Blog de Yorgos Mitralias, 21-12-2024
Traducción de Correspondencia de Prensa, 24-12-2024
El pueblo sirio se ha liberado de los Assad, pero sus seguidores campistas pretenden ignorarlo…
Estos compañeros de ruta del régimen sanguinario y corrupto de los Assad, cuyos horrores habían «olvidado» sistemáticamente, hacen ahora oídos sordos a las celebraciones del pueblo sirio finalmente liberado de sus verdugos…
Miles y miles de sirios de todas las edades bailando y abrazándose, llorando y cantando, ondeando la nueva bandera del país y celebrando el fin de la tiranía, en los centros de las ciudades sirias, pero también en París, Estambul y Moscú, en Berlín o Estocolmo, en cualquier lugar del mundo donde se han refugiado los casi 7 millones de sirios expulsados de su país desde 2011. Y miles de sirios que cruzan las fronteras, incluso a pie, y regresan a su país tras un larguísimo periodo de exilio forzoso. ¡Pero también hay miles de sirios que buscan a sus seres queridos encarcelados, torturados o desaparecidos en las cárceles y en las incontables fosas comunes del régimen!
Esas escenas de alegría terribles, pero también de inenarrable sufrimiento humano, capaces de trastornar y conmover profundamente a cualquier ser humano con un mínimo de sensibilidad, dejan sin embargo impasibles a quienes en todo el mundo -en la derecha, la extrema derecha y la izquierda- temen y odian los levantamientos populares y sólo los ven como «complots» de poderes más o menos ocultos. En una muestra de total insensibilidad, prefieren no decir nada sobre esas escenas de alegría y dolor del pueblo sirio de carne y hueso. Ni una palabra. Nada salvo teorías conspirativas que los llevan a inventar una Siria sin sirios, donde sólo chocan… intereses geoestratégicos extranjeros. Exactamente igual que inventaron y defendieron ayer una Siria de ensueño donde el clan Assad no masacraba a sus súbditos, sino que gozaba de su apoyo entusiasta. Y al hacerlo, ¡se erigen en negacionistas, dignos sucesores y clones de sus infames antepasados que no vieron nada en los campos de exterminio nazis ni en los gulags estalinistas!…
Obviamente, no ven nada porque no quieren ver lo que invalida su visión del mundo. Así que sustituyen la lucha de clases por la lucha de los campos imperialistas opuestos, ¡llegando incluso a descubrir virtudes progresistas y… antiimperialistas en uno de esos campos que no es ni menos bárbaro ni menos imperialista que el otro! Y como quieren que sus acciones se ajusten a sus teorías, ¡se convierten en adoradores y propagandistas de esos dictadores «antiimperialistas» bárbaros y oscurantistas y no dudan en ponerse a su servicio defendiendo sus elucubraciones reaccionarias y sus crímenes!
Así que no es nada sorprendente que, en el origen de su deriva, que los convierte en auxiliares de dictadores sanguinarios y reaccionarios, esté el hecho de que no creen en la capacidad de los de abajo para sublevarse y hacer revoluciones. Por eso sólo ven los levantamientos populares como «complots» y manipulaciones de las masas ignorantes por parte de los poderosos. Como en el caso de las revueltas populares de la «primavera árabe», que reducen a una… «conspiración» de los servicios estadounidenses. Esto los lleva a proclamar que las masas oprimidas son, y sólo pueden ser, simples figurantes de la historia. Y, sobre todo, ¡que sólo los todopoderosos servicios secretos imperialistas son capaces de hacer la historia! Evidentemente, semejante profesión de fe conspirativa es la antítesis de la afirmación de Marx de que «los hombres hacen su propia historia»…
Así que no es casualidad que lo que caracteriza su forma de pensar sobre el mundo actual, y de actuar en consecuencia, sea su concepción policial de la historia. Por eso su primera reacción ante cualquier movimiento popular es preguntar… «¿Quién está detrás?» Porque les resulta imposible aceptar que los de abajo, los trabajadores, las mujeres, los jóvenes o los pueblos oprimidos puedan alzarse para tomar su destino en sus manos, sin ser manipulados por nadie. Esta es, además, la razón -al menos en parte- de su aversión a los movimientos sociales y altermundialistas, a los que siempre miran con recelo, incapaces de detectar… «quién está detrás de ellos»…
