Estados Unidos – Los trabajadores ferroviarios iniciarán una huelga nacional la semana próxima. [Jeff Schuhrke]

(Foto: Shutterstock/RYosha)

Los trabajadores ferroviarios inician una huelga nacional la semana próxima

Las organizaciones de la Red Ferrocarriles sin Frontera y de la Red Sindical Internacional de Solidaridad y de Luchas apoyan la lucha de los ferroviarios estadounidenses.

RSISL, 30-11-2022

Traducción de Correspondenciua de Prensa, 3-12-2022

Los trabajadores ferroviarios rechazaron un acuerdo negociado por la Casa Blanca y es muy probable que se declaren en huelga antes de las fiestas de fin de año.

Pese a la intervención del gobierno de Biden, después de casi tres años de negociaciones contractuales, los trabajadores que operan los ferrocarriles de carga del país van a empezar una huelga nacional el viernes 9 de diciembre.

«Nuestros miembros, y todos los trabajadores ferroviarios en general, se sienten frustrados», dijo Matt Weaver, un trabajador ferroviario de Toledo y miembro del sindicato de la División de empleados de mantenimiento de vías (BMWED). «Tenemos la impresión de que no nos respetan».

La semana pasada, los dos mayores sindicatos ferroviarios anunciaron una decisión parcial sobre la aprobación de un acuerdo provisorio de cinco años negociado antes de una huelga que debería haber comenzado en septiembre. El Sindicato de Maquinistas de Locomotoras y Trenes (BLET) ratificó el acuerdo por un estrecho margen, con el voto favorable del 53,5% de sus miembros, mientras que el acuerdo fue rechazado por algo más del 50% de los miembros del Departamento de Trenes y Locomotoras de la División de Transportes (SMART-TD). Junto con otros tres sindicatos, el SMART-TD rechazó el acuerdo provisorio: el BMWED, el sindicato de guardagujas y el sindicato de maquinistas.

Ante la ausencia de un nuevo acuerdo, los cuatro sindicatos que rechazan el convenio -que en conjunto representan alrededor del 55% de la mano de obra sindicalizada de la industria ferroviaria estadounidense- están dispuestos a ir a la huelga el 9 de diciembre. El BLET y los otros ocho sindicatos ferroviarios que ya ratificaron el acuerdo se comprometieron a respetar los piquetes de huelga en caso de paro laboral. Los cuatro sindicatos dispuestos a hacer huelga representan a unos 60.000 trabajadores y, si los miembros de otros sindicatos ferroviarios se niegan a pasar la línea de los piquetes, la cantidad de huelguistas podría llegar a más de 115.000.

Algunos medios de comunicación como CNN, Forbes y NBC News han inundado al público con historias sobre el daño económico que una huelga ferroviaria provocaría, y sobre el pedido lanzado por más de 400 grupos empresariales al Congreso para que ponga fin a la huelga de forma preventiva, pero esos medios de comunicación le prestan menos atención al papel jugado por los transportistas ferroviarios en el actual impasse, cuyas empresas son muy lucrativas. En el centro del conflicto se encuentran las políticas draconianas de presencia impuestas por las patronales, que a menudo les impiden a los trabajadores tomar días de enfermedad, los obligan a permanecer de guardia las 24 horas del día y que los mantienen alejados de sus familias.

«Estas condiciones son agotadoras. Los trabajadores no hemos podido tomar los descansos que necesitamos para sobrevivir emocional, mental y físicamente», dijo Marilee Taylor, una ingeniera de locomotoras recientemente jubilada y miembro de la BLET en Chicago. «Esto no es humano, te roba la humanidad del alma».

En las últimas décadas, las principales compañías ferroviarias de clase I, como Union Pacific, Norfolk Southern, CSX y BNSF (propiedad del multimillonario Warren Buffett), implantaron un sistema de programación ferroviaria de precisión (PSR), un modelo de producción diseñado para maximizar los beneficios de los accionistas mediante la reducción de los gastos. Como resultado de estas medidas de reducción de costos, los ferrocarriles de clase I han reducido el personal en un 29% en los últimos seis años, lo que provoca una escasez crítica de personal y una presión adicional sobre los trabajadores que quedan.

«El problema fundamental es la dotación de personal adecuada», dijo Ross Grooters, ingeniero y miembro de la BLET de Iowa. «El modelo operativo significa que somos menos pero que hacemos más trabajo. Con esas medidas, el lugar de trabajo se ha vuelto más peligroso y nuestras vidas son más miserables».

Mientras tanto, el PSR les ha permitido a los transportistas ferroviarios obtener beneficios récord: los accionistas recibieron 183.000 millones de dólares en dividendos desde 2010.

