y nuevas trampas mortales en el mar. El Estado no busca garantizar derechos; busca vacíos legales para seguir matando con impunidad.
Desde CGT Andalucía lo tenemos claro: nuestro enemigo no es el joven marroquí que huye del hambre y la dictadura. Nuestro enemigo está en los palacios de Rabat, en el Pentágono, en el Mossad y en la Moncloa. Las fronteras son la herramienta de la burguesía para dividir a la clase trabajadora y mantener sus negocios.
Por todo ello, exigimos:
1. Ruptura diplomática inmediata con el Reino de Marruecos. Basta de encubrir a una dictadura que lanza a su pueblo a la muerte. Los vídeos de su policía son la prueba de un crimen de Estado.
2. Cierre inmediato y desmantelamiento de las bases militares de Rota y Morón. No permitiremos que suelo andaluz sea la retaguardia de las guerras sucias de EEUU e Israel contra Irán y los pueblos de Oriente Medio.
3. Soberanía energética absoluta. Defendemos el acuerdo del gas con Argelia frente al chantaje imperial. La política exterior y energética de este país no se negocia con Trump ni con Netanyahu.
4. Derogación total de la Ley de Extranjería y fin de las devoluciones en caliente. Rechazamos cualquier «elemento de contención», terrestre o marítimo. Exigimos el desmantelamiento de Frontex y la regularización inmediata de todas las personas migrantes. (Frontex: Acrónimo de «Fronteras exteriores», Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costa. CdP)
5. Justicia para las 57 víctimas. Responsabilidad penal para los altos mandos políticos y policiales, tanto marroquíes como españoles, que han ordenado y ejecutado esta masacre.
La verdad es brutal, pero es nuestra única arma. No hay crisis humanitaria sin responsables políticos con las manos manchadas de sangre. Por la memoria de las 57 víctimas, por la solidaridad de clase y contra el imperialismo.
¡Ni una persona es ilegal! ¡Viva la lucha de los pueblos!
¡Por la solidaridad internacionalista de la clase trabajadora!
Viva el Sáhara Libre
Secretariado Permanente de CGT Andalucía, Ceuta y Melilla
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Comunicado de Anticapitalistas ante los hechos de Ceuta
Viento Sur, 3-8-2026
A medida que pasan las horas, la tragedia de Ceuta va adquiriendo una dimensión mayor. Se habla ya de más de 90 muertos y la cifra aumentará en las próximas horas. (la cifra provisoria es de 72 al día de hoy. CdP) Esto es lo primero que queremos señalar: la crueldad del sistema fronterizo en el norte de África se traduce en la pérdida de vidas entre los sectores más empobrecidos y desamparados de la población global. Frente a la indiferencia y deshumanización que nos propone este sistema, debemos dejar claro que esto, ante todo, es una tragedia injusta que se materializa sobre vidas humanas.
Estas muertes se suman así a las de centenares de personas que pierden la vida cada año en la fosa común en la que han convertido el mar Mediterráneo. Un sistema fronterizo impulsado por la UE y el Estado español y del que el Estado de Marruecos es cómplice.
Es obvio que el régimen alauita y la oligarquía que gobierna Marruecos tienen una gran responsabilidad en esta tragedia. Utilizan la dramática situación en la que mantienen a su pueblo para su propio beneficio, estimulando ciertos movimientos en función de sus intereses. Sus vínculos con EE. UU. e Israel son más que conocidos, así como su enfrentamiento histórico con Argelia. El régimen marroquí es una dictadura repulsiva, que no duda en colonizar el Sáhara y reprimir a pueblos como el rifeño, así como las protestas de su propia población.
Sin embargo, que el régimen alauita haya utilizado la desesperación de su pueblo para sus propios intereses no obvia la realidad. Mucha gente desesperada por la pobreza y la falta de perspectivas trata de migrar a países del centro imperialista con el objetivo de buscar una vida mejor. Esta población, empobrecida por el neocolonialismo y las oligarquías locales, no es un ejército invasor: forma parte del proletariado global y, desde un punto de vista de clase, merece nuestra solidaridad y humanidad. Quienes hoy, desde la izquierda, duden en torno a ese punto y adquieran una visión unilateral del asunto, reduciendo esto a una mera conspiración, solo buscan blanquear la responsabilidad del Estado español y la UE en todo este drama. Ya en junio de 2022, el gobierno de coalición progresista lanzó una ofensiva que, junto con las fuerzas marroquíes, dejó un saldo de 22 personas fallecidas y centenares de desaparecidas en la tragedia de la valla de Melilla.