Sin embargo, hay que señalar que su vigilancia de la historia y su insensibilidad son muy selectivas. Por ejemplo, quienes suelen proclamarse antifascistas y no dudan en calificar de «fascistas» a quienes no les gustan (por ejemplo, el presidente ucraniano Zelensky), «olvidan» y pasan por alto en silencio el hecho -en absoluto insignificante- de que el organizador del terrible aparato represivo del régimen de Assad fue Aloïs Brunner, el dirigente nazi más buscado tras la caída del Tercer Reich. Mano derecha de Adolf Eichmann y descrito -con toda razón- como el «Carnicero de Salónica» por los poquísimos supervivientes (¡sólo el 4% del total!) de la numerosa comunidad judía de esta ciudad también conocida como la «Jerusalén de los Balcanes». Brunner, que encontró asilo en Damasco con Hafez el Assad, que lo protegió con uñas y dientes hasta su muerte en 2010, era un monstruo sádico al que le encantaba torturar con las manos y que «enseñaba» personalmente las peores torturas a los torturadores sirios…
Y ahí están ahora, todos esos «amnésicos» teóricos de la conspiración y otros compañeros de viaje del sanguinario y corrupto régimen de Assad cuyos horrores «olvidaron» sistemáticamente, haciendo oídos sordos a las celebraciones del pueblo sirio finalmente liberado de sus verdugos. Sin duda, se trata del colmo de la hipocresía. [1] Sí, el martirizado pueblo sirio tendrá que sobreponerse a un calvario. Pero, ¿quién se atrevería a afirmar que aquellos, dirigidos por la Rusia de Putin, que han mantenido vivo este régimen arrasando las ciudades sirias y masacrando a sus habitantes por centenares de miles, no son los primeros y máximos responsables de sus desgracias, pasadas y actuales?
Nota
1 Bastó con que la Deutsche Welle denunciara, con pruebas fehacientes, la difusión por Tik Tok de unas cuantas fotos y vídeos trucados de las cárceles del régimen sirio para que la mayoría de los grandes medios griegos titularan que todo lo dicho y mostrado sobre las cárceles de la «carnicería» de Assad era mentira. Obviamente, esos medios griegos, que desde hace tiempo simpatizan con Trump, Netanyahu y sobre todo con Putin, «se olvidaron» de citar la conclusión de la investigación de DW. El lector atento comprenderá la razón de este «olvido» leyendo una conclusión muy instructiva: «La difusión de información falsa sobre atrocidades no sólo socava los esfuerzos por documentarlas e investigarlas, sino que también impide que los autores rindan cuentas. Esta desinformación puede dar lugar a un fenómeno conocido como negación de las atrocidades, en el que se cuestiona la credibilidad de las auténticas violaciones de los derechos humanos, debilitando así los esfuerzos por hacer justicia y oscureciendo la verdad». Un detalle más que elocuente que demuestra que esta «desinformación» es, por desgracia, un éxito en Grecia: según la última encuesta, los líderes extranjeros más populares en Grecia son primero Putin y después Trump…
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Siria, Resolución del Partido de la Voluntad Popular
Reffratario e controcorrente, 22-12-2024
Traducción de Correspondencia de Prensa
El Partido de la Voluntad Popular se define a sí mismo como un «partido de la clase obrera siria y de todos los trabajadores», que «lucha por hacer realidad los intereses nacionales y de clase de estas capas sociales mediante la aplicación de su programa, tanto en el plano político nacional como en el socioeconómico y democrático, y aspira a construir una sociedad socialista contemporánea que elimine todas las formas de explotación del hombre o de la nación y satisfaga las necesidades materiales y morales de la sociedad».
En 2000, dada su oposición a la decisión de la dirección del Partido Comunista Sirio de unirse al Frente Nacional Progresista liderado por el gobernante Partido Baaz y el dictador Bashar Al-Assad, la mayoría de los militantes de Damasco fueron expulsados y, tras formar el Comité Nacional para la Unidad de los Comunistas Sirios (con el periódico Qassioun), formaron el Partido de la Voluntad Popular en 2012. El partido se incorporó a las manifestaciones al comienzo de la crisis siria de 2011 y varios de sus militantes en Damasco, Homs y Deir ez-Zor perdieron la vida a manos de la policía gubernamental y otros servicios, mientras que otros fueron detenidos o arrestados en otras provincias sirias.
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¡La nueva oleada popular comienza ahora!
