Estados Unidos – El derecho al aborto en la cuerda floja. [Sharon Smith]

International Socialism Project (ISP), 5-5-2022

Traducción de Correspondencia de Prensa, 9-5-2022

El 2 de mayo, cuando Político publicó un borrador filtrado de la próxima decisión del Corte Suprema de EE.UU. que anula la sentencia Roe vs. Wade de 1973 que legalizó el aborto, se oyó un clamor colectivo en toda la nación. Incluso para quienes hemos sido testigos de la erosión constante del derecho al aborto durante más de cuatro décadas y sabíamos que la anulación de esta jurisprudencia Roe era probable, la lectura del proyecto de decisión nos provocó una gran conmoción, sentimos como un puñetazo en el estómago.

El principio clave de Roe vs. Wade permitía el derecho al aborto legal por cualquier motivo hasta la «viabilidad fetal», en torno a las 24 semanas de embarazo, cuando el feto es capaz de sobrevivir fuera del útero. El borrador de la decisión en el caso Dobbs vs. Jackson Women’s Health Organization, escrito por el juez ultraconservador Samuel Alito, confirma una ley de 2018 de Mississippi que prohíbe los abortos después de las 15 semanas de embarazo -mucho antes de la viabilidad fetal- y no incluye excepciones en casos de violación o incesto.

La mayoría de la Corte Suprema en esta votación incluye, además de Samuel Alito, a otros cuatro jueces nombrados por los republicanos: Clarence Thomas, Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. Esta mayoría conservadora se muestra ávida de anular todo el marco legal de Roe después de cinco décadas como ley del país, lo que significa que, incluso en las primeras etapas de la gestación, los derechos del feto prevalecen sobre los de la persona embarazada, que sea portadora del feto por voluntad propia o no.

Es probable que la esencia de esta decisión se mantenga cuando la Corte emita oficialmente su fallo a finales de junio o principios de julio. En ese momento, todas las mujeres estadounidenses se verán despojadas del más mínimo derecho a controlar su propio cuerpo; todas las personas embarazadas se verán sometidas a la vigilancia y a la sanción vengativa de las autoridades gubernamentales que aplican leyes cada vez más represivas. Veintiséis estados ya tienen «leyes gatillo» que prohibirán inmediatamente la mayoría de los abortos en cuanto se anule Roe. El resultado es una verdadera catástrofe para las mujeres, ya que la mayoría de ellas viven en esos veintiséis estados, y es probable que otros estados sigan el mismo camino.

Las consecuencias, como siempre, serán más brutales para aquellas que son jóvenes y pobres o de clase trabajadora -lo que supone un número desproporcionado de mujeres negras y morenas- que no tienen los medios económicos o la capacidad de faltar al trabajo para viajar lejos, a un estado que todavía permite los abortos.

La mayoría favorable al aborto es ignorada

Una abrumadora mayoría de la población estadounidense se opone a la anulación de Roe, no la respalda. Una encuesta del Washington Post-ABC News realizada a finales de abril mostró que los estadounidenses dicen que Roe vs. Wade debería mantenerse, en lugar de anularse por un margen de aproximadamente 2 a 1.

Sin embargo, un puñado de extremistas de derecha no elegidos, que ahora tienen la mayoría en la Corte Suprema, parece estar preparado para dar un portazo a esta mayoría de la población abrumadoramente favorable al aborto.

De hecho, el proyecto de decisión de Alito desprecia -casi se burla- el tono y las palabras, eliminando la noción de que las mujeres sufren opresión en la sociedad estadounidense. Alito deja claro que no le preocupa la mayoría de la población estadounidense favorable al aborto, cuando declara: «No podemos permitir que nuestras decisiones se vean afectadas por influencias extrañas, como la preocupación por la reacción del público ante nuestro trabajo».

Alito afirma sin rodeos que la distinción de «viabilidad» de Roe entre los fetos que no son capaces de vivir fuera del vientre materno y los que sí, «no tiene sentido». No explica por qué, dejando que el lector se pregunte si Alito considera que el embrión es una «vida humana» en el momento de la concepción. También describe a los médicos y enfermeras que practican interrupciones de embarazos como «abortistas», un término despectivo utilizado por quienes se oponen al aborto.