En esta ocasión, la retórica militarista también tiende a hegemonizar el debate público. La asunción de una retórica basada en conceptos como “invasión” o “violación de la soberanía nacional” refleja hasta qué punto las ideas que la derecha y la extrema derecha pretenden extender al conjunto de la sociedad también han impregnado a sectores que se consideran progresistas.
La UE y el Estado español (bajo el “gobierno más progresista de la historia”) han externalizado buena parte del trabajo fronterizo en el régimen marroquí y han legitimado su colonización del Sahara, abandonando la histórica lucha del pueblo saharaui. Pero no solo eso. El Estado español y la UE integran la OTAN, un bloque imperialista y militarista que, pese a sus tensiones con EE. UU., forma parte del mismo entramado de dominación sobre las poblaciones y países del sur global. El enriquecimiento de los capitalistas europeos y españoles se funda sobre una combinación de explotación de su propia clase obrera y de la clase trabajadora de los países poscoloniales, así como en el expolio de sus tierras y de su economía. Por eso, plantear esto como una disputa en líneas nacionalistas es una artimaña que no reconoce las complejas relaciones de poder impuestas por la lógica imperialista y que azuza un conflicto que puede llegar a tener consecuencias bélicas.
Frente al enfrentamiento entre clases trabajadoras en líneas nacionales, debemos ser claros y señalar a las élites económicas y políticas de ambos países que se benefician de esta situación. Las fronteras no evitan la migración: la hacen más cruel y disciplinan al migrante, generando mejores condiciones para que luego la burguesía los sobreexplote, rebajando así el nivel de vida del conjunto de la clase trabajadora. La burguesía española se aprovecha, sin complejos, de esta situación, rentabilizando los bajos salarios para mantener sus beneficios.
Esa relación también tiene una expresión económica muy concreta. Grandes empresas como Acciona, Indra y Repsol, junto con entidades financieras como Santander, obtienen beneficios de la explotación de los recursos del Sáhara Occidental ocupado y del sostenimiento del modelo económico marroquí, mientras Marruecos sigue siendo una pieza clave para Francia, España y Estados Unidos como proveedor de mano de obra barata para la agricultura, la industria de los cuidados y el sector servicios. Detrás del discurso de la buena vecindad hay una alianza construida sobre intereses económicos, geopolíticos y empresariales, en la cual a veces afloran tensiones e intereses divergentes, pero que responde al mismo modelo sistémico y al mismo interés de clase.
Nuestra posición es clara. Defendemos vías legales y seguras para migrar y acabar con la militarización fronteriza, poniendo en el centro los derechos humanos de las personas que migran. Esto es lo que evitaría las catástrofes humanitarias y también el uso de la migración como chantaje. Combatimos de forma constante el racismo y apostamos por la organización unitaria de las clases trabajadoras, independientemente de su origen. Señalamos y luchamos contra los intereses económicos y los sistemas políticos del Estado español y de Marruecos, y pensamos que solo la solidaridad entre los pueblos puede resolver los problemas de fondo.
Tampoco somos ingenuos. Bajo este sistema capitalista e imperialista podemos lograr algunas mejoras, y luchar por ellas es fundamental para evitar caer en el abismo. Sin embargo, únicamente una transformación de este sistema en líneas socialistas e internacionalistas, que establezca relaciones federativas, solidarias y asociativas entre los pueblos, no mediadas por los intereses económicos y geopolíticos de unos pocos, permitirá establecer formas de libertad de movimiento realmente seguras y abiertas. Mientras luchamos por ello, debemos defender de forma intransigente los derechos humanos de todas las personas migrantes y señalar y combatir a las clases dominantes de todos los países, responsables de esta dramática situación.
Por ello, para mejorar la relación de fuerzas aquí y ahora, creemos que es fundamental luchar por:
-la derogación de la Ley de Extranjería
-el fin del Pacto Europeo sobre Migración y Asilo y el desmantelamiento de Frontex
-el reforzamiento inmediato del sistema de acogida
-el fin de las devoluciones en caliente
Frente a la crueldad fronteriza, el racismo y el enfrentamiento entre pueblos: ¡solidaridad internacionalista y de clase!