«Un resentimiento profundo»

El acuerdo de principio firmado en septiembre se basaba en gran medida en las recomendaciones de la Junta Presidencial de Emergencia (PEB), un panel de expertos sindicales nombrado este verano por el presidente Joe Biden para contribuir a resolver el conflicto. El informe de la PEB se refería a los salarios y a la asistencia sanitaria, pero esquivaba las cuestiones cruciales de las bajas por enfermedad y de los días de descanso.

El acuerdo de septiembre, conseguido con la ayuda del Secretario de Trabajo Marty Walsh y la implicación directa de Biden, trató de ir más allá de las recomendaciones de la PEB al permitir a los trabajadores que pudieran tomarse días libres y con el agregado de un día libre remunerado. Pero el acuerdo fue criticado por la Railroad Workers United (RWU), un grupo de solidaridad intersindical que reúne a los trabajadores ferroviarios de toda América del Norte. El comité de dirección de la RWU llamó a sus miembros a votar en contra de la ratificación del acuerdo porque considera que no aborda de manera satisfactoria las cuestiones fundamentales de la calidad de vida, como los horarios y el tiempo libre.

«Los cambios en la calidad de vida que han intentado realizar no están definidos de forma concreta y siguen abiertos a la negociación y a un posible arbitraje que puede ser obligatorio», dijo Grooters, que es copresidente de la RWU.

«Nada en este acuerdo sirve para mejorar la calidad de vida de los trabajadores», dijo Taylor. «Hay un hecho histórico aquí y es la cantidad de personas que votaron en contra.»

Según el engorroso proceso de negociación de la Ley del Trabajo Ferroviario [Railway Labor Act], el Congreso puede evitar una huelga obligando a ambas partes a aceptar un convenio. En septiembre, los republicanos del Senado pretendieron imponer las recomendaciones de la PEB cuando las negociaciones aún estaban en marcha, pero fueron frenados por el senador Bernie Sanders. A principios del mes, Walsh dijo que el Congreso «debería tomar medidas para evitar una huelga» si no se lograba un nuevo acuerdo, y Biden maneja la posibilidad de pedir la intervención del Congreso.

Weaver señaló que el Congreso podría optar por obligar a las compañías ferroviarias a aceptar un acuerdo que sea más favorable para los trabajadores. «Me gustaría que el Congreso presionara a los transportistas», dijo. «Pero los transportistas tienen mucho dinero, hacen mucho lobby, y financian una enorme campaña de presión, algo que nosotros no podemos permitirnos». Pese a ello, algunos miembros del Congreso han expresado su apoyo a las reivindicaciones de los trabajadores. […]

La lucha continúa

Mientras se preparan para una posible huelga el 9 de diciembre, los militantes sindicales ferroviarios se plantean también la lucha a más largo plazo para proteger y mejorar el transporte ferroviario de mercaderías para los trabajadores, y los consumidores. […]

El mes pasado, la Railroad Workers United publicó una resolución en la que expresaba su apoyo a la propiedad pública de los ferrocarriles del país, una situación común en muchos otros países.

«Al igual que nuestros aeropuertos, puertos marítimos y autopistas, deberíamos hacer que las infraestructuras ferroviarias sean un bien público», dijo Grooters. «Una gestión que garantice que la cadena de suministro no se vea perjudicada por inversores que no tienen en cuenta los intereses del país».

En el marco de la planificación de la próxima ronda de negociaciones, Weaver dijo que esperaba ver una mayor unidad entre la docena de sindicatos del sector ferroviario, señalando que algunos sindicatos ya habían ratificado el acuerdo provisional mientras que otros seguían aún negociando.

«Esta vez teníamos dos entidades negociadoras, pero todo se vino abajo. No había obligación de firmar -no se puede ratificar algo si nadie firma- y lo necesitamos», dijo. Necesitamos una buena solidaridad para la negociación, una coalición que negocie pero que aglutine a los trabajadores ferroviarios. Es así que podremos ganar. La solidaridad es la clave del éxito para la clase obrera».

Actualización

El lunes (28 de noviembre), el presidente Biden anunció que va a solicitar la intervención del Congreso para evitar una huelga ferroviaria, obligando a los trabajadores a aceptar el acuerdo provisional que su administración contribuyó a negociar a principios de año entre las compañías y los sindicatos. Ese acuerdo fue rechazado por cuatro sindicatos ferroviarios, lo que dejaba abierta la posibilidad de ir a la huelga. El martes, la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el jefe de la mayoría del Senado, Chuck Schumer, dijeron que le darían trámite a la solicitud de Biden y que presentarían una ley para poner fin a este conflicto laboral.

(Artículo publicado originalmente en In These Times, 28-11-2022, traducido al francés por Patrick Le Tréhondat)

– Jeff Schuhrke es un historiador en materia laboral, educador, periodista y militante sindical. Enseña en el Instituto de Estudios Laborales [School of Labor Studies] Harry Van Arsdale Jr. del SUNY Empire State College en la ciudad de Nueva York. Colabora con In These Times desde 2013. Para seguirlo en Twitter:@JeffSchuhrke.