Qassioun, 15-12-2024
Traducción de Correspondencia de Prensa

Las luchas del pueblo sirio, después de casi 14 años de continuos sufrimientos, han alcanzado una primera etapa de victoria, y la victoria completa está aún muy lejos. Se necesita una nueva oleada de lucha para llegar a ella. La primera ola, que comenzó en marzo de 2011, ha terminado. Ahora comienza la nueva oleada, impregnada de las experiencias y lecciones de la primera. El camino hacia la victoria completa es largo y el pueblo sirio debe aún seguir luchando.
Las experiencias de otros países -en particular Túnez y Egipto- nos han enseñado que el hecho que los tiranos caigan y huyan no significa el fin del régimen, y que el cambio de caras no significa la victoria de la revolución. Nos enseñaron que el proceso revolucionario de cambio radical y completo de régimen es un proceso complejo y arduo que requiere una lucha tenaz, consciente, organizada y continua. De lo contrario, la tiranía y la opresión siempre son capaces de disfrazarse con nuevas caras y nuevos sombreros.
El proceso revolucionario no es sólo un momento pasajero en el que una autoridad es sustituida por otra. Es por el contrario un proceso continuo, cuya principal arma es el pueblo organizado, consciente de sus intereses y derechos y dispuesto a defenderlos en todos los ámbitos y en todo momento. Su objetivo es que el pueblo asuma el poder con palabras y con hechos, la soberanía sobre su preciada y apreciada tierra y la soberanía total sobre sus recursos y su trabajo.
En este sentido, la revolución, como hemos dicho muchas veces, sigue estando delante nuestro y no detrás. Tenemos derecho a alegrarnos por el horizonte de esperanza que se abre y por los cálidos rayos de sol que penetran en nuestros cansados huesos tras décadas de oscuridad y frío mortal. Sin embargo, también tenemos derecho y debemos asegurarnos de que nuestra alegría esté armada con vigilancia, sabiduría y una gran voluntad de luchar hasta la victoria completa. Quienes van tan lejos en su alegría como para decir: «Trabajo bien hecho, misión cumplida, regresen a sus hogares», o bien se engañan, o bien no quieren que el pueblo sirio ocupe el lugar que le corresponde en el escenario de la historia.
No se trata del grado de confianza en tal o cual autoridad de facto, sino de la nueva mentalidad que debe prevalecer entre los sirios. No debemos dejarnos morder dos veces por la misma serpiente.
La nueva mentalidad que debería prevalecer es la que se niega a rendirse ante el «líder del partido», el «líder histórico único» y el «liderazgo sabio». La mentalidad que debe prevalecer es que la autoridad y los líderes son empleados del pueblo, que los controla, les pide cuentas y los sustituye. Pero no es posible hacerlo si no se trata de un pueblo organizado y dotado de las herramientas necesarias para defender sus derechos, su soberanía y su propia dignidad.
El primer capítulo del proceso revolucionario ha llegado a su fin y ahora comienza uno nuevo, cuyo título principal es el impulso hacia un verdadero pluralismo político, la democracia y la justicia social. La puerta de entrada para ello es la plena aplicación de la hoja de ruta esbozada en la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU, que se basa en el derecho del pueblo sirio a la autodeterminación, a través del diálogo entre los sirios, entre todos los sirios. Esto significa la formación de un órgano de gobierno de transición y la redacción de una nueva constitución, seguidas de elecciones en las que los sirios elijan quiénes los representarán en la administración y la dirección del nuevo Estado.
La verdadera línea divisoria entre los sirios es siempre la misma: la línea divisoria socioeconómica, en la que más del 90% de los sirios son productores empobrecidos y saqueados, pertenecientes a todas las etnias, sectas y religiones, y también a todas las afiliaciones políticas, incluidas las que ahora han quedado desfasadas entre «leales» y «oposición», y menos del 10% son los saqueadores corruptos y tiránicos, también pertenecientes a todas las etnias, sectas, religiones y afiliaciones políticas pasadas y presentes.
La línea de demarcación social es uno de los fundamentos más importantes a los que hay que prestar atención en el proceso de lucha hacia una revolución completa que cambie radical y completamente el régimen en beneficio del pueblo sirio, es decir, en beneficio del partido del 90%.
Así que, ¡adelante!
¡Organicémonos, organicémonos, organicémonos!
¡El enorme trabajo revolucionario acaba de comenzar!
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Carta abierta
La izquierda debe apoyar al pueblo sirio, sin rodeos
Mediapart, 19-12-2024
Traducción de Correspondencia de Prensa
«Durante demasiado tiempo, una gran parte de la izquierda ha desoído el llamado de los sirios. Ahora debemos inundar esta Siria liberada no con la injerencia occidental, sino con la solidaridad que pretendemos tejer entre los pueblos libres, y los que luchan por su libertad, en todo el mundo». En este artículo, un grupo de periodistas, militantes, docentes y personalidades universitarias hacen un llamamiento para que superemos nuestras divisiones y apoyemos al pueblo sirio y a los exiliados y exiliadas.