El razonamiento de Roe fue «excepcionalmente deficiente» y «con consecuencias perjudiciales», según Alito, añadiendo: «La conclusión ineludible es que el derecho al aborto no está profundamente arraigado en la historia y las tradiciones de la nación», porque no se menciona en la Constitución de Estados Unidos. Sí, la Constitución sólo desarrolla el «derecho a portar armas». Muchos de los autores de la Constitución eran esclavistas. La Constitución tampoco menciona los derechos de las mujeres, los derechos de los LGBTQ, los derechos de los negros, el derecho a la anticoncepción o cualquier otra serie de derechos que se reconocen en la sociedad moderna. ¿Significa eso que estos derechos no deberían existir hoy en día?

Tal vez lo más atroz sea que el proyecto de sentencia de Alito rechaza la noción de que la prohibición del aborto sea resultado de la condición de opresión de las mujeres. Dice: «Las mujeres no carecen de poder electoral o político. El porcentaje de mujeres que se registran para votar y emiten votos es sistemáticamente superior al porcentaje de hombres que lo hacen». ¿Debemos interpretar esto como que el mayor índice de voto de las mujeres les da más «poder» que a los hombres?

Por último, Alito parece tratar de dirigirse a quienes se preocupan de que la anulación del derecho al aborto legal por los motivos que expuso lleve a otros ataques a los derechos de las personas LGBTQ o incluso al derecho a la anticoncepción. Escribe: «Subrayamos que nuestra decisión se refiere al derecho constitucional al aborto y a ningún otro derecho. Nada en esta sentencia debe entenderse como un intento de poner en duda los precedentes que no se refieren al aborto.»

Pero nada más lejos de la realidad, como veremos a continuación.

Los Estados Unidos: una democracia sólo de nombre

La Corte Suprema de los Estados Unidos se presenta como un elemento clave de los «controles y equilibrios» de nuestro sistema político, que aparentemente impiden que cualquiera de las tres ramas del gobierno -legislativo, ejecutivo y judicial- ejerza demasiado poder. Pero todo el sistema es totalmente disfuncional, y su pretensión de ser una democracia es ficticia. No hace falta mirar más allá de la reaccionaria y temeraria presidencia de Donald Trump, de la obstrucción practicada por el Partido Republicano en el Congreso o de la función de la Corte Suprema en la legitimación de la desigualdad extrema para entender que estas tres ramas del gobierno son alas complementarias de la misma clase gobernante, cuyo principal propósito es proporcionar una fachada de democracia. Se pelean entre sí, sin duda. Pero comparten la misma lealtad primordial para preservar sus intereses comunes de clase.

SharonSLa legitimidad de la Corte Suprema como institución -jueces que son nombrados de por vida, sin responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones, aunque éstas sean mortales- debe ser cuestionada en una sociedad que todavía se llama a sí misma «la mayor democracia del mundo». La propia historia de la Corte desmintió hace tiempo su pretensión de situarse «por encima» del resto de la sociedad, con el único objetivo de interpretar los objetivos de la Constitución de los Estados Unidos sin prestar atención a la dirección en que soplan los vientos políticos en cada momento.

Dos ejemplos históricos deberían bastar (aunque son sólo dos entre muchos): el papel de la Corte en la defensa de la esclavitud antes de la Guerra Civil y su responsabilidad en la defensa de la segregación de Jim Crow durante seis décadas en el siglo XX. 

A partir de 1846, Dred Scott y su esposa Harriet Scott, ambos esclavos, demandaron ser liberados de la esclavitud, en un caso que llegó a la Corte Suprema en 1856. En su decisión sobre el caso Dred Scott vs. Sandford de 1857, la Corte dictaminó que todas las personas de ascendencia africana, libres o esclavizadas, no eran ciudadanos de Estados Unidos y, por lo tanto, no tenían derecho a demandar ante un tribunal federal. Además, el Tribunal dictaminó que la Quinta Enmienda protegía los derechos de los propietarios de esclavos porque los trabajadores esclavos eran su propiedad legal.