El 8 de diciembre de 2024 significó el cierre de una secuencia de acontecimientos en Siria que había comenzado trece años antes con un esperanzador levantamiento popular y que se saldó con una represión característica de los cincuenta y cuatro años de reinado del clan Assad en Siria. Nuestra primera reacción fue saludar esta victoria y salir codo con codo con nuestros amigos sirios y sirias a las plazas de muchas ciudades francesas y en las redes sociales. Demócratas, internacionalistas, opuestos a toda forma de autoritarismo y opresión, esta aspiración a la libertad no siempre ha sido totalmente compartida por nuestros camaradas de izquierda.
La primera razón tiene que ver con el carácter de los liberadores, principalmente de la organización islamista Hayat Tahrir al-Cham (HTC). No somos ingenuos y compartimos esta preocupación. Empezar celebrando la caída de una de las dictaduras más sanguinarias y tiránicas no nos impide compartir ciertas preocupaciones sobre lo que se avecina. Sin embargo, el posicionamiento político ante un acontecimiento de una magnitud y alcance tan poderosos no puede, en ningún caso, centrarse en la incertidumbre del después, bajo el riesgo de dar a entender que en algún momento podríamos añorar lo que fue la Siria de Assad. En este sentido, estamos de acuerdo con las palabras del intelectual antirrégimen y figura de la izquierda siria, Yassin al-Haj Saleh: «No podemos reconocer la eficacia militar de HTC contra el régimen ignorando su ideología. Tampoco podemos centrarnos en su ideología e ignorar su papel clave en la resistencia contra un régimen que lleva años matando sirios sin tregua. Si nos centramos en un solo aspecto nos será imposible tener una política eficaz».
Además, la rapidez con la que cayó el régimen demuestra hasta qué punto ya no contaba con ningún apoyo popular, y esto no es el resultado de HTC sino del éxito del movimiento revolucionario al haber, en trece años, infundido ampliamente las ideas de libertad en todo el país, roto el muro del silencio y del miedo y conquistado estas ideas que esperaban poder al fin expresarse.
Esta primera razón es también alimentada por una confusión que impide aprehender correctamente el abanico de posibilidades que acaba de abrirse en Siria: no cabe duda de que la islamofobia reinante pesa hasta el punto de arruinar cualquier análisis político sobre las poblaciones y los espacios del área árabe-islámica. También alimenta analogías infundadas con las situaciones de Afganistán, Irak o Libia, en un esencialismo de la región y de sus pueblos que huele a orientalismo. Cada sociedad tiene su propia dinámica en función de sus estructuras, su composición y las relaciones de poder que la atraviesan. Y por obvio que parezca recordarlo, Damasco no es Kabul y el tejido social sirio es tan diferente de la sociedad afgana como de la francesa…
La segunda razón de la ausencia de una parte de la izquierda junto al pueblo sirio es la cuestión kurda. También en este caso, nuestro apoyo a la revolución siria no deja lugar a las ambiciones turcas sobre el Kurdistán sirio de Rojava. Las negociaciones entre el nuevo gobierno sirio y las Fuerzas Democráticas Sirias, que siguen en curso en el momento de escribir estas líneas, son la mejor manera de frustrar la estrategia de Erdogan. Estas negociaciones deberían permitir llegar a un acuerdo que garantice que las poblaciones árabe-sirias del norte y del este puedan vivir bajo la autoridad de una Siria sin Assad, sin poner en tela de juicio la existencia en Rojava de la Administración Autónoma del Norte y del Este de Siria (AANES) para las poblaciones kurdo-sirias.
La tercera razón se basa en un campismo que coloca automáticamente a la Siria de Assad del lado de la resistencia al colonialismo israelí. ¿Cómo se puede seguir creyendo que un régimen que tortura a su propio pueblo puede ser un aliado en una lucha de liberación por los derechos de otro pueblo? ¿Defender los derechos del pueblo palestino justificaría hacer la vista gorda ante todos los años de masacres y horrores que ha tenido que soportar el pueblo sirio? Los refugiados palestinos que viven en Siria también han pagado el precio de esta opresión sistémica, cuyas cicatrices aún pueden verse hoy en el campo de Yarmouk, que hasta el levantamiento de 2011, era el mayor campo palestino del mundo. Una Siria libre, estable y poderosa es el mejor apoyo para los derechos del pueblo palestino y para una solución de uno o dos Estados, y sabemos hasta qué punto esta aspiración es compartida tanto en Siria como entre los exiliados.
En este contexto de euforia que se mezcla con la incertidumbre sobre el futuro, el anuncio de muchos países de la Unión Europea de la suspensión de los pedidos de asilo para los exiliados sirios parece tan cínico como imprudente. Siria no va a volver al desarrollo humano y económico en cuestión de unas semanas o incluso de unos meses; se trata de una tarea colosal que empieza apenas y que está supeditada principalmente al imprescindible levantamiento de las sanciones y a la existencia de un Estado plenamente soberano en su territorio. Las recientes acciones del gobierno israelí, incluidos los bombardeos intensivos y la invasión territorial, atentan contra la capacidad del futuro Estado sirio para apoyarse en instituciones sólidas, asegurar la totalidad de su territorio y mantenerse independiente de todas las injerencias extranjeras.
Teniendo esto en cuenta, utilizar la caída de Assad como motivo para considerar que Siria se ha convertido en una zona con un mañana seguro y oportunidades inmediatas para todos sus exiliados es, como mínimo, prematuro y parece sobre todo una forma de evacuar al menor costo posible el fantasma de la frustración racista, siempre presente en las consideraciones políticas europeas.
Los sirios y sirias que llevan años exiliados en Europa deben poder seguir echando raíces y proseguir sus proyectos en su país de acogida. Arrojarlos de nuevo al camino del retorno forzoso sería otra forma de pisotear sus destinos, en parte destrozados por la guerra, y a la vez sabotear una fuerza viva potencial para ese país, que verá regresar sus cerebros y su mano de obra al ritmo que la vida individual de cada uno y cada una lo permita. Muchos sirios y sirias exiliados en nuestros países, por ejemplo, siguen estudiando y necesitan poder completar su formación para poder ser útiles a su país más adelante, mientras que otros pueden aportar competencias técnicas o científicas más eficaces desde el extranjero.
Por último, hay que añadir que la implicación de los sirios y sirias en la reconstrucción de su país es ahora una posibilidad para millones de exiliados, pero no debe convertirse en una obligación. Estas personas, a menudo debilitadas por el exilio, también tienen derecho a concentrarse en sus proyectos personales y a planificar su vida a largo plazo en otro lugar que no sea Siria. Algunos han formado familias en Europa y forman parte de nuestras comunidades nacionales. La sincera alegría que compartimos al verlos capaces de reencontrarse con su identidad siria y de establecer una verdadera identidad binacional no debe convertirse en una intimación paternalista al retorno.
Por el contrario, estar a su lado significa también contribuir por todos los medios a favorecer el proceso de reconstrucción de Siria. Creemos que es esencial hacer un llamado a los representantes electos y a las colectividades locales de izquierda para que apoyen los proyectos franco-sirios: asociaciones, intercambio de competencias, becas de estudios internacionales, hermanamiento de ciudades, etc. Recordemos que la experiencia revolucionaria de los comités locales de coordinación creados en las zonas liberadas al inicio de la revolución (2011-2012) permitió a esta sociedad civil desarrollar numerosas competencias de administración local y construir verdaderas autoridades civiles. Incluso si estos experimentos fueron aplastados con derramamiento de sangre, los sirios y sirias han quedado profundamente marcados por los intensos cambios políticos de los últimos años y serán capaces de reciclar estos reflejos de gobernanza democrática que también han desarrollado y consolidado en la diáspora durante una década de exilio (a veces mucho más). En otras palabras, y contrariamente a lo que sugieren a medias muchas aserciones lapidarias: la sociedad siria es una sociedad extremadamente madura políticamente, abierta al mundo y dispuesta al intercambio. Tendámosles la mano.
Durante demasiado tiempo, gran parte de la izquierda ha desoído el llamado de los sirios. Ahora debemos inundar esta Siria liberada no con la injerencia occidental, sino con la solidaridad que pretendemos tejer entre los pueblos libres, y los que luchan por su libertad, de todo el mundo. Tantas veces en las últimas décadas, el pueblo sirio ha buscado recuperar el control de su historia, del que el clan Assad le había desposeído. Como lo hemos hecho desde 2011, seguiremos a su lado y contamos en Francia en el compromiso inquebrantable de la izquierda para apoyarlo.