Las sentencias de la Corte sobre la segregación confirmaron, primero, la segregación racial en el caso Plessy vs. Ferguson en 1896, corroborando legalmente la segregación de Jim Crow, pero luego la anularon en su sentencia Brown vs. Junta de Educación en 1954, cuando comenzó a surgir un poderoso movimiento por los Derechos Civiles.

Ahora, la Corte Suprema se propone anular el caso Roe contra Wade. Su mayoría conservadora de seis miembros incluye a cinco jueces que fueron nombrados por presidentes del Partido Republicano que perdieron el voto popular en las elecciones generales, pero ganaron la presidencia debido al carácter antidemocrático del Colegio Electoral, el que determina los ganadores y perdedores en las elecciones. Tanto George W. Bush como Donald Trump perdieron el voto popular, pero asumieron la presidencia. El Corte Suprema de EE.UU. dictó la sentencia clave que llevó a Bush a la presidencia. Trump no necesitó esa ayuda del Tribunal a pesar de que Hillary Clinton superó a Trump por casi tres millones de votos.

Esto pone de manifiesto una vez más la naturaleza antidemocrática del Colegio Electoral de Estados Unidos, que ignora el voto popular a nivel nacional, pero permite un procedimiento de «el ganador se lo lleva todo» en la mayoría de los 50 estados individuales. En dos ocasiones en los últimos 22 años, este sistema permitió que estos dos presidentes republicanos tomaran posesión sin haber ganado el voto popular.

Los perjuicios de largo alcance de la derogación de la sentencia Roe

Aunque el proyecto de decisión de Alito afirma que el fallo de la Corte Suprema en el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization no tendrá ningún impacto en la anulación de otros precedentes legales de justicia social, esto parece difícil de creer. Después de todo, tanto Brett Kavanaugh como Neil Gorsuch afirmaron, antes de que sus nominaciones fueran aprobadas en el Congreso, que consideraban que Roe era un «derecho establecido.» Ya se ha demostrado que esto es una mentira descarada.

Si la Corte Suprema anula la sentencia Roe, sentará un precedente legal que legitimará la anulación de otras decisiones importantes y de larga data de la Corte Suprema. Esto significa que todo, desde el acceso a la anticoncepción, el acceso a las píldoras abortivas a través de internet hasta el matrimonio entre personas del mismo sexo y otras protecciones LGBTQ, e incluso el matrimonio interracial, podrían estar en la cuerda floja. Hay que tener en cuenta que apenas unas semanas después de que el gobernador de Texas, Greg Abbott, firmara la prohibición del aborto de seis semanas en el estado, firmó otra ley que prohíbe a los médicos recetar píldoras abortivas después de la séptima semana de embarazo.

Esto no es una exageración. Como argumentó Jesse Wegman en el New York Times, «Tengan miedo de lo que se avecina en términos de autonomía y libertad personal, de las protecciones LGBTQ y del derecho a la anticoncepción, sí. Pero teman igualmente la abstracción de un poder judicial independiente y con principios. Pase lo que pase, eso ya está perdido».

Asimismo, Jesse Mermell argumentó en WBUR: «Un estudio de investigación de 2021 predijo que la prohibición del aborto conduciría a un aumento del 21% en las muertes relacionadas con el embarazo. Todos estos resultados perjudiciales para la salud pública tendrán un impacto desproporcionado en las personas de color y otras personas que también soportan otras desigualdades.» Continuó,

El derecho al aborto es sólo el principio. Debemos prepararnos, lo peor está por llegar. El borrador que se filtró -redactado por el juez Samuel Alito- anticipa algunos de los derechos interconectados que los extremistas conservadores también tienen en la mira, al criticar la histórica decisión del caso Obergefell vs. Hodges que llevó la igualdad de matrimonio a todos los estadounidenses. Hace apenas unas semanas, el senador republicano Mike Braun opinó que el matrimonio interracial debería dejarse de nuevo en manos de los estados. Muchos políticos republicanos ya han manifestado claramente su oposición al control de la natalidad – ¡el control de la natalidad! – como parte de sus plataformas. Los defensores del aborto y sus aliados del GOP [P. republicano] en el Congreso se están discutiendo sobre una propuesta de ley que prohibiría el aborto a nivel federal. Y todo esto viene en medio de un esfuerzo coordinado, también por el GOP y los conservadores en la Corte, para atacar el derecho al voto, haciendo más difícil para los estadounidenses expresar su punto de vista en las urnas. No piensen que «eso nunca sucederá» o que » son unos histéricos». Porque eso es lo que todo el mundo dijo sobre la Corte Suprema dándole un mazazo a la sentencia Roe – y aquí estamos.

Hay otra consecuencia grave, además, del hecho de obligar a las mujeres y a otras personas embarazadas a llevar a término un embarazo no deseado: el aumento de la mortalidad materna. Existe una conexión directa entre las restricciones al aborto y las muertes relacionadas con el embarazo.

Estados Unidos ya tiene la mayor tasa de mortalidad materna entre las naciones ricas del mundo. Esto se debe en gran medida a que los estados que niegan el derecho al aborto tienden a limitar también la atención prenatal, reduciendo la financiación de las clínicas (como Planned Parenthood) que ofrecen atención prenatal accesible y asequible para las mujeres.

Como informó recientemente la revista Time, «[D]e 1995 a 2017, la tasa de mortalidad materna aumentó más significativamente en los estados que promulgaron las leyes de aborto más restrictivas. En 2017, los estados que restringieron el aborto tenían una tasa de mortalidad materna (28,5 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos) que era casi el doble (15,7 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos) de la de aquellos que habían aprobado leyes que protegían el acceso al aborto.»

¿Qué camino seguir?

La mayoría de los comentarios de la izquierda sobre la filtración del borrador de la decisión del Corte Suprema han hecho sonar, con razón, las alarmas sobre este enorme retroceso en este derecho reproductivo tan esencial, documentando el alcance de este ataque al derecho de las mujeres a controlar su propio cuerpo. Pero, lamentablemente, la mayoría de estos comentarios apuntan a que la «solución» es votar por los demócratas en las elecciones al Congreso de noviembre.

Por muchas razones, esta estrategia es miope. La más importante de ellas es que el hecho de confiar en los políticos del Partido Demócrata es lo que nos ha llevado a esta situación desesperada, ya que han autorizado cada vez más restricciones al derecho al aborto durante décadas. El presidente Jimmy Carter declaró: «La vida es injusta», cuando apoyó la primera Enmienda Hyde que negaba la financiación federal de los abortos de las mujeres pobres a través de Medicaid en 1976 -una enmienda que desde entonces ha sido aprobada por todos los presidentes en ejercicio, demócratas o republicanos, y por los miembros del Congreso hasta 2021.

Los candidatos presidenciales demócratas, entre ellos Bill Clinton, Barak Obama y Joe Biden, prometieron codificar el derecho a optar por el aborto bajo la forma de una Ley de Libertad de Elección [Freedom of Choice Act] durante la campaña electoral, pero hasta ahora, dicha legislación no se ha materializado. Obama prometió que la aprobación de una Ley de Libertad de Elección sería su primera medida al asumir el cargo, pero después de su elección declaró que no era su «máxima prioridad» y nunca tomó medidas mientras los demócratas tuvieron mayoría en el Congreso durante sus dos primeros años de mandato, lo que habría garantizado una fácil aprobación.

En 2008, cuando era candidata a la presidencia, Hillary Clinton coincidió con un interlocutor en que los estadounidenses, cualquiera que fuera su punto de vista sobre el aborto, debían trabajar juntos para intentar reducir el número de abortos a cero. Clinton reiteró que pensaba que el aborto debía ser «seguro, legal y raro, y por raro, quiero decir raro».

También hay muchas razones para culpar a las organizaciones de derechos de la mujer más grandes y mayoritarias por su confianza inquebrantable en los políticos del Partido Demócrata que no han apoyado activamente el derecho al aborto durante décadas. Esta estrategia errónea nos ha llevado a este punto desesperado. Y ahora debemos considerar si el movimiento por la justicia reproductiva debe ir más allá. 

Molly Shah, de Real News Network, tras señalar que el movimiento contra el aborto se ha organizado con entusiasmo durante décadas, mientras que el movimiento favorable al aborto ha estado moribundo, hizo la siguiente predicción:

La Corte Suprema está a punto de anular la sentencia Roe vs. Wade. Y, sin embargo, actualmente no hay una campaña nacional coordinada ni del partido Demócrata ni de las grandes organizaciones de derechos reproductivos para contraatacar…

«El partido Demócrata no ha dado ninguna respuesta sustancial a los recientes ataques a la jurisprudencia de Roe. Sus declaraciones y breves denuncias de estas atroces prohibiciones y restricciones al aborto han sido vagas y débiles, apenas mencionando los servicios de aborto la mayoría de las veces…»

El movimiento antiaborto se ha movilizado durante décadas con la esperanza de lograr un resultado como el que la Corte Suprema está a punto de darle en las próximas semanas en el caso de Mississippi Dobbs contra la Organización de Salud de la Mujer de Jackson… Los demócratas rara vez han sido proactivos en la ampliación del derecho al aborto, y a menudo han sido ineficaces e incompetentes para detener este tipo de ataques…

«A la mayoría de los congresistas demócratas y a los de la Casa Blanca les cuesta incluso decir la palabra ‘aborto’, y mucho menos defender la necesidad urgente de ampliar el acceso y establecer protecciones federales», dijo Hayley McMahon, una investigadora de salud pública que se centra en los determinantes estructurales del acceso al aborto. «Muchos siguen utilizando argumentos estigmatizantes que les han sido facilitados por las principales organizaciones de derechos reproductivos».

Las grandes organizaciones de derechos reproductivos, como Planned Parenthood, la Liga Nacional de Acción por el Derecho al Aborto (NARAL), la Federación Nacional del Aborto (NAF), el Instituto Guttmacher y la Organización Nacional de Mujeres (NOW), han tenido tradicionalmente vínculos estrechos con el establishment demócrata y han recaudado cientos de millones de dólares en las últimas dos décadas, mientras el acceso al aborto se ha ido debilitando constantemente en todo el país. Un gran porcentaje de ese dinero viene de muchos de los mismos donantes blancos y ricos que son los mayores donantes de los políticos demócratas que hacen campaña por el derecho al aborto. Los activistas sienten a menudo que las exigencias de estos donantes son elevadas mientras se ignoran las necesidades materiales de las personas que buscan abortar.

¿Y ahora, a dónde vamos?

¿Por qué el derecho al aborto está ahora en el punto de mira en EE.UU. mientras que el derecho al aborto legal está en aumento en América Latina, incluyendo Argentina y México? La respuesta es sencilla. Al igual que el derecho al aborto se ganó en América Latina a través de movimientos masivos de mujeres, el derecho al aborto en Estados Unidos se ganó porque el movimiento de liberación de la mujer de finales de los 60 y principios de los 70 lo convirtió en una parte clave de sus demandas -junto con la igualdad salarial y el cuidado infantil subvencionado- como parte de un movimiento de mujeres de la clase trabajadora. (Véase éste y otros artículos)

Pero el movimiento feminista dominante en EE.UU. está hoy tan vinculado a los políticos del Partido Demócrata que es incapaz de conducir la lucha por la liberación de la mujer hacia adelante, precisamente porque los demócratas están tan comprometidos con el statu quo político que no les interesa luchar por la justicia reproductiva, especialmente en un año electoral. Esta es la razón por la que ninguna organización pro derecho al aborto de la corriente dominante ha convocado todavía una manifestación nacional en defensa de ese derecho desde la elección de Joe Biden, a pesar de la urgente necesidad de hacerlo y del enorme potencial de participación masiva.

La única manera de avanzar es un movimiento creciente que ya no dependa de los demócratas, quienes han fracasado, una y otra vez, en la defensa del derecho al aborto.

* Sharon Smith, militante y escritora socialista estadounidense, reside en Chicago. Integra la redacción de ISP,  es autora de Subterranean Fire: A History of Working-Class Radicalism in the United States – Fuego subterráneo. Historia del radicalismo de la clase obrera en los Estados Unidos (Haymarket, Chicago, 2006 – Editorial Hiru, Guipúzcoa, 2015), y Women and Socialism: Class, Race, and Capital (revisado y actualizado, Haymarket, Chicago, 2015)